Capítulo 50 Amor de criminal
Un hombre tomó asiento en una de las mesas de un restaurante fino durante una fría noche rusa, luego miró hacia la entrada, se levantó la manga de su chaqueta para ver su reloj, parecía esperar a alguien. Inmediatamente abrió el periódico que llevaba bajo su brazo izquierdo y comenzó a leerlo. Al cabo de unos minutos, otro hombre de apariencia joven vestido con una gabardina beige, un pantalón negro oscuro y una bufanda negra se dirigió a la mesa donde se encontraba el hombre con el periódico.
- Boris – le dijo estrechándole la mano - ¿qué lees, la sección de los deportes? – dejó oír una carcajada amigable.
El hombre que leía, Boris Balkov, puso el periódico sobre la mesa y con una sonrisa apretó la mano del recién llegado que tomó asiento frente a él luego del saludo.
- Esos chicos, los Bladebreakers están arrasando… sabía que debía apostarle a ellos.
- ¡Aaah ni me lo recuerdes, Alvin! – refunfuñó mientras tomaba el menú para ordenar. – pensé que ese chiquillo Max perdería contra Michael de los All Starz, todo parecía estar en su contra…
- Yo te lo advertí, Boris. No debes subestimarlos tanto. Lamento que tu desconfianza te costara dinero. Pero de esto se trata, ¿o no? Todo es un riesgo.
- Pues… creo que tienes razón. Todo es un riesgo… - dijo pensativo- Creí que esos chiquillos no eran nada sin su capitán Kai, pero la verdad me han dejado asombrado. Eso solo nos obliga a reforzar los entrenamientos en la Abadía, no vaya a ser que superen nuestra intensidad. Mi próxima apuesta será a favor de él, ¿me harías compañía?
Ambos hombres ordenaron su platillo. Luego la conversación continuó.
- He visto que Kai es bueno, no por nada es su capitán, pero ¿por qué tanta seguridad en él? – inquirió Alvin.
- Ese es el nieto de mi jefe, Voltaire. Desde muy chico lo entrenamos… tiene actitud…
- ¿Y qué hace con los Bladebreakers si tú lo entrenaste?
- A eso iba, si no se hubiera escapado aún sería nuestro. Sabes Alvin, es una lástima que Voltaire no quisiera tenerte en nuestro equipo de entrenadores. Me apena no poder cumplir mi propia oferta pero el viejo es receloso con sus proyectos…
- Entiendo… no tienes que disculparte, no depende de ti.
Alvin tomó el periódico de la mesa y fingió leerlo mientras meditaba en su siguiente pregunta. El mesero llegó a servir la comida, en seguida Boris levantó la mirada que se fue siguiendo a una mujer de cabello negro lacio que pasaba cerca de su mesa. La mirada perdida de Boris fue descubierta por Alvin quien se carcajeó.
- No me digas que te gustan las pelinegras.
Boris tomó un poco de vino y sonrió.
- Sí sí… creo que son mi debilidad.
- Y dime… ¿la Abadía no te deja tiempo para alguna de ellas? – Alvin, con una sonrisa pícara, aprovechó para obtener alguna información personal de Boris.
- Se llamaba Darlene…
- ¿Darlene?
- Sí… Darlene.
El hombre de cabello púrpura llenó su copa con un poco más de vino para comenzar a relatar mientras sus penetrantes ojos se llenaban de nostalgia.
Darlene… la bella Darlene… El segundo día que me uní al proyecto de Voltaire éste me presentó a su linda secretaria. Era alta, delgada, su cabello tan negro y alaciado que le llegaba hasta sus hombros. Contrario a su prima, la doctora Katrina, Darlene se mantenía distante de mí, era seria y su trato con migo bastante profesional. Katrina era esbelta y atrevida, quizás más que Darlene, pero Darlene me atraía como una mosca a la miel. A lo mejor era porque me ignoraba y me causaba curiosidad y me retaba a conseguir un poco de su atención. Las flores no funcionaban, los bombones de chocolate tampoco, probé con los de vainilla pero… también fracasé. "Gracias, señor Balkov, es muy amable de su parte." Era lo único que recibía a cambio, lo cual me desesperaba como no tienes idea, pero era lo que más me hacía insistir hasta obtener alguna señal de interés de parte de ella.
- Pierdes el tiempo… y el dinero si crees que te prestará atención. – Katrina se acercó por detrás mientras yo colocaba en el escritorio de Darlene un arreglo floral.
- Oh, Katrina, te prometo que te daré algún presente para noche buena…
- No me interesan tus regalos y no estoy celosa si es lo que insinúas. – me respondió luego de carcajearse por lo bajo. – Sólo era un comentario y un consejo.
La vi dejar un par de expedientes sobre el archivero y salió con un paso elegante, luego se dio media vuelta.
- ¿Le dirás que es la mujer más bella que has conocido? ¿Le dedicarás canciones, Boris? Ella sabe que decías estar loco por mí hace unos años atrás y que me trataste conquistar de la misma manera… Así que deberás hacer algo más significativo que darle unos tontos regalos si de verdad te interesa.
- Mira, Katrina, lo nuestro ya no tiene importancia. No para mí. ¿Será que acaso tú aún lo resientes?
- Lo único que resiento es haberte puesto atención. Que tengas buena suerte, Balkov.
Cuando éramos más jóvenes, Katrina era sólo una emoción que se desvaneció en cuestión de semanas. Creo que yo también era una ambición carnal para ella, aunque a veces sus actitudes me indicaban que su frustración seguía viva. Una mujer como ella, resentida por la indiferencia de un hombre es capaz de causar cualquier atrocidad… Lástima que no fui lo necesariamente precavido para saberlo.
Debo admitir que no sabía como conquistar a Darlene. Odiaba que Katrina tuviera razón, Darlene no estaba interesada. Los siguientes diez o quince días no hice nada más que observarla llegar, caminar por los pasillos con su andado apresurado pero discreto, salir por la puerta principal… Ocasionalmente llamaba a la oficina de Voltaire inventando alguna excusa tonta para escuchar su suave voz femenina, jaja… dirás que esa mujer me tenía demente.
- ¿Hola? Oh… Darlene… quisiera saber si Voltaire dejó un paquete especial para mí contigo.
- Señor Balkov, es la tercera vez que me lo pregunta… hace veinte minutos me llamó y le respondí que el señor Hiwatari me indicó que no tenía ningún paquete que entregarle… - lo sé, lo sé… me tenía embobado.
- ¡Oh, lo lamento! – tartamudee – Yo… yo solo quería …
Supe que hastiada de mi estúpida insistencia iba a colgar el teléfono, así que no dudé en rogarle su atención.
- ¡Escucha, Darlene, no cuelgues! ¿Estás ahí?
- ¿Qué quiere ahora, señor? – respondió luego de unos segundos de silencio.
- Tu indiferencia me tiene loco, Darlene- no estaba siendo nada romántico, pero ya no sabía que más hacer. – Por favor no cuelgues, mira, tu lo debes de saber… estoy enamorado de ti. Sé… sé que conoces mi historia con tu prima Katrina pero quiero que me des una oportunidad de mostrarte que contigo no será lo mismo. Permíteme conocerte… por favor…
El silencio detrás de aquel auricular pudo haber durado menos de diez segundos, pero a mi me pareció una eternidad.
- Lo pensaré, Boris. Hasta pronto. – colgó.
Esas son las peores palabras que una mujer puede decirte. ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Llamarla de nuevo? ¿Enviarle alguna invitación…? De repente tuve una idea: le ofrecería llevarla a casa. Su hora de salida era a las cinco de la tarde. Voltaire le asignaba un chofer hasta su departamento, pero ese día llegué antes de que saliera de su oficina. Cuando abrió la puerta, para su sorpresa yo esperaba en el sofá anexo, con un ramo de rosas, por supuesto.
- Me preguntaba si aceptaría ir con migo a casa, señorita.
Me miró asombrada con aquellos profundos ojos marrones. Vi que no sabía que responderme, así que con una sonrisa en mi rostro me arrodillé ante aquella princesa de mis sueños y le volví a insistir.
- ¿Aceptaría viajar con este vil empleado?
Darlene sonrió. Me extendió la mano y aceptó mi propuesta. Por fin, mi primer logro. Durante el viaje, ella solo miraba por la ventana. Era un momento incómodo. No nos dirigimos palabra hasta llegar a su departamento. Salí y le abrí la puerta. Antes de que avanzara más, la tomé de la mano.
- Darlene, perdóname por ser un imbécil insistente. Pero te juro que jamás conocí a alguien que me atrajera como tu. Han pasado más de dos meses y… no puedo dejar de pensar en ti.
- No me conoces, Boris. Pero yo a ti sí. Yo me iré pronto de la compañía de Voltaire…
- ¡No! ¿Por qué? – la interrumpí consternado - ¿Por qué te irás?
La tarde -noche era ventosa, me invitó a pasar a su departamento.
- Mi padre fue muy amigo de Voltaire, murió por una enfermedad en sus pulmones, fumaba mucho. Voltaire no quería contratar una asistente que no fuera conocida. Me ofrecí para ayudarle ya que era muy amigo de papá y mi familia lo estima pero…
- ¿Pero…?
- Me he dado cuenta de que es un cretino… Igual que tú. No pienso delatarlos por respeto a mi padre, pero quiero irme lejos, a otro país. Voltaire piensa que ignoro sus procederes secretos. No quiero tener nada que ver con esto. Así que no debes enamorarte de mí, Boris.
- ¿Es por eso… es por eso que no quieres nada con migo? ¿No es por lo de Katrina?- me levanté del pequeño sofá y dejé la taza de te a un lado, la tomé cuidadosamente de los brazos y la miré a los ojos mientras le inquiría lo anterior.
- Tú nunca renunciarías a tu proyecto con Voltaire. Jamás podríamos estar juntos, Boris.
- Por ti haría cualquier cosa. – lo decía en serio. Yo la amaba.
Presenté mi carta de renuncia a Voltaire al cabo de dos días. Ésta llegó primero al escritorio de Darlene. En la noche, recibí una llamada de ella, contesté de inmediato.
- ¿Qué piensas que haces?
- ¿De qué hablas, bella?
- ¡Ya deja de llamarme así! – me reclamó – ¡No pienses que por renunciar podrás venirte a mi lado, yo no te he dicho que me interesas!
Luego la escuché llorar.
- Perdóname… es solo que quisiera que esto jamás hubiese ocurrido…
- No te disculpes… yo he sido un necio… tienes razón de odiarme.
- Yo no te odio, Boris… pero tampoco te amo… Es solo que si Voltaire se entera de que renuncias por mí, no sé de que sea capaz de hacer… no me dejaría que me vaya. Él confía en ti, no quiero que te vayas de la empresa.
- No le has dado la carta a Voltaire, ¿cierto?
- No… - sollozaba- Sólo déjame ir sin detenerme, por favor.
Hice lo que Darlene me pidió, no renuncié a BioVolt ni a la Abadía. Darlene se iba en dos meses y en ese tiempo nos hicimos más amigos de lo que pude haber logrado con mis estúpidos regalos. Ella sabía que mis negocios no eran "normales", le conté toda mi vida… pero aún así aceptaba salir con migo a cenar. Empezaba a darme cuenta de que le agradaba mi compañía después de todo… Un día de tantos que aceptó que la llevara a su departamento, dejó accidentalmente un pequeño cuaderno debajo del asiento, debió habérsele salido de su bolso sin que se diera cuenta. No puede evitar leer lo que decía dentro: "Me enamoré de un criminal… me enamoré de Boris… " era lo que decía el garabato en una de las hojas, yo había aprendido a descifrar su apresurada manera de escribir. Al día siguiente fui a recogerla, la volví a tomar de los hombros mirándola fijamente.
- Darlene no me hagas esto…
- ¿De qué hablas?
Le mostré la libreta luego de sacarla de mi bolsillo.
- Lo olvidaste ayer… eres descuidada…
Se llevó la mano a la boca y bajó la mirada.
- Darlene… no sabes cuanto he sufrido por tu amor… y que no me lo digas es peor.
No me respondía. Levanté su quijada suavemente.
- Darlene yo te amo.
- Yo también a ti, Boris. – dijo en un susurro. – Pero es una locura.
Y bueno… después de eso ya tu sabes… le robé el primer beso, el primero de muchos más que le lograba hurtar.
- Así que sales con mi secretaria… - Voltaire inquirió mientras caminábamos en los pasillos de la Abadía.
- Sí, ¿hay algún problema con eso?
- No realmente, jamás imaginé que se fijara en un tipo como tu.
- Ya ve… tiene buenos gustos.
Darlene dejó de trabajar para Voltaire en el tiempo que había indicado. La llevé a su casa el último día.
- Darlene dime que no te irás del país como me dijiste.
Ella estaba seria, la notaba cansada y más entristecida.
- ¿Qué rayos te ocurre, Darlene?
- Boris, seremos padres.
La noticia me dejó perplejo.
- ¿Lo dices en serio?
- Nunca te he mentido.
- Oh… Darlene… - no lo podía creer… tan solo había sido una noche y… pues… jamás pensé que eso podría suceder.
Estuvimos otra vez en silencio, me sentía alegre porque eso significaba que tenia una razón más para unirme a Darlene pero al mismo tiempo me preocupaba por lo que ocurriría. ¿Yo, ser padre? Jamás pasó por mi mente. Si tan sólo me hubiese controlado, pensé. Pero no importaba ahora. Darlene era lo mejor que me pudo pasar.
- Darlene… - le rogué – no te vayas de Rusia… quédate acá. Yo te prometo que me haré cargo de lo que sea necesario, todo lo que sea.
- Boris… - me interrumpió tomándome del rostro - ¿Cuándo dejarás tu vida de negocios ilícitos? Cada día temo por tu vida, y ahora hay alguien más a quien debes responder.
¿Qué le iba a contestar? Ella tenía razón, quizás, pero no conocía otra manera de vivir, lo único diferente en mi vida era Darlene.
- Katrina los va a traicionar. Ella te odia, y pretende estafar a Voltaire también.
Sentí mucha rabia cuando me lo dijo.
- ¡¿Cómo sabes eso?!
- Descubrí su archivo. No digas nada al respecto, por favor. Ella aún no planea hacerlo, sino hasta que el proyecto de Biovolt haya crecido un poco más.
Por cuidar las espaldas de Darlene no dije nada a Voltaire. Pero comencé a aborrecer a Katrina. Darlene decía que yo debía cambiar por el bien del bebé… siempre le respondía con un beso, era demasiado tarde como para dejar de lado mis proyectos.
- Amor… no me pesa la conciencia por lo que hago. Ya verás, no será tan malo después de todo.
- ¡Boris! No puedo seguir contigo así. Me voy a Europa.
- Debes estar bromeando, Darlene, no lo hagas…
- No Boris. No bromeo. No quiero que nuestro bebé viva en un mundo de corrupción como tu.
Sentí que el mundo se desplomaba debajo de mí. Lo que menos quería era perder a mi amada Darlene.
- ¿Ya no me amas?
- ¡Yo te amo Boris!- gritó con angustia - ¡Eso es lo peor de todo! ¡Que te amo! ¡No sé como….!
Darlene entró en su habitación, cerró la puerta y siguió llorando toda la noche sin dejarme pasar. Lo que pasó la semana siguiente sería la peor tragedia que he vivido hasta ahora: Katrina se enteró de que Darlene había visto sus archivos ya que Darlene le dijo que si iba a delatar a Voltaire lo hiciera de inmediato o ella misma se encargaría de echarlos a perder. Darlene creía que de esa manera podía hacerme desistir de los planes que tenía con Voltaire. Lo supe porque encontré a Darlene en el laboratorio con Katrina, yo sabía que ella no regresaría ahí si no fuera por una razón de peso.
- Debes decirme qué viniste a hacer acá.
- No lo haré, Boris.
- ¿Qué planeas? – estaba desesperado, la puse contra la pared con un poco de fuerza. Ella comenzó a sollozar.
- ¡Déjame ir!
- No me engañas, tú y Katrina planean detener nuestros planes. ¿No es cierto?
Darlene no podía mentirme. Agachó su mirada, eso era un sí. No soporté verla llorar y la besé. Luego me la llevé al pecho sintiendo su barriga de embarazo mientras ella me golpeaba casi sin fuerzas.
- ¡Desearía nunca haberte conocido, Boris!- me gritaba.
Pero yo sabía que ella me amaba, y al mismo tiempo era lo que más la hacía sufrir. Sin embargo, yo no podía permitir que Katrina se saliera con la suya, así que decidí actuar por mi cuenta. La delaté con Voltaire, quien la reunió al día siguiente para ofrecerle una gran cantidad de dinero con tal de que se largara de nuestra compañía.
- Darlene, tu ex secretaria también sabe de esto, Voltaire… si tú me obligas a irme, ella también debe largarse de acá. - le reclamó con furia.
- ¿Es cierto eso, Boris? – me preguntó Voltaire mientras se mecía en su silla reclinable.
- Es una mujer inteligente, lo que sabe lo sabe por su cuenta.
- Bien… las dos se irán de Rusia. Les pagaré los boletos de ida y una comisión que tendrán siempre y cuando cierren su boca.
Cuando llegué a buscar a Darlene para contarle lo sucedido no estaba en casa. Comencé a buscar rastro por todo el departamento para saber donde se pudo haber ido. Luego pensé que podía estar en el hospital ya que no había llevado sus cosas. Tomé el auto y me apresuré a llegar al hospital más cercano. Pero era tarde, Darlene había dado a luz la noche anterior y según lo que me informaron se había ido hacía unas horas.
- ¿Qué pasó con el bebé? ¿Era una niña, cierto?
- Sí… el bebé nació muerto, lo sentimos señor. – fue la sensación más espantosa que tuve.
- ¡¿Dónde está el cadáver, quiero verlo?! – grité.
- Lo siento, señor – decía el estúpido doctor – no podemos permitirlo sin su identificación.
- ¡Soy el padre!
- La mujer era madre soltera, no tenemos como asegurar que usted sea el padre.
Llegué de nuevo al departamento, Darlene había dejado una nota. "Boris Balkov, nuestra hija no sobrevivió. El doctor me mostró el cuerpo de la niña. Lo lamento mucho. Buscaré una nueva vida pero no te podré olvidar. No sé como pude enamorarme de ti pero lo hice, te voy a extrañar, espero tu también cambies tus caminos. Darlene." Así acabó todo con Darlene… no quise buscarla porque entendí que era mejor dejarla irse. Ya había sido demasiado para ella. Así perdí a Darlene para siempre…
Unos diez años más tarde algo increíble sucedió. Mientras entrenaba en la Abadía a los niños, una vieja enemiga entró por la puerta con una niña de la mano. Era Katrina.
- ¿Puedo saber que rayos haces acá? – dije mirando de reojo a la niña.
- Mónica, - Katrina se agachó y miró a la niña. – te presento a tu verdadero padre, él es Boris Balkov.
Mis ojos se abrieron de repente. La niña me miró con desconfianza pero a la vez con un poco de ilusión. La examiné con cuidado, se me hacía familiar pero no entendía lo que pasaba.
- ¿podemos hablar a solas? – le inquirí a Katrina.- Mi hija nació muerto. ¿Qué clase de broma juegas?
- Verás, Boris, puedes odiarme por lo que hice si quieres pero quiero que sepas algo: Darlene nunca sabrá que tuvo una hija, mis contactos me ayudaron a que Darlene y tu nunca pudieran saberlo.
Me enfurecí contra ella, la empujé con fuerza.
- ¡¿Para qué lo hiciste?!
- Es el precio de la traición, Boris. Pero no te angusties, estoy segura de que mi prima vive ahora mejor lejos de ti. Ah… lo olvidaba, la niña cree que su madre murió. Así que cuida tus palabras.
Katrina se dirigió a Mónica y la besó en la frente.
- Pórtate bien, vendré por ti mañana.
Así conocí a mi hija Mónica. Katrina la había adoptado. Mónica era irreverente pero extremadamente lista. Un día me confesó su odio por Voltaire: Katrina le había dicho que su madre había sido asesinada por él.
- Ella te mintió, Mónica.
- No es cierto. Me enseñó las pruebas del envenenamiento, los exámenes que le hicieron y el plan con su nombre.
- Pudieron ser de cualquier otra persona…
- ¡NO! Vi las fotos de mamá en la morgue. Era de cabello negro oscuro, y su tez blanca.
¿Tendría razón? ¿La habría asesinado Voltaire? Tenía que averiguarlo. Sin embargo, Voltaire me lo negaba una y otra vez. Fuimos a la morgue, pedimos los registros y nadie nos daba razón de su muerte. ¿Quién estaría mintiendo? Son dudas que aún sostengo… Pero ya lo olvidé… Tampoco he vuelto a saber nada de Katrina desde el terrible accidente de los Stroganov. Ella lo planeó y usó a mi hija para ello…
- ¿Para qué usó a tu hija? ¿Por qué los querría matar? - a este punto del relato, Boris estaba ebrio. Apenas sostenía las palabras, se quedó dormido y tuve que indagar por mi mismo lo que ocurrió. Por suerte ya tenía pistas suficientes: Katrina, más conocida como la doctora K, que fue apresada tiempo atrás por sus trabajos sucios con el doctor Zagart, parecía estar detrás de la maldad de Mónica Balkov, definitivamente la había usado para vengarse contra Voltaire, Boris y quizás contra su prima. También necesitaba saber si Darlene seguía con vida o no…
Kai, con semblante serio, escuchaba atentamente a Alvin hablar. Ambos se sentían cada vez más congelados por el frío que golpeaba en aquella azotea.
- ¿Te parece bien si entramos? No quiero morir de hipotermia antes de contarte el resto de la historia… - añadió Alvin tiritando un poco.
El joven asintió con su cabeza y ambos con las manos dentro de sus chaquetas, ingresaron al edificio con paso lento y silencioso.
