PRIMERA PARTE: JIM

CAPÍTULO 5: 619

Jim estaba en un pasillo solitario de la Enterprise, de cuclillas, sintiendo náuseas incontrolables. Sostenía su cabeza en medio de las rodillas, con la esperanza de que el mareo se desvaneciera. Nunca se había sentido tan enfermizamente furioso en toda su vida. Había sido como un veneno que nublaba su vista con neblina de sangre roja, y su garganta se cerraba, dejándolo sin aire; ¡su pecho se contraía, pidiéndole a gritos que matara a ese hombre!

¡Destrózalo!

¡No! ¡Basta!

Cupcake y otros dos hombres de seguridad lo habían sacado de la sala de los calabozos y lo habían sostenido hasta que, lánguido, se había dejado caer llorando desconsoladamente por rabia.

Tuvo que ser un espectáculo fantástico: el capitán de la nave insignia de la Flota Estelar llorando como un niño en brazos de un oficial de seguridad.

Patético.

Desafortunadamente, cuando Spock se presentó, Jim todavía no se había repuesto de su episodio de psicosis asesina. Cuando Spock lo vio, Jim estaba en el piso, todavía sollozando. Cupcake le explicó la situación al Primer Oficial, mientras el capitán sentía los ojos del vulcano taladrando su cabeza en busca de respuestas.

Spock se hizo cargo. Y, por supuesto, no dejaron a Jim acercarse al prisionero. Ni lo dejaron solo hasta que, veinte minutos después, encontraron a los otros dos intrusos.

Necesitaba tranquilizarse, porque las cosas a su alrededor seguían su curso, como si no importara que él no estuviera bien; después de todo, todavía estaban rodeados de naves enemigas, necesitaban interrogar a los intrusos, y todavía tenían una misión pendiente. Pero, las náuseas no amainaban. Tal vez era el miedo. Tenía pavor de Spock y su implacable veredicto. Jim no era estúpido y sabía que no se encontraba bien, pero, con unos minutos podría recuperarse y volver al puente. De hecho, su única opción para no perder el mando era regresar al puente.

Tomó una bocanada de aire y se levantó con una mano apoyada en la pared. Estaba hiperventilando, pero podía controlarlo. Esto no es nada, Jim. Se irguió y se acomodó la ropa, notando sorprendido que aún estaba armado y no llevaba su camisa dorada.

Caminaba por los largos corredores de su nave, lentamente. Sí, había una crisis y él era el Capitán, pero, maldita sea, había una crisis y él era el Capitán y estaba muy cerca del puto colapso. Tenía, necesitaba, que su Primer Oficial lo mirara y supiera que Jim estaba bien. Porque iba a estar bien cuando llegara al puente. Pero necesitaba tiempo.

Cuando estaba llegando al turbolift, Jim se detuvo. En lugar de entrar, se dirigió a un baño. Se limpió la cara, tomó agua y se sentó. Sentía la garganta muy irritada, pero todavía podía hablar. Sabía que estaba frunciendo el ceño del dolor, pero iba a estar bien. No existía nada más importante que su tripulación y no les iba a fallar en medio de una crisis. No Jim Kirk.

Un poco más fresco, y mientras se dirigía al ascensor, Jim apartó de su mente todos los olores, sabores y miedos de su pasado. Ya tendría tiempo después.

En el gran ventanal del puente de la Enterprise se veía un escenario amenazador: tres naves piratas con gran armamento amenazaban a la nave de la Federación. Spock estaba sentado en la silla del capitán revisando algo en una PADD. La apertura de las puertas del turbolift lo alertó y levantó la cabeza sin poder ocultar el desconcierto al ver la figura de Jim entrar.

—¡Capitán en el puente!

Todas las personas ahí presentes siguieron con la vista a Jim hasta que se acercó a su silla. Capitán y Primer Oficial se miraron largamente, hasta que Spock se levantó.

—¿Cuál es la situación?— preguntó Jim, secretamente aliviado de haber pasado la primera examinación de Spock.

—El grupo se ha negado a identificarse, pero ha hecho algunas demandas— dijo el vulcano—. Tenemos a tres de sus tripulantes como prisioneros, lo que han cambiado las circunstancias de las negociaciones.

Jim frunció el ceño, pero no dijo nada.

—Demandan que sus tripulantes sean liberados y que les entreguemos los cristales de dilitio y las provisiones alimenticias. Alegan que tienen en la mira puntos vitales de la nave y que ya han demostrado que conocen la estructura de la Enterprise, lo que es evidente —terminó de explicar Spock.

Jim suspiró, se sentó en su silla y le pidió a Uhura que abriera una línea con el grupo pirata.

—Les habla el Capitán James T. Kirk, de la USS Enterprise. Están incurriendo en operaciones ilegales y hostiles en el espacio de la Federación Unida de Planetas y en contra de una nave de la Flota Estelar. Cesen con sus intenciones y entréguense de manera pacífica.

Jim terminó su discurso y esperó. Luego continuó.

—No es necesario que diga esto, pero lo voy a hacer para que quede registrado en la bitácora: la Federación no negocia con piratas. No vamos a liberar a los prisioneros.

Esperaron un poco más. Quizás no responderían y al diablo la diplomacia… Pero eran piratas y Jim no iba a negociar con ellos. Mucho menos sabiendo que uno de ellos estuvo en la guardia de Kodos… ¡Basta! ¡No pienses en eso!

—¡Capitán! Nos saludan —dijo Uhura.

—En pantalla, Teniente.

Frente a ellos estaba el líder de los piratas. Llevaba una máscara muy realista, con expresión macabra y fría. Una persona desequilibrada, eso es lo que era.

Y no era justo.

No era justo para Jim.

Mientras el pirata hablaba, la expresión en la máscara atormentaba a Kirk. Las náuseas que no se habían ido volvían, con más fuerza.

Los recuerdos.

No, no es justo.

—Cierrelacomunicación —murmuró débilmente Jim, miraba fijamente al rostro del verdugo.

El pirata no dejaba de hablar.

Jim carraspeó.

—Cierre la comunicación— dijo un poco más fuerte y con voz demasiado débil para su gusto.

Uhura lo hizo.

Jim se quedó en la silla y se recostó, intentando recobrar su compostura.

—Capitán— dijo Spock—, ¿se encuentra bien?— preguntó sin alzar mucho la voz.

—Náuseas, Spock— contestó Jim sinceramente. Era mejor que creyeran que se había golpeado la cabeza o algo por el estilo a que supieran toda la verdad.

En el puente todo estaba muy calmado, sin embargo, pronto recibirían noticias de los piratas, diplomáticas u hostiles, aunque no había mucha diferencia.

—Debe ir a la enfermería, señor. No se encuentra bien.

Jim asintió y se levantó despacio. Un mareo lo obligó a sentarse de nuevo, así que un tripulante se acercó y, junto con Spock, le ayudó a mantenerse en pie. Controlaba las ganas de vomitar y las lágrimas de impotencia, porque el pasado lo estaba cazando.

Era el rostro de Kodos.


Esto se estaba volviendo repetitivo. Jim había echado al tripulante -Ross- diciéndole que se encontraba mejor y no necesitaba ir a la enfermería. Ya solo, dejó que la desesperación lo embargara. Maldita sea, ¿qué estaba pasando? ¿Por qué, cuando creía que ya estaba bien, se hundía más profundamente?

Golpeó la pared con rabia y cerró los ojos.

—Capitán— le llamó la atención Spock, sobresaltándolo. Ahí esraba su primer oficial, impasible y perfecto, Jim fue consciente de su propio aspecto desaliñado.

—¡Maldita sea, Spock!— gritó Jim sorprendido y enojado—. ¡¿Qué hace aquí?! ¡Debería estar en el puente!— y antes de que Spock pudiera hablar, Jim siguió—. ¿Qué pasó con los piratas?

—Parece— dijo el vulcano— que hemos llegado a un impasse. Nuestros escudos están muy débiles, no podrán resistir un ataque sistematizado por mucho tiempo. Pero tenemos a tres prisioneros que aparentan ser de alto rango en la organización enemiga ya que demandan que los liberemos y cesaron el fuego.

El humano se llevó una mano a los ojos y los apretó casi dolorosamente.

—Vuelva al puente, Spock. Necesito sólo unos segundos— explicó, sin mucha esperanza de que su Primer Oficial le hiciera caso.

—Usted no se encuentra bien, señor.

—Ya lo sé, por eso necesito unos minutos.

—No, Jim.

Ante esto, el aludido vio a su interlocutor. Spock estaba tenso, pero decidido.

—No comprendo lo que sucede, a profundidad, pero estoy consciente de que hay una situación: creo que no está capacitado para cumplir con su deber.

El rubio intentó que el pánico no se reflejara en su mirada mientras se preparaba para la confrontación.

—Spock, es un poco de náusea. Necesito aire, nada más.

El vulcano se acercó a Jim todo lo que su educación vulcana le permitía y lo estudió.

—He notado diversas reacciones suyas en los pasados meses que nos han alarmado a mí y al Doctor McCoy.

—¿Disculpa?—empezó a decir Jim, alarmado.

Sin embargo, Spock no le escuchó.

—El doctor y yo habíamos llegado a la conclusión de que no debe ser nada de mayor preocupación ya que no ha afectado su desempeño. No obstante, durante el curso de la presente misión y el enfrentamiento con el grupo hostil, su comportamiento ha sido errático, descontrolado y no ha realizado sus funciones con la eficiencia usual.

Jim agachó la cabeza y se mordió el labio.

—Spock, yo…

—Jim, creo que debes abandonar tu cargo durante la presente misión.

El humano levantó la cabeza alarmado. Él no iba a abandonar a su tripulación. Él se iba a reponer.

—No te atrevas ni siquiera a pensarlo, Spock.

Se miraron desafiantemente durante algunos segundos, hasta que Jim rompió el silencio con fuerza, convencido de sus palabras.

—Yo estoy bien, estaré pronto en la silla de comando.

Spock negó con la cabeza.

—Spock, no te atrevas a hacer esto —suplicó.

—Usted me eligió como su Primer Oficial porque confía en mi juicio.

No, Spock, no me hagas esto.

—¡Sí, pero no en esto, Spock!

El vulcano siguió hablando.

—Usted no está capacitado para cumplir su función como Capitán.

No, Spock, no ahora.

Estaré bien.

—Spock, por favor, piense en lo que está haciendo— dijo Jim, con lágrimas agrupándose rebeldemente en los ojos.

Impasible, el vulcano siguió hablando.

—Jim, es necesario que descanses. Te lo digo como amigo.

Un par de lágrimas pesadas se escaparon de los ojos azules y grandes de Jim.

—No me gusta el silencio, Spock —confesó Jim—. No quiero descansar.

Me aterra.

Spock se acercó a Jim más y dirigió su mano al rostro del humano, a sus puntos psi, como algo habitual en ellos, pero Jim retrocedió aterrado. Spock abrió mucho los ojos.

—¡No, Spock! —dijo Jim histérico—. ¡No sin mi permiso!

Ya habían hecho eso antes, después del incidente y, maldita sea, confiaba mucho en Spock: él sólo quería calmarlo. Sin embargo, las cosas habían cambiado y de ninguna manera dejaría que su amigo notara la precaria situación de sus emociones, ni el pasado que le aterraba.

No, de ninguna manera.

Lo mejor que podía hacer era contar una media verdad.

Todo lo dijo susurrando.

—Spock— suspiró—, renuncio al comando durante la confrontación con estos piratas —y escupió las siguientes palabras con tristeza—... debido a que estoy comprometido emocionalmente.

El vulcano bajó su mano, como si no se hubiera dado cuenta de que la mantenía levantada y llevó ambos brazos hacia atrás de su cuerpo.

—Conozco a esos piratas— mintió, porque en realidad no los conocía—. De otra vida, antes de unirme a la flota— una vida muy diferente y más opaca—. No son las mejores memorias y creo que no me ha sentado bien verlos.

El vulcano asintió.

—Si tiene información que podamos usar…

—No tengo ninguna— le interrumpió Jim bruscamente y sorbió su nariz.

El oficial asintió respetuosamente y se giró. Pero antes de que se fuera, Jim agregó algo.

—Spock— llamó, y el aludido le prestó su entera atención—. Voy a seguir comandando la misión de la colonia— porque era algo personal, pero Jim podía manejarlo, él sabía que sí—. En cuanto nos libremos de los piratas yo voy a regresar a la silla de comando.

No dejó lugar a réplicas y Spock pareció entender que no iba a sacar nada de argumentar en contra de eso.

Veía a su Primer Oficial alejarse por el pasillo… Y, mierda, cómo le dolió… No había podido mantener la cabeza fría, por más que lo intentó. ¿Tan fracasado era? ¿Tan débil se había vuelto? Se pasó la mano por el pelo revuelto y apoyó la cabeza en la pared que tenía detrás, sintiendo como los músculos de su cuello se estiraban placenteramente… Dios, cómo anhelaba una ducha: agua deliciosa que borrara las últimas horas, los últimos días…

Esa máscara plástica de Kodos era demasiado perturbadora. ¿Por qué alguien lo usaría como un símbolo? O... Tal vez los ojos de Jim le habían jugado una mala pasada y la máscara no era lo que le pareció… No, estaba completamente seguro de que era el rostro de Kodos.

Qué desastre…

—Capitán— susurró una voz junto a él, provocando que Jim se sobresaltara por segunda vez en menos de diez minutos—. Disculpe, no quería asustarlo.

Carol Marcus estaba ahí, hermosa, preocupada y asustada. El capitán se obligó a sí mismo a relajarse.

—No te oí llegar, eso es todo— contestó él sonriendo, pero la expresión de ella no cambió.

—Escuché lo que usted y el señor Spock decían— Jim bajó la cabeza, derrotado, y luego regresó a la posición en la que ella lo encontró—. Me disculpo por mi indiscreción.

—No importa, todo el mundo es indiscreto últimamente— bromeó Jim sin humor.

Hubo una pausa que Jim agradeció en sobremanera. Pero no duró lo suficiente.

—Capitán… Jim— susurró la mujer—, si necesitas algo, o hablar con alguien, yo estoy a tu disposición.

Jim la miró. Sabía cómo se veía: sucio, golpeado, desaliñado, perdido… Odiaba que la gente lo mirara así, principalmente su tripulación.

—No necesito nada, Carol— le aseguró Jim—, excepto ayuda con los archivos de las colonias.

La mujer sonrió y asintió.


Necesitaba despejar su cabeza, así que le pidió a Carol que revisara los archivos mientras él iba a la Sala de Audiovisuales por los mensajes de emergencia. En realidad, Jim no necesitaba ir personalmente a buscar los archivos de audio, podía acceder al servidor desde la sala de juntas… Pero necesitaba caminar.

La sala estaba vacía porque estaban enfrentando un ataque, las personas se debían reportar en otros puestos de trabajo. Fue un alivio. Se sentó frente al escritorio y comenzó a navegar entre los distintos archivos y carpetas disponibles. Quizás podría intentar hackear algunos servidores y robarse los archivos originales, es decir, ¿quién le aseguraba que los mensajes no habían sido modificados?

¿Estaba siendo paranoico?

Primero lo primero: los archivos de audio, las llamadas de emergencia. Había solicitado esos archivos para cumplir con la misión y analizar a profundidad el contenido, lo que, en teoría, ya debería haber comenzado a hacerse -pero, bueno, piratas-; sin embargo, no había conseguido los mensajes de "falsa alarma", aparentemente alguien no siguió el protocolo y no se grabaron.

Suspiró… Debía ordenar sus ideas y la información que estaba obteniendo. Parecía un niño que pisaba por primera vez una dulcería, emocionado no procesaba la información, no sabía por dónde empezar y se le olvidaba lo esencial: se le escapaba el gran panorama, se perdía a sí mismo en la marea de colores.

Estaba tecleando distraído, procesando en su mente un millón de ideas a la vez, pero tuvo una distracción. Sonó un bip en una consola alejada de la suya y se encendió una luz roja. Curioso, Jim se levantó y fue hasta allí: ¿un mensaje?

El archivo lo había recibido la Enterprise hacía pocos minutos, pero era una señal muy débil y estaba cifrada. Con todo el alboroto que habían causado los piratas, lo más seguro es que pasara desapercibido, pero, todos los mensajes se grababan automáticamente (una precaución que tanto Uhura como Jim consideraron pertinente) y se enviaban a la Sala de Audiovisuales para almacenaje.

Maldita sea… Jim no era muy bueno con mensajes cifrados.

Aún así, lo intentó: los misterios eran su talón de aquiles y, pues, necesitaba distracción.

La señal era muy mala, había muchas pérdidas: era como traducir un texto sin conocer el idioma y teniendo sólo una lista incompleta de consonantes. Descifrar un código requería su tiempo en las mejores condiciones…

No era código morse ni nada similar, de hecho estaba enviado con palabras del idioma estándar modificadas. Eso era una ventaja, podría obtener la idea general si lograba romper el código. La modificación radica en cambios al azar en las últimas sílabas, pero no en todas las palabras, sino en cada ¿dos o tres frases? Ah… ¡si tuviera todo el mensaje!

Si tuviera todo…

Todo.

Cada tres frases, empezaba con consonantes.

Lo recorrió un súbito golpeteo de adrenalina. Él conocía el código. Lo usó en Tarsus.

Maldita sea.

Memorizó la idea general del mensaje: ¡ayuda, por favor, sálvennos!, y corrió al puente, tenían que ir a esa colonia, tenían que deshacerse de los piratas ya. Las personas en esa colonia podrían estar en su último suspiro vital. La tripulación de los pasillos se apartaba a la vez que Jim, como un vendaval, pasaba a su lado.

Cuando entró en el puente vio a Spock que estaba de espaldas y corrió hasta él.

—¡Spock! —medio gritó Jim, sorprendiendo al vulcano—. ¡Necesito hablar con usted ya!

El vulcano apretó los labios y se acercó a Jim, hablando tan bajo que nadie más pudiera escucharlo.

—Jim —susurró —. Necesitar irte y descansar, yo me ocuparé de la situación.

Esto impacientó a Jim.

—No, Spock, hay algo muy importante que necesita saber— empezó él, pero Spock lo interrumpió, algo muy raro, ya que el vulcano siempre esperaba a que la otra persona terminara.

El entero puente prestaba atención.

—Jim, yo puedo ocuparme de esta situación. Renunciaste a tu puesto por estar comprometido…

—¡Tiene que escucharme, maldita sea!

—...emocionalmente. En este estado no puedo escuchar nada que digas referente a la misión…

Jim empujó uno de los hombros de Spock, como si lo sacudiera, como si lo golpeara.

—¡Esto es urgente!

—Jim, no me obligues a tener que sacarte del puente a la fuerza.

Esa afirmación golpeó a Jim con la fuerza de una bola de demolición.

—¿Qué?

—No estás en condiciones de comandar, lo mejor para tí es ir a descansar a tus habitaciones.

Jim retrocedió, en shock.

—¿Esto es un motín, señor Spock?

—Nada más alejado de mis intenciones —Spock hizo una seña hacia dos oficiales de seguridad para que se acercaran y les dio la orden—: acompañen al capitán a su habitación y vean que descanse.

—¿Ni siquiera me vas a dar el beneficio de la duda? ¿Así es la como es ahora?— dijo Jim mirando de reojo a los oficiales de seguridad que se mostraban muy inseguros de cómo debían proceder a continuación.

Spock se acercó un paso más a Jim.

—Usted debe descansar.

Jim se volteó y salió del puente sin dar una mirada extra a nadie en el puente. Los oficiales de seguridad lo siguieron, sin duda Spock les envió la mirada vulcana de la muerte número tres.

Cuando se hubieron alejado del puente lo suficiente, Jim encaró a los oficiales. Los dos lo miraron confundidos y asustados. Jim empezó a hablar.

—Como yo lo veo, ustedes tienen dos opciones. Pueden dejarme ir y si alguien pregunta afirmarán que me llevaron hasta mi habitación y se aseguraron que descansara. O— y Jim sacó su phaser—... pueden intentar atacarme, por lo que enfrentarán cargos por amotinarse.

Los oficiales se miraron entre sí.

Jim abrió la puerta de un armario de suministros y ató a los oficiales y les quitó las armas.

—Cuando vengan a buscarlos digan que los golpeé, así no se meterán en problemas.

Y cerró.


Los últimos minutos habían sido súbitos. Jim entró a una consola de comunicación y le pidió a Carol que se reuniera con él en el hangar y luego le envió un mensaje al viejo Spock. Después de asegurarse de limpiar su rastro, corrió hacia el hangar.

Al cruzar las puertas chocó con alguien: Scotty.

—¡Jimmy! ¿Qué haces acá? ¿No deberías estar en el puente?

—Spock me echó— dijo Jim mientras corría hasta donde estaba Carol.

—¿Qué? Nadie me dice nada… ¿Por qué, qué pasó?

Jim se volteó hacia Scotty.

—¡Se amotinó en mi contra! ¿¡Puedes creerlo?!— se quejó.

Scotty lo miró confundido.

—¿Y los piratas? ¿Qué sucedió?

Jim se acercó a una consola y la hackeo.

—No tengo idea, pregúntale a Spock. Yo me voy de la Enterprise, a Alexandretta.

Eso hizo que Scotty reaccionara tomándolo del hombro.

—¿Qué? Jim, explícame esto, porque no entiendo nada.

Jim suspiró y vio a Carol llegar. Tanto ella como Scotty lo escucharon.

—La Enterprise recibió un mensaje de auxilio cifrado desde Alexandretta, pero por el enfrentamiento con los piratas no nos podemos acercar. Yo tomaré una nave, una cazadora, y me escubulliré hacia allá, tantearé el terreno y reportaré a la nave.

Tanto Marcus como Scotty se veían asustados.

—Eso suena muy peligroso, ¿el señor Spock sabe de esto?

—Ya te dije que me echó, no me quiso escuchar.

—Jim— agregó Carol— la colonia puede esperar a que nos libremos de los piratas.

El capitán negó.

—Esto va para largo y esa gente está muy necesitada— Jim siguió tecleando—. Yo puedo ir y hablar con ellos, averiguar qué pasa y hacer tiempo hasta que la Enterprise pueda llegar. Pero necesito que me ayuden a dejar esta pequeña excursión en secreto, sobre todo de Spock —y los miró con sus grandes ojos azules.

Scotty le devolvió la mirada.

—Yo iré contigo.

Jim lo agradeció pero negó con la cabeza.

—De ninguna manera, la Enterprise te necesita.

Scotty se mordió el labio con impotencia y Carol habló.

—Entonces yo iré.

Jim negó otra vez.

—La Enterprise te necesita también. Además tengo un trabajo para tí: necesito que limpien mi salida, que nadie se entere de que me fui.

Alguien carraspeó detrás de Jim, provocando que él se volteara y viera a todos los miembros de la tripulación que estaban en el hangar, mirándolo con asombro.

—Como yo lo veo— comenzó Jim—, ustedes tienen dos opciones…


Las cazadoras de la Enterprise habían sido adquiridas por insistencia de Jim. Eran naves muy pequeñas, rápidas y tenían armamento anti escombros. Eran perfectas para excursiones cortas a meteoritos, para reparaciones en el casco o para escapar de un grupo de piratas.

La tripulación del hangar no quería dejar ir a Jim, así que insistieron en que dos oficiales de seguridad lo acompañaran. Luego, les facilitaron la huida. Jim voló con gran rapidez para no arriesgarse a ser vistos por los escáneres de cualquiera de las naves grandes.

Alexandretta los saludaba, hermosa, de un color azul marino que rivalizaba con los ojos de Jim. El capitán se sintió inquieto, pero debía llegar a las coordenadas desde las que se envió el mensaje.

—Robertson, Higgs— les llamó la atención con alegría—. Hemos llegado, abróchense los cinturones, vamos a entrar en la atmósfera. Gracias por volar en aerolíneas Kirk.

Los oficiales rieron y siguieron el comando de su capitán.


Notas de la autora: Primero quiero agradecer a toda la gente que sigue leyendo el fic, espero que lo esten disfrutando :)

Sé que hay muchas piezas sueltas de información por el momento, pero más adelante se irán aclarando poco a poco. Por el momento, el próximo capítulo conoceromos Alexandretta.

Nos leemos!