Capítulo 51 Sepultura gris

Una tarde gris, justo el escenario que combina con este silencioso sepelio. He presenciado ya varios, pero sin lugar a dudas este es el que más pesar me causa. Era un final temido para el señor y la señora Masefield. Sabía que desde que Brooklyn tomó la decisión de aventurarse junto con migo al oficio de la justicia encubierta no iban a ser los optimistas de siempre. La señora Masefield es una abogada refinada a la cual le enseñaron a no mostrar debilidad en público, pero es el funeral de su hijo, ¿está segura que solo dos o tres lágrimas secará con su pañuelo de seda? Obviamente jamás me atreveré a preguntárselo, ella prefiere sufrir en silencio. Por eso debió haber rechazado la oferta de transportarse hasta el cementerio en el auto. A lo mejor prefiere desahogarse caminando a mi lado y sostenida del brazo de su esposo. Se supone que los hijos deben mirar a sus padres morir primero, al menos esa es la expectativa general, pero no el caso de estos señores de la alta sociedad.

- Es como si hubiese perdido a Brooklyn en el campo de guerra, murió con honor. Eso me alivia un poco la sensación lastimera. – me dijo el señor Masefield cuando llegaron a Rusia recién este medio día. Él es un hombre sensato, creo que Brooklyn heredó algunos comportamientos y ademanes de él. Tenía el mismo andar despreocupado que su padre.

El sonido de las pisadas suaves y cautelosas de los acompañantes en medio de la caminata me recordó de inmediato la noche trasanterior cuando Kai y yo entrabamos de vuelta al edificio de la BBA por las gradas del pasillo que conducía a la azotea. Siempre que observaba a Kai no podía evitar compararlo con su abuelo Voltaire. Ambos tenían esa actitud de varones importantes, caminando sin mirar a los lados, enfocados solo en lo que tenían delante. Saben que hay alrededor pero prefieren ignorar. Me parece ver la imagen de Voltaire Hiwatari dirigiéndose al plato del pequeño beyestadio de aquel entonces. Una vez frente a frente, Voltaire me observaba fijamente sin ni siquiera hablarme. Las pocas veces que intenté estrechar su mano me daba la espalda. Ahora que lo analizo creo que era su forma de devolverme la humillación que sentía por vencerlo. Voltaire tenía una mirada fría y calculadora, Kai en cambio mostraba más melancolía que odio.

- Alvin- escuché la voz del señor Dickenson al llegar a uno de los pasillos – lo estaba buscando, tenemos asuntos que resolver, como el futuro de los torneos.

- Lo sé, señor, por favor déjeme terminar esta conversación con Kai y le prometo que me concentraré en resolverlo. Por cierto… ya llamé a la familia Masefield… les comuniqué la tragedia.

- ¿Cómo lo tomaron? – preguntó con preocupación al mismo tiempo que el joven Kai agachaba su mirada.

- Ellos son muy comprensivos… Su padre lloró un poco por teléfono, luego me dijo que tratarían de salir de Inglaterra a Rusia lo más antes posible.

- Ya veo. Trataré de conciliar el sueño un poco, si necesita de mi ayuda no dude en llamarme.

- Gracias, señor Dickenson. – luego me dirigí a Kai, quien ya se había acomodado posándose en contra de uno de los ventanales del edificio, mirando pensativo hacia la calle. – Bien Kai, supongo que estás ansioso porque yo llegue a la parte de… de los asesinatos. Quieres saber cómo fue que tu padre realmente murió, ¿cierto?

El chico respiró profundo cruzándose de brazos. No me respondió nada, sólo siguió observando hacia afuera de la ventana. Me acerqué de nuevo a su lado para comenzar a narrarle, esperando que no se molestara.

- Apenas llegaba a Rusia cuando escuché el terrible accidente que tuvo la familia Stroganov, todos en el auto excepto la pequeña de seis años murieron. Los rumores empezaron a correr, al parecer el accidente había sido provocado. No quise involucrarme en la investigación con la policía local, quería ver como se manejaba el caso. Escuchando a mis camaradas me enteré de que se culpaba a una de las pandillas juveniles más peligrosas. Unos días más tarde capturaron a uno de los miembros, un joven de acaso catorce años… Lo interrogaron, lo amenazaron, hasta que escupió parte de la verdad: les habían pagado para realizar el crimen. Justo como las autoridades sospecharon, los vándalos habían alterado el auto para que no pudiera frenar. El chico no reveló el nombre de la persona que los compró, dijo que él no era el encargado de hacer las comunicaciones en la pandilla. Se resolvió buscar a los otros miembros de la pandilla. Entre los nombres que figuraban se encontraba el de Mónica Balkov, una jovencita que atacaba con un beyblade. Eso me llamó mucho la atención. La policía interrogó al señor Damian Stróganov. Querían saber si él tenía algún sospechoso…

- ¿Lo tenía? – interrumpió el chico.

- Tal vez… él no quiso hablar mucho de eso. Damian se fue de Rusia por algún tiempo. Creo que ahí conoció a la familia de Brooklyn, supongo que pidió consejo a la señora Masefield, una de las abogadas más prestigiosas de Inglaterra.

El joven Kai tomó un suspiro, quizás no quería que yo lo notara, así que pretendí no haber percibido su pesadumbre. El muchacho estaba cansado, como todos los demás, pero sé que no quería cerrar sus ojos hasta que yo llegara a la parte más importante de mi relato.

- Secretamente tomé el asunto en mis manos, prácticamente nadie me ayudó. Había algo que la agencia policial no entendía: el beyblade.

Me miró con sus ojos agotados, como esperando una explicación.

- Verás… – le dije luego de soltar una sonrisa cansada – el hijo de Damian, Viktor, era científico, y también sabía mucho de beyblade. Sumar un científico con el conocimiento del beyblade daría como resultado una herramienta poderosa para aquellos que querían manipular la creciente industria a su antojo. Comencé a descubrir que Viktor y otros científicos pretendían levantar un tipo de laboratorio dedicado a mejorar la potencia de los beyblades y su funcionamiento. Pero la empresa no fructificó, ¿falta de dinero? ¡Ni hablar! El dinero era el último obstáculo que un tipo como él podía tener. Me tomó bastante tiempo averiguar que Katrina, quien fuera la doctora K, apresada hace algunos años, la prima segunda de Mónica, era quien había tenido que ver en el accidente. Pero en ese entonces yo no conocía a Boris, así que no tenía idea de que esa jovencita Mónica y ella fueran familia.

- ¿Por qué ella?

- Bien… Cuando el padre de Alana se enteró de que la finalidad de la empresa que ella y el doctor Zagart esperaban levantar dañaría la integridad de muchos jóvenes, renunció. Katrina no quiso arriesgarse a ser expuesta y decidió acabar con la vida de Viktor Stroganov de la manera más vil que pudo. La pandilla que había sido culpable de causar el accidente eran chicos peligrosos, entre los cuales se encontraba Mónica, a quien logré conocer personalmente cuando Boris me la presentó una vez que pretendí ser su socio de apuestas. Y cuando me contó de su relación con Katrina y Darlene pude finalmente unir los cabos y entendí que Mónica era usada por Katrina.

- ¿Por qué el señor Damian y Alana no saben de esto?- me interrogó con su voz demandante.

- Yo no reporté a la policía lo que supe.

Los ojos de Kai se abrieron de repente, y me miraron con sorpresa.

- Ellos sabían quienes eran la pandilla, pero nunca supieron de Katrina hasta que la capturaron años más adelante. Yo no era nadie para decirle a la familia Stroganov la verdad, y si lo hacía, primero debía reportarlo a la policía, y si Katrina se enteraba de que Damian conocía la verdad no solo su vida peligraría sino la de la pequeña Alana. Esto es más difícil de lo que crees, Kai.

- Tu pretendes que nunca se enteren de ello, ¿cierto?

- No hasta que capture a Mónica y me asegure de que no causará más problemas.

- Bien… - dijo luego de un silencio- ahora dime lo de mi padre…

- Sé que te parecerá extraño pero… Mónica no planeó matar a tu padre por ser un Hiwatari, ella se enteró que era uno de ellos hasta después de que murió.

- Explícate. – dijo cortante.

- Nunca conocí a tu padre, pero quienes lo recuerdan dicen que solía tomar largas caminatas por la ciudad. Siempre vestía una chaqueta larga de color…

- Gris… - me interrumpió. Kai siguió mirando hacia la ventana, sin importarle haberme atropellado mi diálogo.

- Claro… - sonreí un poco- tu lo conociste mejor… a mi sólo me lo contaron… - un silencio apareció nuevamente – Mónica y los otros chicos acababan de robar unas joyas de un conocido establecimiento. Tu padre los vio salir, pensó que eran sólo chiquillos ladrones y los persiguió. Mónica, en su desesperación, se devolvió con su pistola y… lo hirió en el pecho. Los que estaban con ella tomaron el cuerpo para esconderlo y sacaron su billetera, se llevaron una gran sorpresa al ver su identificación. Era un Hiwatari. Mónica pensó que el destino le había hecho un favor. Ella hace alarde de eso, porque siempre quiso venganza…

- Supongo que… ella te dijo todo esto…

- No, nos lo dijo otro de los chicos capturados por la policía. Mónica jamás me habló de sus fechorías. Todos creyeron que algún viejo enemigo de Voltaire había pagado a esa pandilla para que matara a Suzumo como una venganza. Y aunque la policía sostuvo ese relato por un tiempo, siempre se reveló la verdad a Voltaire. Pero tu abuelo prefirió mantener la primera versión para que la policía lo protegiera a él. Algunos duraron de las palabras del chico de la pandilla, parecía demasiado tonto que un hombre de clase como Suzumo vagara sin su auto por las calles de Rusia sin ningún guarda espalda. Pero hasta el mismo Voltaire sabía que su hijo no se comportaba como el resto de la familia.

- Es cierto… - creí haber notado una leve sonrisa en el rostro fatigado de Kai - mi padre no se parecía a mi abuelo, a mi padre no le importaba que lo reconocieran como un tipo de clase.

- A ti tampoco te interesa que piensen eso de ti, ¿verdad?

Sólo me miró y meneó la cabeza indicándome un no.

- Entonces… así murió…

- Sí… Después de que los chicos tomaran la billetera, huyeron dejando el cuerpo en un callejón. La policía los persiguió después de que el dueño de la joyería pidió ayuda y logró tomar preso al pobre muchachito que soltó la versión de los hechos.

- Conocí a Mónica en la Abadía, Alvin, ¿acaso mi abuelo ignoraba que ella se encontraba en ese lugar y lo que había hecho?

- Por su puesto que lo debió saber, pero, no le convenía exponerla. Si lo hacía, perdía a Boris, y eso requería perder toda su inversión de años. Boris era el único en quien podía confiar.

- No puedo creerlo… - exclamó por lo bajo mientras apretaba sus puños disimuladamente – mi abuelo encubrió a la propia asesina de su hijo… - Kai volvió su rostro a la pared, indignado.

- Lo siento, Kai.

Y ahí, debajo de uno de los tantos árboles del cementerio, estaba el joven Kai. Miraba de lejos el sepelio, y a la chica rubia con traje de luto que lloraba aferrada al brazo de su abuelo. La ventisca movía las enaguas de las señoras y las chicas que asistieron a despedirse por última vez del cuerpo de Brooklyn. Todos, excepto Kai que seguía sin unirse al grupo, nos acomodamos alrededor de la tumba. La señora Masefield finalmente se aferró al ataúd de su hijo. No gritaba al llorar, tan solo veíamos su respirar profundo y escuchábamos su llanto ahogado. Su esposo la acompañó frotando su espalda. ¿Quice minutos? No… quizás más tiempo observamos a su madre hasta que se dio media vuelta y se fue alejando del ataúd. Esa niñita, Lila, se acercó tan lentamente como pudo con lo que supuse era el chaleco antibalas que portó el valiente chico en su última misión.

- Esto es tuyo – dijo entre lágrimas mientras colocaba lentamente el chaleco dentro de la tumba que pronto sería cubierta con la lápida. Luego se devolvió a los brazos de su hermana, llorando contra el abdomen de su hermana mayor.

- Tyson, - lo llamé – toma esto.

- ¿Eh? ¿El beyblade de Brooklyn?- inquirió mientras yo le extendía la mano para que lo tomara. - ¿Qué… qué quieres que haga con él?

- Lo que tu quieras, fuiste el último oponente que venció a Brooklyn, mereces tenerlo. – le dije.

El chico lo tomó lentamente. Luego con más decisión lo sostuvo. Tyson miró el bey de Brooklyn pensativo. Luego dio unos pasos adelante hasta estar lo suficientemente cerca de la tumba, se agachó y extendió su mano para ponerlo dentro de ella cuando una voz familiar lo interrumpió.

- ¡No lo hagas, Tyson!- Ray lo detuvo.- No creo que Brooklyn hubiera querido eso…

- ¿Por qué, Ray? Ninguno de nosotros le daría un mejor uso… - le dijo con voz apagada mientras todos los demás escuchábamos en silencio.

- Por supuesto que no, pero servirá para que otros recuerden su valentía.

Tyson se fue enderezando de nuevo. Levantó el bey de Brooklyn y lo guardó en su bolsillo. Kai seguía observando, inmóvil. Sigilosamente, todos los que se reunieron a despedirle, se fueron alejando del lugar. Algunos se palmeaban suavemente la espalda. Las chicas se abrazaban en señal de consuelo. El señor Damian levantó el mentón de su nieta y la miró a los ojos, ella le quitó la mirada y asintió con su cabeza, al mismo tiempo comenzaron a dar pasos alejándose de la tumba que comenzaba a ser cubierta por la lápida. "Brooklyn Masefield, por tu coraje y confianza." Leí por última vez lo que en ella decía. Creo que estuve parado frente a ella por unos cinco minutos, los mismos que le tomaron al resto del grupo para alejarse. Cuando me di la vuelta me sorprendí al encontrarme a Kai a unos dos metros de distancia de mí. Con seriedad, alzó su rostro y me miró, luego caminó hasta agacharse y mantenerse frente a la tumba de Brooklyn.

- No lo entiendo. – me dijo – ocurre un milagro, y alguien muere. – soltó una pequeña carcajada con tono irónico.

- Quizás eso es lo que se necesita para que ocurran lo milagros, que alguien muera.

No me respondió. Solo se enderezó y volteó a mirar a Alana que se alejaba con su abuelo, agachó la mirada y volvió a hablarme.

- Le prometí a Brooklyn que la cuidaría.

- ¿Qué te impide hacerlo?

Me dio la espalda de nuevo para quedar frente a la lápida, metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta y no respondió.

- Hasta pronto, Kai. Tenemos mucho trabajo que hacer.

Asintió silenciosamente y los dos nos apartamos por caminos distintos. Aquí voy una vez más. El torneo se canceló, una tragedia acabó con la vida de un gran beyluchador y amigo. Pero no con mi deseo de que haya justicia. Mónica, tan solo estoy más cerca de poder detenerte a ti y a cualquiera que te ayude en tu maldad. Lograste escapar, pero no por mucho tiempo.

La figura varonil y firme de Alvin se comenzó a perder entre la neblina que rodeaba el cementerio. Guardando sus manos en los bolsillos y con el ceño un poco fruncido, Alvin y Kai se marcharon dispuestos a hacer lo necesario para capturar a Mónica.