Capítulo 40 ¡Es ahora, Jefe!

El tipo del pasamontañas negro corría a toda velocidad apuntando con el foco hacia la apuradiza sombra negra que llevaba del brazo a Kenny, los tres se interceptaban entre los autos del inmenso parqueo bajo techo. La adrenalina hacía que el Jefe fuera a una velocidad impresionante, no podía creer que pudiera correr tanto. Mientras tanto, el tipo que conducía el auto con la ya dormida Hilary dentro, intentaba seguir a su otro compañero.

- ¡Nos está alcanzando! - gritó desesperado el Jefe.

El encapuchado miró de reojo y notó que la luz venía más de cerca hacia ellos.

- Escucha, Kenny.- dijo tratando de no levantar la voz más de la cuenta en tanto corrían. – Vamos a confundirlo, sólo sigue mis movimientos, no te alteres, cambiaremos de dirección.

Sin opción alguna, Kenny siguió al encapuchado que se detuvo abruptamente. El Jefe sintió un pavor inmenso al ver al tipo acercarse enseguida. Cuando estuvo a escasos metros de distancia, el encapuchado golpeó fuertemente uno de los autos a su derecha, cuya alarma comenzó a resonar por todo el parqueo lo cual sorprendió al tipo y lo hizo detenerse por un instante. Inmediatamente sacó de su capucha un objeto que Kenny no tardó en reconocer: ¡un beyblade! Apuntó con su lanzador hacia el tipo y rápidamente le arrebató la linterna de su mano, apenas eso ocurrió el chico volvió a tomar a Kenny, guardando su lanzador, y corrieron en dirección contraria al secuestrador. Cuando le hubieron pasado, el encapuchado extendió su mano para recuperar su beyblade. El habilidoso pero arriesgado plan del encapuchado había funcionado y el secuestrador los perdió de vista. La luz de la linterna ya no los perseguía más. Solamente escuchaban al tipo, en medio del sonido de la alarma del auto, maldecir en voz alta mientras su compinche le pitaba apresurándolo a subir a su carro.

Los dos continuaron corriendo incansablemente hasta saber que estaban fuera del parqueo. El encapuchado llevó a Kenny a un callejón de los alrededores. A lo lejos podían escuchar el sonido de los juegos artificiales que anunciaban la apertura del torneo Ruso. El Jefe jadeaba, el encapuchado finalmente lo soltó de su brazo, que ya lo sentía hinchado. Kenny se agachó sobre sus rodillas tratando de recuperar el aire, pero el chico no le permitió descansar ni un instante.

- ¡Kenny! – le dijo tomándolo de los hombros. - ¡No puedes detenerte!

Kenny abrió sus ojos de par en par al mirar el rostro de quien lo había hecho correr como demente.

- ¡Joseph! ¿Qué… qué… haces tú…? ¡¿Qué rayos pasa?!

- ¡No hay tiempo para explicaciones! ¿Tienes el archivo que Ray te dio, cierto?

El Jefe estaba sumamente sorprendido y confuso, no sabía si llorar, gritar o desmayarse. Su compañera había sido victima de un secuestro y él había sido rescatado por Joseph, uno de los miembros de BEGA. ¡Esto era lo que tanto temía que iba a suceder! Justo como Ray le advirtió, ya no tenía dudas de que se trataba de la advertencia de Ray. Trataba de asimilar la situación pero su mente de ingeniero estaba a punto de colapsar…

- ¡Reacciona!- Joseph sacudió de los hombres a Kenny, que se había quedado estupefacto.

- ¿Eh?... ¡sí… sí…! Lo tengo justo…. aquí…- Kenny metió su mano dentro del abrigo para tantear la bolsa de su camisa, pero se desesperó al no sentir la memoria allí dentro. -¡Oh no!

- ¿Qué? ¡¿Qué?!- Joseph se impacientaba.

- La memoria… debí haberla dejado en la habitación… en la camisa que vestí ayer…

Joseph puso sus dos manos sobre la cabeza en señal de frustración.

- No sé como pero debes apresurarte y llegar allá antes de que el torneo termine…

- ¿¡Qué dices!? ¡El centro de entrenamiento, donde nos hospedamos, está muy lejos de acá!

- ¡Kenny! ¡Escúchame! Quien está detrás de todo esto decidió hoy mismo que también fueras secuestrado, por eso debimos actuar rápidamente para evitarlo. Pero cuando se entere de que alguien te rescató comenzará a sospechar de nosotros y el problema se agravará más. Cuando Ray te dio el archivo no sabíamos que tenían planeado secuestrarte también, así que el plan que diseñamos no contemplaba esto. Así que quizás las soluciones que pensamos tengan que cambiar… De todos modos, en el audio sabrás de que se trata toda esta conspiración. ¡Ahora no te retrases y vete de inmediato a buscar el archivo! Yo debo ir cambiarme y regresar al torneo. Suerte, Jefe.

Joseph comenzó a correr, alejándose de Kenny al mismo tiempo que se quitaba la capucha de encima para luego tirarla al suelo. Joseph volteó y supo que Kenny aún no se iba; seguía sobre sus rodillas mirando a Joseph con cara atontada.

- ¡No te quedes ahí! ¡Muévete! – le gritó enérgicamente.

El Jefe se levantó torpemente, corriendo sin saber a donde ir. Al salir a la calle principal se fijó una y otra vez a ambos lados para evitar toparse con el auto de los secuestradores, y en tanto buscaba un taxi también. "No hay otra forma en la que pueda llegar al centro de entrenamiento… ¿Por qué los taxis no aparecen cuando más los necesitas?"

Al fin un taxista dormitante observó al chico que se abalanzó casi en frente suyo para detenerlo. Un chillante frenazo se escuchó en la calle.

- ¡Oye, tenga cuidado muchacho!

Kenny ignoró el comentario para entrar de una sola vez al auto y pedirle que se apresurara al centro de entrenamiento. El tipo del taxi era bastante relajado, silbaba la melodía de jazz que llevaba puesta en su radio, esto desesperaba más a Kenny que no dejaba de mover sus piernas para tratar de tranquilizarse. Fueron los quince minutos más estresantes en la vida de Kenny para llegar a su habitación en el centro de entrenamiento.

- ¿Dónde habré puesto mi camisa? – decía mientras rebuscaba en su ropero. – Hilary debe saberlo… ¡Ah...olvidaba que no puedo preguntarle a ella! Vamos Jefe piensa, piensa… ¡claro! Sí está sucia debe estar en la lavandería…

Corrió a toda prisa al lugar de lavandería de la BBA que se ubicaba en la parte trasera del edificio. Se sumergió en el balde de ropa maloliente… calcetines, pantalones, calzoncillos de Tyson…

- ¡Esto no huele bien! – decía tapándose la nariz. - ¡Aquí está!- sacó la camisa que llevaba puesta el día anterior y comenzó a sacudirla contra el piso hasta que la tarjeta de memoria resonó en el suelo, no supo a donde había caído.

El Jefe se tiró al suelo a buscar la tarjeta. "No… no puede estar pasando esto…" Lo peor era que Kenny, en su ansiedad, no podía ver que la tarjeta estaba detrás de él, se dio cuenta de ello luego de casi diez minutos de buscar intensamente debajo de todos los muebles. Cuando tomó la tarjeta dejó salir unas cuantas lágrimas de frustración. Sus manos temblaban y sus piernas también. Era gracioso observar la manera en que caminaba apresurándose a la computadora más cercana. Lamentaba la pérdida de su laptop, la cual había dejado dentro del auto en el parqueo. ¡Y esa tonta costumbre de guardar su celular dentro de la gabetilla de los autos! Kenny lamentaba haber sido tan descuidado, no hubiera perdido tanto su tiempo.

Entre tanto, Max y Er habían llegado al camerino 042 con un conserje que los acompañaba. Al abrir la puerta, Max revisó el lugar con su linterna y de inmediato se dio cuenta de que no había nadie adentro.

- Estoy seguro que me dijo que era acá…

- Max, tal vez se fueron antes… Pero ¿de qué manera saldrían?

- Quizás alguien más vino por ellas antes.- Max notó que las maletas de las chicas estaban abiertas. – Mira, estaban a punto de cambiarse.

- Pero… ¿Por qué no contestan el teléfono?- Er llamó al celular de Alana luego de intentar una y otra vez de llamar al de Roxie.

El timbre de su celular se escuchaba dentro de la maleta. Ambos chicos se miraron extrañados.

- ¿Por qué se iría sin su teléfono?- Max inquirió.

De repente el sistema eléctrico volvió a funcionar normalmente.

- Regresemos con los demás al estadio. Si ellas se fueron de seguro llegarán allá también.

- Tienes razón, Max. Pero todo esto es resulta muy extraño…

Kenny estaba listo para hacer correr el archivo de audio. "Bien… finalmente llegó la hora." De repente uno de los teléfonos del laboratorio donde se encontraba comenzó a resonar. Uno de los guardas del turno de la noche fue a contestar. Mientras Kenny abría el archivo escuchó a lo lejos la conversación que el guarda sostenía.

- ¿Kenny…?sí hace un rato llegó… ¿necesita que se lo comunique, señorita?

- No será necesario… sólo quería asegurarme de que estuviera bien.- se escuchaba la voz femenina al otro lado. Inmediatamente la llamada se colgó.

El Jefe, quien ya había recuperado un poco sus capacidades de rápido análisis, sintió una horrible sensación recorrer su espalda.

- Se…señor Kasevich… - dijo tembloroso.

- ¿Sí Jefe?

- ¿Quién preguntó por mí?

- Mmm no lo sé, cuando iba a preguntarle colgó… pero era una chica, aunque no pude distinguir si se trataba de Hillary o la señora Judy.

Kenny no tenía una buena corazonada de aquella llamada. Así que decidió tomar la tarjeta de memoria de nuevo y una de las laptops del laboratorio.

- Señor Kasevich, si alguien más pregunta por mí, dígale que fui a la estación del tren.

- ¿A la estación del tren?

- Sí, adiós…

El Jefe marchó rápidamente del centro de entrenamiento luego de tomar una chaqueta de cuero que lo cubría por completo. Corrió lo más lejos que pudo, evitó ir por las calles principales. Sabía que los secuestradores todavía podían estar tras de él. Al fin llegó a lo que parecía ser un parquecillo, se refugió detrás de una arboleda y volvió a introducir la tarjeta de memoria con su pulso tembloroso. Bajó el volumen de la laptop justo para que solo él lo pudiera escuchar. De inmediato todo empezaba a tener sentido para Kenny…

"Hola, Jefe. Si estás escuchando esta grabación es porque Hilary, Alana y Roxie han sido secuestradas; como ya has de saberlo… "

- ¡Queeeé! ¡¿Alana y Roxie también?!- inquirió en voz alta.

"…quiero agradecer que fueras tan paciente, Kenny, sabía que podía confiar en ti, de otro modo todo hubiera sido estropeado, pero sé que escuchas esto en el momento preciso…"

Pequeños copos de nieve comenzaron a caer mientras Kenny terminaba de escuchar aquella grabación que reveló el plan malvado de Boris y Mónica, su hija.