**Hola a todos, pues ya tenía tiempo de no actualizar porque en realidad pensé que nadie lo leía, pero debido a que recibí un comentario recientemente me alegré y decidí seguir publicando los caps. Espero que si aún hay lectores por ahí me regalen un comentario solo para saber que hay gente leyendo jeje... XD Saludos!
Capítulo 47 Inicia la partida
- Listo, ya llegamos. – dijo Hiro después de halar del freno de mano de la camioneta.
Se dirigió a abrir la puerta del lado de Karisa. Iba a tomarla de los brazos para ayudarle a bajar pero ésta no se lo permitió.
- Puedo hacerlo sola, no tiene que molestarse.
- Como digas…
Hiro esperó a que la chica bajara de la camioneta mientras la observaba salir con un poco de torpeza por tener sus manos atadas por detrás. De inmediato, Karisa vio como una señora rubia vestida con un abrigo formal azul se acercaba rápidamente, detrás de ella venían otros muchachos y un señor caminando con un bastón en la mano.
- ¡Hiro! Hasta que por fin estás acá, y traes compañía…
- Sí, pasemos y les explicaré que sucede. Acompáñanos, Karisa.
- ¿Tengo otra opción? – preguntó entre dientes mientras caminaba.
- Judy, necesito que te encargues de requisar a esta joven con uno de los guardas. Estaremos en la sala de entrenamiento principal para cuando termines de requisar.
Karisa ingresó a la BBA acompañando a Judy, mirada a cada lado sin dejar de sentir desconfianza.
- Así que, señor Dickenson, Alvin le contó lo que ocurre. – inquirió Hiro una vez que llegaron a la sala de entrenamiento.
- Sí, Hiro… Fue curioso, no hablamos palabra alguna, todo lo anotó en su libreta, luego me la enseñó y en el último reglón me pidió que me deshiciera de la libreta lo antes posible. Me siento totalmente impotente ante esta situación. – decía mientras se secaba su sudor de la frente.
- No entiendo por qué se arriesgaría a que tantos supiéramos lo que sucede, si Mónica llegara a enterarse ¿no podría ser más peligroso?- preguntó Ryan.
- Creo que Alvin confía en nuestra discreción. Aunque me preocupa Kenny.- decía Max mientras caminaba de un lado a otro. – ¿Qué tal si no soporta la presión y le confiesa a Mónica que Joseph fue quien lo ayudó a escapar?
Antes de que alguno pudiera responder aquella inquietante pregunta, Judy llegó junto con la chica que seguía con las manos atadas.
- No encontramos nada sospechoso en ella.
- Mmm, bien, entonces podemos soltarla y así ella se encargará de contarles por qué está acá. Er, permíteme tu cuchilla para romper la cuerda.
Hiro atajó la cuchilla suiza que Er ligeramente le lanzó.
- ¿Andas esas cosas en tus bolsillos?- preguntó Ryan curioso.
- Ug-hu… - asintió con su cabeza - nunca sabes cuando necesites una.
En tanto, en algún frío lugar al norte de Rusia…
-¿Su…sumo Hiwatari? ¿Familia Stroganov? ¿Estás segura de lo que dices?- inquirió Tyson con asombro.
- ¡Eso fue lo que leí en esos viejos diarios de Mónica! Los encontré en uno de los sótanos de los que todos los niños temían, yo quise entrar y probarle a mis amigos que no había nada de que temer allí adentro…- dijo haciendo alarde de sus valentía.
Kai miraba hacia el cieloraso tratando de aceptar lo que acaba de escuchar. "Mónica… Mónica es culpable de los asesinatos… no puedo creerlo… ". Luego el chico comenzó a forcejear con furia sobre la camilla haciendo que Tyson y Lila se alarmaran.
- ¡Tyson, tenemos que irnos de aquí! ¡No voy a permitir que Mónica se salga con la suya una vez más!
Fue inútil. Pronto se cansó de intentar romper las bandas de sus brazos y piernas. Una lágrima de frustración humedeció aquella fría camilla.
- Kai… lo siento viejo… creo que esta vez no podremos escaparnos.
El chico no le respondió, sabía que Tyson tenía razón.
- ¡Susumo era mi padre! – le dijo con agobio a la niña que no quedó menos sorprendida.
- Oh… lo siento mucho…- dijo apagadamente.
Tyson cerró sus ojos, no pudo evitar que las lágrimas corrieran mientras recordaba a su familia y a sus amigos. Traía a su memoria cada uno de los rostros. Si esta niña tenía razón, pronto dejaría de recordarlos, ni siquiera recordaría su propio nombre. Ninguna de sus victorias en el beyblade tendría sentido ya. Sería parte de BEGA para siempre, un infeliz esclavo de Mónica.
- ¡Esto no puede estar pasando!- gritó con todas sus fuerzas. Luego bajó su tono de voz dirigirse a su compañero que sin hablar compartió la misma frustración de Tyson. – Kai… lo lamento mucho. Sé que me confié demasiado y no di lo mejor de mí como beyluchador, es una lástima que todo termine de esta manera.
- Tyson… también lamento no poder competir contra ti…
- Si… - Tyson sonrió un poco - ¿recuerdas la primera vez que batallamos? Si que eras un presumido…
- Ja… Tú sigues siendo igual de charlatán…
Los dos viejos amigos sintieron nostalgia por los momentos de su pasado. Lila, quien estuvo escuchando la conversación que sonaba casi como una despedida, no quiso conformarse con la sombría resignación que escuchaba en las voces de aquellos casi legendarios beyluchadores.
- ¡Oigan!- llamó su atención – Debe haber una forma de escapar, no podemos rendirnos.
- No podemos movernos… lo siento Lila, solo un milagro puede salvarnos.
Kai abrió sus ojos de repente, las palabras de Tyson le habían recordado algo especial.
- ¿Tú crees que sea posible? – le preguntó - ¿crees que algo milagroso pueda suceder?
- ¿Eh? Pues… no lo sé…- Tyson suspiró.
- Tyson. – lo interrumpió – Me enteré que mi madre era estéril…
- Vaya… ¿quieres decir que…?
- Si… era prácticamente imposible que yo naciera… Pero ella murió después.
- Así que… tú crees que algo imposible pueda pasar y podamos escapar…
Kai soltó una risa apagada.
- Que yo pudiera creer que algo milagroso ocurra sería un milagro, Tyson.
Karisa, sentada en uno de los sofás en la sala de espera de la sede Rusa de la BBA. Como lo había escuchado de aquel señor bajito, no podían hacer nada más que esperar las noticias del chico al cual llamaban Ray. Observaba con curiosidad las fotografías en los portarretratos que decoraban una de las mesitas. Hiro ingresó a la misma sala sosteniendo una bandeja con un vaso con chocolate caliente y algunos bocadillos salados que ubicó en la mesa frente a Karisa, quien al notar su presencia pretendió seguir ignorándolo.
- Karisa, quiero disculparme si me comporté descortésmente contigo.- le dijo sentándose frente a ella.
- No tiene que disculparse… ustedes los hombres siempre tienden a ser así por naturaleza. - dijo con despecho mientras continuaba observando los retratos.
Hiro miró al lado y suspiró un poco sintiéndose resignado al considerar que sería inútil mantener una conversación amigable con ella. Luego notó que los retratos que miraba eran en los que Tyson sostenía orgulloso sus medallas y trofeos.
- Ese es mi hermanito, su nombre es Tyson.
- ¿Oh… de verás, tu hermano?- inquirió un poco curiosa.
- Uh-hu… Es un tanto inquieto e impulsivo. – decía mientras se acomodaba con sus manos detrás de su cabeza mirando al cielorraso.- Aunque de alguna manera esas cualidades lo favorecieron para ser el campeón de beyblade tres veces seguidas…
- Ya veo porque a Lila le agrada tanto este chico… si son muy parecidos. - dijo aún observando las fotografías con una pequeña sonrisa en el rostro.
Por fin había una señal de conversación pacífica, lo cual hizo que Hiro se enderezara de nuevo.
- ¿Lo habías visto antes?
- Eh… sí… Bueno, en fotografías del periódico que Lila nos enseñaba. "Tyson es mi favorito, él es el mejor, quiero competir contra él un día…."- decía mientras imitaba la voz de su hermana- Era lo que se pasaba diciendo siempre… - luego colocó de vuelta los portarretratos. – ¿tu hermano no estaba entre los chicos que nos recibieron en la entrada, o sí?
- No… Mónica lo pidió como rescate de las chicas; no tengo idea de lo que esté ocurriendo con él en este momento.
Karisa por primera vez en todo ese rato miró a Hiro directamente. Se daba cuenta que no era la única cuyo hermano peligraba, y le sorprendió que Hiro se notara más tranquilo que ella.
- ¿No te preocupa lo que le pueda suceder?- le preguntó suavemente.
El entrenador asintió de forma silenciosa con su cabeza.
- Soy el hermano mayor, eso me hace sentir responsable.- le citó levantándose del sofá. – Come algo… - le dijo mientras se alejaba con las manos dentro de los bolsillos.-...si no lucirás más pálida de lo normal y tus pecas resaltarán más, aunque sonreír más a menudo te haría ver mejor…
Las últimas líneas de Hiro hicieron que Karisa olvidara la empatía que sintió por él minutos antes. Por despecho no quería comer de lo que Hiro le sirvió, pero si no hubiese sido porque su estómago sonó justo cuando Hiro se retiró no hubiera devorado casi de inmediato aquel aperitivo que tanto le sustentó.
Acercándose ya a la sede de la BBA, Mónica sostenía su mentón pensativa mientras Roxie, Alana, Kenny y Hilary permanecían con sus ojos vendados y su boca sellada también. Mónica no había dudado en ordenar a sus ayudantes que los callaran, especialmente a Roxie y a Hilary después de escuchar un par de quejas y reclamos de ambas.
- Bien, señorita, ya estamos llegando al punto indicado. ¿Quiere que me detenga acá? – preguntó su chofer.
Mónica respondió luego de unos minutos de silencio.
- No. Ya no tengo intensiones de que regresen a la BBA.
Ya en aquella fría y lúgubre abadía se encontraba Alvin, quien esperaba a Mónica. Estaba en un salón frente a un tablero de ajedrez. Alguien llamó a la puerta, ya sabía de quien se trataba.
- Adelante, Mónica.
- Veo que ya reconoces cuando llamo. – dijo ingresando tras el rechinar de la puerta, luego hizo una seña dejando entrar a dos guardas que traían a Hilary y a Kenny aún atados de sus manos.
Los acomodaron en una especie de banca lejos de la mesa de ajedrez. Alvin invitó a Mónica a una partida, ofreciéndole una copa de vino también. Mónica tomó asiento frente a Alvin, luego ordenó a los guardas dejarlos solos con los dos chicos dentro de aquella habitación semi oscura de la antigua abadía. Luego de mirar a Alvin con una mirada penetrante, Mónica hizo la primera movida de su peón en el juego.
- Hay dos rehenes sentados que no pueden observar la partida si no les quito las vendas de los ojos. – le dijo severamente.
- Adelante. Ve y descúbrelos.
Mónica se levantó para dirigirse a Kenny y a Hilary, a quienes les quitó sus vendas de los ojos y la boca.
- Muy bien chicos… - Alvin les mostró un saludo de capitán con la mano- … Mónica y yo necesitamos público para nuestra partida, pero les advierto que puede tomar tiempo.
Kenny y Hilary se miraron temerosos.
- ¡¿Qué rayos está pasando?! ¡No entendemos nada! ¿Qué es lo que quieren de nosotros?– Hilary exclamó.
- Reconozco este olor a humedad de alguna otra parte… - decía Kenny olfateando. - ¿Dónde estamos?- luego calló al ver la figura de Mónica acercarse a él.
- No quiero explicarte aún… ¡Alvin! – llamó Mónica molesta – Creo que este chico nos debe algunas respuestas… - decía mientras ponía su dedo índice en el pecho del Jefe.
- Mónica… ya déjalo. Ven y terminemos este juego. Yo sé lo que pasó con Kenny… te lo diré mientras jugamos ¿de acuerdo?
Mónica se alejó de los chicos mientras observaba de reojo no con aspecto amigable en su mirada a Kenny.
- Hi… Hilary… - susurró titubeante – no es la primera vez que nos secuestran… Jamás pensé que esto del beyblade fuera tan arriesgado… ¿crees que esta vez sí muramos?
- Ush Jefe… no hagas esto más difícil…
La esbelta villana tomó de nuevo su asiento. Los dos, Alvin y Mónica, continuaron su partida en un silencio que hacía resonar la desconfianza entre ambos.
- ¡Oh, lo olvidaba!- Mónica sacó de entre su chaqueta de cuero negra dos sobres. – Tú firma, presidente.
Con lentitud, Alvin tomó un bolígrafo de la bolsa frontal de su chaqueta, abrió los contratos y los firmó. Mónica extendió su mano para tomarlos de nuevo. Luego sonrió levemente para después mover otra pieza de ajedrez, capturando uno de los peones de su oponente. Kenny y Hilary observaban la escena atónitos y con su corazón palpitante.
Desde aquel cuarto de laboratorio, Tyson, Kai y Lila escucharon las voces y los pasos de los médicos acercarse.
- ¡Ahí vienen ya…!- exclamó Lila temerosa
- ¡Oh no…! – se escuchó a Tyson.
- ¡Tyson! Estoy feliz de haber hablado con mi beyluchador preferido….
- Lila... – Tyson sintió una profunda tristeza. – Kai… fue un placer conocerlos…
- ¡Tyson! –Kai interrumpió con desesperación– solo… solo un milagro puede salvarnos. – luego cerró sus ojos y comenzó a rogar dentro de sí.
La puerta de abrió, en una especie de carretillo los dos doctores traían todo lo que necesitaban para la operación. De repente, un ruido sordo se escuchó, uno de los doctores forcejaba contra alguien, ese alguien abrió la puerta, metió a los dos recién desmayados doctores dentro del laboratorio, otro tipo los amarró. Los chicos no podían ver lo que sucedía, solo supieron que las voces de los doctores ya no se oían más después de lo que pareció un rápido intercambio de puñetazos. Alguien se a cercaba a las camillas.
- Tyson, Kai… ¿todo bien?
- ¿Brooklyn?- inquirió Kai al mirar el rostro pacífico del muchacho. No lo podía creer.
