Afrontando la Realidad
Los hermanos Granger caminaban por uno de los pasillos de la BBA.
- ¿Quién era esa chica que acabas de entrevistar?
- Pues, como lo escuchaste, su nombre es Yori Kishaba. Me dijo que conoció a Kai y a Ryan hace un tiempo atrás.
- Ya veo ¿le dijiste que podía quedarse?
- Le ofrecí pero me dijo que tenía un apartamento en el centro de la ciudad y que no le sería difícil viajar de nuevo. Quiero probar que tan buena es, no es mala idea tener más chicas en el torneo.
- Es muy valiente de su parte venir después de todo lo que ocurrió ¿no crees?
- Dijo que no estaba enterada, al parecer tenía pensado venir desde antes que iniciara el torneo anterior pero tuvo contratiempos.
- Ya veo… - dijo después de bostezar y estirar sus brazos.
Hiro se detuvo, Tyson hizo lo mismo.
- Oye hermano, sé que estás agotado pero quiero retarte a un beybatalla, como hace tiempo no la tenemos.
Tyson miró la expresión seria en el rostro de su hermano, sabía que algo importante se traía Hiro entre manos.
- Oh… de acuerdo… - Tyson tomó su beyblade y lo colocó en el lanzador. Ambos se dirigieron a la sala de entrenamiento.
La noche ya era avanzada, solamente Tyson y Hiro se alistaban para beybatallar. Mientras tres oficiales de seguridad custodiaban el edificio, los chicos dormían profundamente, sobre todo Ryan, quien desde la mañana pasó contando las horas que le restaban para poder descansar sobre su blanda almohada, debajo de la cual escondió su preciado tiquete con el que obtendría la guitarra de sus sueños. Las chicas tampoco tardaron en quedarse dormidas, a pesar de que siempre solían platicar media hora antes de cerrar sus ojos, esta vez el entrenamiento las había dejado exhaustas. Pero una de ellas esperó ese momento en el que comenzaban a escucharse los ronquidos ocasionales de su compañera de cuarto. Sigilosamente se colocó el abrigo que colgaba detrás de la puerta, después de haberse puesto unos zapatos muy suaves para no hacer ruido al caminar.
Algunas de las luces estaban encendidas aún, así que se apresuró a andar por los pasillos, asegurándose de que nadie la vería. Comenzó a subir por las gradas que conducían a la azotea. Mientras más se acercaba a la puerta la luz disminuía y la calefacción se dejaba de sentir. Empezó a forzar la vista para intentar introducir la llave dentro de los cerrojos de metal cuando de repente escuchó una voz que la hizo volverse de inmediato mientras tapó su boca para no dejar escapar un grito.
- Señorita Alana ¿Puedo saber qué hace por acá?- era uno de los oficiales con una linterna.
La chica miró hacia arriba. Pensó que había sido muy tonta al olvidarse de las cámaras de seguridad.
- Se… señor… por favor no le diga a nadie- suplicó – necesito ir a la azotea. Y esta es la única hora en la que puedo ir sin que alguien más me interrumpa.
- ¿Acaso está usted loca? Es muy tarde y el clima no es muy favorable. Puede ser muy peligroso.
- Yo asumiré las consecuencias de lo que me pase, por favor, usted puede cerrar la puerta si quiere, y abrirme dentro de una hora, no me tardaré más de eso, se lo prometo. ¿Puede ayudarme?
- Lo siento, si algo le pasara sería mi …
- Yo la esperaré acá media hora. – La inconfundible voz de Kai se escuchó unas cuantas gradas abajo interrumpiendo al oficial.
El oficial y Alana voltearon a mirar sorprendidos al chico que poco a poco subía las gradas hasta llegar a ellos.
- Yo me encargaré, oficial. Si Alana está de acuerdo. – le dijo mirándolo fijamente.
La seriedad en el rostro del chico hizo que el oficial considerara la propuesta. Hubo un pequeño silencio antes de que Alana hablara.
- Por favor, señor.
- ¿Cómo pretendía abrir?- inquirió el oficial.
Alana había tratado de esconder las llaves llevándose las manos detrás, pero ante la pregunta desistió.
- Las tomé a escondidas, perdón. – dijo mientras le extendía las llaves al oficial.
El hombre las tomó y miró a Alana seriamente.
- Lo que hizo no estuvo bien, señorita. – la regañó.
- Lo sé. No volverá a suceder, lo prometo. – respondió avergonzada.
El oficial miró a la chica que ahora agachaba la cabeza, luego observó a Kai.
- Les daré una hora, luego vendré a asegurarme de que volverán a sus habitaciones. ¿Entendido?
Kai asintió, Alana levantó su cabeza mostrando sorpresa en su rostro, pues había pensado que ya no podría salir.
- ¡Se lo agradezco, oficial!
- Solo por esta vez, mañana no tendrá permiso, si quiere venir tendrá que hacerlo más temprano.
El hombre se abrió paso para quitar los cerrojos. Un viento helado hizo que Alana se entumeciera un poco.
- Está congelado allá. – dijo el oficial mirando a Alana de nuevo y frotándose las manos, y luego bajó las gradas meneando la cabeza – No sé como harás para soportar quedarte ahí – dijo hasta retirarse.
- No sabía que ya estabas acá.- Alana se sonrojó un poco porque jamás pensó que Kai se daría cuenta de que robó las llaves y quería salir sin permiso en medio de la noche.
- Vine antes de que el entrenamiento terminara, pero le pedí a Hiro no hacerlo saber a nadie.
- Gracias por enviar a Ryan… - le dijo una vez que se volvió a mirarlo de frente – me hizo sentir mejor.
- Sé que no estarías acá sino fuera porque tu abuelo te ayudó. – Ryan tenía razón, a Kai no le interesaba recibir los elogios; pero Kai también estaba en lo correcto, las palabra del abuelo eran las que habían consolado a la chica. – No pierdas el tiempo, en media hora abriré para asegurarme de que estés bien.
Alana asintió y cerró la puerta tras de sí, dejando a Kai dentro del edificio, él se sentó en una de las gradas, apoyando su espalda en la pared, sacó su beyblade y lo miró por un instante. Tan pronto como Alana llegó al sitio donde el helicóptero había aterrizado con el cadáver de Brooklyn, delgados hilos de lágrimas comenzaron a recorrer sus frías mejillas. Trataba de secarlas pero era inútil, volvían a salir. Seguía ahí de pie mirando el panorama que tenía al frente, pensó que estar una vez más en aquel lugar sería tan horroroso como en las pesadillas que tuvo días atrás, pero no fue así. En un instante, volvió a escuchar la voz de Kai por detrás.
- Es una forma muy ingeniosa de enfrentar la realidad.
Alana volteó un poco confundida. ¿Ya habría pasado media hora? Y aunque no se atrevió a preguntarle a Kai, asumió que la respuesta era sí. Alana estuvo todo ese tiempo inmóvil, mirando ida, recapitulando la escena de cuando vio el cuerpo de Brooklyn tendido.
- ¿A qué te refieres?- le preguntó removiéndose el cabello que el viento hacia cruzar en su cara.
- Hmp – Kai pareció mostrar una leve sonrisa – sé que tratas de vencer el pensamiento que tienes en tu mente que quiere hacerte creer que tanta tragedia nunca debió haber ocurrido.
Alana suspiró un poco.
- A veces pienso que si hubiera sido su esposa a lo mejor esto no hubiera sucedido. – Ambos, de pie, miraban hacia el paisaje de la ciudad iluminada. – Pero a veces creo que más bien hubiera sido peor.
Kai no le respondió, solo la siguió escuchando.
- Brooklyn no sabía lo que era perder hasta que te conoció. Su mente no podía aceptar que eso estuviera pasando. Solo Tyson y Hiro pudieron hacerlo reaccionar. Después se volvió más ágil… pero ahora sabía que era vulnerable, igual que los demás.
- Sí, lo recuerdo muy bien. – Se dijo casi entre dientes.
- Creo que por eso ayudó a Alvin, quería dejar de ser tan egoísta. No es que con migo lo fuera, pero con el beyblade sí.
En la sala de entrenamiento, Hiro y Tyson recién habían gritado "Let it rip!".
- Tyson, estoy preocupado por ti. Durante el torneo de Inglaterra mostraste un rendimiento considerablemente bajo, y hasta donde puedo recordar, eras el campeón mundial de beyblade. – dijo esto último en un tono más enérgico.
Tyson pareció frustrarse después de escucharlo y aceleró golpeando el beyblade de Hiro con más rapidez.
- Te has vuelto confiado – prosiguió Hiro – yo siempre temí que esto te ocurriera, debo confesarlo. Por eso quiero que esta vez te vayas a entrenar lejos de la BBA. He decidido que tú y Ray se irán solos, pues serán un equipo para la siguiente competencia, y hasta que no logres vencer a Ray, no podrás unirte a la BBA.
- ¿¡Qué!? – Tyson olvidó el cansancio para hacer llover en el beyblade de Hiro un golpe tras otro. – Es obvio que lo dices porque la última vez no logré ganarle a Ray… - Después añadió con un tono indignado - ¿Quién lo iba a pensar? Después de que ayudé a Brooklyn a encontrar su espíritu de beyluchador, ahora debo encender el mío de nuevo.
- Aunque un beyluchador tan talentoso, como lo fue Brooklyn, pudiera ganarte una vez más, siempre representabas un problema para él. ¡Recuerda esa beybatalla, Tyson!
Hiro comenzó a hacer que su beyblade llevara al de Tyson al borde del plato.
- ¡Mira, Tyson, en este momento puedo vencerte si soy un poco más agresivo! ¿qué dices a esto hermanito? ¿o debería decir "ex campeón mundial"?
- ¡Ya basta, Hiro! ¡Ya entendí tu juego!
Tyson activó un ataque que hizo que ambos beyblades volvieran al centro del plato, pero Hiro se apresuró a retirar el suyo.
El maullido de un gato acercándose hizo que Alana mirara alrededor, el animalito gris rozó con su cola la pierna de la chica, al cual Kai acarició una vez que se agachó, pero Alana dio un paso atrás para evadir al animal.
- Es solo un pequeño amigo. – dijo Kai luego de notar el gesto incómodo de Alana.
Alana no dijo nada, no quería discutir al respecto, pero la verdad era que no le agradaban los gatos, desde muy chica pensaba que eran traicioneros, no sabías cuando te podían aruñar. Kai siguió jugueteando un rato con él, pero luego alzó la mirada y vio que Alana evitaba que el gato se le acercara.
- Será mejor dejarte ir. – Le dijo al felino, que pareció entender a Kai, pues luego de que el chico se levantó se fue rápidamente por una escalera de hierro que estaba adherida al edificio. Luego de una pausa, Kai, con sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta, volvió a hablarle a la chica - Al principio pensé que te sumirías en la tristeza por mucho tiempo porque eres muy frágil.
Alana miró con seriedad al chico que no demostraba tener mucho frio a pesar del viento helado que movía constantemente su cabello.
- Pensé que vivirías patéticamente aferrada a tus recuerdos, es más, me sorprendió que vinieras a entrenar y no te quedaras en tu casa lamentándote. Yo he procurado dejar a un lado mi preocupación por ti, pero es una de las pocas cosas en las que no he tenido éxito.
La chica volteó a observarlo, le intrigaba lo que él decía pero al mismo tiempo sentía que se volvía ofensivo.
- Me es difícil aceptar que quiera ocuparme de tu bienestar cuando pudiera estar atendiendo otros asuntos que siempre me han apasionado, como el beyblade. Pero no… tu tienes que aparecer en medio de todo… dificultando más los planes que una vez pensé tener. Mientras tú logras sobreponerte a tus pesares, yo aún sigo intentado ignorarte.
A este punto, Alana se sintió molesta con Kai y no dudó en reclamarle.
- Lamento ser un estorbo en tu carrera, Kai. No tienes porque compadecerte si te causo tanta molestia. – Alana se alejó un poco más del chico. – Nunca te he pedido que te ocupes de mí para que vengas a decirme cuanto te fastidio.
Hubo un pequeño silencio y Kai rió un poco mientras cruzaba sus brazos, desconcertando a Alana.
- Veo que aún no comprendes – le dijo. – Más bien he tenido que aceptar que… no eres nada parecido a un estorbo o un fastidio. Eso sería más fácil para mí, lidio con ellos todo el tiempo.
- Ya quiero entrar, Kai. – Alana dijo secamente, como si tratara de evitar la conversación, a pesar de que luego de escucharlo sintió en su corazón algo similar a un retumbo, y sus ojos se comenzaron a conmover.
Caminaron lentamente hacia la puerta, Alana delante de Kai. Luego la chica le cedió el espacio para que él empujara la puerta de metal, que resonó al instante. Ambos bajaron las gradas despacio, evitando tropezar en medio de la falta de luz. Habían entrado unos diez minutos antes de la hora indicada, Alana no lo sabía pues había perdido la noción del tiempo, pero Kai sí. Cuando finalmente habían bajado las gradas, Alana no volteó a ver a Kai, solo se despidió de él.
- Espero puedas descansar. – le dijo con voz suave.
Antes de que diera un paso más, Kai la tomó suavemente de su mano. Ella supo que tenía que voltear a verlo, no podía evadirlo más.
– Alana, - le dijo mirándola con aquella seriedad que ya no era desconocida para ella - antes de que Brooklyn muriera, me hizo prometerle que te amaría, y la única razón por la que accedí fue porque él y yo sabíamos que ya eso era una realidad. – le dijo bajando un poco la voz.
Alana sintió la otra mano de Kai que tomaba de la suya y una calidez recorrió sus brazos. Kai no levantó sus manos, solo sostuvo las de ella por lo bajo, lo único que quería era tenerla cerca. Alana no pudo dejar de ver sus ojos hasta que poco a poco ambos fueron cerrándolos, pero antes de que sus labios pudieran unirse, Alana agachó su rostro.
- No, Kai...- le dijo luego de soltar sus manos para ponerlas en el pecho de Kai, corriéndolo suavemente hacia atrás.- No tienes porque hacerlo…
Kai la miró a los ojos y pareció sonreírle a diferencia de ella. Alana dio unos cuantos pasos hacia atrás con sus ojos reflejando un ligero brillo, dio media vuelta y se alejó hacia su habitación.
La mañana llegó y los beyluchadores se reunieron como Hiro les había pedido. Todos se asombraron al ver que Kai era el primero en la sala, sentado con los brazos cruzados sobre uno de los sofás.
- Hola, Kai, es bueno verte. – lo saludó Max sentándose a su lado.
- Hmp, igual, Max. – respondió seriamente, como era usual.
Las chicas entraron charlando entre sí, Alana se quedó callada al ver a Kai, quien a diferencia de los otros chicos, no había alzado a verlas aunque amenizaban el ambiente con sus risas y saludos. Alana procuró sentarse lejos de él, pensaba que no sabría como verlo al rostro después de anoche. Se había ido a la cama meditando en lo que Kai le había dicho, y por su puesto, en aquel acercamiento que tuvieron, pensaba que tal vez Kai se había precipitado, pero al mismo tiempo sabía que Kai no era ese tipo de persona impulsiva. De todos modos, decidió evitarlo y dejar pasar lo ocurrido, prefería que fuera una especie de sueño que no se volvería a repetir. Ahora era tiempo de enfocarse en el entrenamiento.
Los chicos se sentían alegres de estar todos reunidos; Lee, Matilda, Miguel, Garland, Miztel y Ozuma se habían unido esa mañana. La pequeña algarabía fue terminando cuando Hiro empezó a pasar lista.
- Uu mira… ya alguien se puso serio… - susurró Roxie al oído de Alana.
- … Tyson… Tyson… - Hiro alzó la vista de la lista con los nombres apuntados y miró alrededor – Agh… ¿alguno sabe dónde rayos está Tyson?
- Creo que alguien va estar en problemas… - cantó por lo bajo Roxie- últimamente el entrenador no anda de buenas pulgas – volvió a susurrarle a Alana, la cual le dio un ligero codazo para que se callara.
A lo lejos se escuchó la voz quejosa de Tyson y los regaños del Jefe, todos sabían que había ocurrido:
- Tyson se quedó dormido. – dijeron varios a la misma vez.
Hiro volteó sus ojos desdeñosamente y continuó llamando a los demás. Le avergonzaba que su hermano fuera tan impuntual.
- Bien, muchachos, ayer estuve observando cuidadosamente a cada uno de ustedes para decidir los equipos que competirán en este torneo.
- ¿De qué me perdí? – Tyson entró precipitosamente, recién bañado y aún acomodándose su ropa. Cuando sus ojos se pusieron sobre Kai, no se contuvo en saludarlo- ¡Oh, Kai! Sí que me has sorprendido, viejo, tú casi siempre te apareces al final. – se acercó a estrecharle la mano.
Todas las miradas se dirigieron adonde estaban. A Kai le incomodó que Tyson fuera tan indiscreto, así que no le extendió la mano.
- ¿Podrías callarte? – le dijo por lo bajo.
- Tras de que llega tarde se hace el importante… - murmuró Roxie, y Matilda, que estaba cerca, se rió queditamente.
Hiro le hizo un gesto con la mirada al Jefe que venía detrás, y este empujó a Tyson hasta sentarlo de golpe en otro de los sofás.
- Bien… como les iba diciendo… - Continuó Hiro – Les asignaré una hora a cada grupo en la que deberán venir para hacerles una prueba, luego todos los competidores lucharan entre sí en el tiempo que les diga. Esto nos ayudará a mejorar las destrezas. Mientras no deban presentarse deberán aprovechar para entrenar a su manera. Recuerden que es una competencia. Cuando diga los equipos necesito que se coloquen al lado de su compañero. Pero antes quiero presentarles a un nuevo miembro de la BBA.
Hiro hizo una seña hacia la puerta, todos miraron expectantes, y en seguida Judy ingresó con una chica al lado. La mirada de Kai mostró la sorpresa que recibió al verla.
- Su nombre es Yori.
Ella se inclinó un poco para saludarlos a todos. Y la mayoría le dio la bienvenida.
- Apuesto a que no te esperabas eso… - le dijo Ryan a Kai, sentándose a su lado.
- No… - le respondió pensativamente, luego de una pausa.
- Ella será la compañera de Mariah. – agregó Hiro.
Mariah se alegró al escuchar la noticia y se acercó a Yori de inmediato, Hiro sabía lo amigable que era Mariah y que podía hacerla sentir como en casa.
- Los demás equipos serán: Matilda y Alana, Roxie y Mariam…
- Esa es mi chica… - murmuró Ryan cuando Mariam pasó al frente suyo.
Mariam se volteó a verlo con una cara que expresaba los deseos que tenía de mandarlo a volar con su mirada.
- NI en tus sueños.- le enfatizó moviendo los labios en tono quedito. Luego se dirigió a Roxie y le sonrió amablemente.
- Daichí y Max, Kevin y Mixtel, Lee y Garland, Tyson y Ray, Er y Ozuma, Kai y Tala…
- Como en los viejos tiempos… - dijo Tala acercándose a Kai.
- Y finalmente… Ryan y Miguel.
- Genial… me tocó con el niño bonito… - susurró Ryan en tono de queja.
Hiro los despidió luego de que les asignara la hora en la que los vería. Yori le pidió a Mariah esperarla mientras saludaba a un viejo amigo.
- Kai, no sabes el gusto que me da verte de nuevo. – le dijo acercándose al chico que aún no salía del salón.
- Me sorprende mucho tu venida, Yori. – le dijo mirándola fijamente.
Kai había guardado la distancia entre los dos, pero Yori se acercó de inmediato y lo tomó de la mano.
- Tenemos mucho de que hablar, como antes. – le dijo mirándolo a los ojos.
Mientras los chicos entrenaban, Hiro se tomó el tiempo para atender a alguien que no estaría muy contenta de verlo: Karisa. La chica estaba levantando unas pequeñas pesas cuando él entró con sus manos dentro de los bolsillos del pantalón deportivo.
- Vaya, vaya… ¿Qué tenemos acá? Una chica intentando hacerse más fuerte – luego soltó una risa.
Karisa dejó las pesas y lo miró extrañada.
- ¿Qué haces acá?
- Vengo a entrenarte.
- Un momento… debe haber un error porque yo nunca le dije a Roxie que…
- No importa lo que tú digas, Roxie es mi subordinada y ella hace lo que yo diga, por tanto tú harás los que yo diga, claro, si es que de verdad crees que podrás con un entrenamiento real, no unos simples aeróbicos para adelgazar.
Hiro la miró de arriba abajo pretendiendo que la examinaba. Karisa se sorprendió de escuchar lo que Hiro dijo, había algo que no le parecía igual en él. Se sintió incómoda de que Hiro la mirara así.
- Le dije a Roxie que debías subir de peso, pero me parece que te sobrepasaste.
- ¡¿Qué?! ¡Atrevido!
Karisa intentó darle una bofetada, pero Hiro le detuvo la mano fácilmente, luego le hizo una llave hasta tirarla en el suelo. Ella gritó un poco pues no se esperaba eso.
- ¡Patético! – le dijo Hiro – Ni siquiera puedes detener este ataque tan simple, no tienes nada de fuerza.
La chica se encolerizó, giró sobre sí en el suelo y empujó a Hiro con sus manos, con toda la fuerza que pudo.
- Oh… a lo mejor esos kilos de más han favorecido tu fuerza, aunque sea un poco. Pero no te servirá porque ya estás cansada. – le decía mientras hacía que sacudía su camisa.
Karisa se puso en pie.
- ¡Eres repugnante! – le gritó - ¡Muy repugnante!
La chica intentó salir del lugar pero Hiro la tomó en otra llave y la lanzó a una de las lonas de espuma.
- ¿No me digas que pensabas huir? Bueno… no me extrañaría, las mujeres suelen ser así de cobardes.
Hiro hizo un puño con su mano y se dirigió al estomago de la chica, quien asustada lo trató de evadir de inmediato.
- ¡¿Qué te pasa?! Te comportas como un …
- ¿Como un hombre…?¿cómo un entrenador? ¿Qué ibas a decir?
- ¡Como un idiota! – le dijo en tono odioso.
- Mira, pecosa – le dijo pegándola contra el suelo - he tratado de ser amable contigo pero ahora seré tu entrenador en vez de Roxie, y la única manera en que vas a lograr salir hoy de este salón será derrotándome.
