Un ruido se escuchó cerca de donde estaban, Marshall levantó su cabeza con sus ojos cerrados sabiendo que ese era el fin de tan bella alucinación, se estaba volviendo loco, ¡un completo demente! El chico abrió lentamente sus párpados con un suspiro de resignación que quedó atrapado en el camino entre su garganta y su boca. ¿Era real?

Tenía que serlo, Fionna seguía ahí, de carne y hueso, ¡tan maravillosa y absolutamente real!, ella lo miraba con sus ojos enormes tan interrogantes; con una sonrisa deslumbrante el monarca inclinó una vez más su torso cubriendo por completo el de su compañera mientras se deleitaba con sus labios. Pero el rey sabía que algo andaba terriblemente mal, la boca femenina tenía un gusto potente a menta, el fuerte sonrojo, las pupilas dilatadas junto al iris vidrioso.

No.

No todo era producto del calor del momento, los finos sentidos del vampiro fueron capaces de distinguir el disminuido sabor del alcohol, el aliento etílico enmascarado…

No podía hacerle esto, no a ella.

El demonio más poderoso de todo el inframundo no era capaz de aprovecharse de una débil humana. ¿Qué dirían de él? Bah, como si le importara realmente, con desgano se separó lentamente de la chica, con cuidado la abrazó contra su pecho ante el silencio sepulcral de ella.

-No estás listas Fi, no tenemos que hacer esto-

-¿Ah no?-

Marshall negó suavemente con la cabeza antes de acunar nuevamente la rubia cabeza en el hueco libre de su cuello, un suspiro involuntario de alivio escapó de la pequeña boca retorciendo las entrañas del muchacho, la chica hizo amago para levantarse antes de ser nuevamente empujada hacia el pecho masculino, su cara enterrada en la camisa de cuadros.

-¿Marshall?-

-Shh, solo quiero tenerte así un momento-

Los esfuerzos de la jovencita por incorporarse cesaron para deleite del chico, no podía permitir que Fionna lo viera en ese estado: los ojos lacrimosos y la cara de extremo sufrimiento hubieran herido seriamente el orgullo y pisoteado humillantemente el gigantesco ego varonil. Pero todo era por su Fi, antes que cualquier otra cosa, esa chica era su mejor amiga y era su deber cuidarla, aguantando un gemido el rey abrió sus ojos encontrándose en su directa línea de visión sobre una mesa a lado del sofá a una pequeña versión suya, el diminuto Marshall lo saludaba con un vestido blanco y un aro sobre su cabeza.

-Es una toga tarado- pero si hasta parecía que le leía la mente.

-Lo hago, no ves que soy tú- Dijo la extraña aparición con un semblante pícaro.

El chico ahogó una maldición sabiendo que se trataba de uno más de sus míticas ensoñaciones, seguro su yo-ángel era una manifestación o alguna especie de señal para hacerle saber que había tomado el camino correcto con respecto a la mujer que tenía entre sus brazos, un remanso de paz se adueño de su mente y una semisonrisa se abrió camino por sus labios.

Fue bueno mientras duró.

-¡MARICON!, mira lo que me espera- el "angelito" señaló con su dedo pulgar algún lugar tras de él donde una columna de humo se hizo presente.

El Marshall de tamaño natural mostró claramente su exclamación abriendo su boca a tope, su yo a escala había salido corriendo a los brazos de una pequeña Fionna vestida de diablesa, aquel extraño par había caído, enredados entre cobijas sobre una cama de su tamaño, que por cierto ahora se estremecía como si tuviera vida propia.

Los ojos lacrimosos acudieron nuevamente al llamado del rostro de extremo sufrimiento mancillando cruelmente la apostura del joven. Todo por su Fi.


Marshall se encontró algunos días después nuevamente en su fiel escritorio, acomodado en la sala del trono para aprovechar la brillante luz de la lava, el vampiro había dejado de sentir su mano desde hacía horas, producto de una interminable jornada firmando documentos.

Se arrepentía de no haber hecho caso a su madre cuando le dijo que la tiranía del dictador era mucho más sencilla, pero ah no, él quería hacer de nocheosfera un sitio decente y no la corrupta de antes, con pesadez dejó caer su cabeza sobre la pila de papeles recién formada, solo descansaría los ojos unos minutos.

Que hecho de porquería que justo en ese momento un pequeño duendecillo entró informando con desparpajo de la llegada de una humana al castillo, de haber sido un poco más estúpido como su predecesor hubiera terminado devorado, pero la criatura se aseguró de dejar la información antes, saber de las continuas visitas de la heroína siempre ponían de buenos humos a su majestad.

Aun así, el ser no quería tentar a la suerte y puso pies en polvorosa en cuanto se percató del eco de unas pisadas femeninas. La rubia hizo su entrada saludando amistosamente al soberano, meneando sensualmente sus caderas de forma natural.

Esa chica le hubiera dado un paro cardíaco de no haber tenido su corazón quieto desde siglos atrás.

-Hola Marshy, ¿Cómo te encuentras? -

El rey levantó su cabeza cuidando que ningún papel se quedara adherido cual parásito en su frente. -Agotado Fi, estoy exhausto, a estas alturas ya no sé ni lo que estoy firmando-.

Marshall enfocó su vista dándose cuenta por primera vez de que había dado su consentimiento para adquirir un precioso tiempo compartido en las soleadas playas de Aaa…junto al príncipe Grumoso.

Iugh

-WENDEEEEEEEEEELL- El duendecillo acudió al llamado presuroso y temblando de pánico ante el firme bramido del monarca.

-Podrías ser tan amable de explicarme ¿por qué mierdas estoy firmando esto?- El rey habló con un aparente tono amable, agitando el papel mencionado frente a la cara del pobre diablo.

-Bueno señor…pues…est…verá- La escuálida criaturita comenzó a sudar producto de los nervios causados por la gélida mirada sobre su persona.

-¿Por qué no hay un filtro que se deshaga de estas estupideces?-

-Señor usted se comió al último- La humana levantó una ceja ante la curiosa frase.

-¡¿Y por qué no contrataron a otro?! Glob, estoy rodeado de incompetentes- La repentina transformación demoniaca terminó por espantar al pobre Wendell quien salió llorando lo más lejos que sus cortas piernas pudieran llevarlo.

El monarca llevó sus manos a la cabeza frotando con vigor esperando mitigar así el incipiente dolor.

-Necesito una secretaria-

-Quizá…- Marshall lee dejó inmediatamente su refriega atendiendo con suma atención a la vocecita insegura.

-Quizá yo pudiera ayudarte Marshy- Fionna continuó esta vez con mayor seguridad, se sentó en el escritorio a un lado del muchacho, dejándole sus lindas piernas a la vista.

El chico se abstrajo algunos segundos admirando la ofrenda sobre su escritorio deleitándose antes de decidirse a contestar.

Claro que de forma afirmativa, el soberano del inframundo ya hasta había tenido tiempo de imaginarse a Fionna embutida en un ajustado traje sastre, con una minifalda y una chaqueta que realzara sus bellas ninis. Oh sí.

-Puedo empezar ya si gustas, ¿Qué necesitas?- El vampiro pensó un sinfín de cosas pervertidas con esa corta frase dicha con inocencia, pero respiró profundo antes de permitirse caer tan bajo.

-Podrías empezar archivando esta pila- Marshall señaló un archivador de metal con seis compartimientos mostrando el orden alfabético. –Empieza por la Z preciosa-.

Tal vez ya había caído muy bajo, en fin, podría disfrutar de la hermosa vista del sexy trasero de la humana agachada entre los legajos acomodando los papeles. La muchacha era eficiente, se movía con soltura y fluidez organizando el campo de batalla en el cual se había transformado el escritorio real.

Fue una buena tarde para ambos, el rey no recordaba haber tenido nunca un día agradable de trabajo, agradeció por primera vez en ochocientos años los antiguos métodos de captura y registro, así podía tener la sensual posadera de su bella asistente a la vista siempre que se le antojara. Justo como ahora.

La chica hacía bastante que tenía conocimiento del sucio juego del rey, pero le gustaba lucirse con él así que con una sonrisa se agachaba de más cada que se lo solicitaban, en un momento sin quehacer donde el muchacho se dedicó exclusivamente a una junta con su jefe de dragones (que bastante conocido se le hacía por cierto) ella rellenó su tiempo libre cotilleando por el palacio. Llegó sin querer a la cocina y al entrar escuchó un grito femenino y varias cosas caerse detrás de la puerta abierta de la nevera.

-¡Niña pero que haces andando así como fantasma en mi casa!-

La reina madre se levantó juntando toda su dignidad y echándosela como un velo se agachó con gracia recuperando todos sus menesteres confiscados de la helada máquina, la humana demoró solo una décima de segundo en inclinarse con ella para ayudarla, aún así demasiado tarde para gusto de la mujer demonio.

-Lo siento mucho no era mi intención sorprenderla- La dama se dedicó a ignorarla mientras se preparaba un emparedado de carnes frías, se demoró lo que quiso antes de prestarle atención a la jovencita.

-A ver si vas aprendiendo modales, ¡Estás echa una salvaje!- La regia figura se alejó con paso dominante antes de lanzar una última mirada envenenada a su interlocutora.

Fi controló un escalofrío y procedió a prepararse algo para ella misma. –Y mira quien no tiene modales, ¡ni siquiera me ofreció!-: Claro eso no iba a detenerla, ella también necesitaba algo de comida antes de que sus tripas se pegaran.

Una vez listo su bocadillo guardó todo para continuar con su paseo turístico por el castillo del infierno, se entretuvo admirando viejos cuadros en las paredes del pasillo, demonios de ojos rojos le devolvieron la mirada, había tanto hombres como mujeres pero reconocía en todos y cada uno de ellos el mismo gesto orgulloso del rebelde vampiro, Fionna supuso que tenía ante sí la estirpe de los Abadeer.

Continuó por el mismo pasillo hasta que encontró el retrato que buscaba, la chica se sonrojó sin quererlo, Marshall lucía tan atractivo, Fi se acercó un poco más, embebida en el apuesto rostro se olvidó de todo, mordió con delicadeza su labio inferior sorprendiéndose de la velocidad que había adquirido su corazón repentinamente, sus manos sudaban, se sentía ansiosa sin razón aparente, la chica se removió inquieta juntando sus piernas de forma inconsciente.

-¿Qué haces aquí?- La rubia abrió sus ojos con sorpresa al escuchar la voz del chico.

-¿Puedes hablar?- El óleo se mantuvo apacible, la aventurera alzó su mano a punto de tocar la mejilla pintada.

-¡No me toques! Me arrugo-

-Oh, lo siento no quería…- Las carcajadas no tardaron en oírse, el verdadero Marshall lee se materializó justo al lado de su homónimo.

-¿Qué opinas bombón? Bastante real, ¿Cierto?- La chica respiro profundo normalizando su respiración, se sentía como si la hubieran atrapado en alguna travesura, era extraño.

-Si…lo es- La muchacha bajó su mirada con repentina timidez, descentrando por vez primera al demonio. ¿Qué ocurría ahí?

El chico notó con incomodidad lo solitario que se encontraba el oscuro pasillo, escuchó además con claridad el rápido bombeo del corazón de su mejor amiga, las mejillas sonrosadas, los labios húmedos…

Sin poderlo evitar, detectó vida propia en su mano derecha, ésta se había lanzado en caída libre hasta el pequeño mentón de la fémina, sus dedos grisáceos levantaron con suavidad hasta tener por fin en su línea de visión los grandes ojos azules, realzados siempre con el favorecedor color celeste de su camiseta, sintió sus propios pómulos arder al sujetar con firmeza la frágil cintura, sus dedos recorrieron todo el camino desde el mentón hasta la estilizada columna que conformaba el cuello de la mujer, notó el pulso acelerándose.

Bebería todo el rojo de tu sangre.

La chica respiraba cada vez con mayor agitación pero dejaba al vampiro moverse con libertad, estaban tan cerca que apenas había espacio para un soplo de aire entre sus cuerpos.

Entonces Marshall lee bajó desapareciendo esa distancia, juntó sus labios a los de la muchacha acariciando con dulzura, sus manos firmes aunque suaves en la nuca y espalda de su Fi, era un contacto tan lento que robaba los restos de su pobre alma inmortal.

El sedoso movimiento le daba cosquillas en el vientre, Fionna sentía necesidad, ¿Necesidad de que? No estaba del todo segura, pero sabía que necesitaba algo, su boca se abrió en busca de ese algo que se le escapaba, y apenas tuvo tiempo de soltar un leve gemido al sentir la lengua del muchacho colarse en su boca.

Marshall lee pegó aun más sus cuerpos deleitándose con las curvas tan femeninas de su compañera, agradeció a todos los dioses habidos y por haber en la historia de la humanidad el cuerpo flexible de la chica, en un movimiento rápido había levantado sus piernas encerrándolo en un abrazo de koala.

Bendito Buda, Yaveh, Rah, Ganesh…Aslan, quien fuera que lo hubiera escuchado brindándole tan grato regalo a los sentidos, con dolor en su corazón y en sus pantalones terminó el contacto con su chica, respiró un poco calmándose antes de cometer cualquier locura.

El chico decidió entonces al pegar su frente contra el suave gorrito de conejita, sus ninis sabían bien según sus recuerdos en el sofá, un poco saladitas por el sudor, pero los labios de su Fi no se quedaban atrás.


Bien, aquí el cuarto, quisiera agradecer a todos los que han tenido la paciencia de leer esta pequeña historia, si les gustó o no me gustaría algún review...Por cierto si llegamos a treinta reviews prometo un lemon para el próximo capitulo, haré lo que pueda. =D