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Un nuevo capítulo.
Espero les guste.
Gracias por leer.
Disclaimer:
Prince Of Tennis no me pertenece.
Resumen:
A donde quiera que fuera ella llevaba ese peluche porque Seiichi se lo había regalado, no importaba que ahora tuviera siete años pero aún así lo cargaba siempre, a la escuela y a sus demás actividades lo llevaba lo que en verdad lo hacía sonreir a él porque de alguna u otra manera sabía que así siempre lo recordaría y que jamás lo olvidaría... si definitivamente le encantaba ese peluche
Peluche
- No puedo dormir - Seiichi se removio en la cama tratando de no escuchar a la pequeña niña pero esta lo removio con la mano, sabía que si ahora no se despertaba Sakuno era capaz de colarse dentro de su cama y aventarlo hasta casi tirarlo de la misma así que como no le quedaba de otra abrio los ojos observando a la pequeña niña cobriza que lo miraba de pie con una cobijita entre las manos y con un osito de peluche además de un conejo entre los brazos, se sorprendio de ver que ahora cargaba el peluche que le había regalado cuando ni siquiera las gracias le había dado.
No es que le molestara pero si hubiera agradecido que ella le diera las gracias aunque quiza el estar rodeada de tantas la había colocado nerviosa - Sube - se hizo a un lado dejandole un lugar para que ella se subiera con calma a la cama, se cubrio de nueva cuenta con los edredones cuando noto que algo se colocaba demasiado cerca de su espalda, ladeo un poco la cabeza y observo que el oso y el conejo estaban haciendo presión sobre su persona, suspiro porque vaya que sería una noche larga aunque extrañamente no le molestaba que ella estuviera en su cama.
- S-Seiichi - lo llamo y él tan solo alzo la mano para darle a entender que la estaba escuchando aunque sus ojos estaban más que cerrados y la verdad es que ni siquiera quería escuchar que quería decirle - G-Gracias... por el peluche - se quedo tranquilo sintiendo como uno de los peluches se despegaba de su espalda, se coloco sobre las palmas de sus manos y la vio abrazar el conejito, no era la primera vez que ella se quedaba en su casa debido a que sus padres viajaban y mucho menos era la primera vez en que ella se metía a su cama.
Se acomodo para verla a la cara y sonreirle - Creí que no te había gustado - comento con un deje de burla notando que ella se sonrojaba para enterrar la cabeza en la cara del peluche, era demasiado adorable a sus seis años - M-Me gusto - aseguro ella mordiendose un poco el labio para cerrar los ojos fuertemente, él tan solo sonrió para cerrar igualmente sus ojos, tenía sueño y lo mejor era dormir porque mañana sería un día largo debido a que Sakuno se quedaría en su casa dos semanas por lo que su madre lo iba a obligar a acomodar las cosas de la niña y vaya que eran demasiadas cuando solo tenía seis años recien cumplidos, sin embargo, se encontro sonriendo ante la idea inexplicablemente.
Odiaba en verdad las matemáticas o quiza no pero se le hacían demasiado tediosas, llevaba más de quince minutos en el ejercicio y no salía el resultado, resoplo frustrado, a sus diez años era estresante no entender algo de esa materia cuando los demás niños si que lo hacían, se dejo caer sobre su cuaderno jugando con el lápiz, estaba más que frustrado, se escuchaban algunas risas en el patio, su hermana jugaba con Sakuno, quiza era su impresión pero estaba más unidas que nunca y eso lo sacaba de quicio.
No estaba celoso de la niña cobriza pero si le molestaba que le quitara la atención de su pequeña hermana, sin embargo, no era su culpa porque él tenía responsabilidades escolares que no podía evadir, Sakuno tenía siete años, era inteligente y hermosa, no dudaba que en unos años más cualquier chico quisiera algo con ella y cada vez que Marui iba a casa para jugar con ambas niñas le estresaba la manera en que la cobriza le sonreía, se golpeo mentalmente por andar pensando en esas cosas y se concentro de nueva cuenta en las matemáticas.
Tomo el lápiz con calma cuando la puerta se abrio dejando ver a Sakuno con un short y una camisa de tirantes además de que traía entre sus brazos el conejito que le había regalado hace un año, alzo una ceja para verla caminar con paso calmado hacía la cocina - ¿Por qué no lo dejas por un momento? - pregunto señalando al peluche y ella lo abrazo aún más fuerte lo que provoco una sonrisa, era su imaginación quiza pero había notado un sonrojo leve en sus mejillas lo cual le parecía demasiado adorable.
- N-No... me lo regalaste tú - contesto dando media vuelta para salir hacía el jardín de nueva cuenta, sonrió como bobo al repetir sus palabras, siempre lo llevaba consigo, cuando asistía a la escuela lo llevaba en la mochila, seguía durmiendo con el peluche cuando iba a despertarlo a su cama, le gustaba que no lo olvidara porque de alguna manera eso quería decir que siempre iba a pensar en él y le gustaba demasiado ese hecho, suspiro para concentrarse de nueva cuenta en la tarea cuando el timbre sonó.
Su madre abrio y de inmediato reconocio el timbre de voz de Marui, era su amigo pero siempre iba a casa por ellas o mejor dicho por Sakuno, dejo la tarea para caminar al jardín y observar que a las dos les daba una rosa, eso lo hizo enojar demasiado, Seiichi no era la clase de niño que se enojaba por cualquier cosa pero es que ver como Sakuno sonreía por un detalle así lo molestaba, sus amigos hablaban de besos últimamente y de niñas, a él no le gustaban las niñas, a él solo le gustaba la cobriza, nadie más llamaba su atención, solo ella.
Cuando le había regalado el peluche le había gustado la sonrisa en su rostro pero lo que más le había gustado era que esa noche cuando fue a su cama después de intercambiar palabras él se hizo el dormido y ella beso su mejilla, quería sentir de nuevo esa sensación pero al parecer no iba a ser así cuando vio al pelirrojo tomar de la mano a ambas chicas, apreto los puños, iba a golpear a su amigo, sin embargo, antes de hacerlo su madre lo detuvo con una sonrisa juguetona, había olvidado la tarea.
- ¿A dónde vas Seiichi? - pregunto con calma su madre, él tan solo miro el jardín, ¡Marui las estaba abrazando! - Volvere a la tarea pronto, Sakuno... Marui... abrazo - su cerebro ni siquiera respondía, su madre ladeo la cabeza y comenzo a reir lo que lo desconcerto por completo, lo tomo de la mano para caminar a la casa de nueva cuenta pero él solo quería soltarse, alguien más estaba abrazando a Sakuno y eso no lo podía permitir - Marui-kun no esta aquí por Sakuno-chan... esta aquí por tu hermana - le susurro su madre al oído como si de un secreto se tratase.
- ¿E-Eh? - su madre acaricio su cabello en un gesto cariñoso para caminar al jardín - Marui-kun te llevare a casa - el niño pelirrojo corrio asintiendo con la cabeza mientras se despedía de las niñas - ¿P-Puedo ir? - pregunto su hermana y su madre asintió, después de dos minutos perdido en un mundo ajeno a la realidad se dio cuenta de que estaba en la casa a solas con Sakuno - ¿Quieres un vaso de agua? - pregunto con calma la niña cobriza sujetando con sus manos el conejito y le parecio que lo apretaba más de lo normal.
- ¿Por qué no sueltas ese peluche Sakuno? No tienes que traerlo contigo siempre - aseguro con una leve sonrisa mientras tomaba el vaso de agua de la mesa que se encontraba al aldo de su cuaderno - Me lo regalaste tú... lo tengo siempre conmigo porque me lo diste tu - aseguro la pequeña niña acercandose con paso calmado a donde se encontraba - Te regalare otro pero deja ese - no es que quisiera ser malo pero el conejo le daba nervios y no entendía porque - No quiero - la niña hizo un puchero que le arranco una sonrisa de nueva cuenta.
- Ven - la llamo suavemente para que esta se colocara delante de él - Te quiero - murmuro con una sonrisa y se inclino pero antes de que la besara o al menos hiciera el intento ella coloco el peluche entre ambos rostro - T-También te quiero - sonrió ante su respuesta, iba a ladear la cabeza pero antes de que eso sucediera ella coloco sus labios sobre los suyos en un casto beso, a penas un roce pero que de verdad le quito el aire - Me gusta ese peluche - aseguro con una risa burlona notando el sonrojo en las mejillas de la niña que lo golpeo con este en la cabeza para salir corriendo.
De un salto se coloco sobre el suelo para ir tras ella quien reía... si definitivamente le encantaba ese peluche sobre todo porque a ella le gustaba, quiza con el tiempo le compraría muchos más peluches pero ese siempre iba a ser especial porque gracias a este se había dado cuenta de que jamás la iba a dejar ir, ella siempre iba a estar a su lado y él tambien lo haría, en verdad que ese peluche era especial.
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Espero les haya gustado.
Gracias por leer.
Gracias por los reviews Valeneko.
