Autoras: NoOnis & Kattherina
Capítulo 4
"Desvanecido"
TenTen y Rock Lee habían corrido tan desesperadamente cuando las compuertas fueron abiertas que no pudieron detener a Neji cuando en un acto de audacia o lo que otros considerarían más estupidez regresó al Auditorio. Pero ninguno de ellos conocía a Neji. Su deber era proteger a su prima Hinata así que, al no vislumbrarla entre la multitud regresó por ella abriéndose paso en el despavorido trote del alumnado.
―¡Neji! ―gritó TenTen al ver desaparecer a la persona que le gustaba entre la multitud.
El joven Hyuga escaneó el salón. Estaba de suerte, los Akatsuki estaban tan concentrados en un gran candelabro que no se habían percatado de su presencia en el Auditorio. Se dirigió hasta las bancas del extremo izquierdo y justo debajo estaba su prima junto con un chico rubio.
―Hinata ―susurró al momento que tomó su brazo.
La joven de cabellos azulados dio un salto al sentir el frío tacto de Neji sobre su hombro. La pálida Hinata suspiro de alivio al divisar a su primo.
―Tenemos que salir de aquí Hinata
―¿Quién es este tipo tan extraño? ―frunció el ceño Naruto.
Neji ignoró completamente al rubio, lo único que le importaba en ese momento era sacar a su prima de ese lugar. Jaló su cuerpo gentilmente hasta incorporarlo completamente. Justo en ese momento, el Auditorio comenzó a temblar y tanto Neji como Hinata y Naruto giraron su rostro hacia el gigantesco candelabro que se mecía con más fiereza. Un Akatsuki se encontraba justo arriba, y unas llamas negras consumieron al etéreo ser.
Cuando finalmente Neji recobró su conciencia, empezó a correr, halando a Hinata. Un grito desgarrador provocó que la chica se asustara y tropezara con uno de los escalones, la voz de una chica vociferaba incesantemente mientras otra sollozaba. Los segundos se hicieron minutos y cuando se dieron cuenta, un Akatsuki se encontraba frente a ellos.
Las compuertas emitieron un chirrido estruendoso y escalofriante al cerrarse, sonido que les causo escalofríos y les puso la piel de gallina a los alumnos de primer año.
Sakura miraba asombrada al hombre que la tenía presa por la cintura. Trataba de zafarse pero ese hombre de cabellos plateados era muy fuerte.
―De nada sirve que gastes fuerzas ―profirió el hombre con la máscara de gripe, teniendo la mirada fija en el escenario.
―¡Suéltame!
―Lo siento Sakura, pero no es posible en este momento
―¡Que me sueltes! ―la de ojos verdes estaba a punto de mordisquear el brazo de ese hombre cuando escuchó los gritos de su prima.
Entonces la vio. Amarrada por hilos desde los pies hasta los hombros, siendo cargada por el fornido Kisame como un costal de papas.
―¡Bájame bastardo tiburón! ―se zangoloteaba frenéticamente, asestándole una que otra patada en el estómago―. ¡Que me bajes he dicho! ―gritó para después morder el tonificado hombro de Kisame.
―¿Oh? Me hiciste cosquillas chiquillas, me agradan las de alma fuerte y viva como tú
―¡Ah! ¡Qué asco! sabe a pescado ―escupió varias veces―, odio el pescado ―el nauseabundo sabor le dio ganas de vomitar.
―Se nota que son familiares ―dijo el platinado a Sakura cuando la colocó en el asiento.
Sakura observó como los Akatsukis sentaban a la fuerza a varios alumnos y preguntó el por qué les estarían haciendo eso; entonces divisó partes del candelabro roto y el cuerpo de una joven atravesado por un cristal, desvió la mirada rápidamente. Sakura escaneó el Auditorio desde ese ángulo, para encontrar la mejor ruta de salida.
Sakura corrió fuera del escenario.
―¡Oye!
―Déjenos esto a nosotros Profesor Hatake ―Tobi extendió un brazo impidiendo que Kakashi persiguiera a la chica―, Sasori
―Entendido
Sasori movía sus dedos con destreza, como si estuviera tocando un piano imaginario frente a él. Pero si prestaras la debida atención, podrías percatarte que un muy leve resplandor era emitido de sus dedos. La habilidad especial de Sasori no Akasuna: El marionetismo. Hilos transparentes salían de sus dedos y habían arrastrado los cuerpos de todos los inmiscuidos en ese asunto. Los alumnos estaba atados con el mismo hilo, tan delgado para no poder percibirlo y tan fuerte como para soportar a un elefante.
Los hilos habían recorrido el lugar fugazmente y se enrollaron en el pie de Sakura. Ella sintió un jalón que provocó cayera sobre su pecho, siendo arrastrado su cuerpo por una fuerza invisible que la regresó a su asiento en el escenario.
―¡Sakura! ―gritó al ver cómo era arrastrada― Desgraciados, ¡¿Qué creen que están haciendo?! ―vociferó Sayuri antes de taparle la boca.
―Pain, ya sabes que hacer
―Por supuesto ―contestó el de cabellos naranjas, acercándose a la hilera donde estaban sentados los alumnos.
Pain observó detenidamente a cada uno de los chicos. Para los alumnos, los ojos del sublíder de Akatsuki comenzaron a cambiar, varias líneas circulares aparecieron en sus orbes, transformando sus ojos completamente. Las líneas empezaron a moverse hacia atrás, volviendo a comenzar su trayectoria, como un fractal en blanco y negro.
Todos comenzaron a sentir los párpados pesados, llamados por los ojos del chico de Akatsuki llamado Pain. Los alumnos del Instituto Konoha aún en contra su voluntad, habían caído completamente rendidos a los brazos de Morfeo.
―Está listo ―Pain parpadeó una vez y sus ojos volvieron a la normalidad―, no van a recordar nada
―Bien hecho, buen trabajo Akatsuki
Sasuke Uchiha parecía dormir plácidamente en su cama, tan tranquilo y relajado como siempre, no movía ningún músculo de su cuerpo, parecía una estatua postrada en un mullido colchón, sin embargo, los ojos color ónix de Sasuke se abrieron de par en par. Su mirada observaba la habitación en busca de algo; su frente comenzó a perlarse con gotitas salinas de sudor.
El cuerpo de Sasuke no se movía. Aunque por su mirada se apreciaba que estaba desesperado. La respiración del joven comenzó a ser más agitada, sin embargo y por más que tratara, el cuerpo de Sasuke no respondía. De pronto sintió una ventisca helada, miró a su derecha ―en donde se encontraba la ventana― justo a la altura de sus pies y estaba cerrada, como la había dejado esa mañana.
Un ruido quejumbroso se escuchó en los confines de su habitación y la ventana se abrió de sopetón. Sasuke aún trataba de mover su cuerpo atormentado por los sucesos extraños que estaban ocurriendo, sin embargo éste se encontraba totalmente inerte como si una fuerza lo oprimiera contra el colchón.
Comenzó a sentir frío en sus pies bajo la manta, después subió a sus piernas, caderas, siguió con su tronco, el frío le provocó la piel de gallina en los brazos y cerró los ojos fuertemente por un instante y todos los ruidos junto con el aire helado cesaron. Sasuke tuvo la confianza de abrir sus ojos.
Unas orbes de color granate se encontraron con los ojos de Sasuke justo por encima de él.
Gritó incorporándose en el colchón, agitado y completamente sudado. Sasuke observó su habitación y suspiró.
―Fue una pesadilla… pero se sintió tan… real ―susurró entre exhalaciones―. No hay nada que temer ―calmó su respiración inhalando profundamente y entonces miró su reloj de pulso sobre una mesita que le había donado Itachi esa mañana―. ¿Las tres de la mañana? ¡Maldita Escuela! ―gruño antes de volver a acostarse dándole la espalda a la ventana.
Sasuke volvió a hundirse en un profundo sueño sin darse cuenta que la ventana aún abierta se cerró con lentitud.
La hora de la oscuridad había finalizado con los primeros rayos del sol, despertando a más de uno por la intensidad de su brillo.
El alumnado comenzó con sus tareas matutinas, mientras que algunos prefirieron dormir un poco más. Naruto era uno de los últimos, quedándose completamente dormido. Se le hacía tarde y por ello, apresuraba su paso, tratando de caminar tranquilamente cada que un Akatsuki aparecía.
Suspiró al llegar al aula de clases. Naruto encontró un lugar al final de la fila. Al pasar por un grupo pequeño de chicos escuchó algo que le llamó la atención.
―Te digo Shikamaru, eran unos ojos de un rojo brillante pero oscuro a la vez
―Chouji, que compartamos cuarto no quiere decir que me estés levantando cada que tengas una pesadilla… esto es tan problemático, si tuviera más dinero hubiera preferido tener cuarto solo ―Shikamaru pensó que era mejor no comentarle nada a su amigo, él también había visto esos ojos en su sueño.
―¿Unos ojos rasgados? ―preguntó Naruto acercándose al duo y Chouji asentó la cabeza―, ¿De un color granate intenso? ―Chouji volvió asentir― ¿Qué te miraban fijamente?
―Exacto, exacto… ―Chouji movía repetidamente la cabeza de arriba a abajo― Que extraño, así que tú también…
El chico robusto fue interrumpido por la llegada del catedrático. Las clases siguieron su curso hasta que finalmente terminaron.
Kimi quien desde esa mañana había presenciado dolores de cabezas intensos no recordaba por qué su amiga no había ido a clases y aunque recordaba el temblor en el Auditorio, todo lo demás era muy borroso. A demás sentía que alguien la estaba siguiendo desde hace un momento, sin embargo cada vez que volteaba no había nadie.
Los murmullos de los chicos aumentaron sus decibeles, lo cual comenzaban a molestarle. Creyó ver pasar una sombra en uno de los pasillos del Instutito, así que apresuró su paso. Kimi miraba a todos lados confundida, sus manos temblaban al igual que sus piernas lo que le dificultaba caminar.
―Qué guapa eres, ¿Cómo te llamas? ―tocaron su hombro y giró asustada― ¿Te sientes bien? Te ves muy pálida ―preguntó un chico rubio.
―N-no, no te me acerques ―tartamudeó Kimi.
―Oye, oye tampoco lo digas de esa manera
A los ojos de Kimi, todo a su alrededor parecía podrirse. La pintura de las paredes se resquebrajaba dejando el cemento visible, la mugre inundaba los pisos opacando su brillo; el polvo y las telarañas se hicieron presentes en cada esquina del lugar, un olor nauseabundo inundó sus fosas nasales. La luz del sol fue cegada casi por completo.
La cara del chico rubio frente a ella empezó a descomponerse. La piel empezaba a tornarse color verde y a despellejarse como si tuviese sarna y los ojos eran dos cuencas negras del que salieron gusanos.
Kimi gritó desgarradoramente cuando se acercó aquel cuerpo podrido en vida. Dio varios pasos hacia atrás y cayó sobre su retaguardia. Encogida en un ovillo.
―Tranquila, no te voy a hacer daño, mi nombre es Menma Kobayashi ¿Y tú?
Menma había recibido tantas formas nuevas de rechazo que a esas alturas ya nada le impresionaba… sin embargo esa chica se había llevado el premio. Ese rostro deformado por el susto y esa actuación había sido tan genial que casi había caído.
Sorpresa fue para Menma cuando la chica comenzó a salivar espuma y el menudo cuerpo de la chica empezó a convulsionarse estrepitosamente y los ojos de Kimi se pusieron en blanco.
―¡Ayuda! ¡Necesitamos ayuda! ―vociferó Menma.
El primer día de clases había sido cansado. El Instituto Konoha era sin duda algunas una de las Escuelas más exigentes en todos los aspectos que cualquier estudiante se pudiera imaginar. La mayoría terminó exhausto, sin embargo, para las recién llegadas Sakura y Sayuri su día no estaba ni cerca de terminar.
―Todo es tu culpa Sayuri ―reclamó su prima enfadada.
―Ya te pedí disculpas, ¿no es suficiente? ―Sakura la fulminó con la mirada―. Está bien, ya entendí, no es suficiente
El silencio reinó. El ocaso bañaba los pasillos del Instituto en tonos vivos que por un momento las chicas se sintieron en paz. Después de la noche que pasaron, un sentimiento inquietante las había acompañado a lo largo del día. Ellas, una que otra vez ya habían tenido sueños similares, nunca habían compartido una pesadilla y mucho menos una tan vívida como la de la noche anterior. Ambas tuvieron que dormir en la misma cama para sentirse seguras, aunque ninguna quiso aceptar frente a la otra lo que les había pasado.
El aula en la que habían sido citadas se encontraba justo al final del largo pasillo. Las primas se miraron para después entrar al salón. Sakura emitió un grito de sorpresa al ver una capa negra en medio del salón.
―Maldito emo-zombie, ¿podrías no asustarnos así?
―Te gusta faltar al respeto ¿verdad? ―Itachi se acercó a las chicas―. Creo que con esto tendrán suficiente castigo… por esta semana ―sonrió con socarronería mientras dejaba a las dos chicas atrás―. Regresaré en un rato para verificar sus avances ―dijo mientras se alejaba del salón.
Frente a ellas, un enorme salón con diversos instrumentos, latas de pinturas apiladas en varias hileras pequeñas, materiales didácticos esparcidos por todo el amplio salón… un completo desastre. Sayuri chirrió los dientes encolerizada.
―¡Eres un desgraciado! ―vociferó.
―Sayuri deja de meternos en problemas ¡Carajo! ―la regañó Sakura, quería a su prima, pero a veces quería darle un golpe o dos.
Sakura prendió las luces del salón y pasó los dedos por el escritorio, una gran bola de polvo se le impregnó. La de cabellos rosas suspiró resignada.
Comenzaron a asear el salón, barriendo y trapeando lo cual les tomó algunas horas, eran un aula muy amplia, además de tener que mover varias mesas, sillas y el escritorio para poder limpiar bien el piso.
―Ya es tarde y el tipejo ese no vuelve ―bufó Sayuri.
―Nada de esto hubiera pasado si no fuera por tu maravillosa idea de la carreta, además de insultar a los Akatsuki ―escupió Sakura apoyando la barbilla en el trapeador.
―Vámonos ya Sakura, tengo hambre…
―Yo también… pero es mejor esperarlo, al menos sabrá que no hemos huido
―Está bien ―Sayuri caminó hasta el interruptor para prender la luz del salón. Intentó dos, tres veces y la luz no encendió―. Parece que está fundido
―Lo que nos faltaba, limpiar a oscuras en este horrible salón
―Creo que había una puerta de servicio en el pasillo, iré a ver
―¡No! ―alzó la voz Sakura―, no me dejes sola Sayuri
―¿Tienes miedo a la oscuridad Sakurita? ―sonrió con sorna la de cabellos castaños―, va a venir el demonio de ojos rojos por ti ―dijo con voz tétrica, acercándose con parsimonia hasta Sakura.
―¡Sayuri cálmate!
―¿Escuchaste eso? ―Sayuri frunció el ceño al detenerse.
―¡Sayuri! ¡Por favor, no sigas! ―las lágrimas de Sakura empezaron a acumularse―, ¡No es gracioso!
De pronto, la luz neón blanco del techo se prendió, iluminando toda el aula.
―¡Sayuri! ―vociferó.
―Sakura ―la llamó y los ojos verdes se posaron en ella―, el interruptor está hasta allá ―señaló a la puerta, Sayuri estaba a unos metros, ni aunque fuese la mujer más rápida podría haber ido y regresado en un abrir y cerrar de ojos.
―¿En-entonces… có-cómo…?
Las respiraciones de ambas eran más agitadas. Sus manos comenzaron a sudar y un escalofrío recorrió sus cuerpos desde los pies hasta la punta de los cabellos.
La luz se apagó, dejándolas a oscuras. Un gruñido gutural acompasado por el crujido de las ventanas al romperse inundo la habitación. Sakura estaba en shock errático, su cuerpo no respondía y estaba tan atemorizada que solo podía balbucear. Sayuri rápidamente la tomó de la mano y corrió por los pasillos.
Las luces comenzaron a apagarse conforme corrían, una tras otra, llenando el corredor de una oscuridad abrumadora. Las fauces de las tinieblas cada vez estaban más cerca de ellas, absorbiendo todo indicio de claridad.
―Por ahí ―dijo quedamente Sakura, señalando la bifurcación del pasillo, en ese momento, la pelirosa dio gracias a su prima por haber estado en el club de atletismo de la escuela.
Giraron ágilmente, a lo lejos podía vislumbrarse las escaleras que las llevarían a la primer planta. Cuando chocaron con un cuerpo tan duro como la roca. Sayuri observó temiendo lo peor.
Dos ojos rojos se hicieron visibles, en sus orbes aparecieron tres aspas que comenzando a girar. De pronto, la luz regresó y los ojos rojos de ese chico se volvieron oscuros cual ónix.
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Continuará...
¡Hola a todos! De nuevo estamos por aquí dejando la continuación de este fic KHSOT.
genesis.- ¡Hola! Una disculpa, la página andaba funcionando mal y entre tanto subir y eliminar me equivoqué jajaja. Bueno, pasando a otra cosa, esperamos que te guste la historia y no te asuste demasiado. ¡Saludos!
Yocelin.- ¡Hola! Nos da mucho gusto que te haya encantado la historia, esperamos que siga así y podamos leernos pronto. ¡Muchos saludos!
Queremos dar muchas gracias a ...genesis, Tendo-Pain6, Adrit126, Yocelin... por sus hermosos comentarios y queremos mandar saludos a todos los que agregan esta historia a sus favoritos/follows y si quieren agregar a Kattherina (Quien tiene muchas historias buenas) a sus favoritos solo búsquenla por su seudónimo.
Sin más nos despedimos mandándoles muchos besos, abrazos y apapachos.
Nos leemos en la próxima.
¡Adiosin!
