3. Pociones, adivinación y un misterio
Como el año pasado me presenté a los TIMOs de por libre, pude elegir las asignaturas que me gustasen más para cursar los ÉXTASIS. Así pues elegí las mismas que Harry más adivinación. Aquello sorprendió al chico.
- ¿Por qué eliges adivinación? Es un rollo.
- A mi me gusta – le contesté – tengo sensibilidad por esas cosas.
- La adivinación es una rama muy poco precisa de la magia – intervino Hermione – no es nada seria.
Miré a la chica. Me caía bien pero… era demasiado sabelotodo. Ron la miraba con admiración, sin disimular lo mucho que le gustaba. Me giré y vi que Harry estaba mirando… a Ginny. Ella estaba con su novio, Dean creo que se llamaba, pero no parecía muy interesada en él. De vez en cuanto lanzaba miradas a la mesa de Slytherin, donde Draco estaba hablando con la estúpida de su amiga, Pansy. Levantó la mirada y sus ojos se cruzaron con los de Ginny.
Interesante…
Fuimos a la primera clase, la de pociones. El profesor era un tipo muy raro. Había cuatro calderos en las mesas, cada uno con una poción distinta. Me junté con Hermione mientras olía a café, al jardín de mi casa y… a algo que me recordaba a Harry. Olía realmente bien.
- ¿Sabéis qué pociones hay aquí? – preguntó el profesor.
- Veristaserum, poción multijugos, amortentia y Felix felicis – contesté.
Sentí la mirada punzante de Hermione. ¡Hay! Debería haber dejado que contestase ella. La cara de Harry, medio burlona, me lo confirmó, así que cuando el profesor nos preguntó los efectos, dejé que hablase Hermione.
- Muy bien las dos, veinte puntos para Gryffindor – aquello no sentó bien a Draco, que soltó un gruñido – A propósito ¿cuál es vuestro nombre?
Ambas dijimos nuestros nombres. El profesor le preguntó a Hermione si tenía parientes mágicos y luego se dirigió a mí:
- Con que Malfoy ¿eh? Si no me falla la memoria, sois dos en ésta clase. Bien señor Draco Malfoy, espero pueda igualar a su prima ¡o se va a llevar todos los puntos a Gryffindor!
La cara de Draco era un basilisco en aquel momento, cosa que hizo que los Gryffindor se riesen. Al terminar la clase, había dos pociones ganadoras: la mía y la de Harry. El profesor nos dio como premio un pote de felix felicis a cada uno y luego me cogió un momento por banda.
- Me gustaría invitarte a club – me dijo – eres muy buena haciendo pociones.
- Gracias, la verdad es que es una asignatura que me encanta.
Salí de la clase muy contenta cuando alguien me hizo una zancadilla. Evidentemente sabía quién era.
- Anda, el Malfoy fracasado – le solté a Draco, sacando mi varita.
- ¿Te ha invitado en su club? – preguntó él muerto de envidia – tenemos la misma familia, ¿por qué a ti sí y a mi no?
- Por qué tú eres malo con pociones y ella no – me defendió Harry – ahora tenemos un rato libre, ¿vienes con nosotros, Selena?
- Vas a tener problemas – me advirtió Draco – y lo sabes.
- Espera que tiemblo – bromeé – ¿qué vas a hacer, llorar a tu padre? ¡Ah, no, que está en la cárcel!
Me fui de allí con dignidad. Sin embargo, temía un poco su plan de venganza. Él siempre había sido el único Malfoy de Howgarts y era un chico muy respetado por ser anti muggle y un pijo insoportable, cualidades que gustaban mucho a los Slytherin. Además, era muy guapo, cosa que había enamorado a más de una chica. Ahora, entre que su padre estaba en la cárcel, y mi llegada, había bajado su popularidad ligeramente…
No pude ir con Harry y los demás: tenía clase de adivinación. Me preguntaba como sería. Hermione me había advertido que era un fraude… pero yo siempre había obtenido buenos resultados al practicar adivinación. Subí a la clase perfumada y allí me esperaba la profesora.
- Sentía una nueva presencia desde hacía un tiempo – dijo con voz teatral – adelante, chica.
Entré, sintiéndome observada por los demás. No éramos muchos, unos diez, y me sorprendió encontrar nada más y nada menos que a Ginny. La saludé con una sonrisa.
- Lamentablemente somos muy pocos – dijo la profesora – así que hemos tenido que juntar quinto, sexto y séptimo. Aunque de séptimo no hay nadie que curse esa asignatura… así que somos quinto y sexto. Agradecemos tu llegada, Malfoy. Presiento que vas a hacer grandes cosas.
Me sorprendió el halago, por que me habían dicho que esa señora tendía a matar espiritualmente a sus alumnos. Nos pusimos a leer las hojas de té. Ojeé el manual y me di cuenta de que faltaban la mitad de cosas.
- Aprendí a leer las hojas de té desde pequeña – dije a Ginny – vamos, enséñame las tuyas.
Ginny me dio su taza y vi algo muy interesante:
- Tendrás cambios importantes en el amor… y tendrás que tomar decisiones duras.
- ¿En serio? – preguntó ella, medio asustada.
- Pero no te preocupes, ese símbolo también significa que eres valiente ¡cosa que es cierta!
Ginny agarró mi taza y se puso a examinarla:
- Veo… ¿un conejo? – ambas nos reímos – si te digo la verdad soy mala en esto.
- Tranquila, puedo enseñarte – le dije – y también puedo enseñarte algunos conjuros viejos… para el amor. Porque creo que los vas a necesitar si quieres cambiar a cierto chico rubio…
- ¿Qué? – Ginny se puso roja - Yo nunca he dicho eso… ¿lo has leído en la taza?
- No me hace falta ninguna taza, ¡se ve de lejos!
Ginny se puso aún más colorada y giró la cabeza:
- ¡No es verdad!
¿Qué no era verdad? ¿Por qué lo negaba? Vale, entiendo que enamorarse de Draco tenía que ser duro… pero no podía seguir más tiempo fingiendo que no era así.
- Vamos a leer nuestro futuro en la bola de cristal – dijo la profesora entonces – Señorita Maloy, le ruego que empiece usted. Quiero ver de cerca sus habilidades.
Me acerqué a la bola de cristal y me concentré. La mayoría de gente se limitaba a mirar su superficie, sin intentar ir más allá. Poco a poco, mirando la bola y moviendo las manos, conseguí visualizar algo.
Eran unas sombras difusas. Me concentré aún más y las miré más intensamente. Las sombras cada vez se veían mejor, parecía gente, gente que se acercaba corriendo…
- ¡Ahhh! – gritó la profesora - ¡Son ellos! ¡Las sombras del mal! ¡Y vienen tras usted!
La miré extrañada.
- Sólo son unas sombras corriendo ¿Por qué tendrían que venir tras de mi?
- Las siento… la persiguen… ¡ve con cuidado!
La gente soltó una exclamación, menos Ginny, que bufó:
- No le hagas caso. Le gusta hacer esas cosas.
Pero yo estaba intranquila. Había visto las sombras en la bola. ¿Sería cierto que me perseguían? ¿Por qué?
