CAPITULO 8

A pesar del sol y el insipiente calor eso no detenía a tres mujeres en su plan de comprar hasta que las tarjetas estallaran y sobre todo cuando esas tres mujeres tenían intenciones de conquistas bien definidos para una noche especial.

Paseaban por las tiendas de ropa de verano y playa de Orlando, iban vestidas muy cómodas, como blusas de algodón, pantalones jeans y sandalias de colores. El típico look playero. Entraron a una tienda bastante grande llamada Blue Deep y mientras revisaban los percheros y la sección de zapatos, Mac no podía creer lo que le estaban contando.

-Es increíble- Mac observaba incrédula a Scully.- ¿No la mataste?

- No traje mi arma... no me dejaron - le respondió en tono de indignación fingida, mientras Sam las miraba ruborizada

- ¡Yo como iba a adivinarlo Mac! - decía Sam mientras buscaba entre la sección de sandalias algo que no le incomodara.

- De acuerdo, excusa válida- miro a Scully.- ¿Pero saliste tras de él, cierto? Si te acobardaste se arruina todo Dana- comentaba algo alterada Mac. Cuando se le metía algo en la cabeza no había quien pudiera convencerla de lo contrario. Ella y las demás regresarían a sus ciudades por lo menos con la veracidad de relaciones estables.- Siento que la cabeza me da vueltas.

- No te preocupes, ya hablé con él, y las cosas no podrían estar mejor - respondió una muy sonriente Dana Scully

-Bueno, mayor ya escucho. Dana Scully ha tomado el toro por los cuernos. Es hora de que nosotras actuemos ¿no cree?- le pregunto a Sam mientras tomaba un lindo conjunto de blusa de tirantes y falda de vuelos color granate, lo inspeccionaba y en su cabeza surcaba una gran idea.

Sam la miró algo asustada. Ella no estaba lista aún, no sabría cómo enfrentarse a lo que sentía y dejar de lado por completo su temores y represiones.

La coronel Mackenzie vio la inseguridad reflejada en los ojos de Sam, la entendía más que nadie. Porque ella de vez en cuando lo sentía, pero Sarah Mackenzie estaba harta de que ella y otras personas reprimieran los sentimientos de su alma y corazón.

-El que no arriesga no gana Sam, no te dejes intimidar. Si Dana pudo tú también podrás- le aseguro con inteligencia.- No seré una experta, pero yo esta oportunidad no la dejare pasar.

- Bien- dijo Sam en tono de broma - entonces esperaré y aprenderé de lo que tú hagas Mac, para luego arriesgarme yo -

Mac puso una expresión de indignación por lo dicho por Sam. Era en verdad una proeza por parte de Sam decir eso, pero Mac nunca se rendía ante cualquier reto.

- Yo quisiera saber que tienes pensado hacer Mac... - dijo Scully mientras revisaba un mostrador de accesorios

-¿Ustedes conocen el baile de la seducción?- pregunto pícaramente.

- ¿A qué te refieres? - preguntó Sam intrigada

-Lo conocerán esta noche- agregó omitiendo la pregunta de Sam.- Les recomiendo que no lleven pantalones, esas caderas no se deben desperdiciar- comento graciosamente dejando entre ver un plan demasiado bueno.- Yo por el momento necesito algo más ligero- así escogiendo el conjunto granate para llevar.

Jack estaba algo aburrido y tenso, y como siempre, decidió hacer lo que mejor alejaba sus pensamientos por un buen rato, mientras que le ayudaba a mantenerse en forma.

Subió al gimnasio del hotel, y al ver que tenían un pequeño espacio para practicar boxeo, deseo tener con quien quemar un poco de energía boxeando.

Resignado, empezó a caminar en una banda sin fin, cuando vio entrar al comandante Rabb por la puerta del gimnasio, listo para ejercitarse un rato.

Harm observó los sacos de arena para boxear y sonrió un poco, mientras tanto Jack lo observaba, pensando en que, tal vez después de todo, si tendría compañía para practicar un rato.

Harm se había colocado los guantes protectores, recordado así que esa vez no iba a tener a Mac criticando sus golpes bajos y no sabia por qué, pero odiaba no tenerla ahí para por lo menos fastidiarlo. Resignado comenzó a golpear el saco y sin mucho esfuerzo ya había empezado a sudar.

Sin esperarlo vio acercarse a Jack y Harm le dio la bienvenida con su acostumbrada sonrisa.

-Hola Jack- le saludó al ya tenerlo cerca de él y sin dejar de golpear el saco.

- Harm - saludo Jack - lanzando unos cuantos golpes... -

-Así es- decía mientras seguía golpeando el saco agitadamente.- Saco un poco la tensión a través de esto, ya sabes.

Harm pensaba que tal vez a Jack le gustaría practicar un poco con él. Así que se dispuso a preguntarle, no tenía nada que perder.

-Jack ¿te gusta el boxeo?- le pregunto mientras sostenía el saco para que no siguiera moviéndose.

Jack sonrió un poco al oír la pregunta - Bastante Harm, es lo que suelo practicar en mi tiempo libre en la base -

-¿En serio?- preguntaba ante la respuesta de Jack, pero no espero respuesta.- Eso es bueno, yo lo hago cuando no tengo el tiempo suficiente para ir al hangar y volar mi avioneta- se quedo pensativo por unos minutos y luego lo miro fijamente.- Practiquemos juntos, será divertido ¿no te parece?

- Seguro -respondió Jack muy animado de no tener que seguir aburriéndose solo

Harm al fin podía divertirse un poco y la compañía de Jack no le parecía tan mala a pesar de que lo conocía muy poco. Le entrego a Jack dos pares de guantes de boxeo que traía extras. Este se los coloco y así empezaron a lo que ellos llamaban el precalentamiento.

Hotel Orlando Royal Suite. Recepción

Ver a Scully salir del ascensor ataviada con un lindo conjunto de falda y top, bastante ceñido al cuerpo y de color fucsia para Mulder era como un sueño convertido en realidad. Verla con el pelo mas alborotado de lo habitual y enseñando sus contorneadas piernas era una visión difícil de describir, pero fácil de observar sin caer desmayado ante lo que sentía con tan solo mirarla.

Ella no tardo mucho en acercarse a él sosteniendo en sus manos un pequeño bolso del mismo color. El mantenía una sonrisa idiota que Scully no pudo dejar de notar.

-Estas preciosa Scully- le dijo sin importarle que Harm y Jack estaban detrás de él.

- Gracias, tu también te ves muy bien - dijo tocando levemente el cuello de la camisa de Mulder en un gesto cariñoso.

Harm carraspeo un poco ya que la situación para él no era muy cómoda. Scully y Mulder ni siquiera se alejaron, solo miraron a Harm.

-Dana, ¿has visto a Mac?- le pregunto Harm un poco más nervioso de lo habitual.

- Ahí llega - contesto Scully al verla acercarse al grupo.

Sarah Mackenzie tenía el titulo de la mujer más provocativa en el JAG y Harmon Rabb sabia la razón. Sus caderas, las caderas bien delineadas y formadas, que era capaz de enseñar hasta con el uniforme. Pero esa vez Mac solo mostraba sus caderas a través de un espectacular conjunto de blusa de tirantes y una falda que le daba por las rodillas, bastante holgada, pero que permitirán dejar ver a la perfección esas caderas.

Ella se acerco al pequeño grupo tan puntual como siempre, llevaba zapatos muy altos ya que podía mirar sin esfuerzo a Harm. Ella le sonrió y él lo hizo de igual forma, no tenia palabras, no podía halagarla, solo podía sonreírle complacido ante la visión de diosa de medio oriente que tenía enfrente.

De repente todos voltearon hacia las escaleras, ya que el sonido de tacos muy puntiagudos les llamo a la atención. Y la responsable de ese sonido era Sam, que bajaba por las escaleras despacio mientras se sostenía de la baranda. Jack la miraba impactado, absorto a cualquier cosa que no fuera Samantha Carter.

Si se veía hermosa con su traje de la fuerza área, con el vestido azul claro que llevaba en esos momentos parecía toda una diva de portada de revista o mejor aun la mujer que podía atar el corazón de Jack O'Neill aunque ambos no lo supiesen. Su pelo lo tenía recogido hacia atrás, con un lindo tocado plateado y Jack aun seguía inmóvil.

Al bajar miro hacia el frente y no pudo evitar sonreír como las demás. En el aire, la felicidad estaba presente, no había duda de ello. Mulder le estaba hablando a Jack, pero él solo podía ver la figura celestial de Sam acercándose a él, especialmente a él y no sabía cómo reaccionar hasta que ella le hablo.

-Buenas noches Jack. -

-Buenas noches Sam.-

Tres mujeres, una morena, una pelirroja y una rubia, era increíble ver tal combinación de belleza. Los desafíos de tres hombres apasionados a sus trabajos y a sus vidas.

La comida estaba excelente y el ambiente oriental del sitio lo hacía muy acogedor.

Acompañaron sus platos con sake, a excepción de Mac, quien pidió un jugo especial de frutas dulces, y por lo mismo, poco a poco empezaron a dejar de lado sus inhibiciones, a relajarse y charlaban animadamente.

- Es muy agradable poder decirte Sam en lugar de Carter… - Jack le hablaba con una gran sonrisa, sintiendo como se acercaba a ella un poco más a cada momento.

- Lo mismo digo, aunque… a mi padre no tuviste problema en llamarlo Jacob en lugar de General - le respondió ella con una expresión de molestia fingida.

- Bueno, es que a él no tengo que verlo todos los días con el uniforme, las estrellas y toda la cosa, ayuda eso del traje Tok'ra, sabes… -

- Le agradas mucho Jack - le dijo Sam con seriedad - mi padre ahora te aprecia -

- Lo sé… espera - se detuvo extrañado - ¿Cómo es eso de que ahora me aprecia?, entonces... ¿antes qué? -

Sam lo miró sonriente, lo que estaba por contarle lo había escuchado de su propio padre, hacia ya un par de años, durante una de sus charlas familiares.

Ella rozó su mano levemente con la suya y empezó a hablarle en voz muy baja, para que nadie pudiese oírla.

- ¿Recuerdas cuando viajamos a DC, y conociste a papá? - preguntó Sam

- Por supuesto - respondió él imitando su sigilo

- Pues bien, papá me contó que ese día, al verme actuar contigo, así... verme sonreír cuando te hablaba… bueno… creyó que te… acostabas conmigo… - dijo ella algo avergonzada y ruborizada

- ¿Qué? - Jack no podía ocultar su gran asombro ante las presunciones que en Jacob había generado al principio.

- En realidad pensó que te aprovechabas de tu influencia y rango para corromper a su pequeña hija - dijo sonriendo Sam al ver la cara de asombro, casi rozando en el terror, que Jack tenía en ese momento.

Jack había perdido la voz. Esto era algo que nunca había siquiera pensado.

- ¿Yo?, sería incapaz de… -

- Lo sé Jack, lo sé, y sé que papá se dio cuenta de eso muy pronto, por lo mismo es que te aprecia tanto - le reafirmó sonriéndole

- Yo no he hecho más que cuidarte, aunque… muchas veces suele ser al contrario... - le respondió Jack

- ¿Muchas? -

- Está bien, casi todas las veces… - Y los dos se echaron a reír.

Al igual que Jack y Sam, Mac y Harm mantenían una conversación, pero más de trabajo que de sus vidas privadas; aunque para ellos sus vidas y el trabajo iban de la mano. Mac miraba con cierta incredulidad a Harm mientras este mantenía la vista sobre el plato y jugaba con el sushi.

-¿Por qué le dijiste eso a Webb?- le preguntaba Mac.

-Es poco plausible que puedas trabajar para la CIA cuando eres tan importante para la milicia- le respondió con cierto enfado.

-Eso a ti no te incumbe Harm, es mi trabajo- le refuto.- ¿Por qué tienes que tomar decisiones por mi cuando yo no te lo he pedido?- le pregunto mas enfadada que él.

-Creo que ya habíamos hablado este tema Mac. No tiene caso, lamento haberlo mencionado. Es algo que paso ya hace mucho tiempo.

-Y sabes cómo me pongo cuando me lo recuerdas. Es como si quisieras hacerme entrever que tú puedes hacer lo se te plazca y yo no- decía secamente, casi entre dientes, mirando como conversaban Jack y Sam.

-¿Cuál es el sentido de irte con Webb cuando tienes toda una vida en el JAG? Deberías entender que no solamente es eso lo que trato de explicarte- le comentaba seriamente mientras buscaba su mirar.

-¿Ahora te das cuenta de ello Harmon Rabb?- lo miro inquisidoramente, así recordando lo que el había dicho hace poco.- ¿Qué quieres decir con que tengo toda una vida en el JAG? Lo dices como si no solo fuera el trabajo.

-Sabes de lo que hablo Sarah- le indico él.

No era raro que Harm pudiera confirmar cosas que ya estaban dadas, lo raro es que pudiera llamar a Mac por su nombre de pila, porque solo lo hacía cuando la sentía alejarse y necesitaba que ella se mantuviera cerca. Harm era un completo enigma para Mac, pero un enigma que ella estaba dispuesta en descubrir.

-¿Recuerdas que siempre he dicho que mi cometido en esta vida siempre ha sido tener muchos zapatos, cómodos y perfectos y un hombre al cual amar?- el asintió rápidamente.- Ese hombre eres tú Harm.

-Cuando volvamos a Washington te voy a regalar un par de Dolce y Gabanna, así estaremos a la par.-

A Mac se le ilumino el rostro cuando escucho a Harm y él le brindo una de sus sonrisas encantadoras.

Scully había sentido cierta incomodidad de parte de Mulder desde que salieron del hotel. Y estaba casi segura de saber lo que le sucedía, después de todos estos años, poco podía él hacer para ocultarle sus sentimientos.

- Mulder... - dijo tomándole la mano suavemente bajo la mesa para evitar ser demasiado obvios con sus sentimientos recientemente liberados.

- Dime que te preocupa... -

-La situación- contesto un poco tenso,- lo que viene después de todo esto- le aclaro mientras la miraba fijamente y con su dedo frotaba la mano de Scully, debajo de la mesa.- No tengo miedo Scully, es lo que quiero que entiendas. Ella lo miro con cierta intriga.

-¿Quiero saber si tú tienes miedo por lo que viene? Eso es lo que me preocupa- le dilucido finalmente.

- Yo no tengo miedo, y si tu tampoco lo tienes, entonces... ¿porqué debería ser un problema lo que vendrá? - le sonrió un poco y sin dejarlo hablar, continuó

- Yo se que nada será como antes, pero estos sentimientos no aparecieron de la noche a la mañana, estuvieron ahí aunque no los aceptáramos -

Mulder esbozo una sonrisa. Las palabras de Scully eran tan claras para él, siempre lo habían sido, solo que en ciertos momentos él evitaba escucharla; pero ahora se había jurado así mismo seguir sus palabras como su Biblia.

Si las cosas debían ser como estaban escritas y Scully las decía Mulder no podía refutarlas. Como aun le sostenía la mano, la levanto para darle un beso cariñoso, ya el paso estaba dado y poco le importaba ya lo que pudieran pensar las personas que lo acompañaban.

-Scully, prométeme que esto no cambiara. Que seguiremos siendo los mismos, pero sin olvidar lo que ahora somos- le pidió.- No me lo prometas- dijo antes de que ella pudiera responderle,- no necesitas hacerlo, se que seguiremos igual.

- Nada cambiará Mulder, tú y yo, tan solo aprenderemos a manejar la nueva situación - y llevó su mano libre hasta la mejilla de él para reforzar sus palabras acariciándolo un poco.

-.-.