Autoras: NoOnis & Kattharina
Capítulo 13
Bajo sospecha.
Se había quedado ahí parado, congelado, la visión de su hermano repleto de todas esas marcas negruzcas cubriéndole el cuerpo…
No, no podía ser posible. Había llegado demasiado tarde, como dejó que la ansiedad por un poco de acción lo venciera y descuidara a su hermano pequeño… ¿Cómo? Sin embargo, no había tiempo para lamentaciones; debía hacer algo por Sasuke.
—Alto. — atajó una voz femenina y sintió un agarre en su brazo derecho.
Itachi frunció el ceño irritado.
—Es mi hermano. — manifestó con enfado volteando a ver a la mujer de cabellos negro azulado, se sorprendió a sí mismo al pensar equivocadamente que se trataba de Kurenai.
—Entrar ahí no será de ninguna ayuda. — lo hizo retroceder un par de pasos.
Antes de replicar la vio sacar algo del bolsillo de su cazadora, eran cuatro especies de cristales cortados irregularmente, con velocidad y exactitud tiró dos a cada lado de las camas formando una línea vertical. Se acuclilló en el suelo, colocó dos dedos frente a su nariz cerró los ojos y la escuchó murmurar un par de palabras en una lengua extraña, a él le pareció latín.
Repentinamente y para su sorpresa la habitación comenzó a emanar una especie de humo entre negro y púrpura, que se hacía mucho más fuerte y renuente alrededor de su hermano y la chica Murasaki… espirales se formaban y se concentraban en los cristales que poco a poco iban oscureciéndose absorbiendo toda energía oscura que se encontrara en la habitación y su alrededor.
Los demás se mantenían al margen, sin embargo, Kakashi tenía una mirada extraña, sus ojos entornados denotaban duda y familiaridad a la vez, también un poco de orgullo que contrastaba con la diminuta sonrisa que se notaba tenía bajo la máscara. A veces tener a un Asamiya cerca era lo mejor.
Aunque tenía muchas dudas surcándole la cabeza, y no todas podía decir que eran buenas. Finalmente la fuerte aura negativa del lugar se desplazó. Katleia se puso de pie y con paso lento recogió los cristales que ahora tenían un matiz negro, soltó un pequeño suspiro y se acercó a Sayuri; arrugó levemente el entrecejo. Sacó nuevamente un cristal traslúcido con brillo resinoso en color pardo amarillento, medía cuando menos tres centímetros.
Abrió la palma de la mano de la chica y lo colocó sobre ella, cerrándola nuevamente. Eso ayudaría a despejar la negatividad interna.
— ¿Qué haces? — preguntó Itachi que se había acercado a su hermano hacía un rato y había visto cada movimiento de la nueva integrante del plantel.
Katleia dirigió sus ojos azul dior hacia él y en un movimiento rápido le tiró una piedra parecida a la que acababa de colocar en las manos de Sayuri. El Uchiha mayor miró el cristal sin comprender exactamente porque razón se lo daba.
— Es un cristal de azufre. — le dijo, éste miró el objeto y luego a ella — Absorberá el aura negativa que hay dentro de tu hermano y las marcas desaparecerán. — Señaló — Pero solo es un efecto temporal, lo demás depende de ustedes… — lo miró a él y luego a Kakashi, ambos sabían a lo que ella se refería — Ponlo en su mano y retíralo antes de que despierte. — se enderezó, el azabache asintió comprendiendo.
Katleia guardó los cristales en una pequeña bolsa negra dispuesta a retirarse, entonces se dio cuenta de que ahí ya se encontraban Asuma y Kurenai junto a Kakashi, los recién llegados tenían una mirada y un gesto de preocupación bastante evidente. Pero pasó de largo, también se percató de que los chicos ya no se encontraban ahí y supuso que los habían mandado a asegurar el perímetro.
— Necesitamos hablar. — musitó seriamente Kakashi al pasar por su lado, ella se detuvo un instante y lo miró tenuemente. Sonrió de lado en forma orgullosa y altanera como diciéndole: Búscame entonces.
Se retiró sin contestarle pero sabía que él había comprendido bien el mensaje.
Y muy lejos, a kilómetros de ahí, específicamente en uno de los Colegios más prestigiados de toda la ciudad se encontraba una rubia a punto de colapsar junto a su escritorio por tanto golpe que recibía. Cerca pero a una prudente distancia, se encontraba Shizune intentando por todos los medios habidos y por haber calmar su furia, o todo el mundo en sus alrededores se daría cuenta de qué era lo que sucedía ahí.
Si no es que lo sabían ya…
—Tsunade-sama… — intentó con voz nerviosa Shizune.
—Dime, Shizune. ¡Dime cómo es posible esto! — exclamó con voz sumamente molesta.
En la escala del uno al diez, le daba un ocho punto cinco que pronto se convertiría en certero diez y llegaría a la furia en su máxima expresión. Y no era para menos, hacía escasos diez minutos recibieron la llamada de Kurenai informándoles todo lo sucedido y lo último… lo último simplemente fue la gota que derramó el vaso.
—T-Tsunade-sama…
—¡¿Dónde está Tobi?! ¡Llámalo! — la ignoró nuevamente.
La azabache emitió un suspiro agotada, si no se calmaba tendría que recurrir a… eso, aunque no le agradara la idea en lo absoluto.
—No te veo moviéndote, ¡ve! — ordenó a voz en grito.
Pero repentinamente y como un llamado celestial según Shizune, la figura del enmascarado Akatsuki se hizo presente en la oficina de la directora.
—¿Mandó a llamarme, Tsunade-sama?. — habló respetuosamente el Akatsuki dándole un simple vistazo a la azabache que le agradecía infinitamente su oportuna llegada.
—Sí. ¿Ya tienen algo?
El hombre negó y eso solamente logró aumentar la ya creciente furia en la rubia, que amenazaba con estallar al más simple pinchazo.
—¿Cómo es posible que se hayan pasado toda la tarde en investigaciones y no tengan ninguna actualización? — espetó Tsunade.
—Ya sabe que el proceso puede ser tardado, estamos cubriendo todo lo que podemos. — articuló seriamente Tobi.
La rubia tomó aire exageradamente, estaba furiosa y se estaba desquitando con quienes ninguna culpa tenían; ellos estaban haciendo todo lo que podían pero su frustración le estaba llevando al límite. Y es que no solo estaba frustrada, sino sumamente preocupada.
Aun no encontraba nada que la llevara a lo que sucedía realmente ni respondiera a los cuestionamientos ¿Cómo podía alcanzarlos hasta allá? ¿Tanto se extendían sus brazos? ¿Y cómo ellos no podían dar con el paradero de su ayudante? Porque estaba segura de que tenía un subordinado.
Se masajeó las sienes, todo le daba vueltas en su cabeza y comenzaba a dolerle. Finalmente soltó un suspiro.
—Está bien, ve. Cuando tengas alguna novedad avísame inmediatamente. — pidió, Tobi hizo una pequeña reverencia y se retiró del despacho de la directora; no sin antes darle una significativa mirada a Shizune.
La Senju se dejó caer en la cómoda silla de cuero y cerró los ojos, aun masajeaba sus sienes tratando de aplacar el creciente dolor de cabeza que amenazaba con volverse más grande a medida que pasaba el tiempo.
—Siento que la cabeza me va a estallar… — murmuró fastidiada.
—Pues creo que esto le servirá. — escuchó el golpe del cristal contra la madera y abrió los ojos fijándose en el vaso de sake.
Sonrió para sí misma, eso siempre hacía que Shizune diera su brazo a torcer con respecto a su alcohol. Bueno, por lo menos algo medianamente agradable sacaría de ese momento.
Sin pensarlo mucho tomó el vaso y se bebió todo su contenido de un solo trago, al instante sintió el líquido quemarle la garganta que le provocó toser un par de veces. Hacía tiempo que no bebía.
—¿Dijeron algo más sobre la nueva catedrática? — preguntó su fiel asistente sirviéndole más sake.
—No. — articuló la rubia.
Aunque sí le habían dicho un par de cosas que le llamaban la atención y despertaban su curiosidad… sin embargo, las mantendría así hasta poder conocerla personalmente. No obstante, esa era otra que tenía para agradecerle a Tobi.
Tomó el vaso y dio vuelta en su silla de cuero para observar el cielo nocturno… era tan fúnebre que podía sentir la frialdad del clima aun con el calefactor encendido. Por el bien de los alumnos y el suyo propio esperaba que lo que planeaban diera resultado.
Mandó a reforzar la seguridad en los alrededores del hotel, no quería más fallos ni más trampas. Porque sí, lo que se había suscitado hacía unas cuantas horas había sido no más que una vil trampa para dejar a los chicos indefensos. Una en la que cayeron redondos, pero estaba seguro que el que más se arrepentía de tomar una decisión errónea era Itachi.
Y no lo culpaba, lo que se venía de ahora en adelante no sería lo más sencillo del mundo. Ahora ninguno podía permanecer lejos de Sasuke y esa chica, alguno tendría que estar cerca por si sucedía lo inesperado.
Resopló fastidiado, más horas como niñera.
Era en este preciso momento cuando se arrepentía de haber dejado su anterior trabajo como cazador, era más arriesgado y con menor paga pero había más adrenalina y definitivamente no había niños malcriados que cuidar.
Miró a su alrededor percatándose de que el clima ya no se encontraba tan frío como hacía unas horas atrás, aunque el ambiente seguía siendo mortuorio. Únicamente escuchaba el cantar de los búhos y el crujir de las ramas secas al ser pisadas.
—Vaya ambiente el que escogiste. — ironizó al encontrarla parada frente a una especie de fuego rubí.
Ésta lo miró a través de la llama ardiente otorgándole a sus ojos una luz extraña, le hacía recordar muchas cosas…
—Necesitaba destruirlas. — profirió mostrándole los cristales oscurecidos y tirándolos a las llamas que ardieron vehemente y estallaron formando un extraño manto verdoso y violáceo con tintes negruzcos.
Poco a poco la llama descendió y volvió a su color rojizo, pasando al naranja rápidamente.
Se miraron fijamente sin siquiera parpadear, serios. Antes tenían una compenetración perfecta, ahora parecía que no se conocía pero sabían en el fondo que no era así y que seguían siendo los mismos de hace años, solamente que eran demasiado orgullosos para admitirlo abiertamente.
Ninguno dijo nada, se evaluaban mutuamente tratando de encontrar un punto de donde partir. A Kakashi su presencia aun no le cuadraba, ¿Qué hacía ahí? O ¿Por qué estaba ahí? Esas preguntas le rondaban la cabeza desde haceía horas, y ella no tenía la menor intención de contestarlas si no se las hacía directamente.
—¿Por qué me sigues, Kakashi?
—No te sigo. Necesito respuestas. — contestó tajante.
—La única que puedo darte es que esto que ha pasado hoy no es algo simple, va más allá de lo que ustedes creen y las personas a las que se enfrentan no son cualquier cosa. —expresó serena— Pero eso, tú ya lo sabes… — musitó caminando y deteniéndose frente a él.
El peliplata la observó fijamente, él era un cazador, ambos lo fueron en un tiempo pero ella… siempre había tenido algo especial que no supo descifrar y aun en ese momento lo intentaba. Katleia llevó las manos hasta su cuello y desató una cadena de plata que tenía un colgante en forma redondeada, pero no se fijó que al quitársela descubrió otra pequeña cadena de oro de la cual colgaba algo…
Un cristal roca.
—Úsalo, a ti te servirá más que a mí. — le dijo colocando sobre su palma la cadena de plata, con un cristal Yin & Yang DT pero él continuaba con la mirada fija en el cristal roca que llevaba en la cadena.
—Sabes que no creo en estas cosas.
Katleia soltó una pequeña risa irónica.
—Es curioso que lo digas, ya que tú me regalaste este. — le recordó asimismo guardaba la cadena bajo su camiseta negra ocultándolo de nuevo de la vista del cazador.
Kakashi no emitió palabra pero tampoco le devolvió la cadena de plata, ella lo rodeó dispuesta a retirarse de ahí.
—¿Por eso te fuiste? — preguntó severo y frío.
La hermosa mujer se detuvo a escasos metros y soltó un suspiro cansado.
—No tenía otra alternativa.
Se fue sin decir más, pero Kakashi no quedó satisfecho con esa respuesta, sabía que había algo más y tenía que saberlo porque las cosas se podrían complicar… si no es que ya lo estaban.
Él también se fue de ahí, ajeno a unos ojos que los vigilaban, lo que acababa de presenciar era interesante… aunque no sabía si era bueno o malo para ellos. Ya luego lo pensaría, por ahora… todo había salido conforme al plan y por lo menos tendría el control parcial de sus víctimas.
Una sonrisa escalofriante se formó en sus delgados labios y pronto se esfumó de ahí, no quería que su ausencia fuera notada o todo se vendría abajo.
Ese día cuando abrió los ojos lo último que se esperó era ver a su prima con el rostro tan rojo que parecía un tomate a punto de reventar, su mirada aún era un poco borrosa y apenas distinguía entre manchones, aunque claro que a su prima la notaba no solo por el rojo incandescente que tenía pintado en la cara; si no también por el color chicle de su cabello.
Y es que… ¡¿Quién no distinguiría ese color entre un mar de personas?! Obviamente todo aquel que fuese poseedor de una buena vista y hasta el que no la tenía, pues parecía un algodón de azúcar.
Se cubrió la boca para no soltar una loca carcajada, ya que claramente llamaría la atención aparte de que su prima le preguntaría el porqué de su risa. Parpadeó un par de veces tratando de aclarar su visión y se dio cuenta de la razón del sonrojo de su prima.
No era nada más ni nada menos que Sasuke Uchiha, el hermano menor del Emo-zombie… a quien miraba fijamente mientras dormía. La pelirosa parecía hipnotizada con la cara del Uchiha, realmente no sabía lo que le veía.
Sacó la lengua en una diminuta mueca de asco y miró a su alrededor, se dio cuenta de que en una esquina se encontraba el susodicho hermano mayor tendido en el sillón en una posición extremadamente incómoda. Tenía los brazos cruzados por encima de su tórax, la cabeza doblada en una posición que auguraba serios dolores de cuello y las piernas estiradas en un ángulo extraño… hasta le hizo ladear la cabeza intentando encontrarle lógica a su postura sin lograrlo.
Enseguida se fijó en la cara del Uchiha y… soltó una carcajada sin poder contenerse, la cara de Itachi tenía una mueca raramente graciosa.
—¡Sayuri! — gritó Sakura.
Grito que logró despertar al Akatsuki, dio un brinco y casi cayéndose del sillón, provocándole más risa a la castaña que lo miraba tremendamente divertida desde su posición.
—¡Pero miren! ¡Si es el Emo-zombie durmiendo! ¿Acaso ustedes duermen? — preguntó fastidiándolo.
Apenas abrió los ojos y ya tenía que soportar a esa niñita… se tragó un gruñido, ya ni dormir en santa paz lo dejaban.
—¿Por qué no habría de hacerlo? — replicó indiferente arreglándose la ropa y su capa arrugada.
—Bueno… como son zombies, supuse que no dormían. — agregó tocándose la barbilla pensativa.
—¿Sabes? Dormida eres mucho menos molesta. — comentó el Uchiha acercándose a su hermano y quitando disimuladamente el cristal de la palma de su mano.
Sakura se mantuvo al margen de la discusión de ese par, realmente no quería tener más problemas con las autoridades del colegio, ya suficiente tuvo con haber retado a su sensei anoche. Su rostro adquirió un color aún más rojo al recordar la forma en la que le contestó anoche. ¡Por Dios! ¿En qué estaba pensando?
—¡¿Qué?! ¡¿Estuviste aquí?! ¡¿T-toda la noche?! ¡Eres un pervertido! — exclamó Sayuri sentándose de golpe y señalándolo con un dedo acusador.
Itachi chasqueó la lengua.
—No es como que quisiera estar aquí, tus ronquidos no dejan dormir.
—¡¿Qué?! ¡Pero si yo no ronco! — profirió molesta la castaña de ojos violáceos.
El azabache sonrió en su interior, hacerla enfurecer era tan fácil…
—Sí, sí lo que tú digas. — dijo él encaminándose hacia la puerta dispuesto a dejar la habitación — Será mejor que se apresuren o no tendrán tiempo de desayunar. — dicho eso salió de la habitación, afuera de esta se encontraba Kakashi esperando para relevarlo para que él pudiera ir a asearse y cambiarse de ropa.
Mientras que adentro se encontraba una Sayuri muy molesta por la indiferencia del Uchiha, ajena a una Sakura que la miraba entre preocupada y sonriente.
—¿Cómo te sientes? — inquirió finalmente a su prima, ésta dejó su enojo y le sonrió.
—Un poco entumecida pero ya puedo hablar. — contestó haciendo una mueca de exagerado drama y luego desvió la mirada hacia el Uchiha menor — ¿Qué crees que le haya pasado?
—No lo sé… pero lleva mucho tiempo dormido. — expresó preocupada la pelirosa al ver a un sereno Sasuke que aun dormía.
—Kakashi-sensei dijo que había sido una deshidratación, a lo mejor es por eso que aun duerme. — se encogió de hombros la castaña.
—Supongo… — titubeó la pelirosa — Mejor vamos a desayunar, Kurenai y Asuma-sensei dijeron que había un cambio en el itinerario. — agregó pensativa, su prima la miró extrañada.
—¿Un cambio? ¿A dónde iremos?
—¡A la playa! — profirió emocionada la pelirosa.
Sayuri abrió la boca asombrada… ¿A la playa? Eso sí era un cambio, pues era un viaje de aprendizaje. Aunque seguramente lo que buscaban era distraerlos de lo sucedido últimamente, bueno, después de todo algo bueno habían sacado de todo eso.
—¡Vamos, vamos! No quiero quedarme sin desayunar. — exclamó la castaña levantándose de la cama y halando a su prima.
Ambas salieron cerrando la puerta de golpe, solamente entonces Sasuke se permitió abrir los ojos posándolos sobre el encielado de la habitación. Estuvo escuchando toda la plática entre las Haruno, despertó unos minutos después de que Itachi salió de ahí.
Se hizo el dormido para evitar las preguntas molestas y exagerada atención de Sakura, aparte de que aún continuaba tratando de recordar todo lo que le había sucedido el día anterior sin lograr nada. Sus lagunas mentales no desaparecían, sin embargo… se sentía extraño en todo el sentido de la palabra.
No sabía cómo catalogar esa sensación de escozor en su pecho… a lo mejor no era nada, pero lo inquietaba de alguna manera. Respiró profundamente y decidió finalmente levantarse, no se quedaría ahí todo el día. Se sintió un poco mareado pero aun así se encaminó hacia el baño para poder ducharse.
Mientras que afuera, en un punto específico del hotel se encontraba un chico rubio con la mirada fija hacia la nada.
¿Sería bueno poner a prueba su nuevo poder? Sonrió temible…
—¡Menma! No te quedes ahí. ¡Vámonos! — escuchó la molesta voz de una de sus compañeras, se dio la vuelta y le sonrió fingiendo amabilidad.
—¡Claro! ¡Ahora voy!
Sus ojos brillaron antes de subir al autobús, ninguno notó lo que por ellos pasaban. Ninguno.
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Continuará...
