CAPÍTULO XV

Nico y Will. Mayo de 2014.

Amarillo narciso

Desde que le retiraron la escayola le toca sesión de rehabilitación seis días por semana. Hoy, como todos esos días, sale del ambulatorio y apenas da unos pocos pasos fuera de él para encontrarse con Will, que le espera dentro de su coche. Tiene sobre el volante uno de sus manuales de Medicina, de ésos que abultan y pesan tanto que se pueden cometer crímenes con ellos. Está tan centrado en sus páginas que no percibe su presencia, así que Nico decide volver sobre sus pasos y caminar en dirección contraria.

Unos diez minutos después, toca con los nudillos a la ventanilla del acompañante. Su novio desbloquea las puertas con el esbozo de una sonrisa en el rostro que no tardará en completar de perfilarse.

—Has tarda… ¿qué llevas ahí?

Nico le ofrece la bolsa de papel para que la coja antes de meterse y sentarse en el asiento del copiloto, que está echado muy hacia atrás. Will lo puso así para que no estuviera incómodo teniendo que doblar la pierna mala.

—En vistas de que parecías muy centrado en el estudio he pensado que no te vendría mal un té de esos que tanto te gustan.

—Y algo de dulce —casi era un reproche, pero lucían tan apetitosos que no fue capaz de regañarle del todo.

—Un poco de dulce nunca viene mal, ¿no?

Como si el comentario se lo hubiera recordado, Will cierra su libro de golpe y se inclina para darle un beso. Mientras se está retirando para volver a su posición anterior, Nico le roba otro más.

—¿Has terminado de repasar el tema con el que estabas? —ve en los ojos de Will que no es así—. Anda, termínalo, no me importa esperar. Y toma —dice antes de sacar el vaso de té y ofrecérselo.

Will le hace caso. Repasa en voz baja, a veces sólo moviendo los labios, mientras se calienta las manos en el té y a ratos le da pequeños sorbos. Mientras tanto, Nico picotea un par de pastelillos y bebe de su café con lentitud. Pasan los minuto. Finalmente, Will cierra el libro y lo deja caer como un peso muerto en los asientos traseros.

—Ya estoy. En marcha —dice antes de girar las llaves en el contacto—. Ponte el cinturón —le recuerda.

Antes de hacerlo, Nico le tiende la bolsa de los pastelillos. Will acepta uno y deja el resto en el regazo de su novio. Estudiar Nutrición no le sentaba nada bien al ánimo y últimamente estaba mucho más tiquismiquis que de habitual.

—¿Qué tal la sesión de hoy? —le pregunta antes de pegarle un bocado.

—Como siempre —Nico se encoge de hombros.

—¿Mucho dolor?

La primera vez que había ido, Nico le había explicado que aquel lugar se asemejaba más que nada a una cámara de tortura; todos aquellos extraños aparatos que la ocupaban estaban destinados para tensar hasta lo indecible sus músculos, tendones… lo que fuera que tuviera bajo su carne. Will se había reído, no había podido evitarlo; luego, había tratado de explicarle de forma razonada que sólo así recuperaría bien la mobilidad y sanaría correctamente.

—Demasiado.

—Eso está bien. Significa que te estás esforzando.

Entonces, Will tomó el desvío a la derecha en lugar del que acostumbraba. A la izquierda se encontraba el campus universitario y, más lejos, las casitas en las que ambos vivían. En cambio, el de la derecha era dirección Nueva York… su destino de aquel día.

Desde que Nico había sufrido el accidente, Maria di Angelo le visitaba con frecuencia. Al principio había sido una vez a la semana, ahora su hijo había logrado que fuera cada dos. No obstante, ella había dejado caer en más de una ocasión que quería invitarles a casa, para cenar, a él y a Will. Cuando ya se moviera un poco mejor como para atreverse a caminar por Nueva York, evidentemente. Nico había retrasado el encuentro tanto como había podido, pero suponía que ya tocaba. Will estaba de acuerdo con ello así que no había más que hablar.

—Estaba pensando que este verano… podría aprender a conducir —dijo Nico, un poco cohibido, como si el asunto le provocara cierta vergüenza.

—¿Harto de que sea tu chófer?

—Más bien, cansado de esa costumbre tuya de estudiar en los aparcamientos por mi culpa.

En más de una ocasión habían discutido sobre aquello. A Nico no le gustaba que Will le esperase durante los cuarenta y cinco minutos que duraban las sesiones de rehabilitación, de lunes a sábado. Tampoco había mucha discusión posible por su parte, pues su problema era que estaba mal de la pierna, alguien tenía que llevarle y esperarle sí o sí. Jason y Percy también se ofrecían a acompañarle, al igual que Reyna, pero sólo lo hacían cuando Will no podía y les pedía que lo hicieran.

—Ya sabes que cuando vengo es porque estoy realmente libre. Pero prefiero antes de juguetear con mi móvil estudiar o leer alguna revista científica. Lo siento, pero te ha tocado un novio así de friki.

»No obstante, volviendo al tema en cuestión… me parece bien. Si te apetece, yo podría enseñarte.

Iban a pasar el verano juntos, aquello ya lo habían hablado. Piper y Annabeth volvían de su estancia en Europa a mediados de junio. Volarían directas a la casa del padre de la primera en Malibu… donde se reunirían con sus amigos, invitados todos ellos.

Por su parte, Will solía pasar sus veranos en las playas, generalmente de California, por lo que no tenía ningún problema en concretar su destino de aquel año en Malibu.

—Eres el único del que me fío —admitió, pensando en Percy y en Jason y sus respectivos estilos de conducción—. Bueno, y de Reyna, claro. Pero ella estará en Grecia todo el verano.

—¿Al final le han concedido la beca?

—¿No te lo había dicho? —Nico se quedó con gesto pensativo—. Vaya, creía que sí.

—No es nada —le quitó importancia—. Le irá bien un cambio de aires, ¿no crees?

Nico asintió, pues ambos sabían de lo que hablaban. A Reyna le iría muy bien un tiempo alejada de Jason. Lo de aquel par era algo que nunca se terminaba de solucionar, llevaba tiempo estancado y no iba ni hacia lado ni hacia el otro.


—¿Tengo que tocar? —Nico había estado durante todo el trayecto a pie haciéndose el remolón y ahora que estaba ante el cuadro del interfono a llamar por él.

—La lasagna de tu madre ya estará casi lista, por no hablar del tiramisù que prometió. No podemos decir que no a estas horas. Además, con tanta reticencia… voy a empezar a pensar que te avergüenzas de mí.

—Nunca —replicó sin dejar espacio a la duda, con una expresión fiera en sus ojos, a pesar de que sabía bien que Will lo había dicho en tono de broma—. Pero me da muchísimo palo todo esto.

—Lo sé —se inclinó sobre Nico para besarle. Mientras lo hacía, aprovechó para estirar el brazo y tocar él mismo al timbre.

—Me has engañado vilmente —como respuesta a la traición, le mordió el labio. Will sonrió aun teniendo parte de su sonrisa apresada por sus dientes.

—Puedo recompensarte… luego —murmuró en un tono intencionadamente seductor—. Me esforzaré mucho en complacerte —dijo, con una mirada llena de promesas que pretendía acabar con la reticencia de Nico.

En aquel momento, justo entonces, Maria respondió al telefonillo. Will había metido parte de su mano izquierda en los pantalones de Nico, que se quedó mudo ante aquel gesto tan improvisado que realmente se había producido en plena calle.

—Somos Nico y Will —su voz fue completamente calmada y jovial, como la que solía tener, como si no estuviera haciendo nada… distinto a lo habitual. Acto seguido liberó su mano, con la que terminó de acompañar la puerta que se acababa de abrir. Sin embargo, se quedó por unos segundos allí plantado, con gesto pensativo—. Nuestros nombres suenan bien pronunciados uno detrás del otro, ¿no crees?

—Empezaba a pensar que ya no vendríais —comentó Maria, que ya les esperaba en la puerta cuando ellos salían del ascensor—. ¿Ha protestado mucho mi hijo, Will?

—Evidentemente. Pero ha sido soportable —dijo él antres de ofrecerle una sonrisa radiante y responder a los besos que le aguardaban—. Esto es para ti —añadió, y le tendió un ramo de narcisos que había comprado en una floristería de camino.

—¿Ya caminas mejor, Nico? —preguntó ella después de agradecer el regalo. Pasó de mirar de forma apreciativa el regalo a mirar a su hijo, escaneándolo de arriba abajo, cómo sólo sabían hacer las madres—. Podrías haberte vestido un poco mejor para venir a ver a tu familia, ¿no crees?

—Vengo directo de rehabilitación —dijo respondiendo a sus besos. Will le indicó por gestos (estaba detrás de Maria, claro está) que fuera un poco más cariñoso, así que se obligó a sonreír—. Lo siento. ¿Cómo estás?

—Anda, ve a tu habitación y busca algo más decente que ponerte… De paso, así le enseñas a Will la casa y tu habitación.

—¿Qué hay de Bianca y Matteo? —Preguntó antes de dar un paso más. Matteo era el marido de su madre.

—Aún no han llegado. Bianca tenía competición de kárate. Si tardan mucho es que seguramente estará ganando.

—Kárate —comentó Will, asombrado.

—Ella quería tiro con arco… le convencí de que era demasiado pequeña para manejarlo, que escogiera cualquier cosa menos eso. Al final se decantó por el kárate. Supongo que los mangas que dibujaba su hermano cuando ella era pequeña tendrían algo que ver con su elección.

—¿Dibujabas mangas?

—¿Nico? —Maria parecía sorprendida de que no lo supiera—.¡Si se pasó años diciendo que quería ser mangaka! Todos los días ha…

—¡Mamá! Eso es una época muy oscura de mi vida de la que preferiría no hablar, gracias. Me voy a cambiarme de ropa antes de que termines de echar mi reputación por los suelos.

—Eso, eso, ve a arreglarte.

Maria y Will compartieron un encogimiento hombros antes de que este último marchara en pos de su novio.

—No es como si tuvieras una verdadera reputación para empezar —comentó Will al entrar en su habitación. No le extrañó, ahora que estaba familiarizado con la de su casa actual, ver que aquella era igual pero en una versión más ¿adolescente? Todas las paredes estaban empapeladas bien con pósters o dibujos suyos, esto es, todos los fragmentos de pared que quedaban libres entre las estanterías repletas de películas, mangas, libros y más merchandising—. Vaya, y yo que antes había dicho que era el friki.

Se giró y vio que Nico se había quitado la sudadera. Estaba con el armario abierto, buscando algo que ponerse.

—Toooodo es negro… qué sorpresa.

—Creía que ibas a apoyarme durante la cena, no todo lo contrario.

—Perdona, no era mi intención. Ya me callo —dijo, y se sentó en la cama. Ambos sabían que aquella promesa era fútil a la par que imposible, pero con aquello le quedó claro que volver a su antigua casa hacía que Nico estuviera especialmente susceptible.

—¿Éstos? —le mostró unos pantalones pitillo negros. A raíz de su lesión, últimamente sólo llevaba pantalones de chándal. La verdad era que Nico sólo tenía unos (y de pura casualidad, no sabía ni cuándo los había adquirido. Para Nico hacer deporte se traducía en practicar skate, y eso lo hacía con otro tipo de ropa). Por esto, había estado llevando la mayor parte del tiempo pantalones de Will, como aquellos que llevaba puestos—. Aunque no sé si me vendrán.

—¿Me estás diciendo que antes estabas todavía más delgado?

—Puede —admitió, pero con la cabeza de nuevo girada hacia el armario, a sabiendas de que los ojos de Will le estarían mirando llenos de preocupación—. Vale, ya está.

Dicho esto, sacó de la percha y se puso un suéter fino en color granate.

—No es negro, ¿ves? —dijo antes de bajarse los pantalones.

—Y por eso te lo dejaste aquí. A ver si lo adivino… ¿te lo regaló tu madre?

Nico se le quedó mirando con una ceja enarcada.

—En serio. ¿Cómo lo has sabido?

—Telepatía —rió—. ¿Te ayudo?

En realidad Nico ya podía vestirse solo, incluso aquellos pantalones que le venían realmente ajustados. Sin embargo, lo cierto era que le gustaban mucho aquellos gestos que tenía Will. Durante toda su recuperación le había ayudado a ducharse y a vestirse, y daba gracias que había sido él y no cualquier otra persona. Lo cierto era que Will tenía una habilidad especial a la hora de ayudar a la gente. Antes de estar con él, Nico había pensado que siempre que te viese tu novio desnudo tenía que implicar o desencadenar una situación. Éste no era el caso, al igual que ninguno de aquellos momentos se habían hecho incómodos.

Antes de ayudarle con el pantalón, Will acarició la pierna, la zona que había estado fracturada. Era un gesto que se había convertido en costumbre.

Sin embargo, aquel día Will estaba más juguetón de lo habitual, ¿tal vez para hacer que Nico tuviera la cabeza en otra cosa que no fueran sus preocupaciones? Así que cuando le subió la cremallera, se quedó con ésta entre los dedos por más rato del requerido. Miraba a los ojos de Nico, nada más. Sin hacer otra cosa, sin llegar a tocarse pues él sólo sostenía aquella pequeña pieza metálica, se decían mucho.

Cuánto se deseaban. Cuánto se querían.

—Bésame —le dijo entonces Nico.

—Vaya, y yo que lo que quería era que me enseñases tu colección de mangas.

—Vete a la mierda, capullo —Nico escupió antes de lanzarse sobre él, especialmente sobre su boca.

Al mismo tiempo, un hombre y una niña entraban en el piso. La niña preguntó a la madre, con ese punto de euforia típico en algunos niños:

—¿Ya ha llegado Nico?

La madre había asentido, pero en realidad antes de que lo hiciera la niña ya estaba correteando hacia el cuarto de su hermano.

—¿Ha venido con su novio? —preguntó antes de abrir—. Ha venido con su novio —afirmó al verles en la situación en la que estaban.

—¡Bianca! ¡Siempre te he dicho que tienes que tocar antes de entrar en mi habitación! —exclamó el chico, alarmado y avergonzado por partes iguales.

—Lo siento… como ya no vivías aquí creía que no se aplicaban las mismas reglas —dijo ella la primera excusa que se le ocurrió. Para sólo tener seis años (y medio, como siempre remarcaba) era muy resulta.

—Hola, Bianca —Will decidió presentarse, para tratar de olvidar la situación cuanto antes.

—Hola. ¿Te llamas Will? —preguntó ella, que ya se le estaba acercando. Le ofreció la mano, pero Will se agachó para ofrecerle su mejilla—. Tienes el pelo amarillo.

Él rió.

—Sí, tengo el pelo amarillo. ¿No me imaginabas así?

Ella negó con la cabeza.

—Creía que tendrías el pelo marrón —Will giró el rostro para mirar a Nico y vocalizar "te lo dije"—. Ahora mi dibujo va a estar equivocado.

—¿Has hecho un dibujo de mí?

Ella asintió y él se alegró todavía más.

—Tenía muchas ganas de que llegara este día y mamá me dijo que para que el tiempo pasara más deprisa hiciera un dibujo. Espera, que te lo voy a enseñar.

Will le lanzó una mirada a Nico que le decía ¿te das cuenta de que era lo correcto que viniésemos? Pero no hizo falta, vio el mismo pensamiento reflejado en los ojos de Nico, que parecía a punto de emocionarse.

—Salgamos. Tengo que presentarte a Matteo —dijo, aunque antes se sentó para ponerse rápidamente los zapatos.

—¡Bianca! ¡Tienes que guardar la bolsa de deporte! No puedes dejarla en el sue… —decía Matteo, que se paró en seco al verles—. Nico. Hola, ¿cómo estás?

—Hola, Matteo —compartieron un apretón de manos—. Te presento a…

—Will —dijo él, que aceptó su mano, pero le dio un abrazo—. Lo siento, es que a mí dar la mano se me hace tan frío…

—¿Habéis llegado bien? ¿Había mucho tráfico?

De nuevo fue Will quien habló:

—No, la verdad que para ser viernes la entrada a Nueva York no ha sido tan terrible.

Matteo asintió con la cabeza.

—Eso está bien. Voy a la cocina… a ayudar a Maria…

—Bueno, no ha resultado tan incómodo —opinó Will, que dirigió su mirada alrededor del salón comedor—. Nico, ése está increíble —comentó al ver un cuadro de Maria di Angelo y Bianca, y se acercó para apreciarlo de cerca.

—¿Has presupuesto que lo habría hecho yo o…? —comenzó a decir Nico.

—A ver, di Angelo, puede que no sepa nada de conceptos y técnicas de arte, así que no te lo sé explicar bien. Pero este cuadro, indudablemente, lo has hecho tú. Es tu estilo. Eres tú. Además, en él no está Matteo…

Nico no pudo sino que reír ante aquella última ocurrencia. Poco después su hermana llegó a la sala, dibujo en mano.

—Tú no lo puedes ver —le recordó a su hermano y se lo dio a Will.

Le hizo gracia que en su cabeza, encima del marrón oscuro que representaba el cabello, había trazos amarillos. Era como si tuviera mechas.

—Pero si llevas hasta tu traje de kárate —observó—. Qué bonito que es. ¿Me lo puedo quedar?

—Sí, pero no se lo enseñes a Nico. ¿Te gusta de verdad?

—Claro. Pero ¿puedo saber por qué no quieres que lo vea tu hermano?

—Exacto —Nico enarcó una ceja. Era incapaz de no picarse por cualquier cosa.

—Es que él dibuja muy bien y yo soy un desastre —confesó la niña.

—Eso no es verdad, Bianca. A ver, déjamelo ver…

Matteo apareció para recordarle a su hija que no había terminado aquello que debía hacer. Sin embargo, cuando la vio hablando con su hermano en tanta armonía, decidió dejar los sermones para otro momento.

Al principio, el tema central de la conversación durante la cena fue Bianca y el kárate. Will no sabía nada del tema y a Bianca le encantaba explicar todo lo que sabía siempre que podía. De hecho, parecía un tema en el que todos se encontraban cómodos. Incluso Nico y Matteo, sin darse cuenta, compartieron un par de comentarios entre ellos para hablar de lo buena que era Bianca. Una vez agotado el tema, como no podía ser de otra forma, hablaron de la universidad:

—Me ha dicho Maria que estudias Medicina, verdad, ¿Will?

—Sí. Estoy en tercero.

—Vaya, no sabía que fueses… ¿dos años mayor que Nico? ¿Cómo os conocisteis entonces? —esta vez fue Maria la que preguntó, Matteo no iba tan al detalle.

Will contuvo una risa.

—Si se puede compartir, claro… —comentó la madre con cautela.

—Will era camarero de la cafetería a la que suelo ir con Jason, Percy y Reyna —atajó rápidamente Nico. No iba a contar que se dedicaba a dibujar a Will antes de saber que él era real y que todo aquello había comenzado cuando se había dejado su cuaderno de dibujo en la cafetería.

—¿En serio? ¿Trabajas mientras estudias Medicina, Will? —preguntó de nuevo sorprendida Maria.

—Trabajaba. Sólo ese semestre, éste ya no. No tengo tiempo.

—Claro, es natural. Y qué, ¿Nico te deja ver lo que hace o te oculta sus cuadros como lo hace con todos?

Will lanzó una mirada a Nico. Así que eso sueles hacer.

—Bueno, cuando él quiere puedo verlos.

—Tiene gran talento —comentó Matteo, como si no se atreviera a decir más pero se sintiera obligado a decirlo.

—Así es —afirmó la madre—. Entonces, ¿eres también amigo de Percy y Jason?

—Podría decirse que sí. Mis amigas son las que más han intimado con ellos —comentó, realmente pensando en una amiga en concreto.

—Se han vuelto los dos un par de golfos al entrar a la universidad. Tenía miedo de dejar a Nico viviendo con ellos, pero veo que no había nada que temer. Está muy centrado en lo suyo y hasta con novio formal en su primer año de universidad.

Una vez más, Nico y Will se miraron.

—¿Y cómo están Piper y Annabeth? —preguntó entonces Maria.

—Bien, en mes y medio ya vuelven…


—No ha ido ni tan mal, ¿no crees? —comentó Will cuando ya estaban en el ascensor—. Bianca es adorable.

—Lo es —admitió su hermano, orgulloso—. Entonces ¿no ha sido muy incómodo para ti?

—Para nada. La verdad que por lo que me habías contado… creía que sería mucho peor. Bueno, no tanto. Siempre hay que contar con que eres una pizca dramático de más.

—Ja, ja —Nico exclamó lleno de sorna mientras salía del ascensor—. Sé que has estado analizándolo todo. ¿Cuál ha sido tu veredicto?

—Te quieren. Matteo también —añadió, pues sabía que era de lo que menos se fiaría—, es evidente que te tiene aprecio. Para empezar, simplemente por tu relación con Bianca, cómo ella te idolatra, lo feliz que es al estar en tu compañía. Pero no sólo por eso. Se lo he notado. Lo que pasa, lo que siento… es que Matteo es un poco como tú.

Nico le lanzó una mirada llena de advertencia.

—Ahora me dirás que eres el ser más amistoso del mundo. A ver, lo que decía, siento que Matteo te quiere pero no sabe bien cómo dirigirse a ti. Se me ocurre que tal vez ahora, al ser tú más adulto, la relación podría comenzar a cambiar. Si no tiene otros hijos, tal vez tú fueras el primer adolescente al que se enfrentara. Si además era el hijo de su pareja, ambiguo en cuanto a si le caía bien o no… porque ahora tampoco me dirás que eras súper simpático con él desde el principio, no me intentes vender la moto. Siento que igual no sabía cómo comportarse, así que tal vez te dejó simplemente ser, y tú te fuiste por otro camino y de este modo todo se interpretó mal. Somos humanos al fin y al cabo, solemos verlo todo desde nuestro punto de vista y por eso… a menudo nos equivocamos.

Nico no dijo nada ante aquellas palabras. Simplemente continuó caminando.

—¿No vas a decir nada al respecto? ¿Qué te ha parecido lo que he dicho?

—Pues… supongo que tienes razón. Continúa.

—A veces pensamos que la gente no nos quiere porque en parte no nos queremos a nosotros mismos. Esto puede desencadenar que apartemos a la gente de nuestra vida. Lo malo no es eso, lo malo es que a veces nunca sabemos rectificar y el tiempo pasa inexorablemente. Y ahora no estoy hablando de ti, Nico, no creas que te estoy juzgando y dando un sermón. Hablo de mí.

—¿De ti? –Nico estaba sorprendido.

Will asintió.

—Cuando me enteré de que habías tenido el accidente, estaba con mi padre. Él estuvo conmigo durante varias horas en el hospital. Por cómo se comportó conmigo me di cuenta de que había estado durante mucho tiempo cegado por la imagen que tenía y que creía que era él. Vale que es excéntrico, que en ocasiones tiene métodos curiosos, pero no es mala gente. Aquel día estaba realmente preocupado por mí y por ti. Y eso me ha hecho pensar que tal vez si mi relación es como es tanto con mi padre como con mi madre es porque en un primer momento yo los aparté de mí.

Inspiró profundamente antes de añadir:

—Por eso he pensado en que voy a ir a ver a mi madre. Voy a intentar rehacer las cosas con ella. Que no sea porque yo no lo haya intentado, al menos.

Al terminar su discurso, Will tomó conciencia de que, desde hacía rato, caminaba de la mano con Nico, que se la había debido coger en algún momento en un gesto afectivo, para mostrarle su apoyo en lo que le estaba contando.

—Puedo acompañarte si es lo que quieres —dijo entonces Nico, y a Will le costó entender a qué se refería.

—¿Me acompañarías hasta Austin, Texas, para tener una reunión familiar con mi madre?

—Contado de esa forma, parece que sea una auténtica pesadilla.

Justo entonces llegaron a l coche, que Will abrió. Los dos procedieron a entrar y a ponerse los cinturones antes de retomar su conversación.

—¿Así que no te parece una pesadilla? ¿Cómo lo ves entonces?

—Veo que… tal vez necesites apoyo y tal vez yo podría dártelo. Alguien me dijo una vez que una pareja es alguien con quien compartes tus preocupaciones y te ayuda a que éstas disminuyan, o lo intenta, y hace que todo sea más llevadero. Así es como funciona el amor.

Will se giró para mirarle a los ojos, había arrancado el coche pero no había iniciado la marcha.

—Eso te lo dije yo. Hace tiempo… cuando apenas nos conocíamos.

—Puede ser —Nico se encogió de hombros. A veces, cuando Will le miraba de aquella forma tan intensa, se podían ver claramente sus sentimientos. Y lo que Will Solace sentía era que Nico era una especie de maravilla recién caída del cielo que había llegado para quererle, como si él no pudiera ser realmente amado.

Cuando Will le miraba de aquella forma tan intensa, a Nico le daba miedo. El miedo suele surgir del desconocimiento, pero cuando sucede todo lo contrario, es infinitamente peor. Nico empezaba a darse cuenta de que Will necesitaba ser amado más de lo que aparentaba. La cuestión era que no sabía si él sería suficiente para curarle sus heridas, llenar sus inseguridades y elevar sus comisuras para convertirlas en sonrisas cada día.

Pero tenía claro que quería intentarlo. Que si de él dependiera, lucharía con uñas y dientes por la felicidad de aquel chico que se lo había dado todo sin esperar nada a cambio.


—¿Quieres subir a dormir conmigo? —le preguntó Nico cuando se suponía que iban a despedirse. Tenían el coche aparcado delante de su puerta.

Al entrar en la casa, descubrieron a Jason y a Percy dormidos en el sofá uno encima del otro con la televisión encendida. Cuando pasaron por su lado, sin embargo, Percy abrió los ojos:

—No me digas que os habíais quedado aquí para esperar a cuando llegara —Nico le recriminó.

—¿Qué? Oh… no, estábamos viendo… ahora no recuerdo qué película… ¿qué hora es? ¿Will se queda a dormir aquí? Pero si su casa está en frente… No entiendo —hablaba muy amodorrado. Tocó en el hombro a Jason para despertarle—. ¿Has traído tiramisù como te pedí?

—En la nevera —con esta breve respuesta, hizo un gesto para que Will ignorara a sus compañeros de casa y le acompañara.

—¿Por qué Will se queda a dormir si su casa está literalmente en frente? —le preguntó a Jason—. Si la cama de Nico es muy estrecha…

—Percy, vuelve a dormir —murmuró Jason, con los ojos de nuevo cerrados.


—Percy medio dormido es… —comenzó a decir Will mientras se desvestía, ya en la habitación de su novio.

—Si de normal es como si tuviera 10 años, dormido es literalmente un bebé —le confirmó Nico, que cerraba su armario donde había guardado un par de cosas que había tenido sobre la cama. Después, pasó a correr las cortinas, pero se giró mientras lo hacía para decirle otra cosa a Will. Las palabras se quedaron en algún lugar anterior a su boca.

Will estaba sentado en el borde de la cama, sólo le quedaba puesta la ropa interior y en aquel preciso instante se estaba alborotando los cabellos. La luz de la luna, que lucía llena, atravesaba el cristal de la ventana para bañar su cuerpo y resaltar aquella belleza inconmensurable que poseía y que fascinaba a Nico.

Acortó las distancias para situarse delante de él y acariciarle la cabeza, el cabello; para hacer que elevara el rostro con tal de que le mirara. No, no era para que le mirara, sino para mirarlo él.

—Con esta luz, pareces hecho de alabastro —confesó en un tono muy, pero que muy quedo.

El chico de alabastro se levantó para encontrarse cara a cara. Después, llevó las puntas de sus dedos bajo el suéter de Nico, y con la mirada le pidió permiso para saber si podía desnudarle. La respuesta evidentemente era sí, y sus ropas fueron desapareciendo una a una.

Se acariciaron y se miraron como si de una rutina de danza contemporánea se tratara, con quietud pero con una fuerte pasión contenida en sus corazones, que fueron poco a poco desatando.

—Tu pierna… —dijo Will, tal vez las primeras palabras pronunciadas en mucho rato.

—Mi pierna está bien —dijo Nico, y con ambas le rodeó el torso, que se cernía sobre él.

Will se le quedó mirando por unos instantes.

—Te amo, Nico di Angelo —le confesó antes de hacer que sus cuerpos se unieran como lo estaban sus corazones.

Muchos latidos después, Will se abrazaba a Nico. Le susurró en la oreja:

—No te marches. No me dejes.

Nico se giró, el cansancio de todo el día ya había caído sobre él. Había caído el sueño sobre él, pero sintió necesario informarle:

—Nunca. Te amo, Will Solace.

Se acurrucó en su pecho, donde definitivamente le venció el sueño.


A esta historia tan sólo le queda un suspiro. Espero que os haya gustado el capítulo y cómo se va conformando el final. El próximo capítulo tendrá lugar durante las vacaciones de verano, ya lo aviso. Si alguien tiene una sugerencia de algo que le gustaría que apareciese, podría tenerla en cuenta.

Nos vemos en el otro lado.