N/a
Un nuevo capítulo.
Espero les guste.
Gracias por leer.
Disclaimer:
Prince Of Tennis no me pertenece.
Resumen:
Ella no dejaría que él entrara en la cocina después del accidente, o no, ni pensarlo, no pensaba dejarlo entrar pero justo ahora, justo ahora era necesario y solo deseaba que él no quemara su cocina porque entonces si que habría guerra... si definitivamente la cocina era demasiado especial para alguien como él pero de igual manera era una parte de ambos
Cocina
- ¡Anda di que sí! - Sakuno tomo con cuidado el recipiente de la mezcla de galletas negando de nueva cuenta con la cabeza, rechazando de nueva cuenta la petición de su esposo - Dije que no, nunca vas a volver a intentar cocinar en mi cocina, no después de lo último - señalo ella con calma viendo que Seiichi solo gruñía, le gustaba mucho esa faceta de niño que aún poseía - ¡Fue un accidente! - grito su esposo en su defensa y ella solo encarno una ceja, si como no y seguramente los patos volaban.
- Seiichi... casi la volaste por completo - y no mentía en lo absoluto, aún recordaba su pobre casa en llamas solo porque a su querido y amado esposo se le había ocurrido la idea de meter al microondas una lata de comida con el tenedor dentro además de meter pollo envuelto en papel metálico, su pobre cocina se había quemado casi por completo, el susto que se había llevado al llegar de su trabajo observando a los bomberos en su casa, los amigos del ojilila se habían burlado de él durante meses pero merecido se lo tenía.
- Es necesario que cocine la cena, mi hermana pocas veces nos visita - dio un leve suspiro y solo sonrió, solo por esa ocasión cedería aunque le costaba mucho porque era su cocina, su adorada cocina y porque su esposo era un desastre en la misma - Bien pero te estare supervisando - señalo ella y lo siguiente que sintio fue que su adorado amado la jalo de la mano importandole poco que en ambas sostenía la mezcla por la que esta se derramo en los pies de ambos, antes de comenzar a gritarle este la beso con calma y al mismo tiempo con "pasión".
Bien lo iba a regañar después por hacer que su mezcla cayera al sueo y porque la había convencido de usar su cocina, odiaba eso pero no podía quejarse, en si no era que lo odiara pero si le molestaba sobre manera que Seiichi quisiera cocinar cuando no lo sabía, no le importaba si la medio destruía, bueno quiza un poco pero lo que si la molestaba era que pudiera salir lastimado, no iba a poder vivir si a él le pasaba algo en la cocina, la idea de que se cortara con el cuchillo, de que se quemara con el horno le aterraba y mucho.
Genial, simplemente genial, el día en que la hermana menor de su adorado esposo llegaba para cenar con ellos después de que terminra sus estudios de repostería en París y a ella le entraba una fiebre horrible, trato de levantarse de la cama pero fue directo a la misma después de un mareo, se llevo las manos a la boca queriendo vertir el contenido de la comida, su organismo estaba simplemente dañado, faltaban más de diez horas para que la pequeña adorada de su esposo llegara por lo que estaría bien para entonces o al menos presentable pero no estaría bien para supervisar el trabajo en la cocina.
- Te dije que no te levantaras, quedate quieta - alzo la mirada y observo al ojilila con una sonrisa en los labios y una taza de té, bueno al menos sabía hacerlo, le medio sonrió a manera de disculpa - Necesito levantarme para supervisarte - sentencio con calma, se acomodo en la linde de la cama con los pies apoyados sobre el suelo, se impulso y le mundo se le movio por completo cayendo al suelo aparatosamente, su mejilla se estampo contra la madera y gimio de dolor - ¡Sakuno! - con pasos torpes cuidando el no derramar el contenido del té Seiichi se inclino pero o no...
- ¡Seiichi! - grito cuando el té que estaba hirviendo cayo a su mano derecha, sin importarle poco lo empujo para correr al sanitario y colocar la mano sobre el agua fría siendo consciente de que quedaría morada y tendría que vendarsela, lo iba a matar eso iba a hacer, se sostuvo del lavabo con fuerzas porque sus piernas no respondían del todo, alzo la mirada con furia en los ojos y entonces lo vio por el espejo del sanitario, suspiro un poco observandolo, tenía una clara mueca de miedo en el rostro y de culpabilidad.
- Lo siento - se disculpo bajando la cabeza, alejo la mano del agua fría para mirarlo con una dulce sonrisa, no podía enojarse con él, ni siquiera por haber casi volado su cocina - Esta bien, necesito descansar así que más te vale que la cena quede perfecta - señalo delante de él para tomarlo del mentón y besarlo con suavidad, él le sonrió asintiendo con la cabeza, solo esperaba que su cocina sobreviviera de nueva cuenta, solo esperaba eso.
Algo no estaba bien, algo estaba raro, no se escuchaba ningún ruido en la casa a excepción de su pausada respiración, se levanto de golpe, ¡Oh por Dios!, algo le había sucedido a su esposo, camino unos pasos y se tambaleo, hora de sujetarse de la pared, llego a las escaleras arrastrandose con muecas de dolor y esperaba encontrar una especie de apocalipsis en su cocina, no peor que eso, estaría saliendo agua del lavabo, el refrigerador estaría agonizando, la mesa medio rota, sus adorados utensilios de cocina partidos por la mitad pero...
- ¿Qué estas haciendo Seiichi? - si, ella no se esperaba ver a su esposo sentado con la espalda recostada sobre el refrigerador abrazado a sus rodillas, pocas veces lo había visto así y siempre era por el tenis, cuando no ganaba un torneo estando en la final, cuando las lesiones le ganaban y se desesperaba pero nunca cuando por primera vez le dejaba usar la cocina, su marido alzo la mirada y su corazón se rompio, él no lloraba excepto por aquella ocasión en la que jugando como adolescentes habían terminado rodando por la escalera en una maniobra de ninjas y ella había terminado sobre su cuerpo además del golpe en la espalda que si que había dolido pero después de eso no había llorado.
- No puedo, no se cocinar, es decir, poco me importa si te quemo la cocina pero si que tengo miedo de que la cena no salga bien - sonrió enternecida por esas palabras aunque no precisamente por lo de que no le importaba si quemaba su cocina, quería vomitar porque su abdomen pesaba un poco más de lo normal, su mano derecha estaba vendada, se coloco en cuclillas mirando a su esposo que le sostuvo la mirada, acaricio su mejilla con suavidad - Venga, te ayudare a que la cena salga especial - le extendio la mano y este la tomo con una sonrisa mientras le agradecía con la mirada.
Faltaban dos horas para que la adorada niña llegara y no logro evitar reir al ver a su esposo de un lado a otro cortando ingredientes, moviendo los sartes y demás cosas, le dolía un poco la cabeza y sinceramente quería dormir un poco más pero Seiichi lo valía, él siempre valía sus horas de no dormir por acompañarlo en sus entrenamientos, valía todo porque ella estaba segura de que él también decía lo mismo de ella - Con cuidado - le llamo la atención mientras picaba algunos trozos de carne, la cena iba a estar deliciosa.
Lo increíble del asunto era que su esposo era bueno en la cocina pero era medio "bestia" al momento de preparar todo, sin embargo, estaba bien, así lo amaba y así lo soportaba, el postre era un pastel así que sujetandose de la mesa se acerco a donde él que estaba tratando de decorarlo, lo golpeo en el hombro llamando su atención, su pulso parecía el de un anciano o quien sabe que porque movía mucho las manos - Acaba con lo demás - señalo y él asintió, tomo lo necesario para decorarlo cuando finalmente todo estuvo listo, lo entendio porque su esposo suspiro con calma.
Sintio sus brazos rodear su cintura y sonrió, siempre iba a estar enamorada de él, nunca iba a lograr no amarlo - Gracias - beso su mejilla con suavidad y sonrió, bien pues en ese caso era su turno - Desde mañana cocinaras conmigo la comida - dejo a un lado las fresas y su mano fue jalada para quedar de frente a su esposo que la miraba como asombrado por esa declaración - T-Tú odias que este en tu cocina, no deseo molestarte porque entonces te enojaras después si le hago algún rasguño a algo, no quiero que... - no lo dejo terminar cuando lo hizo guardar silencio con sus labios.
- Cocinaras conmigo y punto - señalo y él solo asintió... si definitivamente la cocina era demasiado especial para alguien como él pero de igual manera era una parte de ambos desde ese momento - Te amo - murmuraron los dos antes de besarse, si definitivamente todo estaba perfecto ahora, la cena iba a salir perfecta además de que había aprendido que su marido no era tan tonto en la cocina así que de vez en cuando su ayuda no vendría mal y viendolo desde otro punto, iba a disfrutar mucho de su compañía porque aunque no quisiera admitirlo toda mujer soñaba con que su esposo la ayduara en la cocina y bueno ella ya podría hacer eso realidad, una hermosa realidad siendo sincera.
N/a
Espero les haya gustado.
Gracias por leer.
