PARTE I: JIM
Capítulo 2: Catarsis
El calor era infernal. ¿29° grados? ¡Ja! Jim miró con rencor a su teléfono y la utópica temperatura que le mostraba, ¡al menos deberían estar a 35° grados!
Georgia era un pequeño infierno y Bones estaba loco por llamarlo "hogar".
Sam y Jim habían tomado carretera desde San Francisco hasta Georgia. Un transportador habría sido considerablemente más rápido, sin embargo, Jim necesitaba la distracción y unas mini vacaciones. La noticia sobre el seminario que él impartiría había corrido como la pólvora a través del campus y, aunque Jim agradecía la atención, no la necesitaba de momento.
Los hermanos se habían turnado para conducir, Sam un poco más prudente que Jim, y habían logrado un récord de veinte horas. No obstante, el viaje les estaba pasando facturas: dormir en el auto, comer en el auto y detenerse sólo para no tener que hacer del uno y del dos en el auto, no era la mejor de las experiencias. Estaban cansados, hambrientos, y sudando como cerdos en un matadero.
—Este lugar es hermoso, ¿no? —preguntó Sam saliendo del lado del acompañante. Se estaba quitando una camisa de botones que llevaba y sólo se dejó la que tenía por debajo. Jim no vestía muy diferente.
—¿Qué dijiste? No te escuche, el sonido de mis fluidos dejando mi cuerpo es muy alto— contestó Jim sonriendo.
Los hermanos se detuvieron frente a una casa hermosa, imponente y con un jardín envidiable. Sam se apoyó en el auto y esperó hasta que Jim se apoyó junto a él.
—¿Cómo se llama la dama, de nuevo?— preguntó Sam con genuina curiosidad mientras sacaba del asiento trasero unos paquetes envueltos en papel de regalo.
—Jo— contestó Jim con una sonrisa de oreja a oreja —. Joana. La vas a amar. Esa niña tiene en la palma de su mano a toda la tripulación de la Enterprise.
Recogiendo los paquetes de las manos de su hermano, Jim se encaminó hasta la elegante puerta de Jocelyn, la ex esposa de Bones. Sam tocó el timbre y se quedó a una distancia prudencial.
No esperaron mucho y la puerta se abrió, revelando la figura de Jocelyn Darnell, tan hermosa como siempre. Tan desagradable a ojos de Jim como la recordaba.
—Señor Kirk— saludó Jocelyn con un tono seco.
—Señora Darnell.
—Treadway— corrigió ella frunciendo el ceño—. ¿Qué hace aquí, Kirk? ¿Y quién es él? — agregó ella señalando a Sam.
—Mi nombre es George Kirk. Hermano mayor de Jim— se presentó Sam extendiendo la mano hacia Jocelyn para que la estrechara. La mujer lo ignoró.
—¿Y bien?— dijo ella impaciente—. ¿Qué hace aquí?
Jim elevó sus brazos haciendo notorios los paquetes que llevaba y respondió con una sonrisa abierta.
—¡Hoy trabajo como mensajero! Son regalos para Joana.
Jocelyn frunció el ceño aún más, si eso era posible, y extendió sus brazos.
—Yo se los daré.
Jim negó con la cabeza, sonriendo con mayor felicidad para la incomodidad de Jocelyn.
—Nunca hago un trabajo a medias y las instrucciones de Leonard fueron claras: "niño, dale los regalos a Joana". O algo parecido, tal vez censuré la parte en la que habla sobre no dártelos a tí.
Jocelyn suspiró y entró de nuevo a la casa, cerrando la puerta en la cara de Jim. Sam silbó incrédulo y murmuró algo que sonó como "perra" o "zorra". Jim estaba bastante de acuerdo con eso.
La historia "Jocelyn&Bones" no era del manejo total de Jim. Él sólo conocía el sumario general del asunto, pero eso bastaba para tener una opinión muy pobre sobre la mujer. Y la actitud asquerosamente negativa con la que Jocelyn trataba a Leonard y todo lo relacionado con él -Jim incluido- no la ayudaba en nada a ojos del Capitán.
Sam le estaba sugiriendo a Jim que regresaran más tarde -o que entraran por la puerta de atrás- cuando la puerta se abrió y por ella salió Joana gritando "¡tío Jim!" una y otra vez. Jim dejó los paquetes en el piso y se agachó para recibir a la pequeña llena de alegría en un cálido abrazo.
Hundió su nariz en el dulce aroma del cabello de Joana y pudo sentir como se le salían las lágrimas. Era injusto… Bones debería estar ahí, recibiendo el abrazo de su pequeña hija, no Jim. Jim no era merecedor de tanto amor.
Se separaron y la miró con cuidado. Tenía los ojos y el cabello de Bones, pero todo lo demás era de Jocelyn.
Estaba tan grande y hermosa.
—Hola, Jo.
La niña sonreía dejando ver los agujeros donde se habían caído sus dientes de leche.
—¡Hola, Tío Jim!
Alguien carraspeó detrás de Joana y Jim vio a Clay Treadway y a Jocelyn. La pareja observaba como un par de halcones diabólicos cada movimiento de Jim. Era mejor terminar con la visita lo antes posible, a pesar de lo mucho que quería a Jo.
Recogió los paquetes y los puso frente a Joana, explicándole dónde los había conseguido su padre y haciéndole prometer a la pequeña que no los abriría hasta que hablara con Bones por videoconferencia.
—Él quiere ver tu reacción.
—Lo prometo, tío Jim— contestó Joana determinada a cumplir su promesa, aunque le fuera difícil controlar su curiosidad infantil.
Jim la abrazó una última vez y se levantó. Se despidió de ella, dolido por no poder llevarla a tomar un helado, como ella le estaba pidiendo.
—Regresaré otro día, con tu papá— le prometió y soltó la mano de la pequeña cuando se dio cuenta de que seguía sosteniéndola.
Luego le hizo una seña a Clay y a Jocelyn y se marchó junto a su hermano. Antes de llegar al auto, Joana lo alcanzó, corriendo, y lo abrazó de nuevo.
Joana era un ángel. Con cada abrazo de la pequeña Jim sentía como sus preocupaciones y angustias se lavaban de su corazón. Era como quitarse el peso del mundo de la espalda, olvidar los segundos y sólo disfrutar ese momento ahí, con una personita inocente para la cual él era sólo el "Tío Jim".
Sobre el hombro de la niña, Jim vio como se acercaba Clay. El hombre llevaba una expresión furibunda y decidida. Apesadumbrado, él le dio otro apretón a Joana y se alejó. Se despidió una vez más y dejó que Clay alzara a Joana.
Quería romperle la cara a ese imbécil. Y, vagamente, se preguntó si Bones se enfadaría mucho.
Probablemente no.
Los hermanos subieron al auto otra vez y por el retrovisor vieron a Joana agitar la mano en forma de saludo. El silencio se instauró hasta que estuvieron de nuevo en la carretera principal. Sam fue el primero en hablar.
—Es una perra.
—Y su esposo es un hijo de puta, sí— respondió Jim enfadado.
—No puedo imaginarme a Leonard con esa mujer.
—Pues ya no tienes que hacerlo— contestó Jim—. Se divorciaron.
—Ni siquiera pude presentarme con Joana.
Jim sonrió levemente.
—Cuando Bones esté en el planeta la podrás conocer.
Sam suspiró y encendió el aire acondicionado.
—¿Te gustaría ir a Iowa?... Nos tomaría como siete horas.
Considerando la oferta, Jim pensó en el bendito seminario. ¿Qué le había dicho a Jocelyn? ¿Nunca hago un trabajo a medias? ¿Qué fue lo primero que hizo cuando le dieron el trabajo? Quejarse, escaparse a Georgia arrastrando a Sam y dejando todas las tareas de la nave en manos de su Primer Oficial.
—Tentador, Sam. Pero no.
—Como quieras. Pero sí o sí vamos a detenernos a comer algo.
El mayor de los Kirk encendió la radio y Black Sabbath inundó el vehículo.
Corría. Corría tan rápido como podía, pero no parecía suficiente.
Sus manos se resbalaban. Sus pies dolían. Su espalda ardía.
Los sabuesos venían.
Olían el miedo y Jim sudaba miedo.
Era muy oscuro. Muy pesado.
Y él sólo podía arrastrarla a ella, sujetar su delicada mano y rezar.
Se metió en una cueva.
La abrazó.
Enterró su nariz en su frágil y oloroso cabello. Se llenó del aroma de la niña.
Intentó tranquilizarla, pero los sabuesos ya venían.
Y él también tenía miedo.
"Jim" dijo ella, con miedo. Él no le contestó. "¡Jim!"
¡JIM!
—¡Jim!
Parpadeó y miró a su alrededor. Estaba en el asiento del acompañante de un vehículo. Estaba oscuro y sonaba una balada andoriana como música ambiente. Sam lo miraba desde el asiento del conductor, alternando su vista de Jim al camino y viceversa.
—Lamento despertarte, pero necesito "regar los arbolitos".
Jim sacudió la cabeza, en un vano intento de despejarse y alejar el olor frutal de su memoria. Se enderezó en el asiento y buscó la manera de concentrarse en el aquí y ahora.
En la parte superior de la pantalla del auditorio se leía: "Seminario de Comando en Estado Crítico, impartido por el Capitán James T. Kirk". El resto de la pantalla estaba ocupada por una fotografía borrosa de una mancha oscura, deforme y gigante. Frente a la pantalla, y sentado en la orilla de la tarima, Jim, ataviado en su uniforme, explicaba a cadetes, instructores, instructoras y oficiales los detalles del caso de estudio.
Sentadas en primera fila estaban Uhura y la doctora Marcus. El primer caso que había elegido para el estudio en el seminario había ocurrido en el Imperio Klingon y las dos oficiales eran sus asesoras. Aunque Jim podía maldecir en un klingon impecable, las demás palabras se le escapaban; y el conocimiento de Carol en armamento era impecable. Así pues, ellas eran las opciones lógicas y ambas estaban encantadas. Al lado de ellas, frente a la consola, estaba la cadete Rand, una prometedora estudiante de Archer que deseaba servir en la Enterprise en el futuro. Archer le propuso a Jim que la aceptara como asistente en el seminario para ponerla a prueba.
Si Jim debía evaluar la experiencia del seminario con honestidad, la frase "bendito entre todas las mujeres" habría encabezado su informe.
El repleto auditorio no le daba miedo, ni lo intimidaba. Estaba preparado, estaba emocionado. Y, lo mejor de todo, estaba ocupado. No tenía tiempo para pensar en esa... pesadilla.
—Esta es la primera imagen que se tiene sobre el acontecimiento en la colonia CV-567. Cadete Rand, por favor, ponga en pantalla la transcripción en estándar de la bitácora a las 0900 horas— dijo Jim levantándose. Luego, mirando al auditorio agregó—. Encontrarán la transcripción en los materiales del seminario.
Bones lo había llamado la mañana anterior, agradeciéndole por asegurarse de que Joana recibiera los regalos y por asegurarse que ella estuviera bien. Jim se sintió culpable, porque se había marchado del lugar más rápido de lo que llegó. Y también se sintió culpable por robarse a la hija de Bones y usarla para satisfacer su necesidad de afecto.
No. No.
Jim no necesitaba afecto. Necesitaba catarsis.
Le había sido difícil entenderlo, sin embargo, era la única explicación que podía otorgarse a sí mismo. Necesitaba purgar su culpa, necesitaba deshacerse del mal karma… Pero, ¿cómo?
Había cargado por muchos años con sentimientos atroces, destructivos y malolientes que ventilaba con peleas, delitos menores y cárceles. Su basura se acumulaba ahora y no podía abrir esa puerta de nuevo. No podía ser irresponsable otra vez, no después de haberse ganado la confianza de Pike.
—Así que la primera orden del Coronel fue disparar a la colonia. ¿Por qué?— preguntó Jim al auditorio.
Las miradas dubitativas no se hicieron esperar, hasta que una cadete de la última fila alzó la mano, temerosa.
—¿Sí?— dijo Jim.
—¿En el mensaje de ayuda había escondida una amenaza?
—¿Lo afirma o lo pregunta?
—¿Lo estoy preguntando? Es una posibilidad, señor.
Jim sonrió.
—Es una posibilidad, sí. Buen intento.
Esa interacción pareció alentar al resto del grupo a lanzar sus teorías, una tras otra. Prudentes al inicio, pero, entre más les negaba Jim, más osadas se volvían las hipótesis. Era refrescante ver ese foro de discusión.
Casi al final de la clase un cadete pequeño que no había hablado aún levantó la mano.
—Pudo ser un grupo terrorista.
Jim levantó la vista y buscó al dueño de la voz.
—Un grupo terrorista— siguió el chico. Cuando vio la mirada interesada de Jim, siguió hablando—. Como en Tarsus IV.
Tarsus IV.
Tarsus. IV.
¿No me va a pasar nada?
No. Te lo prometo.
Te lo prometo.
—¿Co.. Cómo dices?— dijo Jim extrañado y pálido.
El auditorio se sentía tan frío y silencioso como un camposanto. Jim sentía el sudor frío caer por su nuca, perdiéndose en la tela de su uniforme. Sentía escalofríos, espectros y muertos a su alrededor. Incluso olía la podredumbre.
—Capitán Kirk, ya es hora de terminar el seminario— le dijo Rand desde su asiento.
¡Mil veces bendita! ¡Esa mujer no sólo se había ganado un puesto en la Enterprise, si no en el corazón de Jim!
—Bien— dijo reponiéndose—. Gracias, cadete. Continuaremos la discusión mañana— y volviéndose al chico le dijo—. Mantén esa idea en tu mente, Cadete…
—Riley, señor. Kevin Riley.
En la sala se encontraban Jim, el Almirante Bennett y el Almirante Archer. Jim sabía que querían que él se sintiera como si estuviera en la oficina del director, pero la furia en su interior era tan poderosa como un volcán y Jim no se iba a dejar amedrentar.
Se miraban, los unos a los otros. El reloj hacía ese sonido desesperante y grosero que no podía cambiar. Los hombres ahí presentes tragaban saliva, se removían en sus asientos incómodos, cruzaban y descruzaban las piernas. Pero ninguno hablaba.
El reloj dio cinco campanadas y Archer habló.
—No sé que decir.
Jim negó con la cabeza, decepcionado.
—Yo tampoco.
Jim se levantó y se acercó a la biblioteca de Bennett. Estaba llena de tratados interplanetarios e internacionales, libros de leyes, constituciones y manuales de ingeniería. Todas las copias eran impresas y hermosas. Jim pasó sus dedos sobre la superficie rugosa de un tomo sobre ingeniería aeroespacial, sintiendo la textura.
Catarsis. Eso quería.
Debió aceptar la oferta de Sam e ir a Iowa.
—Quiero acceso a todos los archivos— dijo con voz tímida Jim. Era una voz muy suave que él nunca se había escuchado.
—Es lo justo— murmuró Archer.
Afuera, la Bahía de San Francisco se teñía de naranja.
Notas de la Autora:
Quiero agradecer a quienes se han tomado el tiempo de leer el fic. Va para largo, me parece, y la trama está calentando poco a poco, pero creo que pronto va a estallar.
Gracias a quienes a dejado un review, a algunas personas no les puedo contestar porque dejaron el comentario como invitado/a, pero quiero que sepan que he interiorizado sus comentarios y los aprecio.
Una pequeña apreciación como autora sobre la historia: Creo que Jim ha estado mucho tiempo lejos de su nave y en reuniones y discusiones con almirantes, no sé cuánto más pueda aguantar antes de volverse loco. Ya veremos cómo se desarrolla eso.
Gracias, nos leemos pronto.
Larga vida y prosperidad.
PD: Estoy trabajando sin beta porque mi beta habitual está tan cargada de trabajo como yo y ya no podía esperar más para subir el capítulo. Mis disculpas si hay dedazos o errores.
