N/a

Un nuevo capítulo.

Espero les guste.

Gracias por leer.


Disclaimer:

Prince Of Tennis no me pertenece.


Resumen:

Y justo cuando siente que no es capaz de sonreir, justo cuando no es capaz de amar aparece él y la envuelve en su mundo por completo, quiza si es capaz de amar de nueva cuenta, quiza es capaz de sanar aquel dolor que esa persona le causo sin ninguna piedad, justo cuando se esta perdiendo a sí misma se da cuenta de que Seiichi es su sanación... si definitivamente Seiichi es la sanación que necesitaba antes de perderse


Sanación

No, Sakuno no lloraba, no derramo ninguna lágrima frente a los invitados a su boda, no se iba a permitir dar esa imágen tan destrozada que esperaban, por el contrario solo sonrió explicando lo sucedido, Echizen Ryoma, su prometido la había dejado plantada el día más hermoso de su vida, el día por el cual miles de mujeres soñaban con hacer realidad y ahora que era una realidad ella solo lo veía como una pesadilla, sabía que en cuanto los invitados se marcharan el dolor que sentía iba a salir por completo.

- Cariño, los invitados se han marchado ya - la voz de su madre la saco de su ensoñación por completo, dio media vuelta y entonces si que no logro evitar que las lágrimas salieran por completo, le dolía todo el cuerpo pero sin duda alguna lo más afectado era el corazón, camino con paso calmado hasta ella y se derrumbo en sus pies llorando desgarradoramente mientras pedía explicaciones que no le podían ser dadas, su madre la auxilio abrazandola con fuerza pero la cobriza solo se revolvía, no quería la pena de su madre, solo quería que le mintiera diciendo que todo iba a estar bien

- Shhhhh - su madre la sujeto con más fuerza y ella grito, se desgarro la garganta importandole poco, lo odiaba, lo amaba, lo odiaba con cada poro de su ser por hacerle esto a ella, había pisoteado su vida con esto, había pisoteado sus ilusiones sin ninguna piedad - Tranquila - se sujeto del vestido de su madre con fuerza, Dios como había amado a Ryoma, nunca le había dado razones para dejarla plantada en el altar por el contrario ella siempre era la que estaba a su lado apoyandolo en todo momento, era tan injusto lo que le estaba sucediendo a ella.


La puerta se abrio y ella solo rodo sobre la cama, desde hace una semana que no salía de la cama, solo se duchaba con agua fría, no quería sentir calor, lo único que deseaba era morirse, era lo único que le pedía a Dios, no había probado algún alimento que no fuera leche o agua, sus ojos dolían y ardían de tantas lágrimas que había derramado - Nena, tienes que comer algo - su madre la removio y ella la miro con suplica muda en los ojos - ¿Fue un sueño? - pregunto con un hilo de voz y su madre negó suavemente con la cabeza.

Le dio la espalda y jalo más los edredones, quería dormir un poco, no quería hacer nada, no quería ver a nadie, las cortinas tapaban la entrada del sol y eso lo agradecía en silencio, cerro los ojos sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas de nueva cuenta, solo quería despertar del sueño, se estaba perdiendo a sí misma, no quedaba rastro de la niña que reía siempre, de la mujer que tenía la ternura de una niña, escucho el sonido de la puerta cerrarse sabiendo que su madre se había marchado y grito ahogadamente liberando el dolor que sentía por completo.


Dos meses después de haber estado encerrada en su habitación se levanto con una sonrisa de no más, no más autocompadecerse, tendio su cama y abrio las cortinas permitiendo la entrada del sol, tomo dos bolsas negras de basura, camino hasta su closet donde estaba ese vestido y lo metio en una, busco los peluches que él le había regalado, todas las cosas que en su noviazgo y compromiso le había dado y las hecho en las bolsas, no pensaba tirarlas pero si guardarlas porque serían un recuerdo, no serían nada más que eso.

Antes de darse cuenta estaba en la cocina de la casa de sus padres donde había ido a refugiarse de la prensa y demás cosas, tenía que salir de la ciudad porque la noticia de su boda era mundial bueno después de todo iba a contraer matrimonio con el gran Príncipe del Tenis, el Samurai Junior, meneo la cabeza alejando esos pensamientos por completo, tenía que salir a correr aunque fuera un poco para despejar su mente, tenía que empezar de nuevo, tenía que volver a la ciudad quisiera o no así que tenía que prepararse para ello.


Llevaba diez minutos de sentir el frío en el rostro cuando... - ¡Cuidado! - un grito llego a sus oídos, giro la cabeza demasiado tarde cuando sintio un peso que la derribo por completo, algo viscoso paso por su mejilla y ella contuvo las ganas de matar a lo que sea que la estuviera besando - ¡Ya! ¡Monggu! ¡Bajate! - era un perro y vaya que pesaba la criatura, el peso descendio por su cuerpo y ella gimio de dolor, le dolía la muñeca - Lo siento tanto, no suele comportarse así al parecer le agradaste - enfoco su visión observando a un chico de ojos lilas que le sonreía.

¿Ojos lilas? Que tenía una raqueta de tenis... ¡El Hijo de Dios! ¡Yukimura Seiichi! - La próxima vez asegurate de que tu bestia no se lance contra la gente - señalo mordazmente mientras se levantaba sacudiendo su ropa y limpiando su mejilla, ella no era así, adoraba a los animales pero en esos momentos no quería ser ella, quería ser alguien que fuera inmune a los sentimientos porque de esa manera nadie podría lastimarla de nueva cuenta - No creo que sea bueno que una mujer hable de esa manera de los animales y dudo mucho que tú repitas cosas como estas a diario - hablo con voz calmado el ojilila y ella abrio los ojos asombrada ante esas palaras.

¿Quién se creía para hablarle de esa manera? - Tú no sabes nada de mí - señalo con los ojos llorosos y él chico la tomo de la mano arrastrandola con el perrito de raza San Bernardo que corría mientras movía la colita, trato de soltarse pero Yukimura solamente la jalo con más fuerza de la muñeca llevandola consigo a quien sabe donde.


Antes de darse cuenta estaba jugando al tenis con él, no sabía mucho pero si tenía práctica, estaba golpeando la pelota como si la misma fuera Ryoma, estaba golpeandolo a él por todo el mal que le había hecho, por irse y dejarla sola en el día más importante de su vida, por destrozar sus ilusiones y ahora venía Seiichi y simplemente con unas cuantas palabras la tenía al borde de las lágrimas, golpeo la pelota que salio volando a quien sabe donde y antes de darse cuenta estaba en el suelo con las palmas apoyadas sobre el mismo mientras jadeaba en busca de aire.

- Se todo sobre ti, no me refiero a la noticia mundial sino porque a mi me sucedio algo como lo tuyo - aseguro este tomando asiento a su lado, ella se sento sobre el suelo tomando de la botella de agua mientras el perrito ladraba más allá, si sabía que su prometida estaba teniendo relaciones sexuales en la iglesia con su padrino de bodas, esa noticia duro más de cuatro meses en los medios de comunicación, lo miro de reojo y por primera vez en un tiempo, en un largo tiempo una sonrisa sincera se colo en sus labios.

- No te conozco y ya siento que te odio - le dijo a modo de juego pero este solo rió un poco y antes de darse cuenta estaba en el suelo completamente recostada con él sobre su cuerpo pasando ambas manos por los lados de su cabeza - No te conozco y ya siento que te amo - un sonrojo monumental se cruzo en sus mejillas, era la primera vez que se sonrojaba con un desconocido pero extrañamente quería conocerla y lo haría o al menos eso deseaba, sonrió levemente besando la mejilla del ojilila que le devolvio la sonrisa.

Se estaba perdiendo a sí misma o como mínimo pensaba hacerlo pero entonces llego él, justo lo que necesitaba en el momento perfecto... si definitivamente Seiichi es la sanación que necesitaba antes de perderse, daría todo para poder ser feliz de nueva cuenta, quería ser feliz y que mejor manera de volver a intentarlo que con alguien como él que sin darse cuenta ya la estaba absorbiendo por completo en su mundo y gustosamente quería perderse.


N/a

Espero les haya gustado.

Gracias por leer.