PARTE I: JIM

Capítulo 4: Punto de quiebre

En el elevador, Jim supo de inmediato que algo estaba muy mal. Es decir, obviamente estaban atacando a la Enterprise, pues no sólo habían sufrido una sacudida, sino muchas con el inconfundible ritmo de un ataque coordinado. Obviamente había algo mal, pero había otro algo, un algo muy incómodo, un mal presentimiento… Algo más allá de un ataque común… Se estaba cociendo algo más. Algo muy malo. Algo que estaba fuera de lugar, pero por el momento, no podía nombrarlo.

Odió la sensación con toda su alma.

Y cuando él y Spock entraron al puente fue como si hubiesen topado con una pared de desesperación. El ambiente estaba a punto de explotar en caos y ninguno de los oficiales comprendió por qué. Un alférez notó la presencia de los hombres y aliviado soltó un grito de "¡Capitán en el puente!" que relevó la carga de tensión en los hombros de las personas ahí presentes.

Al sentarse en su silla, las notificaciones de estado de la nave llegaban a Jim, inundando de información y datos a la terminal. Spock también se ponía al día, mientras escuchaban el reporte improvisado de Sulu:

—Una terminal eléctrica fue dañada, provocando explosiones y cortocircuitos en diversas salas, así como fallas de energía en un veinte por ciento de la nave...

La Enterprise había sido atacada con fuerza en puntos estratégicamente no mortales, como si quienes los atacaban sólo quisieran advertirles de algo. La nave resistiría esos embistes con facilidad en cualquier otro momento, pero ahora las cosas estaban yendo directo al infierno con una asombrosa rapidez.

El problema eran los escudos.

Cuando Chekov le gritó a Jim que los escudos no resistían, el Capitán se comunicó con Scotty sólo para recibir la terrible noticia: las actualizaciones de los escudos no estaban listas. No iban a funcionar. No iban a resistir.

—¿A qué nivel están los escudos?— preguntó Jim mientras enfrentaban otra sacudida.

—Están a media capacidad y bajando, señor.

—Salúdelos— ordenó Jim en dirección general a Uhura mientras intentaba pensar con claridad.

—No responden, Capitán.

Otra sacudida recorrió la nave y Jim se sujetó con fuerza a su silla para no salir disparado.

—Señor Scott, desviemos energía para reforzar los escudos; Chekov, responda a sus ataques con disparos de advertencia— dijo Jim.

¡Jim!— gritó Scotty—. ¡Los fallos de energía nos tienen atados de manos! ¡Hay que desviar la energía manualmente!

—Mierda…— murmuró Jim—, ¿en las terminales de la planta B?— le preguntó mientras se levantaba y corría hacia el ascensor.

¡Sí!

La tripulación del puente se quedó helada al ver a su Capitán irse.

—¡Spock, tiene el puente!

—Capitán…— comenzó a protestar Spock mientras Jim entraba al ascensor.

—¡No, Spock! Escuche: estaré aquí en dos segundos, soy el único que "está libre". Cuide mi nave.

Y las puertas se cerraron.

¡Oh, Dios! ¡Cómo agradeció eso!

Spock, Chekov, Sulu, todo el maldito puente… mirándolo como si fuera a sacrificarse, o como si los traicionara por irse.

No… no es justo, pensó mientras salía corriendo hacia las terminales.

Los miembros de su tripulación le dejaban el camino libre.

Lo dejaban solo.

¡Basta!

No es el momento.

Corría.

La calma viene después de la tormenta.

Viene después.

Un pasillo.

Necesitas tormenta para tener calma.

Necesitas caos, después las piezas caerán solas en su lugar, como un rompecabezas muy gastado.

Otro pasillo.

Después de la tormenta.

No antes.

No durante.

Después, Jim.

La luces titilaban y la nave se sacudió. Otro impacto.

Se repitió una y otra vez que la calma llegaría.

Eventualmente.

Quizás si la deseaba con la suficiente fuerza, tal vez si luchaba por ella…

La calma llegará, Jim.

Llegará.

Podrás sufrir todo lo que quieras después.

¡No ahora!

Giró en un recodo y paró en seco.

Ahí estaba la terminal.

La custodiaban tres hombres de aspecto tosco, sucio y peligroso, todos con rifles de asalto, de esos que te dejan agujeros en el cuerpo del tamaño de sandías.

Ninguno era de la tripulación.

Cuando vieron a Jim le apuntaron al pecho, así que se quedó quieto y alzó sus manos en señal de rendición.

—Eso no será necesario, Capitán Kirk— dijo uno de los piratas con una mirada astuta—. Relájese, no estamos aquí para lastimar a nadie.

—Las armas no son una buena bandera de paz— respondió Jim sin poder contenerse. Nunca había sido bueno quedándose callado, maldita sea, y no iba a iniciar ese día.

El pirata rió.

—Usted me agrada, Capitán Kirk— dijo el hombre, mientras sus compañeros apuntaban a los dos extremos del pasillo, obviamente vigilando que no se acercara nadie de seguridad—. Lamento que nos conozcamos en estas circunstancias.

—Usted propició estas circunstancias— dijo Jim, con el enojo creciendo en su interior a cada minuto.

—Lo sé, pero no tenía más opciones— respondió el hombre acercándose a Jim. Se acomodó el rifle en el hombro y sacó un phaser, luego, se colocó detrás de Jim y le apuntó directamente a la cabeza—. Ahora, Capitán, o Jim… ¿Puedo llamarte Jim? ¿No?... Bueno, Capitán, guíanos a tu precioso puente.

Mientras caminaba, Jim dudaba entre llevarlos o no al puente. Los piratas no iban a disparar si ya los habían abordado, pero los escudos no podían esperar, la seguridad de su tripulación no podía esperar.

Probablemente intentar engañarlos sería una maniobra estúpida, porque era obvio que esos piratas habían hecho su tarea, pero Jim no se iba a quedar cruzado de brazos.

Mierda…

Frente a Jim estaba uno de los hombres, el que parecía el jefe le estaba apuntando mientras eran escoltados por el tercer pirata. Bien… Jim, respira.

Inhala.

Exhala.

Y golpea.

Jim se agachó y le lanzó una patada torpe al hombre que estaba delante. En el suelo, lanzó su pierna hacia atrás, haciéndole una zancadilla al jefe, quien cayó al suelo, disparando su arma por accidente. Los tiros golpearon los paneles de luz, oscureciendo el pasillo definitivamente.

—¡Maldita sea...!

Los hombres gritaban y Jim empezó a gatear.

—¡No fue una idea inteligente, Kirk!

Nadie conocía su nave mejor que él, ni siquiera Scotty. A tientas, y viendo de reojo las luces de las linternas de los piratas escaneando el pasillo, Jim abrió una portezuela y entró en un jefferie tube.

Mierda.

Cana dijo que él iba a cooperar— escuchó como decía uno de los piratas. La voz se le hizo muy conocida.

No pudo ir muy lejos... Mierda, no veo ni mierda.

Divídanse y encontremos a Kirk. Es a él a quien necesitamos para... — las voces se alejaron.

¿Así que lo necesitaban a él? ¿Por qué no le sorprendía? La pregunta es para qué lo necesitan.

Y esa voz… ¿quién era ese hombre? ¿Quién era Cana?

Jim corrió por el tubo y salió por otra compuerta. En ese pasillo tampoco había luz, pero en su nave el Capitán podía correr con los ojos vendados. Se internó en la oscuridad un poco y abrió la puerta de un depósito de suministros. Tomó una linterna que se colgó de la cintura, además tomó un phaser que programó en su modo de aturdir y, seguidamente, se puso un par de guantes de asalto. Salió con dos propósitos: desviar la energía a los escudos y encontrar a esos piratas.

Regresó por el tubo al pasillo de la terminal eléctrica que todavía funcionaba. Con la linterna iluminó el ordenador y luego ingresó al sistema. Desviar la energía no fue difícil, pero escuchó el ruido de un arma prepará giró lentamente y vio la cara de Cupcake.

—¡Capitán!— exclamó el oficial. Jim se le lanzó encima y le cubrió la boca.

—¡Silencio!— susurró Jim— Hay al menos tres intrusos, armados y están rondando esta área.

—¿Tuvo contacto con ellos, señor?

—Sí. Burlaron la seguridad, necesitamos saber cómo entraron.

Hubo una pausa y Jim comenzó a caminar con cuidado. Hendorff lo siguió y dijo:

—Señor, creo que debería ir al puente. Lo escoltaré y coordinaremos la búsqueda.

—Shhh, Hendorff— dijo Jim.

Se escucharon pasos y un haz de luz quebró la delicada oscuridad. La fantasmagórica silueta pasó junto a Jim y Hendorff, provocando escalofríos en los dos oficiales. El capitán tragó saliva y encendió la linterna que llevaba en la cintura. Apuntó a los pies de la persona cuidadosamente y luego apagó la luz. Saltó al frente y le hizo una llave al hombre que tenía al frente. Hubo un forcejeo y Hendorff apresó al pirata. Lo encaminaron hacia la sala de seguridad a través de pasillos bien iluminados.

—Señor— dijo Cupcake—, podemos hacernos cargo. Lo escoltaré al puente.

Jim miró a su subordinado con asombro, enojo y frustración; pero en lugar de reclamar la actitud de su tripulación, el capitán se volteó hacia el prisionero.

Era humano, un poco mayor que Bones, sus ojos eran negros y cansados. Y Jim lo había visto antes. ¿En dónde? ¿Dónde lo había visto?

—"Cana dijo que él iba a cooperar"— citó Jim. El reconocimiento en los ojos del pirata le confirmó sus sospechas. Él conocía a ese hombre, no sólo lo había visto—. ¿Le molestaría iluminarnos?

El pirata soltó una amarga risotada y Jim vio ante sus ojos un bosque oscuro, muerto, letal. Corría, llevándola de la mano. Las risas les seguían, los sabuesos venían.

No huyan, pequeñitos, solo vamos a jugar.

Jim buscaba razones para vivir todos los días, pero lo único que encontraba era dolor, malas noticias, destrucción, muerte, injusticias... El universo era enorme, gigantesco, pero ningún rincón estaba libre de miseria y maldad. A veces, sólo a veces, Jim creía que no valía la pena vivir en un mundo así. Luego pasaba horas convenciéndose de que él debía hacer algo para cambiar lo que estaba mal.

Recordaba los sacrificios de otras personas que le habían mantenido con vida. Recordaba sus propios errores y buscaba la manera de enmendarlos. Se le habían dado muchas oportunidades, aunque no las merecía. En este momento, frente a él, tenía la oportunidad de equiparar la balanza todo lo que pudiera.

Gritó y se abalanzó contra el hombre y lo golpeó en la cara, las costillas, el estómago… Hasta que sintió como era sujetado. Lo separaron de ese hijo de puta, ¿acaso no entendían? ¿No podían ellos ver la maldad, la enfermedad, en la mirada de ese monstruo?

Jim seguía gritando, arañando, pateando. Necesitaba llegar a ese hombre, matarlo y verlo sufrir. En un rincón de su mente, escuchaba el eco de los ruidos de la nave y una voz que decía palabras confusas.

Seguridad al puente. Señor Spock, el Capitán está aquí. Tenemos a uno de los intrusos, pero el Capitán…


Notas de la autora:

Saludos! En primer lugar, me disculpo por la larga ausencia. Mi computadora murió hace meses y ya tenía muy adelantada esta historia, he estado en "periodo de luto". Espero poder regresar a un ritmo constante en la actualización de esta historia.

A las personas que no les he respondido su comentario (si es que hay alguna) me disculpo, pero ya no sé qué comentarios he constestado y cuáles no, todo es muy confuso. En todo caso, gracias por leer y espero que disfruten la historia. A partir de aquí las cosas se van a poner muy feas y más llenas de acción.

Nos leemos! Larga vida y prosperidad!