Capítulo 39 Comienzan los problemas

Sin darse cuenta, Alana y Brooklyn se habían abrazado tiernamente durante aquella noche fría de celebración. Para Alana, Brooklyn era su amigo de infancia, aquel que le hacía compañía durante los años de tardes solitarias y nostálgicas. Él era el único niño con quien jamás había compartido tan libremente, con él podía hablar horas enteras sin que el chico se cansara de escucharla. Brooklyn lograba sacar una sonrisa en Alana en medio de sus rabietas, ¡a él nada parecía estorbarle, eso hasta que algún tipo se atrevía a retarlo a una beybatalla!

Brooklyn evitaba mostrar su sentimiento romántico mientras abrazaba a la chica. Intentaba pensar en ella como la dulce niñita que conoció años atrás. Quizás tenía derecho a sentir coraje, ya que jamás imaginó que Alana se podía interesar en alguien más siendo él el único chico con quien compartía todos sus secretos. Pero había sucedido, la bella Alana no estaba enamorada de él. ¿Qué más podía hacer? ¿Reclamarle el tiempo, el cariño, la atención? No, Alana no le debía nada. Todas las muestras de amor fueron de gratis, así era como el abuelo Damian, quien se había convertido en su abuelo también, le había enseñado que debía amar. Así lo haría, la amaría como su amiga, era lo que ella esperaba.

Brooklyn lentamente comenzó a soltarse de los brazos de la chica. La tomó de las manos y le sonrió. Alana miró el rostro del chico, era el mismo semblante de cuando estuvieron a punto de casarse, cuando se atrevió a decirle no a su compromiso. Cualquier otro muchacho que admirara la belleza de Alana aprovecharía para besarla en ese momento, despidiéndose de su chica para siempre, sería el instante perfecto, lo cual Brooklyn no ignoraba. Pero el chico a parte de ser noble, se esforzaba por no dejarse llevar por sus sentimientos, probablemente por eso tenía tanto éxito en sus batallas. Así que, a pesar de tenerla tan cerca, sabía que ella ya estaba lejos.

Alana le sonrió también. Luego se soltó de las manos del chico, quien también dejó ir las manos de ella.

- Te prometo que… me esforzaré por no odiar a Kai. – le dijo con un poco de sentido de humor.

Ella dejó que el silencio continuara por unos momentos más mientras miraba a Brooklyn admirada.

- Adiós, Brooklyn. – dio media vuelta y se fue del balcón.

El chico no le respondió, la vio irse y luego se volteó a respirar profundo apoyando sus dos manos sobre el balcón.

Tyson se apresuró a alcanzar a Kai después de considerarlo seriamente, era tan impaciente que no podía esperar hasta el torneo para hablar con él. Kai no salió por la puerta principal, lo que hizo que le costara más trabajo a Tyson al darse cuenta que los guardas no lo habían visto salir. "Debió haber salido por la parte trasera…" pensaba mientras corría a toparse con el chico. Finalmente observó la silueta que se alejaba por el parqueo trasero.

- ¡Kai, espera viejo!- le gritó desde lejos.

El muchacho no se detenía, Tyson corrió más rápido, resbalándose un poco en la calle. Cuando estuvo más cerca, Kai se dio media vuelta y con rostro severo le dijo:

- ¡No quiero que me sigas, no des un paso más!- Kai empujó con fuerza un barril de lata que contenía alguna basura dentro, el cual calló en medio de los dos.

- ¿Qué te ocurre? – Dijo Tyson sorprendido de ver que Kai lanzara el barril para evitar que él se acercara. - Actúas de una manera muy extraña. Todos hemos estado preocupados por ti.

Kai agachó el rostro apretando sus puños.

- Tu única motivación de ir al torneo es Brooklyn ¿no es así? ¿Acaso piensas que eres demasiado bueno para enfrentarte primero con los otros? Eres un arrogante.

- Tyson, entiéndelo, no quiero que mi abuelo vaya a la tumba creyendo que yo soy igual que él.

- No lo eres, pero te estás comportando como si lo fueras…

- ¡Escucha! Mi abuelo no me cree capaz de vencer a Brooklyn, yo quiero demostrarle lo contrario. Mi derrota contra Brooklyn fue lo peor que me pudo ocurrir. ¿En qué momento volvió a ser el mejor? – Kai estaba sumamente frustrado. - Tu también fracasaste – le dijo señalándolo- eras el campeón mundial y ahora eres un mediocre. Ray nunca ha sido mejor que tu y logró ganarte fácilmente, no quiero ser como tú Tyson.

- Agradezco tu sinceridad pero estas yendo demasiado lejos. – Tyson se molestó por las palabras de Kai.

Kai se dio media vuelta dejando a Tyson hablando solo.

- ¡Cómo detesto que te vayas y no termines las conversaciones!- le gritó fuertemente.

El muchacho de la gabardina negra, el orgulloso beyluchador no se molestó más en responder. Tyson pateo con fuerza en un desahogo de rabia el estañón que Kai recién había hecho caer.

- ¡Tyson! – escuchó una voz femenina tras él.- ¿Qué ocurrió?- Era Hilary que se aproximaba. – Vaya… hace frio acá afuera…

- Hilary… - Tyson aún estaba muy molesto con Kai. – No sé que te agrada de Hiwatari.

Hilary se sorprendió ante el comentario.

- ¿Acabas de hablar con él? ¿Qué te dijo?

- No hace falta decírtelo… vámonos de aquí. – Tyson se retiró pasando frente a Hilary, quien observaba la basura regada y no se atrevió a preguntar que más había sucedido.

Más tarde, Alana se miraba frente al espejo quitándose el maquillaje con lentitud. Alguien llamó a su puerta, hasta la tercera vez la chica respondió.

- Adelante…

- ¡Hola! – era Roxie, traía su ropa de dormir puesta. - ¿todavía no has terminado? Luces muy pensativa… pero ya sé por qué es. – dijo sentándose en la cama.

- Roxie, Kai no era el mismo hoy… me pregunto que le habrá pasado…

- Vaya… hasta que por fin me hablas de él.

Alana no le respondió, siguió luego cepillando su cabello.

- Sabes, ¿no crees que Kai es un chico complicado? No sé que le hayas de interesante…

- Roxie, Kai es el hijo de quien fue la mejor amiga de mamá… Además, no es el muchacho duro que aparenta ser… creo que tiene mucho dolor, es todo.

Roxie, que quiso hacer mil y una pregunta a Alana acerca de la vida de Kai, se quedó callada al notar la seriedad en el rostro de su amiga. Pero no pudo evitar carcajear luego, tomó una almohada y la abrazó.

- Entonces…- dijo emocionada- ¿sí te gusta?

Alana la miró a través del espejo.

- Es muy temprano para decir un sí… pero algo tarde para decir un no.

Roxie lanzó la almohada al cieloraso gritando un "¡Sí!" que hizo que Alana la mirara un poco asustada.

- ¡Lo sabía! No me mires así Alana… jeje… hasta que por fin lo confesaste.

Luego de que las chicas apagaran la luz de la habitación para dormir, la entusiasmada voz de Roxie se escuchó de nuevo en medio del silencio.

- ¡No puedo creer que lo dijeras!

- Shhh! Ay Roxie… no dije que sí… fue un… quizás…

- Sí sí… como sea…

Mientras Alana y Roxie dormían, Tyson entrenaba solo. Kenny lo miraba a través de su computadora, Hilary se acercó envuelta en una cobija con una taza de te en la mano.

- Nunca había visto a Tyson tan molesto como hoy… tanto así que no quiso seguir en la fiesta por venir a entrenar.

- Hilary, Tyson no dejó de reprochar todo el camino la actitud de Kai. Parece que le dijo algo muy indignante.

- Dile que vaya a dormir… podrá entrenar mañana temprano.

- ¿Por qué no le dices tú? De seguro te pondrá más atención que a mí.

- ¿Por qué habría de hacerlo? Es muy terco.

- Bueno… considerando que tú le agradas…

- ¿Eh?

- ¡Oops! No debí haberlo dicho… pero bueno… - Kenny estaba agotado, sus parpados se caían solos, así que no pensaba mucho en las palabras que decía.

- Kenny tu también debes ir a dormir, ¡apaga esa computadora ahora mismo!- Hilary le cerró su laptop de inmediato.

En una de las habitaciones de BEGA, Mariam no podía dormir, sollozaba tratando de no ser escuchada por Mariah, su compañera de cuarto, pero fue imposible ya que Mariah tampoco lograba conciliar el sueño.

- Mariam… - la llamó en un susurro. - ¿Puedo ayudarte?

- No lo creo… ninguna de las dos puede hacer algo al respecto. – decía entre lágrimas. – sólo espero que esta pesadilla se acabe y dejemos de ser las marionetas de Mónica y Boris.

Mariah no sabía cómo consolarla, Mariam tenía razón. Mariah se levantó a la cocina y llenó un vaso con agua, pensativamente se devolvió a su recámara.

- Toma. – le dijo poniendo el vaso en la mesa de noche- te refrescará un poco.- luego se dirigió a su cama de nuevo, acurrucándose en las cobijas, conmovida por el llanto de su compañera.

Antes de que amaneciese, Kai se fue lejos de la ciudad a entrenar, no le importaba el frío o el hambre que tuviera, sólo quería ser más resistente. Cada golpe de su beyblade contra un árbol o una roca servía para descargar más y más ira. Buscaba que sus movimientos fueran nítidos. "Alana… " pensaba "tú también crees que no puedo ganarle a Brooklyn."

- ¡Eso no es cierto! – gritó haciendo que la nieve en una de las ramas se deslizara más rápidamente. Luego se dejó caer al suelo, sobre sus rodillas. Tomó su beyblade y lo contempló por varios segundos mientras copos de nieve comenzaban a caer sobre él. – No… no puedo dejarme vencer… no seré como tú, Voltaire. No renunciaré al beyblade…

La noche se acortó más de lo esperado para todos. Ese día comenzaría el torneo con los chicos principiantes que aspiraban a competir en las grades ligas una vez se anunciara el ganador. Los participantes de BEGA jamás habían experimentado tal ambiente fúnebre, nadie hablaba sino solo lo necesario. No se miraban el uno al otro, sin embargo, debían pretender que todo transcurría normal, aunque bien sabía que no era así.

- ¡Kenny apresúrate! Llegaremos tarde...

El Jefe se apresuró para evitar el constante llamar de Hilary. Por supuesto no podía salir sin su laptop, la cual cargó hasta subir al auto que manejaría hasta el centro de conferencias de BEGA, donde Alvin y varios reporteros los esperaban a Hilary y a él para una entrevista a la que habían sido convocados días antes. Kenny tomó el volante tan rápido como subió al auto. La celebración masiva comenzaría a las siete y media de la noche, como era costumbre, presentaciones artísticas amenizarían la apertura del evento asistido por una gran cantidad de espectadores en el lujoso beyestadio construido por BEGA.

Por otra parte, Roxie y Alana caminaban despacio por los pasillos del beyestadio. Las chicas miraban a ambos lados de ellas cada vez que pasaban una puerta.

- …entonces, Roxie, ¿qué te dijo Hiro después?

- Nada… no he hablado con él desde que tu querido amigo interrumpió el baile.

- Jaja… aún no puedo creer que hayas hecho tal alboroto en el centro comercial solo para arruinar la tarde de Ming-Ming y Hiro… y no entiendo por qué aun dices que ya no te gusta.

- Es verdad… ¿por qué no me crees? Hiro ya es un tema superado para mí.

- Mira este es el camerino 040 lo que significa que el nuestro es…

- El de la izquierda, camerino 042. Me pregunto por qué nos enviaron a un ala tan lejos de los chicos.

Las dos muchachas estaban frente a la puerta que tenía la inscripción "No. 042", la misma a la que Alvin había llevado a Tala tiempo atrás para que la conociera. Una puerta automática se abrió justo cuando se pusieron frente a ella.

- Wow, mira esos cómodos muebles… además de que tenemos nuestro propio baño. – Roxie fue la primera en ingresar.

Las chicas se comenzaron a cambiar en su ropa deportiva. En tanto, apenas terminó la conferencia, Hilary y Kenny se dirigieron al beyestadio, llevaban la dirección del lugar del parqueo que se les había asignado previamente en su pase de entrada al estadio. Llegaron media hora antes de que las actividades comenzaran, aún así se escuchaba la algarabía de los aficionados. El estacionamiento se encontraba bajo techo, tuvieron que avanzar unos cien metros antes de llegar al lugar enumerado "042".

- ¿No crees que esa conferencia estuvo bastante redundante?

- Sí, Jefe… esas preguntas las hemos respondido una y otra vez…

- Bien, parece que este es nuestro espacio del parqueo.

- Escucha el ambiente allá adentro, están ansiosos por comenzar. Es extraño, este torneo no me ilusiona tanto… creo que ha habido muchos problemas y eso me ha agotado más de la cuenta.

- Dímelo a mí… - Antes de que el Jefe cerrara la puerta del auto las luces del parqueo se apagaron repentinamente, dejando todo alrededor a oscuras.

- ¡Genial! Un apagón, lo que nos faltaba. – refunfuñó Hilary. – Creo que hay una pequeña linterna por acá.

Hilary comenzó a buscar en una de las gabetillas del auto hasta que encontró un pequeño foco. Luego cerró la puerta con fuerza, Kenny aún no cerraba la puerta de al lado suyo.

- ¡Aquí está lo que necesitábamos! – Cuando Hilary alumbró a su lado derecho vio un hombre que sostenía un revolver apuntando y otra linterna apuntando hacia ella.

Antes de que Hilary pudiera lanzar un grito, el tipo que traía su cara tapada con un pasamontañas le ordenó:

- Será mejor que no haga ruido y colabore con nosotros o usted y su amigo la pasarán muy mal.

Las manos de Hilary comenzaron a temblar y la linterna cayó de sus manos a los pies del hombre que le dio un puntapié al foco y tomó del brazo a Hilary, antes de que ella gritara pidiendo auxilio, el hombre tapó su boca y apuntó en su cabeza.

- A-3 toma al muchacho, a él también lo debemos llevar.

Casi al mismo tiempo que el tipo apresó a Hilary, otro hombre se acercó a Kenny, pero antes de que lo pudiera tomar del brazo también, una sombra negra arremetió rápidamente contra Kenny de frente, pasando en medio del hombre armado. La sombra montó a Kenny sobre su hombro y lo lanzó contra el suelo para luego esconderlo detrás de algunos autos alrededor. El hombre haló del gatillo contra el suelo alarmado por lo que fuera que le arrebató a su rehén.

- ¡Tonto no dispares! ¡Qué fue eso! – le gritó el hombre que sostenía a Hilary, la cual sollozaba.

- ¡No lo sé! – dijo confundido.

- ¡Apresúrate a buscarlo no deben estar lejos!

- ¡Keeeeeenyyy!- Hilary gritó desesperada en un momento que el hombre destapó su boca por accidente.

- ¡Hilaryyyy!- Kenny gritó de vuelta.

El hombre que buscaba a Kenny miró alrededor buscando donde provino el grito del Jefe.

- ¡Cállate o vendrán por ti!- le dijo la sombra que lo llevaba, que en realidad no era una sombra sino un chico encapuchado.

Kenny en su desesperación pateaba al tipo que lo tenía fuertemente sostenido y llevaba al pobre Jefe arrastrado rápidamente, agachado por el piso, pasando entre los autos.

- ¡Suéltame, necesito ir por Hilary! ¡Y dejé mi laptop en el auto…! – dijo angustiado.

El encapuchado siguió sosteniendo al Jefe, pero ante la insistencia de Kenny por soltarse, el encapuchado recurrió en sostenerlo fuertemente del cuello debajo de un auto, lo miró a la cara y le susurró.

- ¡Escúchame bien, estoy salvando tu vida y si no te calmas te voy a entregar ahora mismo y no habrá esperanza para ti ni Hilary! ¿Entiendes?

Kenny asintió asustado y nervioso. Las pisadas del hombre se escuchaban cerca de ellos, con una linterna apuntaba a todos lados buscando a Kenny. El encapuchado y el Jefe salieron arrastrados de debajo del auto, sin hacer ruido alguno.

- Esto es lo que haremos. – le decía el encapuchado mientras Kenny sudaba intensamente. – a la cuenta de tres saldremos corriendo, te sostendré del brazo, te advierto que iremos a toda velocidad y no nos detendremos. Bien… ¡Tres!– cuando la luz de la linterna se hubo dirigido al lado contrario de ellos, el encapuchado levantó a Kenny de una y salieron corriendo a toda velocidad.

- ¡Keeeeenyyyyyy!- se escuchó a lo lejos la desesperada y angustiada voz de Hilary.

Kenny sintió un horrible vacio en su estómago mientras se alejaba de su compañera. El hombre notó a los chicos que corrían y, sin disparar pero siguiéndoles con la linterna, fue a toda velocidad detrás de ellos también.

- ¡No te detengas, Kenny! ¡Corre, corre y no te detengas por nada!

- ¡Keeeenyyyyy! – se escuchaba el grito ahogado de Hilary, quien ya había sido metida al auto, mas no siguió gritando después de que el tipo la durmiera con una gas especial.

El apagón también ocurrió en el ala del camerino 042, donde se encontraban las chicas.

- ¡Ninguno me contesta! – Roxie llamaba a sus compañeros por su celular.

- Vamos sigue tratando, la puerta quedó atascada, eso es lo malo de la tecnología… - Alana trataba inútilmente de abrir la puerta.

- ¡Max! – por fin alguien le había contestado - ¡¿Por qué rayos no responden las llamadas, para qué tienen celular entonces?!

- ¿Qué te ocurre? Jamás podríamos escuchar un celular sonar con todo este ruido de fondo…- Max estaba junto con Er, Ryan y Tyson cerca de las graderías. – es una suerte que mi celular estuviera en modo vibrador.

- ¡Estamos atascadas en nuestro camerino, es el número 42!

- ¿Por qué?

- ¡La puerta no abre, por el apagón!

- ¿Cuál apagón?

- ¡No es gracioso, Max! Estamos atascadas porque hubo un apagón y la puerta es automática. Necesitamos salir de acá, ¡por favor busca la llave!

- ¡Que extraño! Buscaremos ayuda, tengan paciencia.

- ¡Apresúrense no me agrada la oscuridad! – Roxie cortó su llamada. – Alana esto es extraño, parece que el apagón no fue en todo el estadio.

De repente, por fuera alguien comenzó a abrir el llavín. Las chicas se acercaron una a la otra temerosas de quien fuera. La puerta se abrió y vieron a Tala ingresar con una linterna en su mano. Ambas suspiraron de alivio, pero Roxie de inmediato inquirió:

- ¿Tala? ¿Qué haces acá?

- Apenas ocurrió el apagón me enviaron a sacarlas… - dijo un tanto serio. - ¿Qué esperan?

- No entiendo como en un estadio tan lujoso puede ocurrir un incidente como este. – se quejaba Roxie altaneramente.

Mientras salían y Roxie seguía con sus quejas, una vez en el marco de la puerta, Alana volteó y miró un hombre alto y fornido detrás de ella que tomó a Roxie por detrás y le roció lo que parecía ser un spray en su naríz, dejándola inconsciente.

- ¡Qué mocosa para hablar!- gruñó el tipo.

Antes de que Alana, pasmada por el incidente, pudiera devolverse y huir, Tala la tomó de su brazo.

- Perdóname, Alana. – fue lo último que Alana escuchó antes de que Tala le rociara del spray en su cara también. – Walter, llevemos a las chicas por el ala oeste.

Los dos alzaron a las muchachas en sus brazos y en medio de la oscuridad del pasillo salieron por el ala oeste.