Motivos Propios
- ¡Me estás… lastimando! – le dijo Karissa tratando de moverse - ¡Quítate!
- ¿Qué no escuchaste? ¡No saldrás sino me vences!- Hiro aún permanecía presionándola de espaldas contra la lona.
De donde no tenía, Karissa tomó un poco más de fuerza y logró volcar a Hiro de manera que ambos quedaron vueltos de costado. Pero para desgracia de ella, Hiro le dio vuelta de nuevo, esta vez dejándola de pecho contra la lona, y le dobló su brazo derecho hasta ponerlo contra la espalda, inmovilizándola de nuevo. Hiro soltó unas carcajadas que la enfurecieron aún más. No quería mostrar el dolor y la incomodidad que sentía, así que apretó fuertemente sus labios para no gritar.
- ¿Hasta cuándo te vas a hacer la valiente? Admítelo, no puedes salir de esta, es más, ni siquiera hubieras podido librarte del aprieto del parqueo si Ray y yo no te hubiésemos ayudado. – le decía acercándose a su oído. - Todavía me quedan un par de horas antes de que vengan los chicos de su entrenamiento, no me molestaría mantenerte contra el suelo todo ese tiempo. Pero claro, tú eres demasiado orgullosa y resistente como para no rendirte y seguir soportando…
- ¡Ya cállate! – por fin gritó – ¡De acuerdo! ¡Tú ganas, no puedo contra ti, así que suéltame de una vez por todas!
- Solo con una condición.
- ¡¿Qué?!
- Quiero que te retractes de cada grosería que has dicho de mí, como que soy un arrogante, un presumido…
- ¡Eres un arrogante y presumido!
Al decir esto, Hiro haló más de su brazo.
- ¡Aah! – gritó por lo bajo.
- No aprendes ¿cierto? ¡Retráctate!
Karissa suspiró amargamente.
- No eres un arrogante…. – dijo forzadamente – no eres un presumido…
Hiro permaneció serio.
- Di que soy el hombre más amable que hayas conocido.
- ¡Eso no es… aaah! – Hiro volvió a halar de su brazo. – Eres muy amable…
- Di que aceptarás sin quejarte mi entrenamiento de ahora en adelante.
La chica, que ya no soportaba más el dolor en su brazo, no tardó en decirlo.
- Acepto que seas mi entrenador… ¡Ya déjame!
- Vendré a buscarte a la misma hora todos los días, si no vienes, confirmaré que eres una habladora más y una gallina.
Hiro la soltó de inmediato. Karissa se sintió tan aliviada aunque pensó que se había quedado sin su brazo, se dio vuelta sobre la lona hasta quedar de espaldas y tomar un gran respiro. Luego vio la mano extendida de Hiro para ayudarla a levantarse. Como estaba aún molesta con él, no aceptó la ayuda, sino que se levantó a como pudo.
- Lo siento, no quise hacerte sufrir tanto.
Ella lo miró con mucho desdén y siguió caminando hacia la puerta mientras sostenía su brazo adolorido. Hiro se llevó las manos a los bolsillos y rió.
- Bueno… en realidad solo quise que sufrieras un poco… perdón si se me pasó la mano.
Solamente escuchó el sonido estrepitoso de la puerta que Karissa cerró a su paso.
Hilary caminaba de la misma forma que solía hacerlo cuando estaba molesta por algo, apresuradamente y con los puños apretados a los lados mientras se dirigía a la habitación del hotel.
- Michael Parker, es la última fiestecita a la que asisto contigo, no sé como puedo soportar estar en medio de esas chicas ruidosas y sin cerebro que son tus admiradoras - decía para sí misma.
Sacó de entre su bolso las llaves y abrió la puerta.
- Será mejor que descanse un poco de tanta estupidez… - Mientras se recargaba en la puerta una vez que la cerró, miró hacia abajo y notó un sobre de manila color amarillo.
Se agachó para recogerlo, y antes de abrirlo leyó lo que decía por fuera. En la etiqueta estaba el nombre del hotel donde se hospedaba así como la dirección de la ciudad de Miami en la que estaban, pero de repente su rostro se tornó pálido al leer quien se suponía era el destinatario, sintió que sus manos comenzaron a temblar y decidió sentarse en la cama.
- Esto no puede estar pasando… ¿qué tipo de error es este?
Escuchó que su corazón latía lenta pero fuertemente, hace tiempo que no tenía esa sensación de suspenso. El sobre traía dentro unos papeles que databan de hace mucho tiempo, ella ni aún había nacido. Sus ojos se abrieron aún más cuando leyó el membrete de los papeles "BioVolt…" Se llevó la mano a la boca.
- ¿Será posible…? – luego de examinar una y otra vez lo que había en el sobre, corrió a cerrar la puerta con llave. Lanzó el sobre con los papeles dentro sobre la cama. – Piensa, Hila, piensa… ay no… ¿ahora que voy a hacer?- dijo mientras se tiraba de espalda contra la cama.
Lila no se despegaba del Jefe ni un minuto cuando estaban en la sala de entrenamiento, le era demasiado fascinante conocer todo lo que Kenny le mostraba en la computadora, a pocos minutos de la hora indicada por Hiro para reunirse a practicar todos juntos. Sin embargo, ya algunos se habían puesto a beybatallar. Daichí y Max fueron los primeros en encontrarse en el plato, luego se le fueron uniendo Max, Lee, Tala, hasta llegar Kevin y Ozuma. Mariah, quien junto con Yori había llegado de primeras, estaba a punto de lanzar su beyblade con los chicos, pero los beyblades disminuyeron la velocidad en tanto que los muchachos se miraron entre sí.
- ¿Qué pasa? – inquirió Mariah - ¿Por qué no siguen? Estaba muy reñido.
- Es un juego de solo chicos… - le dijo Daichí con mucha tranquilidad.
Mariah dejó su boca abierta.
- O sea que me excluyen por ser una chica… ¡Eso no está bien! – reclamó con sus manos en la cintura.
- Mariah… lo que Daichí quiere decir es que estamos jugando un poco más rudo de lo normal y no queremos que te lastimes. – Max intervino diplomáticamente tratando de bajar la tensión.
- ¡Pues a mí me parece que solo quieren dejarme por fuera!
Para el resto de las chicas que apenas entraban al salón de entrenamiento, les fue imposible ignorar la discusión.
- Oigan ¿Qué está sucediendo? – preguntó Mariam mientras se acercaba a ellos.
- Solo escuchen esto: Nuestros compañeros han decidido que como su juego es muy "rudo" no podemos ser parte de él. – les informó Mariah enojada.
- ¡Eso es lo más absurdo que he escuchado! – comentó Roxie indignada.
- ¡Además es injusto! – añadió Matilda.
Alana no opinó no porque estuviera de acuerdo con los hombres, sino porque su atención se había enfocado en las dos personas sentadas en uno de las banquillas, apartes de los demás y teniendo una conversación que parecía ser amena. Se trataba de Kai y Yori, la cual estaba de frente a Kai. Los demás estaban discutiendo tan acaloradamente que no se dieron cuenta de lo ida que Alana se quedó por unos segundos. De repente sintió un jalón que la hizo volver en sí y prestar algo de atención a lo que Mariah hablaba.
- Entre todas nosotras podemos ganarles si nos lo propusiéramos. – Mariah había reunido a las chicas como formando una barrera frente a los chicos, así que el jalón que sintió fue cuando Mariah la tomó del brazo y la acercó a ellas.
- ¡Oh por favor! – replicó Tala retirando su beyblade- ¡Ya nos arruinaron la diversión! Yo me retiro…
- ¡Te retiras porque sabes que te ganaremos! ¡Qué cobarde!- le dijo su prima Roxie.
- ¡Oigan! ¡Qué sensibles que son! No las estamos excluyendo, solo que queremos un poco de privacidad y jugar a nuestro modo. – dijo Dachi poniendo frescamente sus manos detrás de la cabeza, lo cual pareció enfurecerlas más.
Kenny y Lila observaban casi entretenidamente sin decir nada, solo movían su cabeza de un lado a otro en tanto uno de los chicos o una de las chicas reclamaba.
Alana aún no dejaba de divagar, luchaba con un sentimiento que no había tenido nunca antes. No quería pensar mal de Kai o de Yori pero verlos a los dos juntos charlando de quien sabe qué la hizo imaginarse lo peor que podría estar sucediendo.
- ¡Oye Yori! – Mariah vociferó llamando a la chica - ¡Ya deja de charlar, te necesitamos acá!
Yori se levantó de inmediato y, dejando a Kai, se apresuró a reunirse con ellas.
- ¿Qué pasa?
- ¡Tú solo lanza tu beyblade y demuéstrales a estos habladores que podemos solas contra ellos!
Yori sonrió y con su mano movió su cabello hacia atrás, Alana no pudo evitar dejar de verla.
- ¡Bien, chicas! ¿Listas?- Mariah y el resto, excepto Alana, apuntaron con sus lanzadores - ¡Let it rip!
Una lluvia de golpes sobre los beyblades de los chicos no tardó en aparecer. Los ojos de Alana seguían a los beyblades bailando dentro del plato, rayando y golpeando con toda potencia, pero su mente seguía en la imagen de Kai y Yori. De un pronto a otro, su ceño se frunció. "¡Ya olvídalo!" se dijo así misma y lanzó su beyblade.
Cuando Hiro, Judy, Ryan, Er, Miguel, Garland y Miztel llegaron se asombraron de ver tanta euforia.
- Dime que estás grabando esto, Kenny. – le dijo Hiro sonriendo.
- Por supuesto, no hemos perdido ni un solo detalle de lo que ocurre, ¿Cierto Lila?
- ¡Sí!
- Por cierto… Tyson y Ray no han llegado. – Kenny advirtió a Hiro.
- Lo sé.
El Jefe se asombró de notar la serenidad en Hiro al respecto.
-Yo mismo les pedí que no volvieran, a Tyson le dije que se fuera a entrenar y que no le aceptaría volver a la BBA hasta que venciera a Ray. Ray sabe lo que pretendo y está dispuesto a ayudarme.
- ¿Seis contra todos nosotros? ¿No es un poco descabellado? – preguntó Kevin acercándose al plato.
- Es lo que yo digo… no necesitan que yo juegue para vencerlas. – Le dijo Tala con sus brazos cruzados.
La batalla se volvía un poco confusa, las chicas no utilizaban nada de técnica sino que solamente daban golpes a lo loco. Y los chicos movían sus beyblades con cierta torpeza, evadiendo los golpes sin táctica de ellas y haciendo comentarios sarcásticos.
- Hiro, detén este circo de una vez, ya hemos perdido mucho tiempo. – demandó Kai con tono autoritativo.
- Hmm. Ve y detenlos tu mismo.
Kai miró a Hiro de reojo y caminó hacia el beyestadio ajustando su lanzador. De repente el beyblade de Kai entró al plato y comenzó a barrer con los beyblades de todos los que tenían la defensa descuidada, lanzándolos fuera. Hasta que cada uno de los que estaban ahí fueron derrotados fácilmente. Kai hizo que su beyblade volviera a su mano.
- Si van a beybatallar, háganlo bien y en serio. – les dijo secamente.
Ninguno dijo palabra excepto Hiro.
- Bien, Jefe, ¿podrías proyectar la grabación para mostrarles el ridículo que hacían?
Y así comenzó el entrenamiento general que duró casi una hora.
El día anterior cuando recién Kai había llegado a la BBA y se había quedado de ver con Hiro, luego de pedirle que no le dijera a nadie que él llegaría ese día, había tenido una pequeña conversación con él.
- Kai… necesito saber qué hay en tu mente, dime cuales son tus intenciones al venir después de todo lo que ha ocurrido.
- ¿Por qué te interesa tanto? Hiro.
- Bien, si estás acá supongo que consideras ser parte de la BBA.
- No he dicho nada aún.
- Kai... seré directo, tu viste morir a Brooklyn, a quien deseabas volver a vencer, ¿qué te motiva ahora a seguir beybatallando? ahora que ya él no está y que como tu y yo sabemos, Tyson no se encuentra en condiciones como antes.
- Hiro, sé que vi morir a Brooklyn, no tienes que recordármelo, y además, yo tengo mis motivos.
- Has sido muy egoísta, ahora es tiempo de trabajar en equipo ¿no crees? ¿o acaso piensas que podrás lograr todo solo?
- Estoy enfocado en otras cosas que no necesariamente involucran el torneo.
Hiro caminó hacia la ventana con sus manos en los bolsillos mientras Kai permanecía recargado a la pared.
- Alana debe ser una de esas "cosas", supongo.
- Probablemente. – dijo luego de cerrar sus ojos.
- Quiero pensar que si te unes a los entrenamientos con nosotros es porque estarás dispuesto a negarte a ti mismo por el bien tuyo, de la BBA, y… de Alana.
Kai rio un poco.
- ¿Tú creerías eso?
- Si tu no lo crees, ¿quién sería yo para creerlo por ti?
- Estoy seguro de que no eres nadie, Hiro. Y lo que yo decida hacer por mí, por la BBA y por Alana, es mi problema.
El chico dio media vuelta y comenzó a alejarse de Hiro.
- Mmm… claro.
A pesar de que se mostró bastante frió e indiferente ante Hiro, ambos sabían que no había sido una conversación superficial. Kai, esa noche luego del entrenamiento, recordaba las palabras del entrenador. Definitivamente ya se había negado a sí mismo al estar entrenando junto con los demás, cuando podía estar exigiéndose más de lo que entrenaba. Pero Hiro también sabía eso, y comprendía que Kai se quedaba por una razón que no involucraba solo su egocentrismo, sino que quizás los demás necesitarían de él. Luego pensó en Yori.
-No sé como rayos apareciste en este momento, Yori. Jamás pensé verte de nuevo, es más, casi que te había olvidado.
Como si los pensamientos de Kai hubieran llamado a la chica, Yori se apareció frente al beyluchador que la miró con un poco de asombro.
- ¿No deberías estar en tu habitación? – le preguntó luego de cerrar los ojos y cruzar sus brazos.
- ¿Y tú? ¿A caso nunca duermes?
Kai no le respondió. Yori miró el árbol en el que Kai estaba recargado y subió muy ágilmente a la rama más cercana.
- ¿No subes? La vista es mejor acá.
El chico levantó la mirada y ella le sonrió.
- Estoy muy contenta. Poder venir a Rusia, jugar en el próximo torneo, encontrarme de nuevo contigo... es más de lo que puedo pedir.
- Yori… ha pasado mucho tiempo. Algunas cosas ya no son iguales. – le dijo luego de caminar un poco hacia adelante.
- Lo sé. – hubo un pequeño silencio antes de que Yori continuara. – Te molestó que Tyson tuviera un trato diferente en su entrenamiento, ¿cierto?
- No. Yo hubiera entrenado solo si lo hubiera decidido así. Para ello no necesito a Hiro, o a Tyson…
- Parece que los subestimas – rió mientras balanceaba sus pies que colgaban.
- No exactamente. – le respondió.
Yori bajó de un salto del árbol.
- Quiero beybatallar contigo.
Kai miró el beyblade que la chica le mostró, y luego le asintió con la cabeza.
- Te estaré esperando mañana. – le dijo sonriendo. – Ah… y no olvides traer algo de comer… hay gatos en la azotea.
Luego la chica desapareció de su vista. Ella siempre hacía lo mismo cuando se veían en Inglaterra. Y no era extraño, pues provenía de una familia de ninjas, pero eso solo Kai lo sabía.
Judy estaba a punto de cerrar su oficina cuando el teléfono comenzó a sonar. Dudó en levantarlo, ya era muy tarde y tenía sueño. Pero luego pensó que podía ser una emergencia, así que lo tomó.
- ¿Hola?
- Judy, soy Hilary.
- ¡Hilary! – la expresión de cansancio se tornó en emoción. - ¿Cómo estás? ¡He pensado mucho en ti!
- Estoy bien… Judy… y también pienso mucho en ti, solo quiero pedirte un favor.
- ¡Claro, adelante!
- Necesito localizar a Alvin lo más pronto posible…
- ¿Qué sucede? ¿Estás bien?- Judy ahora estaba preocupada.
- Sí… sí… yo estoy bien… te prometo que te contaré todo luego. Ahora por favor, dime como puedo hablar con Alvin.
Al día siguiente, el entrenamiento de Karissa estaba a punto de iniciar, ella esperaba puntualmente a Hiro, quien se retrasó un par de minutos. La puerta del gimnasio se abrió y Hiro caminó hacia la chica que observaba su reloj. Hiro mantenía su rostro serio, pero cuando se paró frente a ella mostró una leve sonrisa.
- Hola.
Karissa levantó una de sus cejas sin responderle algo.
- ¿Qué te parece si comenzamos de nuevo? Olvidaré que te conocí antes y si tú quieres podemos presentarnos desde cero.
Hiro le extendió su mano esperando una respuesta positiva de ella. Karissa, quien hasta ahora lo miraba con seriedad, sonrió y le tomó la mano. Pero inmediatamente arremetió contra Hiro y lo lanzó al suelo. Hiro, que definitivamente no se esperaba eso de ella, sonrió aún tendido en el piso.
- Vaya… ya sé que estuviste haciendo después de que nos vimos ayer… Entrenaste ¿verdad?
Hiro se quedó unos minutos más tendido. Karisa, quien estaba orgullosa de haberlo tumbado de tal manera, comenzó a extrañarse de que Hiro no se pusiera en pie.
- ¿Te vas a quedar ahí? Vine para que me entrenaras no para verte en el suelo.
Hiro se dio vuelta y se mantuvo tendido pero esta vez de espaldas y llevándose las manos detrás de la cabeza.
- Karissa…
- ¿Qué?
- Yo de verdad no te agrado ¿cierto?
- Así es… - dijo cruzándose de brazos y dándole la espalda.
- Así que no hay nada que yo pueda hacer para que pueda agradarte.
- Nada de lo que has hecho hasta ahora ha funcionado.
- Bien…
Hiro se levantó y comenzó a hacer unos estiramientos. Luego se dirigió a una pared que tenía unos controles muy tecnológicos en ella, y al apretar algunos botones, el plato de beyblade que estaba en el centro del gimnasio comenzó a cambiarse en un autentico ring de boxeo. Karissa miró boquiabierta. Hiro subió y le pidió que lo acompañara. La chica se acercó lentamente, cruzó las cuerdas y ambos estuvieron frente a frente con distancia entre sí.
- Tú me odias.
Karissa calló por unos instantes, en realidad no supo que decirle.
- Yo… yo pienso que eres odioso.
- Pero no me odias ¿o sí?
- Un poco… tal vez… sí… - tartamudeó.
- Te daré la oportunidad de que me golpees lo más fuerte que quieras. Si me odias no te importará cuanto me duela. Te doy mi palabra de que no te voy a golpear de vuelta. – le dijo mientras le daba unos guantes de boxeo.
- ¿Para qué quieres que lo haga? – preguntó mientras se los ponía.
- Mmm… alguien que conozco diría que tengo mis motivos…
La chica estaba impresionaba ante la petición de Hiro. Se movió un poco más cerca de él.
- Anda… golpéame con todas tus fuerzas. Es más, pondré mis manos detrás de mi espalda.
Karissa caminó aún más y ahora estaba frente a frente de Hiro. Suspiró profundamente, alistó su puño y lo golpeó por la mejilla derecha. Hiro retrocedió un paso después del golpe que le había vuelto un poco la cara.
- ¿Es todo? – le dijo seriamente. – Más fuerte, tú me odias más, pecosa.
La chica se lanzó contra Hiro y comenzó a darle puñetazos arrinconándolo. No era que lo hacía perfectamente pero no hace falta ser buen boxeador para dar un buen golpe si la otra persona ni siquiera intenta defenderse. Fueron dos o tres puñetazos al rostro que hicieron que comenzara a sangrar por el labio, se lo había roto. Cuando Karissa vió la sangre correr se detuvo y retrocedió.
- ¿Ya terminaste? – le preguntó luego de secarse la sangre.
- ¿Eres masoquista o qué? – Karissa lucía un poco asustada. Se quitó los guantes de inmediato y los tiró.
- Eso mismo te pregunto yo, Karissa.
- ¿De qué estás hablando?
- Si de verdad hubieras querido golpearme lo hubieras hecho más fuerte que eso… no solo mi labio estaría sangrando… pero no quieres golpearme, y aún así lo haces. Igual que sé que no quieres odiarme pero aún así lo intentas. Y al final… te lastimas tu más que yo.
Karissa volteó la mirada al lado y no respondió.
- El entrenamiento terminó. Te veré mañana. – Hiro bajó del ring y se dirigió a la salida.
