Cuando los dos pequeños se encontraron no apartaron la vista el uno del otro pues ambos eran fascinantes.
"¿Qué eres tú, eres un espíritu?" preguntó Levi.
"No, no" respondió Eren sonriendo "soy..." se quedó pensativo unos momentos, no sabía que responder, él no era un humano pero parecía uno, no era un astro pero brillaba como uno "no lo sé" dijo alegremente "nunca lo he pensado".
"¿No sabes que eres? Pero, todos somos algo... ¿De dónde vienes?" preguntó aún más curioso Levi.
Eren alzó la mano y señaló la Luna "de allá".
"¿Eres un ser divino?"
"No" definitivamente Eren no sabía que responder, a él nunca le había importado ser diferente a los demás pero, esa ocasión sintió que quería ser como todos.
"Soy hijo de la Luna" dijo.
"¡Imposible!" gritó sorprendido Levi "eso es imposible".
"Es verdad, mi mamá es la Luna, ¿qué no me ves?" dijo señalando su piel "¡ves, soy su hijo! No estoy mintiendo".
Levi le observó un rato, y al fin de unos minutos, creyendo que Eren no le decía la verdad, respondió "Bueno, mi madre dijo que no había que juzgar a los demás por su apariencia pero, es que eres tan raro".
"¡Yo no soy raro! Mamá dice que soy especial".
"Si claro" añadió Levi "¿y qué hace aquí el hijo de la Luna?"
"¡Yo!... Vine a ver... A ver algo" y con voz más baja siguió "algo importante".
"¿Y qué es eso tan importante?"
"A ti".
Con una mirada extrañada Levi preguntó "¿por qué a mí?"
"¡No lo sé!" dijo molesto Eren.
"Eren ¿por qué te molestas?"
Eren no entendía porque se sentía molesto pero al mismo tiempo, cuando Levi pronunció su nombre se sintió relativamente feliz.
"No importa" contestó el chico "yo vine a verte porque, siempre estás solo y siempre te sientas aquí toda la noche viendo a mi mamá, quería saber por qué".
"¿Cómo sabes eso?"
"Ya te dije, como soy hijo de la Luna puedo verte desde el cielo, así que dime ¿estás enamorado de ella?"
"Probablemente", contestó tranquilamente Levi, como siempre, Eren no se quedó conforme con esa respuesta y volvió a preguntar "¿como qué tipo de amor?"
"Quien sabe" respondió el chico de ojos fríos, dirigió su vista hacía ella y quedándose perdido agregó "no es como si la amara de verdad pero, hay algo que me atrae, siento que me está llamando".
"Mi mamá no lo está llamando" pensó Eren.
"¿Es extraño?" preguntó Levi volviendo su vista hacía él.
"No" contestó serenamente Eren "es hermoso".
Ambos sonrieron, se sentían extrañamente cómodos el uno con el otro, como si se conocieran de años.
"Muy bien Levi, vamos a dar un paseo".
"¿Por qué?"
"Porque sí" Eren tomó la mano de Levi, éste se sorprendió un poco pero no le dio importancia. Eren sintió una sensación cálida, sintió por primera vez el cuerpo de un ser humano, era curiosamente suave y delicado.
"Tu mano está helada" le dijo Levi.
"Así está siempre" respondió sonriente Eren "la tuya está caliente".
Ambos dieron un recorrido alrededor de todo el lago hablando de muchas cosas, como de los animales del bosque, de la temporada de lluvia, de los colores de las flores, de las estrellas, hasta del arcoiris (aunque Eren nunca había visto uno).
Para Eren todo aquello era nuevo pues todo lo que conocía era el vacío del espacio.
Cuando regresaron al punto de partida, los dos estaban agotados.
"Es lo más cansado que he hecho en mi vida, siempre voy flotando a todos lados, pero, aquí es diferente" dijo sentándose sobre en pasto.
"¿Sigue con eso?" pensó Levi, "por cierto Eren "¿por qué tu piel es tan blanca y fría?" preguntó.
Eren le echó una mirada acusadora y antes de que pudiera responder escuchó a su madre llamándolo "lo siento Levi, mi mamá está llamándome" se levantó con un salto del suelo y se sacudió.
"Yo no escuché nada".
"No tienes porque, tengo que irme, vendré mañana otra ves" Eren se echó a correr sobre el lago y cuando se adentró lo suficiente alzó la mano y se despidió de Levi quien hacía lo mismo desde la orilla.
Levi vio como Eren se elevaba sobre el viento y no muchos metros arriba se desvaneció en dirección a la Luna, fue entonces cuándo pensó que, quizá, Eren sí era hijo de la Luna.
"¿Te divertiste querido?" preguntó Luna al pequeño.
"Sí" respondió alegre el niño.
"¿Mucho?"
"Mucho, conocí a alguien, se llama Levi, hicimos muchas cosas, dimos un paseo y me enseñó la Tierra, mamá, ella es ¡enorme!".
"Por supuesto que lo es".
"Pero" agregó decaído "no supe responderle qué era yo". Luna lo vio confundida y dijo con amor "tú eres mi hijo, eso es suficiente, no importa que digan los demás tú eres tú, y yo te amo por eso".
Eren no le preguntó más porque sabía que aunque lo hiciera su madre no le iba a decir nada, así que se conformó con su simple respuesta.
A la noche siguiente Eren volvió a ver a Levi y así, las noches siguientes por varias semanas.
Eren bajaba cada noche y, a la orilla de aquel lago, se veía con Levi, quien pronto lo comenzó a esperar a penas se ocultaba es Sol.
Los dos se había vuelto amigos, después de algunas noches desde su primer encuentro, Levi aceptó a Eren como el hijo de la Luna, ya no le parecía un bicho raro, se acostumbró a su apariencia y a su ávida personalidad.
Una noche, los dos se dispusieron a subir a la cima de una colina, subirían a lo más alto, de ahí, podrían ver todo el valle y verían el amanecer juntos, pero antes de eso, Eren le comentó algo a Levi "pero Levi, mi mamá siempre me recuerda que no debo quedarme al Sol más de tres minutos, ella dice que sus rayos dañan mi piel".
"Está bien Eren, no tardaremos mucho, además, tú mamá siempre te llama antes de que salga el Sol por completo".
"Está bien".
Entonces, los pequeños caminaron surcando las penumbras, nada más ellos, el silencio los rodeaba casi por completo a excepción del ruidillo de los insectos y el crujir de las plantas que se movían con el viento.
Hacía algo de frío esa noche, a ninguno parecía molestarle, en cielo despejado sobre sus cuerpecitos parecía un infinito mar, Luna casi desaparecía, se veía como un delgado arco ahí pegado en el cosmos cerca de las estrellas.
En el mundo, tan basto y lleno de vida, aquellas dos almas, parecían las únicas sobre la Tierra, como si nada más existiera, como si nada más importara, sólo ellos, sólo ellos comprendían la belleza de la vida.
Cuando llegaron al pie de la colina, compitieron por ver quien llegaba primero a la cima, comenzaron a correr usando todas sus energías.
Los dos llegaron al mismo tiempo, agotados, se dejaron caer sobre el dorado césped, el otoño era algo maravilloso.
Jadeando, se veían a los ojos mientras sonreían, de la pequeña boca de Levi salía un vaporcito que se desvanecía cerca de su cara, Eren se acercó a él y tocó su frente "estás caliente" dijo preocupado.
"Eso pasa cuando corres mucho" explicó Levi, Eren se sentó y observó a su madre casi imperceptible.
"Levi, he notado que, últimamente ya no ves a mamá ¿por qué, la has olvidado?"
"Nadie olvida a la Luna Eren, pero, últimamente ya no tengo la necesidad de verla".
"¿Es por mí?"
"Quizá" respondió Levi recuperando el aliento, "a mí, me gusta estar contigo, es divertido, además, ya no podría... alejarme de ti".
"¿Por qué? "
"¡¿Tengo que decirlo?!" preguntó Levi molesto y serio.
"No entiendo lo que dices Levi, pero me alegra que quieras estar conmigo porque, yo quiero estar contigo siempre".
Eren vio como Levi seguía exhalando el vapor e intrigado todavía, se acercó y se acostó sobre su pecho.
"¿Qué haces Eren?" preguntó Levi confundido.
"Se siente caliente" de repente, alarmado, Eren gritó "¡Escucho algo! Hace boom, boom, ¿qué es Levi?"
"¿A caso eres tonto? Es mi corazón, todos tenemos uno, hace que puedas vivir y que te puedas enamorar".
Eren se tocó el pecho pero, no pudo sentir nada.
"Yo no tengo corazón" dijo sonriendo con tristeza.
Levi llevó su mano hasta donde debería estar el corazón de Eren, sintió un momento y dijo "aquí está, el corazón de Eren, en muy pequeño y hace boom, boom, pero, como es muy pequeño no se siente mucho" Eren sonrió con felicidad y abrazó a Levi.
"Ambos tenemos un corazón Levi".
"Sí".
El amanecer se acercaba, el Sol se asomó detrás de otra colina y Luna llamaba a Eren.
"Levi, me tengo que ir, nos vemos mañana" Eren se elevó y desapareció dejando a Levi atrás.
Cada vez que Eren se marchaba, Levi se sentía triste, sus ojos pasaban de ser alegres a serios y sucedía lo contrario cuando Eren llegaba.
Los días pasaron muy rápido, Luna se llenó y desapareció muchas veces, las constelaciones cambiaron continuamente y la Tierra, le dio la vuelta al Sol cinco veces.
En esos cinco años, cada noche, sin interrupción, los dos se encontraban para hablar, jugar o lo que fuese que hicieran.
Aquellos fueron, días muy felices.
