Autoras: NoOnis & Kattherina
Capítulo 9
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"Pactos de Sangre"
―¡Muy bien Akamaru! ¡Ahora faltaría este sector!
Una de las cualidades que poseía Kiba Inuzuka era sin duda el de ser un buen entrenador. Entrenar a su pequeño perro era un pasatiempo fascinante y a la vez agotador, que muchas veces le traía muchos problemas, sobre todo con Akatsuki. Porque el aloe vera y la perruncha esa lo tenían exasperado, porque según ellos, las mascotas no eran permitidas en el Instituto.
Regla que a él le resabalaba.
Akamaru saltaba por la grama verde que se extendía a lo largo y ancho de los jardines del Instituto, dejando su marca por cual árbol que encontrase, un complacido Kiba aplaudía y corría detrás de su pequeño perro de pelaje blanco, que ladraba mostrando su satisfacción.
―¡Hey! ¡Chico con complejo de perro!
Tanto Kiba y su mascota pararon en seco, al pobre chico le recorrió un escalofrío por su columna, intentando que sus nervios no afloraran y flaqueara de inmediato.
―¡Cuántas veces te lo voy a repetir! ¡No se admiten mascotas en el Instituto!
Kiba volteó su rostro lentamente con profundo pánico. Unas cuantas gotas de sudor surcaban su cien por puro nerviosismo del aparente e inminente peligro. Tenía el conocimiento de lo poco convencionales que eran los Akatsuki, y de su forma extravagante de dar lecciones de vida a los estudiantes de su edad, solo escuchar el castigo de las primas le daba escalofríos.
―¡Oye Aloe Vera yo no soy un perro!…además, ¡Akamaru es mucho más inteligente que tú!
Zetsu tenía la tendencia de ser muy condescendiente con los alumnos que le tocaban "vigilar", porque no había otra forma de tenerlos tranquilos, especialmente a los de primer año. Pero lo que marcaba especialmente a este integrante de Akatsuki era que sufría de trastorno bipolar. Por lo general la personalidad de Zetsu era neutro pero con curiosidad, en algunas ocasiones podrías encontrarlo de buen humor, pero de un momento a otro podía permutar y patearte el culo sin razón.
Zetsu se acercaba parsimoniosamente hacia él; a Kiba sin embargo, le empezaron a picar los pies e inevitablemente empezó a correr. Una mueca de satisfacción apareció de inmediato en su rostro ¡Cómo le encantaba joder a los Akatsuki!
Zetsu negó con su cabeza abatido. Era imposible hacer entrar en razón a un mocoso con alteración de hormonas y en pleno desarrollo de madurez, así que siempre acudía a los medios extremos que Itachi le había enseñado.
―Por favor… chico perro, no me hagas hacértelo de nuevo, créeme que ahora ya no seré tan blando―. El tono burlón no era una expresión a propósito, de hecho era el mayor problema de Zetsu, su bipolaridad le causaba estragos y era sin duda el centro de atención de sus colegas, especialmente de Kizame y Deidara.
Kiba se escondió detrás de unos arbustos, cobijando a su pequeño perro en su chaqueta gris ordenándole con un ademán que no hiciera ruido. Ese sujeto podía ser malo cuando se lo proponía.
―Te dije que era en vano… ―escuchó detrás del arbusto.
Kiba se quedó estupefacto, apenas y podía respirar por la impresión. Ese sujeto… había estado hace unos segundos en una distancia lo suficientemente considerable como para percatarse que no era normal, a parte de su aspecto claro está.
―¡Eres un brujo! ―El castaño lo señaló acusadoramente, mientras que Zetsu sonreía.
―Te lo haré de nuevo.
Kiba lo miró horrorizado. ¡Que me haría qué!
―¡Me vas a violar maldito gay! ¡Aún soy muy joven para salir del armario! ¡No!
Una pequeña manchita blanca sobresalía de la chaqueta gris de Kiba, era Akamaru. Sus chillones y tiernos ladridos hicieron que Zetsu lo agarrara del pescuezo y lo empezara a jalonear de aquí para allá, como si no se diera cuenta que se trataba de un animal y no de un peluche de felpa.
―¿No crees qué es muy acolchonado para ser un perro? ―Le preguntó burlonamente mientras que Kiba se tapaba sus partes bajas horrorizado.
Zetsu enarcó sus cejas incrédulo.
―No soy gay ―Dictaminó serio, Kiba no se lo creyó porque también intentó taparse el trasero.
―S-si lo eres, me miras morbosamente. ¡Pervertido!
Zetsu suspiró mientras que sostenía aún a Akamaru. Lo lanzó y el animalito calló en el pecho del niño.
―No lo soy. No entiendo porque me lo dices si no tienes pruebas.
―¡Me dijiste que me lo harías! !Eso es prueba suficiente! ―Exclamó saliéndole unos gallos que fueron producto de la risa de Zetsu.
Kiba pudo notar como el rostro de Zetsu se ensombreció y una risa macabra surcó por su rostro. Lo tomó de la camisola y lo acercó hacia él de un tirón.
―¿Q-Qué me vas a hacer? ―la risa prominente de Zetsu empezó a retumbar― E-e-está bien…no eres gay. Eres bisexual, lo entiendo ¿Podrías apartarte?
Zetsu parpadeó repetidas veces, como si acabara de despertar, soltó a Kiba y se alejó unos pasos ¿En que estaba? ¡Ah si!
―Bien, haré lo que me propuse hoy.
―Me violará… ―Dijo con temor―, Estoy seguro ―Susurró.
Lo único que sintió fue un dolor horrible en su trasero. Cerró los ojos con fuerza y se mordió los labios.
Zetsu se dirigió satisfecho a su siguiente clase. El calzón chino nunca fallaba.
Sakura no le caía bien, era oficial. No es que tenga algo que ver con la atención de su novio… ¡Amigo! Shikamaru, lo que sucedía en definitiva era que las susodichas primas llamaban la atención a donde quiera que fueran, sobre todo su némesis jurada Sakura en su sector. Ya tenía suficiente con soportar a un chico con sobrepeso y problemas de ansiedad hacia la comida y a un chico efusivo con la juventud. ¡Estaba harta! Quería demostrarle a esa palo seco de quien mandaba en realidad y definitivamente era Ino Yamanaka, nadie más.
Cuando la vio ingresar media sonrojada y detrás de ella el profesor Hatake, que por cierto minutos antes había divisado el presunto acercamiento pretencioso de esa niñita engreída con el maestro, no pudo evitar que se le inflaran las venas de pura rabia y así idear de paso un plan para seguir haciéndole la vida imposible a parte de pegarle chicles al asiento a la engreída Haruno.
Pasó jactándose de sus cualidades físicas, bamboleándose de un lado hacia el otro, ideándose un trono ficticio, un camino hacia un podio inexistente, donde ella era la reina del universo y la chica peli rosa una vieja loca que castraba gatos en la esquina.
Miró de soslayo a la peli rosa, ella seguía en un estado deprimente igual que antes de que ocurriera el improvisado accidente. Se removió incómoda en el asiento de la carpeta individual. Ino no pudo sino sentarse abatida, porque su plan de hacer enojar a la Haruno había sido un total fracaso.
La actitud de Sakura le purgaba, siempre haciéndose la víctima, la niña buena. Llamando la atención de todo el mundo, generando ternura o cariño.
¡Arg! Como odiaba a esa peli rosa en su papel de mosca muerta.
―Palo seco ―Masculló. Sintió la mirada penetrante de Kakashi-sensei, pero ni eso menguaba entre sus actos vengativos para con la peli rosa.
Aún recordaba lo que sucedió en clase, cuando Sakura intentaba realizar un problema algebraico, y ella le lanzó una bola de papel con malas intenciones.
El castigo definitivamente había valido la pena.
Sakura se levantó bruscamente de su asiento individual, ante la mirada atenta de todos los presentes, incluso de Kurenai-sensei. Ino mostró una triunfante sonrisa, mientras que sin decir nada la Haruno se acercaba peligrosamente hacia ella.
―¡Eres una maldita vieja fodonga que no hace otra cosa que joderme la vida! ― La peli rosa estalló en furia pura, mientras que la rubia no hizo nada más que sacarle la lengua satisfecha.
―¿Que dices palo seco? ―Exclamó divertida.
―Lo que me falta a mí es lo que te sobra, rechoncha.
―Prefiero que me sobre a que me falte… ¡Palo seco!
―¡Cerda!
―¡Palo seco!
―¡Cerda!
―¡Palo seco!
―¿Sabes? ―dijo Ino colocándose un dedo sobre los labios y clavando sus ojos azules en el techo del aula―.- Me he dado cuenta de que tu frente... ―continúo señalándole la frente con el dedo índice―...me serviría como cuaderno. Es tan grande que hasta podría dibujar un mapa ahí. ¡Frentona! ―exclamó con sorna.
Sakura apretó sus puños y con frustración exclamó:
―¡Cerda! ―Chilló y se abalanzó hacia la rubia, empezaron a jalarse de los pelos, mientras que la profesora Kurenai no hacía nada más que llamar al maestro de retenciones. Kakashi Hatake.
Unos cuantos mechones rosas y rubios estaban esparcidos por el suelo brilloso del salón de clases.
Si el profesor Hatake no llegaba a tiempo se quedarían calvas por jalonearse las mechas sin reparo alguno.
Era inquietante saber que había una mocosa capaz de hacerle competencia a la extrovertida y endemoniada Sayuri. Tanta era la fama que poco a poco se hacía popular en la escuela. Pero ella no se quedaba atrás, aparte de pertenecer a la misma escuela de la chica de ojos violetas, poseía un exuberante físico, que traía locos a los del otro género y ¿Por qué no? También a alguna que otra chica.
En esos momentos, si uno prestaba atención a la cara de Sakura, fácilmente se darían cuenta de que una vena en su frente comenzaba a hincharse y hasta parecía palpitar... ¿es que acaso le iba a explotar?
Estando en la sala de retenciones, Sakura no era la misma, es más, podía decirse que era otra persona. La ceja rubia de Ino se enarcó mostrando incredulidad.
Creíble no era, predecible sí. ¿Por qué estaba la Haruno tan callada? Sencillo.
Kakashi estaba ahí, era como sí frente a él no le gustara mostrar su faceta revoltosa pero sí la de una niña santa, que no quebraba un plato. Cuando en realidad se echaba toda la vajilla y la de la casa del vecino.
Kakashi aclaró su garganta llamando su atención. Su mirada penetrante hacía que le calara el cerebro. Como si intentara introducirse en su mente y controlarla, cosa que le causó un escalofrío. La seriedad y el silencio del salón hacían que se sintiera inhibida.
Siguió mirando de refilón a su compañera de castigos. La Haruno aún tenía el rostro agachado, hasta podía jurar que estaba sonrojada. Sin embargo, no se lo creía, a la última persona en la faz de la tierra que creería sería a ella.
El profesor Kakashi era un hombre que imponía con su sola presencia y por ello no podía darse el lujo de fastidiar a Sakura frente a él o mejor sin dicho, no permitir que se diera cuenta. Él era demasiado astuto y predecía sus movidas antes de que las ejecutara; por esa razón, prefería guardar silencio, al menos hasta que terminara el castigo.
Ese sensei con peluca de viejo… ¿Por qué precisamente tendría que ser él?, el que la vigilara tanto a ella como a la frentona casi las veinticuatro horas del día. ¡Demonios!
―Yamanaka… estate tranquila, porque sé muy bien lo que planeas hacer
Se removió en el asiento y empezó a mirar el techo blanco del aula sin nada productivo para hacer. Le aburría estar en esa situación porque ya lo había experimentado antes, pero para su mala suerte, siempre le tocaba con el exasperante y atento de Kakashi-sensei… ¡Ese maldito sensei tenía la cualidad de leer mentes!, claro, diciéndolo literalmente.
―Si sensei ―Refunfuñó rolando los ojos.
Sakura la miró por primera vez en el día y casi lanza una carcajada. Ino no se había dado cuenta de que había puesto una cara de zombie pre resucitado, cuando se miró en el improvisado espejo que sacó de su falda de colegiala.
Por otro lado, Kakashi esperaba a que cumplieran su castigo. Aunque siempre tenía la perspectiva de que lo habían contratado con el único fin de convertirse en el niñero de unas mocosas malcriadas y no a lo que verdaderamente había sido convocado. Con un resoplo fastidioso sacó el libro que nunca olvidaba de su maletín de cuero. Aún pensaba seriamente en conversar con la directora para tener siquiera un entrenamiento decente.
Computación… Lo podía enseñar hasta el atontado de Deidara.
Y no es que hiciera berrinche, sólo deseaba tener un entrenamiento decente, con alguien que por lo menos tuviera una noción vaga de un entrenamiento básico de algo, aunque sea de cuchillos pero que ya salía de su faceta de institutriz y de paso se quitaba el estrés que ese trabajo le generaba.
Aunque había otras maneras de quitarse el estrés... el problema era... que no encontraba la adecuada; además de que se encontraba en una institución donde sólo reinaban muchachas de mediana edad. Definitivamente estaba descartado. Hasta ya había descartado a la maestra Kurenai ni bien se fijó que le hacía ojitos a Azuma. Era frustrante.
A lo mejor y alguien allá arriba lo oía y le mandaba a alguien, se conformaba con un ángel, no pedía mucho. Elevó los ojos hacia el techo y pidió que su plegaria fuera escuchada, hasta se le podía ver hacer un santo con las manos.
Sin embargo, miraba de nuevo a Sakura Haruno, un cierto interés hacia meollo en todo este asunto, ella tenía algo que… lo tenía confundido, como si de un sentimiento promiscuo se tratara. No era su físico, ni su rostro, ni su forma de ser, sino… algo que estaba a punto de suceder.
No perdía la vista a esas dos. Cada una se miraba de soslayo, murmuraban cosas y después se calmaban. Ya le parecía extraño tenerlas tan tranquilas en tanto tiempo.
―¡Pero qué te pasa frentona! ―Gritó despavorida, intentando alejar a la araña que estaba en su falda y que seguramente se lo había aventado su compañera.
―¡Eso te pasa por meterte con Sakura Haruno!
Kakashi resopló aún más fuerte que antes. Ya se hacía una idea de encontrarse en un hospital psiquiátrico, porque a este paso, el Instituto Konoha lo volvería loco.
―¡Haruno! ―Espetó. A Sakura se le puso la piel de gallina y se quedó estática, al escuchar la voz grave y enfadada de su profesor no pudo si no ponerse detrás de una carpeta para estar más segura.
Kakashi aún no se movía, seguía sentado con los brazos cruzados y con la mirada juiciosa. La peli rosa pasó saliva sonoramente, y una mueca de satisfacción surcó las facciones del Hatake.
En fin… asustarlas era lo menos que podía hacer. Aún seguía con el enigma que envolvía a Sakura y a algunos estudiantes de primer año. Desde aquel día en el auditorio intuía algo que no estaba seguro que fuera relativamente normal.
Ino ya no gritó más, se sintió intimidada por la llamada de atención y el entrecejo fruncido de Kakashi sensei frente al pizarrón. No pudo sino sentarse al lado de Sakura, deseándole de reojo que se fuera volando hasta la luna sin pasaje de retorno.
Era oficialmente oficial. No le caía Sakura.
.
Era sábado. Era casi el último día de semana y para Tsunade Senju no era algo que disfrutara del todo. Tenía la trabajosa tarea de administrar con sabiduría el Instituto, sobre todo teniendo en cuenta que hacer algo coherente y racional era lo mejor podía hacer a estas alturas. Eran tres vidas que habían sido arrebatadas bajo sospechosas circunstancias, con las mismas características de tortura; eso era lo que más le alarmaba.
―Tsu-Tsunade-sama…
Volteó para encarar a su servidora. Shizune. La joven promesa de Tsunade y posible sucesora, se acercaba con sumo cuidado por la puerta de la oficina, mientras que Tsunade la miraba con el entrecejo fruncido.
―Supongo que ya habrás organizado todo, ¿Verdad? ―Le preguntó de inmediato. Sin embargo para Shizune era algo peligroso contradecir a la temperamental Tsunade.
―A-aún, no, tenemos…
―¡Cómo que no! ―Exclamó irritada, Shizune se sobresaltó cuando sintió el chillido fastidioso de su superior. Que por cierto le intimidaba demasiado.
―Es que faltan… ―Dijo dudando entre decirle o no la verdad.
―¡¿Que faltan qué?! ―Inquirió. Shizune se armó de valor y tuvo que terminar lo que ya había comenzado. Una frase que podía ser malinterpretada si no la conocieran lo suficiente como para desconfiar de ella.
―Falta presupuesto para llevarnos a todos a…
―No importa, utiliza mi cuenta personal ―Se expresó ya más calmada.
―Pero Tsunade-sama usted…
―Hazlo Shizune… ―Dijo terminándolo en un suspiro.
Mañana temprano. Todos estarían fuera del Instituto, para su propio bien e integridad. Quería un examen exhaustivo de Konoha High School.
Volvió a su escritorio y se sentó en su sillón de madera antigua que rondaba el siglo. Ojeó de pronto los formularios de los docentes más experimentados y habilidosos que tenía la suerte de tener en el instituto. Kakashi Hatake y Azuma Sarutobi se le vinieron a la mente.
Se frotó las sienes con preocupación. Ser directora era un arduo trabajo con una situación que no era cosa de todos los días.
No muy lejos de Konoha High School, una silueta menuda cubierta por una gabardina negra sin ningún detalle en particular se encontraba frente a una pared de hierro, su tonalidad abarcaba al rojo carmín particular de la sangre y el olor nauseabundo de un cadáver en estado de putrefacción.
En la pared de hierro estaba escrita una frase con sangre, gotas resbalaban de las letras, claramente se podía deducir que habían sido escritas recientemente.
La silueta negra estaba arrodillada, como si la pared fuese una especie de deidad de la cual debía de respetar. La capucha tapaba su rostro, y un rastro de sudor salía de ello, como si hubiese corrido una maratón.
"Baruch Atah Adonai Elohaynu, Melech Ha Olam"
La frase era bien clara y precisa "Bendito eres Señor Nuestro Dios, Rey del mundo" el sujeto encapuchado alzaba sus manos y de ellas salía una especie de orbe enérgico, que se distaba de lo ordinario. La energía que fluía de las manos del servidor empezó a rodearlo y de inmediato se dirigían a la pared de hierro que cambiaba de color que se iba para el tono cristalino.
La frase impregnada con sangre absorbía la energía que el sujeto destilaba por sus manos. Con su voz rasposa y profunda el servidor del mal anunciaba su fidelidad al ente maligno:
"Hineni Oved"
"Aquí está tu servidor"
El espectáculo de luces fosforescentes se perdió cuando de pronto el misterioso sujeto flaqueó y con debilidad cayó al suelo retorciéndose de dolor. Se tocaba el estómago y la cabeza, sus gritos ahogados se escuchaban en la estancia, sin embargo, nadie podía oírlo. El encapuchado se calmó, paró de gritar mientras que su sangre salía a borbotones por los orificios de su cuerpo, creando un charco de sangre alrededor de él.
Sus ojos de pronto se iluminaron, volviéndose sangrientos. Una risa retorcida y sádica se empezó a escuchar. Lo poco o nada que quedaba de su humanidad se había ido para siempre, dándole paso a su estancia en la tierra como un ser maligno, como un siervo del demonio, como el ángel vengador.
El encapuchado siguió riendo y a duras penas pudo levantarse. Instintivamente, volteó bruscamente exaltado.
Otra presencia se presentaba en el oscuro salón con un par de velas. Este ser tenía el mismo aspecto que el anterior, sin embargo, su caminar y su postura decían que ya era experimentado.
―Te dije que te gustaría ―Una voz melodiosa, femenina y apacible se oyó. Las piernas del "nuevo" servidor lo traicionaron y fue suficiente para caerse de lleno al suelo; dejando a su paso un estruendoso sonido como si un yunque hubiera impactado contra el suelo.
El encapuchado se sorprendió, más no se permitió preguntarle nada a su superior.
―Estás débil, aún no puedes caminar bien, cazaremos de nuevo esta noche, y daremos una nueva ofrenda a nuestro señor.
―Esto es…exquisito… ―Dijo apenas audible.
El encapuchado le tendió una vela y éste la recibió.
―Acabas de dar tu alma al señor. Ya no hay marcha atrás. "Debemos terminar lo que hemos comenzado"
―¿Aún tengo que estar entre ellos? ―Preguntó recibiendo la vela.
―Claro que sí. Recuerda, eres mis ojos
―¿Cuándo podré estar contigo y junto a mi Señor?
―Aún no ―Dijo, su aura maligna empezó a crecer y el nuevo miembro se intimidó.
―Debo de asegurarme de lo que Tsunade sea capaz de hacer.
―¿Todos se irán mañana? ―Interrogó cuidando no hablar más de la cuenta.
―Déjamelo a mí. No te preocupes por eso. Actúa como siempre lo has hecho y no levantes sospechas. Tenemos a los Akatsukis pisando nuestros talones y un cazador experimentado entre los docentes.
―Está bien ―Tosió un poco.
―Toma… ―Le extendió un elixir en una botella con un corcho que tapaba el fétido olor del experimento.
―¿Qué es? ―Examinó el envase, tenía una tonalidad verduzca y muy poco confiable.
―Confía en mí
La silueta desapareció en un humo negro, dejando un aroma a violetas en el salón. El encapuchado se quedó solo relamiéndose. Después de todo, ya no le traumaría ver a alguien agonizando, si no que al contrario, disfrutaría cada segundo de su tortura y luego se jactaría de ello.
La sangre, la carne y su energía. Desde aquellos momentos eran exquisitos…
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―Tsunade-sama… ―De pronto la voz gruesa familiar de Tobi, la exaltó y dirigió su mirada por instinto hacia la del líder de Akatsuki.
―Dime.
―Tengo todo listo. Aunque…me gustaría que contactara con alguien ―Le extendió un folder amarillo y ella lo correspondió incrédula. ¿De quién se trataba?
Abrió el folder y vio el rostro de una mujer. Miró con confusión a Tobi y le inquirió silenciosamente que se explicara a qué se debía aquello.
―Son muy pocos los docentes que tienen habilidades. Sé que mis chicos son muy experimentados pero eso no quiere decir que tengamos ojos de lince para tener vigilado a todo un alumnado.
―No. Con Kakashi, Azuma y Kurenai tenemos suficiente. Incluso Gai es lo suficientemente fuerte como para que me sienta preocupada.
―Por favor Tsunade-sama. Acéptela, es una buena muchacha. Está ansiosa por trabajar aquí.
―¿Puedo confiar en ella? Mejor dicho ¿Hablaste con ella?
Sabía de primera mano, que Tobi jamás avisaba a los nuevos integrantes de su grupo sobre un posible examen de ingreso, siempre los agarraba desprevenidos, y creía que con esa muchacha no sería la excepción.
Tobi miró a su superior.
―No ―Dijo, y Tsunade casi se caía de su silla. Si no fuera por lo que le dijo a continuación―. Pero puedo asegurarle que no se arrepentirá, ella es uno de ellos
―Ya veo
Tobi sonrió de medio lado bajo su máscara de porcelana
―Dos siempre es mejor que uno ―Aseguró, haciendo que Tsunade Senju lanzara un suspiro con resignación.
―Eres el único que puede llegar a convencerme ¿Lo sabes?
Tobi lanzó una carcajada y asintió.
―Lo que no entiendo, es porque no te quitas la máscara estando conmigo, te conozco de sobra para que ocultes tu identidad.
―Precaución ―habló simplemente―. Además…Kakashi también tiene una ―debatió.
Tsunade sonrió. Tobi dio media vuelta y se alejó de la oficina, dejando a una pensativa Tsunade mirando el rostro fino de la mujer en el formulario.
―Con que Katleia Asamiya… ―Murmuró.
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Continuará...
Hola a todos, después de un tiempo de ausencia, finalmente regresamos y les dejamos el nuevo capítulo.
genesis.- Hola! Por algo son primas ¿no? jajaja Hay que ver como se va desarrollando la historia para ver si hay alguna pareja que se forme o no. Esperamos que te siga gustando el fic. Saludos!
Queremos darles las gracias a ...Adrit126, genesis, Akane-Aimi... por sus lindos comentarios y mandarles muchos saludos a todas las personas que se pasan por el fic y lo leen en anónimo y/o lo ponen en sus favoritos y follows.
Les mandamos muchos besos, abrazos y apapachos.
Nos leemos en la próxima.
¡Adiosin!
