Capitulo dos: ¿Qué nos pasó?.

-¿y desde cuando te importa, eh?.- lo dije. Se lo escupí en la cara, y no me importo. Era la jodida verdad, ¿para qué fingir?, somos nosotros, Rin y Len, los gemelos que pretenden no conocerse, de echo justo ahora, esta charla es más de lo que hablamos en un mes. Me miro dolido.

-Obviamente me importa…-me dijo, y su mirada no cambio, por un momento sentí que esos ojos azules penetraban en mí, error, no se debe confiar en Kagamine Len.-obviamente me importa, que desgraciadamente, tú, sangre de mi sangre, sea vista como una cualquiera por los demás- me reprocho. Ahora sí, se pasó, se pasó más que nunca. Me había llamado puta. No sentía dolor, solo rabia nada más, ¿Quién se cree ese maldito para decirme eso?. Mis pies se movieron por si solos, y mi mano decidida dio a parar justo en su mejilla izquierda con toda la fuerza y rabia que tenía en mí, y nuevamente volví a contar. Esto es suficiente.

-Lárgate.- articule con veneno reflejando mi viva molestia aún con la mano alzada en el aire, sin embargo, mi mirada se encontraba gacha, no me atrevía siquiera a mirarlo, sentía que podía machacarlo a golpes si lo hacía pero ya lo abofeteé, ¿qué más da? Lo mire; sujetando su mejilla roja con una mirada venenosa igual que la mía en este momento, y de un segundo para otro me encontraba sola en mi cuarto con el eco del portazo, se había ido. Por fin.

Los días pasaban siguiendo su curso, todo iba normar, él y yo no nos dirigíamos la palabra. Miku, mi mejor amiga, me invito para hoy al casino. Obviamente yo acepte, no tenía nada mejor que hacer, seguramente también haya invitado al resto del grupo; Gumi, Gakupo, Luka, Kaito y entre los demás, Len. Al parecer el rechazo la oferta y no ira, más ventaja para mí, no quiero estar ni un milímetro cerca de su persona. Aunque tengamos las mismas amistades no es un obstáculo o algo, nuestros amigos saben que él y yo no nos llevamos.

-Rin-Rin.- Oh, como odiaba ese apodo, era Miku. Me encontraba en clases sentada en mi pupitre con mi mejor amiga colgada de mi cuello llamándome repetidamente "Rin-Rin". Es un apodo que me puso ella imitando el sonido de un timbre o teléfono, lo odio. Luego me dicen que me relaje, ¿pero cómo quieren que no me irrite?, es imposible.

-¿Me arias el gran favor de entregarme mi cuello para poder ir al baño?- le dije intentando voltearme, pero simplemente me era casi imposible, y yo no aguantaba más, tenía que ir al baño.

-Oh, vamos Rin, tienes que llevarlo- me dijo con una mirada de perro moribundo o algo así, realmente no entendí lo que quería decirme, estoy demasiado concentrada en no cometer un acto vergonzoso justo ahora.

-Rayos, Miku- la empuje un poco- luego seguimos con esto debo irme ahora, ya.-y partí corriendo al baño como si mi vida dependiera de eso, que literalmente si lo hacía, es decir, mi vida social lo hacía.

Luego, al salir del baño tocó justo la campana del almuerzo y me dirigí al salón en busca de mi dinero para comprar algo. Bolsillos pequeños y grandes, saque todo de mi bolso en busca del dinero que nunca encontré, rayos.

Caminando a la azotea para reunirme con miku y las demás mi estómago rugió, a lo que enrojecí y suspire. Tendría que optar a otros medios. Me voltee cambiando la trayectoria de mi destino.

Me asome en el comedor buscando con la mirada mi objetivo y lo visualice en una de las mesas más grandes rodeado de chicos, y podría decirse chicas. Chicas que se sentaban alrededor solo por compartir la presencia y cercanía del sexo apuesto, que ridículo.

Acercándome rápidamente en línea recta el mundo pareció detenerse, me sentía muy incómoda, cada individuo que se encontraba en el lugar se volteó a mirarme como si fuera una atracción de circo o algo por el estilo. Llegue a la mesa y me encontraba detrás del personaje que me hizo pasar por este momento tan extraño, toque tu hombro con mi dedo índice y dije:

-Len- Sus amigos me miraban, prácticamente todo el comedor lo hacía, sin embargo mi hermano parecía sumamente metido en la supuesta conversación que tenía con sus amigos que en realidad ni le prestaban atención, a lo que no noto mi presencia- ¡Len!- Dije en una especie de grito suave mientras golpeaba sin fuerza su hombro. Gracias, Dios. Por fin me prestó atención. Volteo hacia mí y al verme enarco una ceja.

-¿Rin?- "no, idiota. Soy Juanita Pérez" pensé.- ¿Qué haces aquí?.

-Eh, pues estudio aquí, genio- le dije como si fuera los más obvio del mundo, él frunció el ceño en signo de enojo.- Bueno, la verdad…- sonroje un poco de la vergüenza mientras jugaba con mis dedos y miraba un punto inexistente.-estoy aquí porque pensé que podrías prestarme algo de dinero.- a este punto ya estaba más roja que un tomate a lo que desvié mi mirada. Len suspiro, estuvo a punto de responderme cuando oímos a unos chicos de su mesa cuchichiando cosas como: "¡Miren que linda es!" "Se ve tan bella sonrojada" "avergonzada es aún más linda" "que suerte tiene len de vivir con esa belleza".

Len se paró de su lugar y miro a esos chicos, que como dije, la mesa es bastante grande y no se podían siquiera visualizar.

-¡Hey!, ¿pueden callarse? Son molestos- su comportamiento me confundió, ¿estaba enojado?, ¿por qué? . Luego volteo hasta mi con el ceño fruncido y tomo mi mano depositando dinero en ella, me sobresalte.-Ten, ahora vete a comprar algo rápido que el almuerzo ya casi acaba.- yo sonreí de oreja a oreja dejando ver mi dentadura.

-¡Gracias, Len!- y dándome media vuelta salí de ahí tal y como entre.

-¿y lo traerás, Rin?-me pregunto Miku mientras caminábamos a casa yo solo la mire con cara de "¿De qué me estás hablando?" ella solo suspiro.- Lo hablamos hoy en el salón ¿recuerdas?, llevar a Len al casino con nosotros.- Yo sonreí de lado.

-¿Es enserio Miku? No estoy segura que quiera venir, el ya rechazo la invitación.- Es cierto, si él dijo que no es porque seguramente tenga algo mejor que hacer y solo enviara a todos al carajo, así es el.

-¡Vamos, Rin! Es tú hermano, eres la única que lo puede convencer- yo solo rodé los ojos con molestia, no lo aria. Al parecer Miku lo noto y uso su último recurso- A Gumi le gusta, y de veras tiene ganas de verlo, él no le presta atención alguna, Rin. Así que debes hacerlo por ella, que es nuestra amiga, yo me encargo de lo demás, estoy segura que no saldrán de ese casino sin ser amigos- Sonrió triunfante por las expectativas del plan que no me conto. Pero estoy segura soy parte de él.

-Está bien..-termine por resignarme con un suspiro, ella tiene razón, Gumi es nuestra amiga y desde hace tiempo tiene la vista pegada a Len, no podría ser tan ingrata y negarme a ayudarla. Miku salto de la felicidad y me abrazo diciendo "gracias Rin, Rin" frenéticamente. De solo pensar que tendré que iniciar una conversación con mi hermano me da demencia.

Si tuviera que describir como se siento, seria: estúpida.

Parada frente a su puerta por fin me digne a suspirar y girar la manilla.

-Hey, Len…-Nuestros ojos se encontraron y ambos palidecimos, tenía ganas de morir.- OH, DIOS- solté gritando y Salí de ahí dando un portazo. Len estaba completamente desnudo, acababa de salir de la ducha. Sin duda eh visto a Len muchas veces con poca ropa, después de todo somos hermanos, pero de esa forma, absolutamente, SIN NA-DA, fue la cosa más horrible que eh visto en mi vida. Larga y…peluda. ¡Noooo!, Rin ¿en qué cosas piensas?, ¿estás loca?, la ganas de vomitar se apoderaban de mí. Me lance a mi cama abrazando a mi almohada, mundo, trágame.

Me desperté con el ruido de mi puerta, al parecer me había quedado dormida, me levante algo somnolienta y abrí ésta y no pude evitar agrandar mis ojos como plato, era Len. Oh no.

-¿Si, dime?- Dije nerviosa, frenética y rápidamente mientras ponía una extraña mueca, Len pareció notar mi intento fallido de disimular la incomodidad y enrojeció desviando la mirada.

-Olvida lo que viste- me dijo mirándome aun sonrojado hasta las orejas.

-¿Q-qué?- reí mecánicamente otra vez- ¿a qué te refieres, Len? yo no vi nad…- no pude continuar porque Len me tomo por los hombros y se adentró a mi cuarto cerrando la puerta y depositándome en mi cama ubicándose encima de mí con ambas rodillas a mis costados.- Len, ¿qué rayos haces?- solté confundida mientras veía su mirada decidida y penetrante en mis ojos.

-¿Nunca te habías preguntado cómo se veía?- mis ojos se ensancharon, ¿qué mierda le pasa a len? no comprendo, esto es lo más raro que me había pasado en la vida. Me levante despacio obligándolo a moverse de encima de mí quedando sentada en la cama junto a él.

-¿Qué te pasa, Len?, ¿Qué clase de persona crees que soy? ¡Por supuesto que mi respuesta es un no! de hecho, me pareció bastante desagradable.- le dije indiferente mientras me paraba de la cama dispuesta a prender la luz.

-Rin, acéptalo, estamos en esta edad, ¿nunca has tenido deseos sexuales?- Lo mire incrédula, él y yo nunca hablamos, es primera vez que el me habla así de directo, y más de estas cosas, esto es tan extraño que hasta me mata del susto. Aquí pasa algo raro…

-¿Acaso no tienes amigos para hablar de estas cosas?- Le respondí hostil.

-Por supuesto que si- bufo parándose de la cama directo hacia mi.- ¿nunca te has preguntado que se siente besar, Rin?- dijo en una vos jodidamente morbosa.

-¿Acaso tú te preguntas todo este tipo cosas, Len? no pensaba que tantas ganas tienes- ahora era yo la que bufaba y me reía de él.

-¡Vamos, Rin! Yo solo quería tener algún tipo de conversación íntima contigo- dijo fingiendo estar ofendido mientras se acercaba y me abrazaba como si fuera un peluche, rodé los ojos. Es como los viejos tiempos, Len no ha cambiado, reí.

-¿Recuerdas cuando nos besamos?.- Le pregunte de la nada desenterrando recuerdos de años atrás, él se separó de mí y se rio.

-Sí, también que queríamos casarnos- dijo aun riendo y yo me uní a él. Es verdad, Len y yo éramos en extremo unidos, pare de reír y mi semblante se volvió melancólico, él también se detuvo y ambos nos miramos examinándonos el uno al otro.

-¿Qué nos pasó, Len?.- esa pregunta salió de lo profundo de mi alma. En nuestra infancia éramos como un solo ser, ¿qué nos hizo cambiar?, ya ni siquiera recuerdo como pasó, esos días de hermandad parecen tan lejanos, él solo me miro confundido.

-No lo sé.-negó con el cabeza-Simplemente paso.-

-Ya había olvidado que se sentía tener un hermano gemelo igual a ti.- sonreí de lado palpando mis manos en su cara, el arrugo la nariz, cosa que me pareció infantil y lindo.

-¿Sí?, pues hay algo que yo aún no olvido, y fue esa ves que te orinaste en nuestra cama, le mentiste a mamá diciendo que era yo y ella te creyó.- junto el entre cejo en signo de molestia fingida, ¡aun lo recuerdo!, como me frustraba por ser la única que se orinaba siempre le echaba la culpa a len y siempre fue a él quien regañaban. Reí a carcajadas mientras abrazaba mi estómago en un intento de no vomitar todos mis órganos de la risa, cosa que era imposible que pasara. Len me miro con un puchero y su fingida cara de molestia y luego se acercó a mí asiéndome cosquillas, cosa que me hizo reír como poseída, luego me dolería todo-¡venganza!-soltó sin que pudiera protestar por nada intentando no morir de una severa carcajada.

-¡Hey, Len!, si no te detienes juro que moriré- Las carcajadas se desbordaban de entre mis labios y pequeñas lagrimas empezaron a brotarme por los ojos. Len detuvo su acción dejándome respirar por fin, sin embargo, solo volvió acercarse a mí para volver a atacarme ahora tirando mis cachetes.

-No jures tonterías-me regaño jalando más fuerte mis mejillas mientras mi cara se deformaba.-¿Qué seria Len Kagamine sin Rin Kagamine, eh?- eso me sorprendió.

-Seguramente sería lo que siempre ha sido desde que ya no depende de ella.-conteste sinceramente retomando la seriedad de la situación. No es que me gustara joder el momento, pero pienso que ya es hora de vivir el presente afrontando el pasado. Ya no me quiero llevar mal con Len.

-Pero tú eres importante para mí- mi mente se quedó en blanco mientras él posaba ambas de sus manos en mis mejillas, no sabía que decir.

-¿Qué?-fue lo único que articule deformando mi cara en una mueca de confusión.

-Que te quiero, boba- me sonrió cálidamente, tan cálidamente, que me sentí cerca de él más que nuca, y repentinamente mi corazón dio un brinco en mi pecho.-Eres mi hermanita gemela, y aunque ahora seas toda una mujer, y no podamos jugar a ser la princesa y el sirviente, no hagamos travesuras y ya no vivamos las mismas cosas juntos, yo te quiero, Rinny-.

Yo…Lo había olvidado. Había olvidado que la inesperada adolescencia llego como un rayo a dividir nuestros caminos. Qué yo quiero a Len, mi Len, mi hermanito.

-También te quiero Lenny-Y me permití reírme como una cría de cinco años mientras me lanzaba a él para abrazarlo.


Bien, ¿Que tal?.

Realmente tengo muchas ideas para esta historia, tantas, que me es dificil visualizarlas con claridad, intentare actualizar pronto.

¿Review?, me ayuda a saber su opinión y motiva a seguir escribiendo.

Matta-ne.