Autoras: NoOnis & Kattherina


Capítulo 11

Sombras gélidas.

Recostado sobre la pared rocosa con los brazos cruzados y la cabeza apoyada sobre el frío muro, fijó sus ojos oscuros sobre el encielado amarillento. Emitió un suspiro de cansancio, lidiar con los alumnos y compañeros de su hermano había sido tremendamente complicado. Aparte de que se arriesgaba a una suspensión por haber utilizado sus habilidades a plena luz del día, cuando no se estaba permitido.

Repentinamente la pesada puerta de caoba con grabados antiguos se abrió haciendo un ruido bastante singular, dos figuras emergieron de ahí. Kakashi y Kurenai lo observaron seriamente, se despegó de la valla acercándose a ellos.

—¿Cómo está? — preguntó a ambos.

—El desmayo es normal —habló la azabache—. Pero pasará un par de horas más dormido luego de…

—Lo sé. — contestó seriamente el Uchiha mayor, enseguida dirigió una mirada a Kakashi que se mantenía al margen.

—Lo bloqueaste. — subsanó la duda que mantenía inquieto al azabache—. Pero no sé por cuanto tiempo. Tarde o temprano tendrás que decírselo o terminará por descubrirlo, no puedes mantenerlo oculto.

—Es mejor si no lo sabe nunca. — cortó Itachi abriéndose paso entre ellos e ingresando a la habitación de su hermano menor, solamente para cerciorarse de que se encontraba bien.

Podía parecer frío e indiferente pero cuando se trataba de su hermano menor… era algo muy diferente.

El peliplata no dijo nada, únicamente dio media vuelta y comenzó a caminar por el largo pasillo de baldosas cristalizadas.

—¿Irás a dar una ronda por los alrededores? —la voz de su compañera docente lo detuvo, obviamente se encontraba preocupada por los chicos y cualquier peligro que los rondara en ese momento.

— Sí. —afirmó el cazador que continúo con su andar introduciendo las manos en sus bolsillos, dejando a Kurenai en medio del pasillo.

Se dio la vuelta en la cama, se puso los audífonos y le subió el volumen a su reproductor de música. Y ni aun así tenía paz.

—¡Ya cállate frentezota! —rugió Ino harta de escuchar el lloriqueo de la pelirosa por Sasuke.

—¡Tú cállate cerda! —le gritó de vuelta la pelirosa, a la rubia comenzó a hinchársele la vena de cuello.

¡¿Por qué diablos les tocaba que compartir habitación?!

—¡Ya me tienes cansada con tus lamentos! —profirió la rubia—, ¡Además, Kakashi-sensei dijo que fue un desmayo por deshidratación va estar bien!

—¡Cállate mal imitación de yegua! —le dijo por la cola de caballo que siempre llevaba en el cabello— ¡Tú qué sabes!

Ino rechinó los dientes enfurecida y la pelea entre las dos comenzó, se lanzaron almohadas, ropa y todo lo que tenían al alcance. Ninguno sabía porque razón las habían colocado en la misma habitación, estaba bien que fuera para reducir el presupuesto del hotel pero… ¿colocarlas a ambas sabiendo que no se llevaban bien? No solo era una estupidez si no una locura con letras mayúsculas.

No obstante, enfrascadas en su pelea inútil e infantil, ninguna se percató de que Sayuri se encontraba sentada en medio de su cama con las piernas colocadas en la posición del loto; con la mirada fija y pensativa. Lejos de lo que le había sucedido a Sasuke y la pelea que había tenido con el emo-zombie, el episodio que tuvo hacía unas horas con Menma la había dejado desconcertada.

En un momento estaba bien y al otro estaba tan débil que no podía ni levantarse. No sabía si había sido el pánico de haberse perdido en ese lugar, pero se sintió rara… demasiado extraña… y luego lo de Sasuke.

—O… ¡¿Será que los poderes no descubiertos del emo-zombie hicieron eso?! —pensó alarmada colocando una cara de terror, torciendo la boca y llevándose las manos a la barbilla en un gesto típico de una adolescente asustadiza.

Miles de pensamientos invadían su mente y todas y cada una de ellas le infundían más ánimo a descubrir que era lo que escondía ese Akatsuki ojeroso. Pasó del susto a colocar una sonrisa psicópata y reír escandalosamente imaginándose la victoria sobre él… hasta que una almohada impactó contra su rostro.

—Au… — murmuró sobándose la nariz, finalmente se dio cuenta de la pelea en la que su prima e Ino estaban enfrascadas tirándose de todo.

Abrió grandemente los ojos y se tiró al suelo al ver volar un zapato, le pasó al ras del rostro, de no haberse tirado le hubiera dado en la cabeza. Al final no se salvó pues una bola de ropa le cayó en la cabeza, desde la posición en la que se encontraba tomo una prenda la extendió y…

Era ropa interior… ¡su ropa interior! Reconocería ese Hello Kitty pintando en sus bragas rosadas a donde quiera que fuera.

¡¿Por qué demonios esas dos estaban tirando su ropa interior?! Se levantó de un salto con la cara enrojecida.

— ¡Hey ustedes dos! ¡¿Qué carajos hacen aventando mis bragas favoritas por el aire?! — vociferó enfurecida acercándose a ese par que hasta ese momento no habían notado su presencia.

— ¡Es su culpa! — respondieron al unísono, Sakura e Ino se miraron entre sí enseguida hicieron una mueca despreciativa — ¡No! ¡Es la suya! — volvieron a hablar acorde.

Sayuri puso cara de póker y torció la boca confundida.

— ¡No me importa! ¡Dejen de tirar mi ropa! — exclamó crispada la de ojos violeta.

— ¡Pues no es mi culpa que la dejes tirada! — chillaron ambas.

Se miraron de nuevo, parecía que rayitos emanaban de sus miradas y la batalla comenzó otra vez… y todos los huéspedes del hotel se dieron cuenta.

Eso sería un terrible problema…

Caminó a paso parsimonioso por los pasillos del hotel, escuchó el jaleo en la habitación que las Haruno y Yamanaka compartían pero lo pasó de largo. Ya tenía suficiente de adolescentes y estaba cansado de hacerle a la niñera, por una vez se lo dejaría a Kurenai y Asuma.

Ciertamente era un cazador necesitado pero tampoco llegaba al punto de ser tan buen samaritano y dejarle todo fácil a los demás, sus compañeros tenían a los alumnos menos problemáticos y él a los más terribles. Era justo que por una vez le hicieran un favor, aparte debía hacer algo…

Pasó los largos pasillos pintados en tonos cremas y cálidos, ojeando los cuadros victorianos, un par de ángeles tallados en mármol y subió las escaleras que daban a la azotea. Ahí la encontró, parada sobre el barandal de piedra de granito mirando hacia el horizonte con sus cabellos azules, casi negros, volando al viento.

Se acercó a ella sin el menor escrúpulo parándose justo a su lado derecho, la miró por el rabillo del ojo y se percató de que su mirada azul dior buscaba algo. Ella se había percatado de su presencia desde antes de que abriera la puerta que daba a la azotea, sin embargo, no dijo nada.

—¿Qué es lo que buscas? — preguntó finalmente rompiendo el silencio, la interrogante tenía doble sentido.

—Lo que cambia el clima. — respondió comprendiendo a lo que se refería pero dando la respuesta más conveniente.

—Te desvías. — acusó frunciendo el ceño.

—No. Tú lo haces. — replicó ella sin desviar la mirada del horizonte, la negrura de la noche cubría todo el lugar pero ella seguía buscando.

El silencio se formó de nuevo fusionándose con el repentino clima gélido y el silbido del viento golpeando contra las ramas, las nubes grises transitorias ocultaban la luna y apenas dejaban ver las estrellas titilar en la lejanía. Como si fuese un mal presagio…

—Sé que no es de tu agrado verme aquí… — articuló inesperadamente ella — No te he seguido si es lo que piensas. — aclaró de una vez.

—No creo ser tan importante para eso.

El silencio era sofocante y el ambiente tenso. Parecían dos extraños sin serlo realmente.

Era como si entre ellos existiera una delgada pared, tan delgada como el grosor de una tela, a la vez tan fuerte como una muralla de roca sólida y tan difícil de traspasar como el acero. El orgullo y el profesionalismo nada tenían que ver aquí, pero jugaban un buen papel.

La observó nuevamente por el rabillo de su ojo derecho, paseaba la mirada esperando encontrar algo o alguna respuesta por lo menos a todas sus dudas.

—¿Qué es lo que buscas? — indagó de nuevo, esta vez interesado.

—¿No lo sientes? — inquirió mirándolo finalmente, éste la observó frunciendo el ceño.

—El clima… — murmuró cayendo finalmente en la cuenta.

Para quien no supiera a lo que se refería parecería una plática trivial acerca de nimiedades, pero no para ellos que eran tan minuciosos.

—El ambiente por aquí siempre es cálido, por las noches frescas pero no frías. — comentó ella devolviendo los ojos al frente.

—Como si algo nos hubiera seguido…

—O como si la muerte los estuviera rondando. — sentenció seria.

Irónicamente una fuerte brisa se soltó y zumbó en sus oídos, como si fuese una confirmación de lo antes dicho. Él se acercó y ella se tensó girando bruscamente la cabeza hacia la derecha como si hubiese escuchado algo.

—Kakashi, debemos bajar. Tres de tus alumnos acaban de escaparse. — informó observándolo levemente.

El peligris frunció tenuemente el ceño, esos niños no podían mantenerse quietos y él no podía tener un momento de descanso.

—¿Podrás ubicarlos? — Katleia asintió.

—En un rango de más de doscientos metros, pero si la temperatura sigue descendiendo no podré hacerlo.

Cuestión que comenzaba a preocuparles ya que súbitamente el ambiente comenzaba a tornarse más helado.

—Bien entonces vamos.

Y cada uno desapareció de la azotea a su manera.

Sakura miraba a su alrededor mientras trataba de abrigarse más con su suéter blanco, intentado por todos los medios darse calor ya que le parecía que la temperatura había descendido inesperadamente.

— Sayuri… — llamó con miedo —…será mejor que regresemos.

La pelirosa no sabía en que estaba pensando cuando salió con su prima, o más bien sí. A Sayuri se le había ocurrido la brillante idea de dejar a Ino con todo el orden de la habitación, ya que Kurenai-sensei y Asuma-sensei las habían castigado.

Y eso no era todo, arreglar la habitación era poco comparado con lo que les tocaría al llegar nuevamente al Instituto.

Pero no, a su prima se le ocurrió la brillante idea de escaparse para librarse del castigo y de paso, dejar que Ino hiciera todo por comenzar con la pelea entre ellas. Y estaba tan enojada que ni siquiera reparó en que a pesar de que el hotel era uno de los mejores del lugar, también estaba rodeado de una exagerada vegetación en la cual podrían perderse dado que no conocían sus alrededores.

—Deja de ser miedosa, Sakura. — habló sin importancia Sayuri ocultando su propio miedo, sin contar que no sabía ni cómo demonios habían llegado a parar ahí.

No sabía porque, pero le parecía que a cada paso la vegetación era más espesa y los árboles más grandes, sin tomar en cuenta que los grados bajaban cada vez más haciendo el ambiente casi glacial al punto de entumirle los músculos del cuerpo, sobre todo sus piernas, parecía que en cualquier momento dejarían de responder como le había sucedido esa misma tarde.

—Sayuri… mejor volvamos, esto no me gusta… — dijo de nuevo la pelirosa parándose al escuchar un ruido extraño.

La castaña también lo hizo.

—Si tan solo supiera como volver… — murmuró la otra intentando inútilmente que su prima no la escuchara.

A Sakura pareció que los pelos se le encresparon y la vena de su frente se hizo más grande al punto de que latía de forma arrítmica.

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo que no sabes cómo volver?! — chilló enfurecida.

—B-Bueno… ¡es culpa tuya! — reclamó señalándola con su dedo acusador — Si no me hubieras sacado casi arrastrada de ahí hubiera tomado una linterna. — añadió cruzándose de brazos y haciendo una mueca con su boca casi teatralmente.

La pelirosa gruñó molesta, ¡ahora resultaba que estar metidas ahí era culpa suya! ¡Si claro! ¡Cómo no!

Su culpa… si seguro.

—Vámonos, es mejor que encontremos la salida a este lugar antes de que se den cuenta de que nos escapamos. — graznó malhumorada la Haruno dando vuelta sobre sus talones para volver por el mismo camino por el que llegaron.

Pero una fuerte ventisca se soltó, un búho cantó intensamente y el sonido de las ramas y las hojas al agitarse les hizo dar un brinco asustadas.

—Sakura… — llamó con pánico al ver como las hojas terrestres se movían como si alguien se encontrara cerca.

De repente emergió una figura de entre las sombras.

—¡AH! — gritaron ambas presas del pánico.

La silueta se hizo para atrás producto también del susto y luego les apuntó con la luz de la linterna que llevaba en las manos.

—¿Menma? — preguntó Sayuri inclinando la cabeza hacia un lado y entrecerrando los ojos — ¡¿Qué rayos te pasa?! ¡Casi nos matas de un susto! — reclamó alterada.

—No es mi culpa. — habló él.

—¿Qué haces aquí? — interrogó la pelirosa al chico.

—Vine a buscarlas antes de que los profesores se den cuenta de que salieron.

Una buena razón o más bien excusa, ambas asintieron, no obstante; Sayuri aún tenía la mirada entrecerrada. No sabía porque pero ese chico no le agradaba, no le daba buena espina… tenía algo que la hacía desconfiar.

—Bueno… entonces guíanos Menma. — pidió Sakura amablemente sonriéndole al rubio, recibiendo un asentimiento por parte de este.

—Por aquí. — dijo él girando sobre sus talones y guiándolas por un sendero que ellas no habían visto.

Lo curioso es que era el camino opuesto por donde ellas habían llegado hacía unos veinte minutos, sin embargo, comenzaron a seguirlo. Más valía que regresaran antes de que los docentes se percataran de que no estaban y su castigo al llegar al instituto se alargara más de la cuenta. De una u otra forma se sintieron aliviadas de no ser las únicas que andaba por esos lares.

Lo que no notaron fue el brillo enfermizo que titilaba en los ojos de su compañero de clase, ni lo que había oculto detrás de esa sonrisa de amabilidad que les daba. Mientras caminaban solamente escuchaban el sonido de las ramas quebrarse al ser pisadas, las hojas ser apartadas con las manos y el viento silbando embravecido. Hasta parecía que en cualquier momento se soltaría una tormenta, terminarían mojándose y de paso enfermándose.

Sayuri por su parte miraba hacia todos lados inquieta, parecía que lejos de salir de ahí se internaban más y eso no le gustaba en lo absoluto.

—Oye Menma… ¿estás seguro que este es el camino? — indagó mirando al rubio que caminaba delante de ellas muy seguro.

—Sí. — contestó cortante.

Continuaron caminando hasta que nuevamente comenzó a sentirse de la misma manera que cuando estuvo en el templo… pero mucho más pronunciado, se sintió débil e incapaz de dar un paso por si sola. Se quedó de pie en medio del camino.

—Sayuri muévete o no saldremos de aquí. — regañó la pelirosa al darse cuenta de que no caminaba — Sayuri… — se acercó a ella preocupada.

La castaña no pudo mantenerse nuevamente en pie y cayó hincada sobre el suelo polvoso.

—¡Sayuri! —corrió alarmada hacia su prima— ¡Menma! — gritó buscándolo, pero tal parecía que se había adelantado.

Mientras que su prima parecía nuevamente perder sus fuerzas lentamente, sintiendo su cuerpo pesado, el cansancio invadía todos sus sentidos y parecía que su cuerpo comenzaba a ceder ante esa presión extraña.

No tan lejos de ahí, un par de ojos las vigilaban mientras que una sonrisa escalofriante se formaba en sus labios.

—Es hora Menma… — le dijo nuevamente esa voz en su cabeza —…recuerda lo que tienes que hacer.

La voz de su cabeza desapareció y su odio comenzó a emanar, era tan fuerte que parecía quemarle la piel y hacía sus venas palpitar frenéticamente; debía terminar el trabajo que dejó inconcluso esa tarde. Y de paso, se llevaría a la otra como medalla.

La temperatura comenzó a descender mucho más y un olor a azufre inundó el perímetro, junto al aroma de piel quemándose.

Todos pagarían la desfachatez de sus burlas… todos caerían al final.

Pero…

—¡Hey ustedes dos! — profirió una voz masculina de repente en el lugar.

Sakura levantó la cabeza y observó cómo dos figuras se hacían presentes en el lugar, sus ojos se iluminaron al reconocer a una de ellas.

—K-Kakashi-sensei… — musitó la chica y luego observó a la mujer que lo acompañaba.

—Es que acaso no entienden que el hecho de que estén fuera del Instituto no quiere decir que pueden hacer lo que quieran. — aseveró el peliplata acercándose — ¿Qué sucedió? — le preguntó acercándose a una cansada Sayuri que parecía no poder articular palabra.

—N-No lo sé… — tartamudeó nerviosamente la pelirosa observando a su sensei de nuevo.

Hatake elevó la mirada hacia la mujer que lo acompañaba y ella se acuclilló a su lado revisando a la chica.

—Tiene los músculos entumecidos por el frío, igual que las cuerdas vocales. — manifestó la suave voz de la mujer revisándole los brazos, las piernas y la garganta — No debieron salir con este clima, mucho menos en esta zona. Es peligroso.

—Les gustan los problemas.

Sakura desvió la mirada avergonzada ante la dura sentencia de su maestro. Luego regresó sus ojos jade a ellos, curiosamente los observó mirarse entre sí de una manera extraña como sí….

Abrió los ojos como platos, ¡¿acaso ella era la novia de su sensei?!

—Será mejor que nos vayamos, la temperatura sigue bajando y no le ayudará a desentumecerla. — sugirió Katleia poniéndose de pie.

Kakashi suspiró fastidiado, pasó uno de sus brazos debajo de las piernas de Sayuri y el otro por su espalda para después cargarla.

—Haruno, no te quedes ahí. — expresó con esa serenidad suya caminando mientras sostenía en brazos a su prima.

La pelirosa parpadeó un par de veces y se levantó inmediatamente siguiéndolos, sin embargo, Katleia se quedó de pie unos instantes y ladeó su cabeza hacia su lado izquierdo fijando la mirada en unos arbustos… más no vio ni sintió nada más.

Enseguida comenzó a caminar detrás de ellos, ajena a un adolescente que se escondía arriba en las ramas de los árboles con una expresión sombría y furiosa.

.

.

.

Continuará.


Hola! Nuevamente estamos subiendo continuación a este fic, paso rápido a dejar una N/A porque es tarde.

Hemos leídos sus comentarios y vamos a tomar en cuenta sus opiniones, solo queríamos dejar en claro si bien en este fic es primeramente de suspenso/terror, es verdad que hay un poco de romance o al menos está empezando a tener eso es porque es parte de la vida y también es cierto que va a haber parejas, sin embargo estas ya están decididas, por el momento no podemos decirlo pero creo que ya se estarán imaginando.

Tanto Kattherina como yo le estamos muy agradecidas por sus comentarios y el tiempo que invierten en leer este fic.

Nos leemos en la próxima. Muchos saludos, abrazos y apapachos.

¡Adiosin!