CAPÍTULO XIV
Will. Febrero de 2014.
Claroscuro.
Will miró la puerta de la casa mientras inhalaba una gran bocanada de aire. Estaba todavía soltándolo cuando, como por arte de magia, ésta se abrió. Al otro lado se encontraba Jason, que se sobresaltó al encontrárselo de una forma tan inesperada.
—¡Will! —exclamó—. Perdona, ¿habías llamado? No había oído na…
Le sacó rápidamente de dudas:
—Iba a llamar justo ahora. ¿Te ibas?
—Sí, es que tengo prisa —admitió, con gesto apurado—. Nico está en su habitación. Perdona… realmente tengo que irme ya.
—No pasa nada —Jason le rozó el hombro al pasar, le dedicó una rápida sonrisa y se marchó, dejando la puerta abierta, lista para que el otro chico entrara.
Finalmente lo hizo. Le costó cerrarla, pero sobretodo, le costó quedarse dentro.
El día del accidente no llegaron a hablar en realidad. Habían pasado cinco días desde entonces. Y con ellos, muchas habían sido las oportunidades de Will para acercarse a la casa y hablar. Pero en ninguna de ellas se había visto con las fuerzas necesarias.
No se lo pensó más, ya lo había hecho lo suficiente, y decidió subir las escaleras. Tocó a la puerta de la que deducía sería la habitación de Nico (realmente nunca había estado en el piso superior de la casa), pero no obtuvo respuesta. Probó a girar el pomo, que cedió con facilidad.
Le sorprendió la imagen con la que se encontró. Nunca antes se había parado a pensar en cómo podría ser la habitación de Nico, pero desde luego nunca la había imaginado así. Las paredes estaban empapeladas de arriba abajo con dibujos y cuadros y a pesar del horror vacui que imperaba el conjunto daba una sensación de orden y pulcritud. El edredón de la cama, que estaba hecha, era de Batman. Frente a la ventana había un escritorio, repleto de cosas, pero de nuevo, ordenadas. Todo parecía tener su sitio en aquel espacio. En la silla frente a éste se sentaba Nico, que llevaba sus inseparables cascos que le cubrían las orejas. Estaba inclinado sobre la mesa, enfrascado en lo que debía ser un dibujo. Tenía la pierna escayolada, en alto, sobre un taburete a su lado.
Will cerró la puerta. Al hacerlo, se dio cuenta. Por detrás la puerta también estaba llena de dibujos. En concreto, dibujos de él. Era capaz de diferenciar aquellos que había de antes del momento en que se habían conocido realmente por vez primera de aquellos que vinieron después. No sabría describirlo, no sabía hablar de arte con propiedad, pero en el trazo… se podía apreciar la diferencia.
—Will —dijo entonces Nico, el movimiento de la puerta al cerrarse le había alertado de su presencia.
—Los tienes pegados a la parte trasera de la puerta porque… —comenzó a decir, pero no se atrevió a aventurarse y seguir con su conjetura.
—Si Percy o Jason entran. Si cualquiera entra —se corrigió. ¿Tal vez se referiría a su madre?—, no los ve. Sólo yo, cuando estoy aquí, con la puerta cerrada. Dentro de mi mundo.
—¿Éste es tu mundo? Esti sólo serán 8 metros cuadrados si llega. Vale que eres bajito pero, es un poco pequeño, ¿no? —dijo, en un tono más agrio del que había pretendido usar.
—Ya, bueno, no todos podemos permitirnos una vieja nave abandonada al lado del océano…
Will se atrevió a mostrar una pequeña sonrisa. Por primera vez desde que había entrado, miró realmente a los ojos de Nico y se dio cuenta hasta qué punto había extrañado su intensidad y calidez.
—¿Y si te lo pudieras permitir? ¿De qué lugar querrías hacer tu mundo?
—Un estudio en Nueva York. Tal vez en Newark, no es tan caro como Nueva York y hay un gran ambiente artístico. Algo no muy grande, lo suficiente para poder tener mis lienzos y mis materiales de dibujo sin tener que desmontarlos luego para poder dormir o comer. Pero también… quizás… —Nico hacía rato que había roto el contacto visual y se había sumergido en sus pensamientos—. Uno de esos graneros convertidos en vivienda parecen interesantes…
—¿Eso es en medio del campo?
—Por supuesto, Solace, ¿dónde están los graneros si no? —Nico volvió a mirarle.
—No sabía que te gustase el campo.
—Me gusta su quietud. Y me gustan los animales.
—¿Me estás diciendo que tendrías tu pequeña granja?
—Puede ser. En el hipotético caso de que me salieran todas las cosas bien.
Will se encogió de hombros.
—Debe ser un lugar demasiado solitario para vivir, ¿no crees?
—Si me salieran las cosas bien, no estaría solo —dijo con intención.
Sin poder evitarlo, fue Will quien desvió su mirada de la suya.
—Siéntate… —comenzó a decir Nico—. En la… cama. Lo siento, no hay mucho más espacio aquí y el taburete lo tengo ocupado.
Will le hizo caso, pero fue incapaz de decir nada más. Se esperaba que Nico le pidiera perdón, se lo temía; sin embargo, lo que le dijo fue:
—Gracias. Una vez más.
—¿Por qué?
—Mi madre. No me ha dicho nada —aclaró, antes de que le preguntara—. Pero sé que le hablaste. Pude escuchar tus palabras a través de su voz. Y creo que ahora… podemos llegar a, no sé, tener una relación… una relación que parezca realmente de madre e hijo de nuevo. Y todo gracias a ti, Will Solace. No sé cuánto tiempo hablaste con ella, pero me imagino que no necesitaste tanto para ayudar a solucionar un problema que venía de años.
—Nico… —dijo Will al notar cómo se le quebraba la voz, cómo sus ojos se habían empañado.
—Tengo algo para ti. Un regalo.
—¿Un regalo? —Will repitió sus palabras como un tonto.
—Sí. Está… en la mesilla de noche, en el primer cajón. ¿Podrías ir tú a por él? —dijo tocándose la pierna—. Está en una cajita pequeña, envuelta. No sé ni siquiera si te gustará, tal vez sea un poco cursi… pero como Percy y Jason no me han dejado salir estos días bueno, pues, me he dedicado al dibujo en detalle, tenía desde hacía tiempo ese… Bueno, mejor espero a que lo abras.
Will lo hizo, tras mostrárselo y esperar una señal que le dijera que era el paquete correcto. Quitó el papel, abrió la caja y descubrió un medallón. Lo sacó y lo sostuvo entre sus manos con cuidado. Parecía sacado de una tienda de antigüedades, pero estaba limpio y reluciente. Lo abrió con suma delicadeza y al hacerlo descubrió su cara.
—Es tan pequeño y delicado… —dijo mirándolo con detenimiento—. Es precioso, increíble. Pero…
—¿Pero qué? —preguntó Nico, pues habían pasado los segundos y Will no había terminado la frase, no había expresado el inconveniente.
—Falta tu retrato en la otra parte, ¿no?
La mirada que le dedicó Nico hizo que a Will se le cayera el alma a los pies. Le entraron ganas de abrazarlo y no dejarlo marchar jamás. Tal vez debería hacerlo.
—Will…
Pero él no sabía que decirle. Fue Nico quien habló:
—No debería haberme quedado esperando en la puerta de tu casa aquel día. Por la noche lo pensé y me di cuenta de que fue muy desconsiderado por mi parte. No debía obligarte a verme, no debía hacer que sintieras la obligación de hablar conmigo. No merecía pedirte perdón. No habiéndote hecho tanto daño como te hice… Por eso no quiero que estés aquí por obligación. No me debes nada, Will. Si no quieres estar aquí puedes marcharte.
Pero Will no se marchó. En cambio, le dio el medallón, poniéndoselo entre las manos con cariño.
—Quiero tu retrato. Nariz horrible incluida —dijo, mostrando una sonrisa. Pero después, su tono se volvió más serio—. Nico, no es culpa tuya. Yo reaccioné… muy mal. Fui un egoísta. En lugar de pensar en tu salud, en cómo estarías, sólo pensaba en mí, en cómo me sentía al respecto, en que no me querías… Joder, no quería decir eso —se apresuró a corregirse, aún cuando Nico no había mostrado inconveniencia ante aquella frase—, por supuesto que no tenías por qué quererme, en realidad no llevábamos nada conociéndonos… sin embargo yo me sentí así, porque soy así de desastre. Tomo en seguida cariño y eso hace que acabe con el corazón roto a menudo. Pero ya estoy acostumbrado a ello. Es mi culpa, no teníamos por qué ser nada, ni sentir nada. Y desde luego el hecho de que te fueras no debería habérmelo tomado así porque es normal…
—¿Es normal dejar solo al chico más maravilloso que nunca has conocido para irte con el ser que más daño te ha hecho en tu vida? Perdona que te interrumpa pero estás diciendo muchas cosas sinsentido Will. Quiero explicarme. Sólo si tú quieres escucharme de verdad —aclaró.
Tardó unos instantes en asentir. Se reacomodó en su asiento para mirarle.
—Estoy enamorado de ti. No sabría decir desde cuándo, desde luego no fue la primera vez que te vi, no la primera vez que te vi en realidad, y desde luego tampoco desde el otro día cuando creí perderte. Posiblemente me enamoré de ti entre medias, por todos esos gestos tan tuyos que me sacan tanto de quicio pero que al mismo tiempo no lo hacen realmente. Pero tú eras tú y no podías sentir lo mismo por un tipo como yo —antes de que Will le interrumpiera, hizo un gesto que le pidió que le permitiera seguir hablando—. En cambio esa noche hicimos el amor, no de la forma que habría imaginado para la primera vez pero siempre habría otras veces. Aquella noche era una promesa. Y cuando tú me dijiste. Me dijiste que estabas enamorado de mí —dijo, como si pidiera una confirmación, como si quisiera comprobar que había sido real—. Aquella noche fue un sueño. Tanto que fui incapaz de dormir.
»Entonces me sonó el teléfono, y fui rápidamente a silenciarlo porque no quería que te despertara. Y lo vi, vi su nombre. Y no sabía por qué me llamaba, pero por primera vez quise descolgar. Y fue precisamente por lo que tú me habías dicho.
Nico tomó aire y suspiró. Jugueteó con el medallón entre sus dedos por unos segundos antes de decir:
—Quería cerrar esa etapa, mi mente lo necesitaba. Sabía que para ello debía verle una vez más, hablarle y enterrarlo en mi pasado para siempre. La llamada era una oportunidad, y cuando me pidió que me reuniera con él para "prestarle" aquel dichoso dinero dije que sí, y lo dije por ti. Por la mañana te lo contaría todo, te diría que si había sido capaz de enfrentarme de nuevo a él había sido gracias a ti. Porque por alguna extraña razón tú habías visto algo en mí, porque si de verdad estabas enamorado de mí tú, un ser lleno de luz, era porque yo no era tan oscuro como él me hizo creer. Eso significaba que dentro de mí había esperanza, aunque sólo fuera una poca. Y porque quería sacarla adelante si tú me ayudabas, pero antes necesitaba hacer aquello solo.
»Pero entonces tuvimos el accidente, y cuando desperté era en una camilla del hospital y sabía que había enviado todo a la mierda. Como si necesitara una confirmación, las caras de Jason, Percy, Reyna cuando me dijeron que habías desaparecido me lo confirmaron.
»Sé que no me lo merezco, pero quiero pedirte perdón, Will. Por todo el daño que te he causado, una vez más. Yo no quería… realmente no quería.
De nuevo, Nico parecía al borde de las lágrimas. Esta vez, Will estaba igual. Posó la vista en sus manos, para darse cuenta de que en algún momento de su discurso había agarrado las del otro chico. Con lentitud, las dejó y fue subiendo por sus brazos y acabó abrazándole, o más bien, cayendo en su abrazo. Hundió el rostro en su hombro y por un momento no hizo más que sentir las manos de Nico acariciar su espalda.
—Creía que no te importaba —dijo contra su pecho—. Que te habías marchado para siempre, que no te interesaba porque estaba enamorado de ti y tú sólo me querías como un rollo momentáneo que no implicase palabras tan serias. Creía que realmente querías a…
—No —Nico respondió tajante, su cuerpo de pronto tenso—. Nunca. Nunca más.
—Esa noche busqué su Facebook como el idiota que soy y… es tan guapo.
—Tiene un parche en el ojo.
—Le queda realmente bien.
—Eso no quita que le falte un ojo, Solace.
—Qué más da eso. Está muy bueno. Y es moreno, claramente tu tipo…
—¿Mi tipo? Yo no tengo tipo.
Pudo sentir cómo Will rodaba los ojos.
—¿Percy? Y él. Y todos los tíos de tus bocetos antes de mí.
—Antes de ti. Tú lo has dicho. No sé lo que sería antes, pero ahora tú eres mi tipo.
Will levantó el rostro para encontrarse con los ojos de Nico.
—¿En serio? ¿No estás diciendo todo esto para que me sienta mejor?
Nico no respondió. Su mirada se lo decía todo.
—Te lo he dicho. Estoy enamorado de ti, Solace. Pero eso no quita —dijo mostrando un gesto de fastidio—. Que esta postura me resulte increíblemente incómoda.
—Tienes razón. Perdona.
Nico alzó una mano para acariciarle la barbilla. Parecía que iba a hacer algo más, pero finalmente sólo le dijo:
—Nunca te disculpes por el hecho de estar a mi lado.
Con la ayuda de Will se tumbó en la cama, con la espalda sobre ésta, para que no tuviera que cargar su peso sobre la pierna o el brazo. Will estaba en el lado de su pierna buena, con el codo hincado en la cama, y se inclinaba sobre Nico, sin llegar a estar sobre él para no hacerle daño.
—Dímelo otra vez más —dijo después de darle un beso. Llevaban horas sin hacer realmente nada más que quererse, y ninguno de los dos tenía una pega al respecto.
—No soy ningún cursi, Solace. No te pienses que voy a estar diciéndotelo todos los días.
—Lo sé. Pero hoy es el mismo día. Consiénteme.
Nico se obligó a sonreír. Levantó una mano para acariciar la mejilla de Will con las yemas de sus dedos, y en lugar de decir lo que le había pedido, soltó:
—Quédate quieto.
—Oh, no, hoy no quiero posar para ti —se quejó Will, pero rió al ver que el otro hacía lo mismo.
—Era broma —deslizó la mano hasta la nuca de Will, para hacerle que bajara la cabeza, al tiempo que él alzaba la suya—. Estoy enamorado de ti—susurró justo antes de entrelazar sus labios—. Te adoro. Te quiero. Te amo.
Me he dado cuenta al escribirlo que el final de la historia ya está aquí. Tan sólo queda un capítulo antes del epílogo. Pero el final de este fic no significa el final de esta historia, lo prometo.
Espero que os haya gustado. Os quiero casi tanto como Nico a Will.
Nos vemos en el otro lado
