Autoras: NoOnis & Kattharina
Capítulo 12
El sello maldito
Echó la cabeza hacia atrás con cansancio, respiró profundamente por primera vez en el día. Dejó que poco a poco los sonidos a su alrededor empezaran a sosegarla junto con los ruidos propios de la oscuridad: el croar de las ranas junto al estanque del hotel, el ulular de los búhos y el sonidito casi imperceptible de los grillos que a cada tanto detenían su cántico para reanudarlo en la seguridad de la noche.
Era la primera vez desde que entró al dichoso Konoha High School of Terror que se sentía en paz, aun en las circunstancias en las que se encontraba.
Entonces recordó: El desastroso día aún no había finalizado.
Y los acontecimientos aparecieron como imágenes en su mente: primero Sasuke y su insólito e inesperado desmayo por la tarde y Sayuri que dos veces tuvo que ser llevaba a cuestas a causa de un muy extraño entumecimiento en sus partes motoras.
Aunque esta vez apenas si podía mover sus extremidades, a tal grado que le era difícil hasta mover la boca, hazaña tan grande que era sorprendente. Quizás y se debía al ambiente gélido de esa noche, pero Sayuri era la persona más fuerte que conocía, tanto física como emocionalmente… Sobre todo después de…
—Haruno, ¿Qué hace despierta a esas horas? Sino mal recuerdo le dije que regresara a su habitación
—Sayuri… —murmuró. Se incorporó de su asiento haciendo caso omiso a la pregunta de su profesor—. ¿Se encuentra bien?
Kakashi suspiró con cansancio, este trabajo era sin lugar a dudas mucho más complicado que ser cazador. Estar lidiando con adolecentes problemáticos y rebeldes no era su idea de un buen trabajo, pero la paga era buena.
—Ella se encuentra bien, no te preocupes ¿De acuerdo? Ella va a descansar aquí esta noche así que ve a tu habitación y descansa
—¿Cómo? ¿Ella va a dormir ahí?
—Entiendo tu preocupación Haruno —suspiró—, pero seamos realistas, ella descansará mejor en un cuarto aparte que el que comparte con usted y la Señorita Yamanaka
Sakura torció una mueca al recordar que ahora estarían solas Ino y ella. ¡Dios pero que suerte! Compartir cuarto con la problemática de Sayuri era una cosa pero tener que soportar sin su pilar a Ino Yamanaka era un reto mucho, muchísimo peor.
—Puedo cuidar de ella —echó su carta, no estaba dispuesta a regresar a ese establo que compartía con la yegua.
—No está a discusión Señorita Haruno, por última vez regrese a su habitación…
Un silencio perturbante reinó poco después, ya no se podían percibir los sonidos de los animales nocturnos. El rostro de su maestro se contrajo, como si hubiera algo que no le agradaba, ella dirigió su mirada hacia atrás sin entender a qué se debía aquella reacción tan extraña pues no había nada. Quizás su maestro en verdad se estaba –lo estaban- volviendo loco.
—No pienso repetirlo, vuelva a su habitación… —chirrió entre dientes.
Sakura lo miró con aquellos ojos verdes desde su lugar.
—No pienso irme sin al menos verla —sentenció.
—Cuantas veces tengo que decirte que te vayas
—No lo suficiente al parecer —Sakura abrió los ojos como platos al darse cuenta de sus palabras y se tapó la boca.
¿Qué había hecho? Acaso ella… ¡¿Desafió a su maestro?! ¡Oh Dios! Tanto tiempo pasar con ella y ya se estaba convirtiendo en Sayuri.
Kakashi volvió a suspirar pesadamente, se talló con la palma de la mano el ojo cubierto por el parche. Necesitaba un serio descanso, quizás se lo tomaría cuando toda la situación terminara.
—Ella está bien, Sasuke está también ahí… Los está cuidando un Akatsuki junto con Kurenai
—¿Sasuke…? —De pronto lo entendió y se coloró hasta la punta de los pies—, ¡¿Me está diciendo que Sayuri está compartiendo cuarto con Sasuke-kun?! —una mano se posó sobre sus labios y sintió como el calor subía por todo su cuerpo en una extraña sensación.
—Guarda silencio… No nos quedó más opción, no podemos costear cuarto para cada desmayado o enfermo que aparece…
No sabía por qué le dio aquella explicación a su alumna cuando no era necesario darle ninguna, sin embargo de igual forma lo hizo.
La intensidad de los ojos negros de su maestro observándola la hipnotizó por un momento, se sintió tranquila de pronto aunque no le agradaba la idea de que Sayuri estuviera compartiendo dormitorio con el chico que le gustaba pero el hecho no le molestaba. Tal vez ya había superado la fase Uchiha por la que toda chica pasaba.
Un Akatsuki y Kurenai-sensei estaban cuidándolos, entonces todo debería estar bien.
—De acuerdo, me iré pero mañana vendré a verla
Kakashi se sintió satisfecho pero no lo estaría completamente hasta que esa chica estuviera en su habitación, por lo que decidió acompañarla, además de conociendo el comportamiento de Sakura, lo más seguro es que en el corto trayecto hasta su estancia se vería envuelta en alguna clase de problema y no estaba dispuesto a solucionarlo de nuevo.
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Itachi era consiente de todo lo que estaba ocurriendo afuera de la habitación y el comportamiento de Kakashi era sin duda indecoroso pero lo comprendería. Lidiar con ese par de primas era extenuante y a veces no quedaba más opción que sacar el arma secreta y utilizar la habilidad que solo los usuarios de la técnica ocular podían conocer; además de haber mentido vilmente a esa chica. Él se encontraba al cuidado de los dos, eso era cierto, pero Kurenai se había retirado hace unas horas a descansar, quedando él a cargo de su hermano menor y… esa chica que dormía plácidamente en su lecho.
—Sayuri Murasaki…—susurró cruzado de brazos y sin mover ni un músculo—. Quien diría que dormida eres tan tranquila
¿Qué le habrá pasado? Eran dos veces en un día, lo cual era extraño. Una chica tan energética, una atleta innata y problemática en todos los sentidos, eso debe haber sido obra de…
Itachi frunció el entrecejo, absorto en sus pensamientos. ¿Podría ser que…? No, eso era imposible. Pero ¿Qué otra explicación podría ser? A menos que tenga un grave padecimiento, lo cual dudaba.
Fue entonces cuando lo sintió: energía oscura, no muy lejos de ese lugar. Seguramente los catedráticos ya se habrán percatado al igual que sus compañeros Akatsuki.
Pero sino mal recordaba, Deidara y Sasori estaban lo bastante alejado del hotel como para tardar varios minutos en regresar. Kisame iría pero su habilidad no era la correcta, no, ninguno de ellos podría, ni siquiera Kakuzu o Hidan.
No podía quedarse en ese cuarto siendo el guardián privado de los enfermos aunque no podía dejarlos a su merced conociendo la situación. Itachi se incorporó, observó a los chicos en sus camas, parecía no afectarles esa energía, eso lo tranquilizó un poco. Por lo general cuando hay energía oscura en su interior reacciona a la exterior, sino se mantiene sosegada hasta que se activa.
Ni siquiera el sharingan es capaz de percibirla, únicamente cuando se perturba.
Se dirigió hasta la ventana silenciosamente para asegurarse de que sus presentimientos fueras los correctos. Lo confirmó al instante. Provenía del bosque.
Sus iris se tiñeron de rojo y tres espigas se deslizaron por éste. No podía dejarlo sin protección.
—Deberá ser suficiente
—Así que también lo has sentido
—Si —observó la espesura del bosque frente a él indiferente.
—¿Qué está esperando Sasori-danna? Hay que ir, es nuestro deber como…
—Idiota
Deidara chirrió los dientes y frunció el rostro a tal grado que parecía implosionar.
—¿Crees que tu habilidad servirá de algo? —arqueó la ceja observándolo con cansancio.
—¿De qué está hablando Sasori-danna?
—"Katsu", ¿Acaso crees que será de utilidad en esta situación?
Deidara parecía contrariado y se detuvo a pensar un momento en las palabras de su compañero. Katsu era una técnica que podría utilizar con cualquier cosa o persona de ser necesario pues necesita materia en la que explotar.
Ahora entendía… su técnica no serviría con cosas inmateriales, como seguramente lo que apareció a unos kilómetros al oriente.
—Tiene razón —finalmente lo dijo aunque le raspó la garganta admitirlo.
—Mi técnica tampoco es de utilidad, sin embargo, aún podemos descubrir si hay alguien detrás de estos sucesos
—Muy bien
Sasori asentó la cabeza y unos hilos imperceptibles para el ojo humano normal salieron de las yemas de sus dedos.
Lo más que podrían hacer por ellos en ese momento era asegurar la zona, cerciorándose de que no hubiera terceros controlando la situación.
Tenía que darse prisa. Estaba cerca, muy cerca como para dejarlo ir, podía sentirlo.
—Kakashi, doscientos metros al noreste, gira veinticinco grados hacia la derecha
—Entendido
Eso le sabía al pasado. Sin saberlo, añoraba el sentimiento que le proporcionaba salir de caza. Por primera vez en mucho tiempo agradecía la presencia de Katleia en ese lugar.
—¡Detente!
—Nos ha alcanzado —murmuró.
Kakashi sonrió de lado complacido, esto iba a ser más divertido de lo que esperaba.
Las copas de los árboles comenzaron a danzar en un vaivén incierto, la temperatura bajó varios grados lo podía saber con exactitud a causa del vaho que salía en sus exhalaciones.
—Llegan a tiempo Itachi, Kisame
—¿Oh? Pero si Kakashi-sensei está aquí también y yo que pensé divertirme un poco destrozando cosas
La presencia se hacía cada vez más imponente, todos estaban alerta formando un círculo dándose las espaldas. Se oía el moviendo de los arbustos aquí y allá, siempre estaba en diferente lugar por lo que era difícil dar el primer asalto.
De pronto el viento cesó, la temperatura regresó a la normalidad y el ajetreo en los arbustos se calmó.
Se encontraban a la expectativa, esperando a que algo más ocurriera, algo que nunca llegó.
Kakashi inspeccionó los alrededores de la zona, esperando encontrar algo que lo entretuviera o diera indicios que estuviera ahí. Nunca en su vida como cazador había experimentado algo como eso, casi siempre aparecían y atacaban en cuanto tuvieran oportunidad, pero esta vez fue diferente y no sabía la inquietante razón.
Frente a él, a unos cuantos metros un brillo llamó su atención. Como polvo refulgiendo nítidamente esparcido en el aire. Kakashi se posó en cuclillas para poder inspeccionarlo entre sus dedos.
—Este es el rastro que dejan los portales del inframundo —tanteó el polvo rojo en su mano.
—Qué extraño —dijo Katleia detrás de él—, Un portal aquí… Esperaba que fuese otra cosa, pero no un portal
—Aquí esta —mencionó Itachi lanzando un pequeño jarrón—, Es del templo, esto seguramente contiene la energía suficiente para abrir uno pequeño y por corto tiempo
—Esto debe haber sido lo que le ocurrió a Murasaki —dijo inspeccionando el artículo—, En el templo y el bosque ¿no?
—¿En verdad lo crees?
—Quiero hacerlo, porque si no eso significaría…
De pronto Itachi sintió dentro de su cuerpo como si un cristal se rompiera en mil pedazos. Fragmento a fragmento se clavaba en su interior. Sus ojos se abrieron desmesuradamente casi saliendo de sus órbitas. Aún estupefacto por la sensación giró con parsimonia su cabeza hasta observar la habitación a un par de kilómetros, justo donde los había dejado.
La protección que había conjurado antes de irse se había roto.
—Itachi…. Itachi ¿Sucede algo?
Kakashi lo miró por un instante que bastó para entender. El de cabellos plateados cerró su ojo derecho y vislumbró en dirección hacia donde había partido el mayor de los hermanos Uchiha. Ese era…
—¿Kakashi?
—El hotel
Los observaba con intensidad y se relamió los labios saboreando el momento. Esa era la oportunidad que estaba esperando.
Ellos hacen tu vida miserable
—Si, ellos lo hacen.
Tráemelos Menma, ellos pagaran por tu desdicha, tráemelos
—Lo haré, se los llevaré.
Haz lo que has venido a hacer aquí Menma…
—Lo voy a hacer.
Esos dos pagarían por todo. Aunque ahora sus vidas eran más preciadas y por ello los dejaría con vida tal y como se lo había pedido… pero no por mucho tiempo.
Tic-toc, tic-toc y entonces apareció.
El sello maldito.
Sí, eso era…. Había cumplido con lo que le había pedido, pronto lo dejaría disfrutar del asesinato a sus compañeros de clase. Los muy desgraciados sufrirían por haberlo menospreciado. Eso estaría por terminar muy pronto.
Ahora se divertiría junto a ellos.
El popular y buen mozo Sasuke Uchiha, había despertado esa parte que les era de utilidad y esa chica que en varias ocasiones trató de hacerla sucumbir, había algo en ella que lo impedía, como si su fuente de energía nunca se agotara. No sabía por qué la había pedido a ella… tenía tantas ganas de atravesarla con sus propias manos y arrancarle miembro por miembro que le era casi imposible contenerse.
El cuerpo de Menma empezó a temblar contra su voluntad. Un ardor recorrió su cuerpo incrementando su intensidad a cada segundo. Menma gritó, sin embargo no emitió sonido, como si sus cuerdas bucales hubiesen sido cercenadas de su cavidad. Lava empezó a emanar por borbotones de su boca inundando el suelo a su alrededor y cayendo sobre su cuerpo, sus ojos se pusieron en blanco y su cuerpo se tensó como una piedra.
La lava se enfrío en su cuerpo solidificándose, formando una crisálida de roca. Pasaron unos cuantos minutos cuando empezó a cuartearse, cayendo pedazo a pedazo en diminutas partecitas hasta que finalmente se liberó completamente.
—Que desastre —limpió la manga de su camisa con desdén.
Menma arqueó la ceja con la cabeza en alto, observando a los dos chiquillos como quien observa a un experimento.
—Sasuke —sonrió de lado—, vas a serme de mucha utilidad, démosle gracias a esta mocosa quien activo el sharingan, todo el enojo y rencor hacia tu hermano fueron tan grandes que explotaste, si, también hay que agradecerle a él —observó a Sasuke junto a su cama—, ¿Y cómo? ¡Ah sí! Ella
Giró con elegancia hacia la cama conjunta.
—Querida, parece ser que tienes un alto sentido de la supervivencia, aunque muy mala suerte —tomó una hebra castaña entre su mano fuertemente y la llevó hasta su nariz olisqueando el ligero aroma—. Es tiempo de devolver a Menma
Humo negro empezó a fluir desde el suelo bajo sus pies envolviendo cada parte de su cuerpo enrollándose en sus extremidades efímeramente hasta colocarse en su cabeza, el ligero humo se convirtió en espesura oscura. El color azul de las orbes de Menma se habían oscurecido a tal grado que se tiñeron de negro con un peculiar brillo que titilaba en rojo sangre. Una sonrisa socarrona surcó su rostro.
—Hasta pronto
Y con esas últimas palabras el humo consumió su cuerpo haciéndolo desaparecer.
Justo en ese momento una capa con nubes rojas revoloteó en el umbral. El agitado y casi imperceptible subir y bajar de su pecho no se debía a su anterior carrera y las diminutas perlas cristalinas heladas que se deslizaban por su sien y le pegaba el cabello tampoco.
A cada paso que daba su corazón retumbaba contra su pecho. Él los había dejado solos, lo llamaban genio, pero… uno hubiera predicho esto, uno lo hubiera evitado.
Tragó saliva al acercarse a las camas.
Cuando estuvo lo bastante cerca observó con el sharingan activo una marca en el hombro izquierdo de él, derecho de ella, una marca que se iba expandiendo por todo su cuerpo debajo de la piel.
Oh no… había llegado demasiado tarde.
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Continuará...
