-Bien ya puede dejarlas ir, ya tiene lo que quería. – Tyson argumentó con enojo.
Al mismo tiempo, Kai tenía su mirada puesta en la mujer de cabello púrpura oscuro que caía alaciado frente a sus hombros hasta casi llegar a la cintura. De seguro que no era la primera vez que la veía. Esos profundos y seductores ojos negros le recordaron que era la misma mujer con la que se topó en el casino, solo que su cabello lucía diferente peinado así como sus atuendos, además no estaba tan maquillada.
- ¿Qué ocurre, Kai? – preguntó Mónica acercándose a poner su mano suavemente sobre la mejilla del chico. -¿por qué me miras así tan asustado? ¿será que te recuerdo a alguien más…?
La ironía en el tono de voz de Mónica hizo que Kai no dudara en quitar su mano de su rostro. Los demás alrededor observaban a Mónica esperando su reacción ante el atrevimiento de Kai. Mónica sonrió mientras Kai aún la sostenía de su muñeca.
- Hmm… espósenlos de nuevo. – ordenó al mismo tiempo que se soltó de él volviendo a mostrar su semblante severo. –Sabes Kai… - continuó mientras se dirigía a abrir las cámaras de las muchachas- … tu recuerdas a Silvia, la chica linda del casino a quien rechazaste ¿cierto?
Kai y Tyson la seguían con la mirada, mientras sus ayudantes esposaban a las chicas y las hacían sentarse cerca de Kenny, quien también observaba con temor a Mónica, se preguntaba cómo la hija de Boris podía ser tan atractiva y temible a la vez.
- ¿De qué rayos estará hablando?- susurró Roxie.
- No lo soporto… estoy toda empapada… - se quejó Hilary.
Alana no dijo nada, solo miraba con sus ojos tristes a Mónica que continuaba con su diálogo.
- Pero estoy segura de que no me recuerdas del todo. Kai Hiwatari… el favorito de Voltaire, por supuesto, pero además de eso el chico más rebelde de La Abadía… esa característica aún la conservas. – Mónica lograba poner muy nervioso a Kai; al identificarla en sus recuerdos del pasado en La Abadía sus ojos se abrieron de par en par. Mónica soltó una de sus típicas carcajadas. - … solíamos llevarnos bien, ¿lo recuerdas?
Lo que Mónica decía era cierto. El pequeño Kai recién llegaba a ser parte de los entrenamientos, no tendría más de ocho años desde entonces. En aquella carita de niño se reflejaba la intriga cada vez que miraba con sus grandes y profundos ojos a cada lado de los pasillos y salones por los que un hombre alto y encapuchado lo guiaba. Ese era el lugar del que tanto su abuelo hablaba, el cual llamaban La Abadía.
No tardó mucho para darse cuenta cómo funcionaban las cosas en aquel lugar lleno de niños, en su mayoría más grandes que él, pero que lo hacía sentir tan deprimido y abandonado. A pesar de ser muy bueno en el deporte que su padre siempre lo entrenó, y ajustarse a las duras disciplinas de entrenamiento, siempre se mantenía distante de los demás, prefería guardarse las rabietas para sí mismo porque no confiaba en nadie desde la vez que uno de los niños más grandes le tendió una trampa. Le dijo que uno de los entrenadores lo llamaba para realizar unas pruebas con uno de los beyblades que recién confeccionaban, pero para desgracia de Kai, el chico junto con otros dos matones lo encerraron en uno de los laboratorios para que creyeran que estaba husmeando. Cuando lo descubrieron dentro del laboratorio, le dieron una terrible reprimenda acompañada con un castigo semanal de estar dentro de una habitación fría y sola, bueno, a excepción de unos cuantos ratones y cucarachas que se cruzaban en frente. Desde ese momento decidió resistirse y desobedecer las reglas cuando no le convinieran, y por su puesto, ser el mejor beyluchador de toda La Abadía.
Su rebeldía lo expuso a constantes castigos, los cuales no eran tan duros como podrían ser porque Kai era astuto y se resistía a las órdenes cuando su abuelo estaba de visita, así que por temor a Voltaire los entrenadores no lo trataban como querían. Aquellos ojos inocentes y tiernos del niño que entró por primera vez habían mudado de parecer.
Un día, cuando apenas cumplía los diez años, Kai permanecía sentado en el borde de una de las ventanas mirando hacia afuera cuando sintió la presencia de alguien por detrás. De inmediato volteó a mirar temeroso de que lo hubieran descubierto.
- ¿Eres el chico que rompió el lanzador del entrenador? – preguntó una chica riendo.
Kai la había visto en otras ocasiones durante los entrenamientos colectivos pero nunca le había puesto demasiada atención. Llevaba una pañoleta azul en su cabello y una gargantilla negra en su cuello, además de los guantes típicos de beyluchadora y botas de cuero negras. No sabía su nombre, en realidad casi ninguno de los niños ahí conocían el nombre de los demás, no tenían mucho espacio para socializar, sólo sabía que tenía quince años por el grupo de entrenamiento al que pertenecía. No le respondió y siguió mirando por la ventana.
- ¿No se supone que debes estar castigado, qué haces acá?
- ¿Qué, vas a delatarme?- preguntó indiferente.
- No… es que esa es mi ventana. – le dijo señalando.
- Hmm… ¿cómo te llamas?
- Soy Mónica…
Kai se enderezó y miró detenidamente el marco de la ventana.
- No dice tu nombre acá… - le dijo volviéndose a acomodar cruzando sus brazos.
- Muuy gracioso… - la chica se sentó al costado opuesto de la ventana quedando frente a Kai - … pero me agrada tu actitud. ¿Cómo te llamas?
El chico no le respondió.
- Si no tienes nombre te pondré uno… mmm déjame ver… me gusta Santiago para ti…
Kai se levantó y caminó a retirarse del lugar.
- ¡Oye no te vayas! Me quedaré callada si es lo que quieres… Y… además traigo un poco comida que puedo compartirte. – le dijo sacando de un bolso mediano unos panecillos con un poco de agua. – Sé que no comes desde la mañana…
- ¿Cómo lo sabes? – Kai en realidad tenía hambre, lo que decía la chica era cierto.
- Bah… yo también le rompí el lanzador al mismo tipo un día de estos… - dijo arrugando su ceño y cruzando sus piernas sobre el marco de la ventana.
Kai temía que le jugara una broma, así que no le prestó más atención y se alejó del lugar. Más tarde, Kai volvió a la misma ventana, la chica ya se había ido pero había dejado su bolso. Kai miró dentro de él, tenía los panecillos, una botella de agua y una nota.
"Mordí los panecillos para que no pienses que los envenené o algo así…Vendré a media noche por mi bolso, por si quieres un rato de compañía."
De hecho, cada panecillo tenía una mordida, Kai los examinó por un momento y comió uno de ellos, ya no resistía el hambre. De verdad no estaban envenenados y le supieron bastante bien. Mónica parecía ser amable, no lo había delatado, pero aún no podía confiar en ella, así que decidió estar alerta para ver si la chica planeaba algo en contra suya, tal vez quería que llegara a esa hora y al mismo tiempo ella llevaba a alguno de los guardas. Kai no quiso arriesgarse.
Un día, después de un entrenamiento, dos chicos de trece años lo arrinconaron en uno de los pasillos y comenzaron a retarlo a beybatallar al mismo tiempo que lo empujaban contra la pared. Un beyblade golpeó a los muchachos en la cabeza, era Mónica.
- Idiotas. Están celosos porque él es mejor que ustedes y por eso quieren golpearlo…
- No te metas si no quieres salir lastimada, niña. – le respondió uno dirigiéndose hacia ella para golpearla con su puño.
Mónica lo esquivó muy ágilmente pateándolo en su estómago y sacándole el aire. Mientras el chico se quejaba del dolor sosteniéndose de la pared, Kai se apresuró a darle un puñetazo en la cara al otro, luego Mónica lo tomó de la mano y salieron corriendo del pasillo hasta alejarse de ellos.
- Son unos tontos… piensan que pueden pasarse de listos, pero estoy segura de que no volverán a molestarnos. – le dijo la chica jadeando por la corrida, a la que Kai miraba con asombro después de verla ejecutar semejante patada. – ¿Estás bien?
- Sí… - le dijo apagadamente- ¿dónde aprendiste a hacer eso?
- ¿Qué?
- La patada…
La chica rió un poco pero antes de responderle, escucharon unos pasos fuertes que se aproximaban.
- ¡Oye, vienen los babosos guardas! Te veré a media noche en la ventana… - luego le guiñó un ojo- te contaré cómo aprendí a defenderme…
Los dos se fueron corriendo a sus habitaciones. A media noche, Mónica esperaba ansiosa a Kai, el cual llegó media hora más tarde, caminando despacio y con sus brazos cruzados.
- Pensé que no llegarías… Creo que piensas que quiero delatarte o ponerte en peligro o algo así… Admiro tu desconfianza.
- Me llamo Kai. - se acercó y tomó asiento al lado de ella.
- Uh… ya había olvidado que no sabía tu nombre…
Mónica volvió a reír como acostumbraba.
- Lo de la patada… ¿cómo lo aprendiste?
- Baah… en la calle aprendes a defenderte… antes de llegar acá pertenecí a una pandilla en mi ciudad. Ellos me enseñaron todas las técnicas que sé. – le decía mientras simulaba lanzar un puñetazo. – Y tú… ¿cómo haces para escaparte de tus castigos?
- Ya no estoy castigado.
- Lo sé... pero el primer día que te vi aquí sí lo estabas. Anda… dime cómo lo haces.
- Mi padre era ingeniero… me enseñó varios trucos para dejar las cámaras en modo fijo, de manera que piensen que siempre estás ahí, pero en realidad lo que ven es una imagen que se repite. Las desarmo desde afuera. Y también construí mi propia llave maestra.
- ¡Wow! Oye, para ser tan pequeño eres bastante inteligente. ¿Crees que algún día puedas ayudarme con todo ese conocimiento?
- Si no me juegas un mal truco, sí.
- Oye… tu eres el único que me agrada en este lugar… ¿Por qué habría de hacerte algo así? Por cierto… ¿dónde aprendiste a beybatallar? Eso también lo haces muy bien…
- Mi padre me enseñó.
- ¿De veras? Y ¿para qué estás acá entonces?
- El murió. – le dijo agachando un poco la cabeza.
- Oh… ya veo. – Mónica pareció no mostrarse dolida por lo que le dijo. – Mi padre también me enseñó. Tú lo conoces.
- ¿Quién es?- preguntó Kai intrigado, no conocía a mucha gente adulta en realidad.
- Es Boris, Boris Valkov.
Kai se enderezó y dio un paso hacia atrás abriendo los ojos de par en par. Mónica carcajeó.
- Ya sé… es un infeliz… pero es mi padre. Y gracias a él me libré de la policía.
Kai no sabía que decir, Mónica siguió hablando.
- Mira, ser la hija de Boris tiene sus ventajas aunque no lo creas. ¿Cómo piensas que estoy acá sin que me busquen? Mi padre sabe como soy y que no puede controlarme más de lo que quisiera… - Mónica miró a Kai severamente – Te contaré algo pero debes jurar no decirlo a nadie más. Kai, yo ayudé en dos asesinatos… me pagaron bien por eso.
El niño no podía creerlo, ¿sería cierto? La miró seriamente mientras ella veía perezosamente por la ventana.
- ¿No me crees?
Kai movió su cabeza indicándole que no. Ella bostezó tapándose la boca.
- Me lo imaginé… Sabes, según lo que mi padre me comentó, la policía se ha cansado de investigar el crimen, eso significa que pronto saldré de este lugar. Te voy a extrañar.
El chico aún se mantenía callado, de repente todos sus escapes, sus mentiras, sus ataques de ira, su indiferencia y orgullo se volvían pequeños al considerar que aquella chica era una asesina. No podía dejar de mirarla. "Debe de estar mintiendo…" pensaba.
- No soporto la idea de que soy parte de La Abadía de Voltaire Hiwatari… odio a ese tipo. – Kai notó la mirada fría y llena de rencor de Mónica. – Sabes algo más… por su culpa mi madre murió… mi padre dice que no pero yo tengo pruebas de que fue así. Me gustaría hacerle pagar por eso.- dijo formando un puño con su mano derecha - Él y todos los Hiwatari no merecen vivir...
- Debo… debo irme. Quiero ir a dormir… - dijo Kai dando media vuelta.
- Mmm… ¿vendrás mañana?
- No lo sé… adiós.- Kai se apresuró a llegar a su habitación. Por nada del mundo quería que Mónica descubriera su identidad, si se enteraba que era un Hiwatari lo odiaría toda su vida.
Las predicciones de Kai eran acertadas. Pasaron dos días sin que Kai viera a Mónica. Para su desgracia, Mónica había preguntado a su padre Boris por la habitación del pequeñín que solía marcarse de azul sus mejillas, éste al considerar el interés de su hija en el nieto de Voltaire y considerando el profundo odio de Mónica hacia la familia de Kai, resolvió darle la información a su hija.
- ¡Oh! – exclamó irónico - ¿Te refieres al nieto de Voltaire?
- ¿Qué dices, padre? ¿Ese niño es…?
- Sí… el pequeño Kai… - decía fingiendo desinterés- él que suele escaparse de sus castigos pensando que no nos damos cuenta…
Mónica abrió su boca sorprendida.
- Entonces lo sabes… ¿Sabes que se escapa?
- Ajá… - decía mientras medía algunas sustancias en probetas.
- Y ¿por qué lo han dejado escaparse?- preguntó levantando la voz.
- ¿No es obvio? Es que parece que no me crees… Es el nieto de Voltaire, por eso lo tratamos con más delicadeza. – dijo esto último buscando irritarla.
Efectivamente lo que le dijo pareció enfadar a Mónica, quién salió corriendo del laboratorio donde se encontraba su padre, mientras este reía por lo bajo. Al siguiente día, Mónica no esperó para buscar a Kai por uno de los pasadizos que daban a su habitación, lo empujó fuertemente contra la pared.
- ¡Eres uno de ellos!- le gritó tomándolo del cuello. Cuando el chico casi no respiraba lo soltó.
Kai cayó inconsciente. Mónica lo pateaba fuertemente contra la pared mientras lo maldecía y lloraba a la vez. De verdad odiaba a los Hiwatari, uno de los guardas que pasaba escuchó los golpes y la detuvo junto con otros hombres que llamó a su ayuda.
Al cabo de dos días, Kai despertó en una camilla con un tubo de oxígeno en su nariz. No sabía que había ocurrido, lo último que recordaba era haber comido unos panecillos en uno de sus escondites, pero en su mente tenía la idea de que los había robado de la cocina de los guardas, como solía hacerlo cuando lo castigaban. Kai no recordaba a Mónica hasta que ella le trajo de vuelta sus memorias.
Kai comenzó a sentir dolor de cabeza en aquel laboratorio, se agachó, pero no podía sostenerse la cabeza porque estaba esposado. Tyson y sus demás amigos se preocuparon al mirarlo sudar intensamente. Mónica se acercó lentamente mientras Kai permanecía agachado, la mujer también se agachó y le levantó la barbilla mientras éste cerraba los ojos con esfuerzo y parecía resistirse a mirarla.
- ¡Kai, Kai! – lo llamaba Tyson inclinándose – amigo ¿qué te ocurre?
- ¡Kai!- gritó Alana- ¡por favor déjelo en paz!
- No es nada… - dijo sutil y malévolamente Mónica- solo está recordando… ¿cierto?- luego rió de nuevo y bajó la barbilla del chico que aún sentía que su cabeza iba a explotar del dolor - ¿Quién iba a pensar que te ibas a convertir en un joven tan apuesto? Pero aún eres un Hiwatari… eso lo estropea todo. ¡Lleven a Tyson y a Kai al laboratorio B y amárrenlos a las camillas! Comenzaremos los exámenes en sus cuerpos ahora.
- Señorita Mónica… - interrumpió titubeante uno de sus asistentes - … ¿no estaban programados para el final del torneo?
- He dado una orden. – dijo autoritariamente- A Alana y a Roxane llévenlas de vuelta a la BBA para que compitan mañana. – Luego miró a Kenny y a Hilary.- Llama a Alvin, dile que cambiamos los planes y que llevaré a estos otros dos a la antigua Abadía junto con los contratos, yo estaré con él. Hay algo que no me huele bien acá…
El primer día del torneo había terminado. Alvin, Ray, Lee y Mariah viajaban en una limosina.
- Muchachos, nos dirigimos a la antigua Abadía, el segundo cuartel de Mónica, tiene a Kenny y a Hilary. Sabe que los contratos no serán válidos hasta que yo los firme.
- ¿Por qué a la Abadía? No fue lo que planeamos…
- Lo sé, Lee, me temo que Mónica es más inteligente de lo que pensamos.
- ¿Quieres decir que nos descubrió?- preguntó Mariah ansiosa.
- Es una posibilidad.
