Capitulo 4:

Pov Draco

Cuando llego a la pared del castillo siento no haber pensado una forma de subir nuevamente por ella. No llevo la varita encima, desde que puedo transformarme he perdido la costumbre de llevarla conmigo. Puede parecer estúpido, pero con todo este poder dentro de mi no lo veo realmente necesario. Me siento poderoso y seguro sin necesidad de ese trozo de madera que una vez fue impensable dejar atrás. Ahora me siento tonto por no haber pensado en ello.

Una idea cruza mi mente, quizás cambiar lo suficiente para sacar a relucir esas practicas garras con las que subir la rugosa pared. Pero implica muchos mas problemas de los que soluciona. Quedarme paralizado por el dolor y caer unos cuantos metros que harían mucho daño es lo que mas me preocupa. Lo mas lógico seria volver al bosque transformarse, trepar la pared totalmente siendo un tigre y cambiar arriba. Aunque volver al bosque también tenia sus riesgos. Los centauros estarían patrullando su territorio a estas horas, casi podía olerlos desde esta distancia.

Maldita sea, ¿que era una caída comparada con unos cuantos centauros queriendo mi piel para colgar encima de sus chimeneas?.

Me desnude por completo y me quite los zapatos, hice un hatillo colocando mis caros Gucci a medida dentro y lo agarre con los dientes.

Pensé en la tristeza de los ojos de mi madre, en mi padre y en el rostro de Voldemort y en las ganas que tenia de tener su rastrero cuello entre mis dientes. La rabia burbujeo con rapidez hasta mi garganta y quise rugir de indignación. Note el cambio en la punta de los pies y las manos, me impulse arriba. Las garras hacían un trabajo perfecto de sujeción entre los huecos de las piedras y con un gran esfuerzo soportando el dolor que aguijoneaba mi piel, conseguí llegar hasta el quicio de la ventana abierta. Resbale un poco al intentar entrar por la ahora estrecha abertura de la ventana, pero unos empujones de mis fuertes patas traseras y unas maldiciones mentales después, conseguí caer sin demasiada gracia en el suelo del baño abandonado.

Esta vez el cambio fue mucho menos doloroso, quizás la distracción por no caer al suelo fue buena medida.

Mire mi ropa, desgarrada y llena de mi sangre. Me maldije otra vez por no llevar mi varita encima.

¿Que debía hacer ahora? La ropa que quedaba apenas cubriría mi cuerpo y también que decir que el que me viera entre lo poco que cubriría y las manchas de sangre no me dejaría ir tan fácilmente sin una explicación. Y un enorme tigre por mitad del castillo tampoco seria una gran idea. Si esto le estuviera pasando a otro me parecería hasta gracioso.

Escondí la ropa tras un hueco que había junto a un destartalado lavabo. Y me propuse volver a cambiar, el dolor me envolvió en violentas oleadas. Sintiendo cada hueso desencajar, crecer y volver a su sitio como una engrasada maquinaria perfecta. Era una sensación angustiosa y fascinante al mismo tiempo.

El dolor cedió paulatinamente ampliando un gran abanico de olores y sonidos.

Me moví sigiloso entre los oscuros pasillos, zancadas ligeras e insonoras, contrastadas por los pasos torpes y pesados de los prefectos que aun hacían sus rondas.

Olí el aroma de una loción de afeitar, salvia, regaliz y un toque picante de canela. Anthony Goldstein, lo recuerdo porque su olor era uno de los pocos en el tren que no me daban nauseas, al menos no muchas.

Me escondí tras un recodo y rece a Merlín que no le diera por mirar demasiado las esquinas oscuras.

Paso de largo sin desviar la vista del frente, daba gracias porque fuera tan enfrascado en lo que estuviera pensando.

Volví a ponerme en marcha, quedaba poco para llegar hasta las escaleras que me llevarían a las mazmorras y al final de esta pésima noche.

Murmullos y sollozos, casi inaudibles.

Agudice el oído y ahí estaban de nuevo, gemidos lastimeros de una mujer. A unos metros a a mi izquierda.

Mire la escalera que bajaba hasta el mismo nido de las serpientes y de vuelta a mi izquierda.

Maldita fuera mi curiosidad, avance precavido hacia el sonido. Susurros cada vez se hacían mas claros.

-Estúpida Sangre sucia-el lamento en respuesta a estas palabras estaba lleno de miedo.

Su olor me impacto, dejándome por un segundo paralizado. Dulce caramelo que se derretía en mis papilas gustativas.

Me acerque mas, cada zancada mas furioso. El control se esfumaba como humo entre mis dedos. El único pensamiento razonable en mi cabeza...Proteger.

Todo paso en un latido de corazón, embestí con todo mi pesado cuerpo. El sonido sordo de cuerpo contra cuerpo y de este chocando contra la pared solida. Solo salieron dos sonidos de la boca del enemigo, sorpresa y dolor.

Volví toda mi atención al cuerpo ovillado en el suelo. Era una temblorosa masa de carne y huesos.

Sentí esa poderosa oleada que me había recorrido antes. La cruel punzada en mi cabeza aflojo un poco su duro agarre. Volvía a pensar un poco mas como humano que como animal.

Hociquee suavemente su brazo, al sentir mi toque su puño se apretó. Estaba terriblemente asustada y yo no sabia que hacer. Mi razón mas humana me pedía a gritos que me marchara corriendo, pero mi instinto animal anclaba cada una de mis patas al suelo junto a Granger.

Lamí su brazo desnudo, saboreando ese dulce sabor que embargaba mi boca. Su sabor era jodidamente mejor que su olor y saber eso me hizo saber que estaba un poco mas jodido.

Pareció dejar de temblar un poco y su cara volteo un poco hacia mi dirección. Sus ojos, todavía invadidos por el miedo, conectaron con los míos entre una cortina de su salvaje pelo.

Contuve la respiración, esperando una reacción violenta que no llego.

En cambio una mano temblorosa se alzo hacia el pelaje de mi cuello. Su toque era suave, un traicionero ronroneo raspo mi garganta, haciéndome sentir un completo idiota.

Retrocedí abrumado por esa cálida sensación que me oprimía el pecho y que amenazaba con destrozar todo a su paso.

Eche un ultimo vistazo al cuerpo de Peregrine Derrick, cuando había vuelto a pensar un poco mas como humano lo había reconocido.

Peregrine Derrick era un Slitherin de ultimo año, un gran afiliado a la causa de Voldemort.

Y el muy estúpido había querido jugar a un juego muy peligroso con Granger.

Estaba inconsciente, con una buena herida en la sien derecha, una pena que siguiera respirando.

Mire a Granger, se había incorporado un poco hasta sentarse. Sus ojos estaban clavados en Derrick.

Escuche pasos apresurados, cada vez mas cercanos. Un ultimo vistazo a Granger y salí corriendo dirección hacia las escaleras y de vuelta a mi sala común.

Pude oler a Theo a poca distancia de la puerta, se veía nervioso, paseando de un lado al otro.

-Maldito seas Draco, me has dado un susto de muerte-el pequeño saltito de sorpresa fue gracioso y consiguió mejorar un poco mi humor.

Solo me quede mirando con mi mejor mirada de inocente, si es que un tigre de mas de 400 kilos y dientes del tamaño de un cuchillo puede hacer una mirada así.

-Vamos adentro, te daré una excusa para que puedas entrar a los dormitorios sin que nadie te vea.

Sentía una gran curiosidad por saber como iba a conseguir que un animal de mi tamaño pasara desapercibido entre toda esa gente.

-Hoffman, creo que me debes una disculpa-dijo Theo acercándose a Rob Hoffman, mas conocido como Mastodonte Hoffman.

-¿De que puñetas hablas Nott?-Hoffman saco a relucir su conocido mal genio.

-De que tu maldito olor es un insulto a cada olfato en esta habitación-Theo se puso delante de Hoffman, que bien le sacaba unos 15 centímetros.

-Repite eso sabandija asquerosa-la tremenda vena en la sien de Hoffman estaba atrayendo a curiosos que rodeaban a los sujetos en cuestión, dándome la prometida oportunidad de subir las escaleras hasta los dormitorios.

El primer chasquido de un puñetazo fue mi pistoletazo de salida hacia las escaleras.

Sali corriendo esperando sinceramente que los enormes puños de Hoffman no tocaran a Theo.

-Continuara...

Gracias por leer y siento muchísimo la larga tardanza, he hecho y deshecho este capitulo miles de veces.

Espero que les haya gustado y que dejen sus opiniones. El próximo capitulo lo subiré en breve aprovechando esta racha de inspiración.

Muchos besos y saludos.