Intermedio: Higgs
Doce horas de agonía
Claire Higgs era una mujer con un pasado doloroso. Nunca fue verdaderamente feliz, hasta que se unió a la Flota y se obligó a sí misma a mejorar. Oh, y cómo le costó. Dejar atrás las enseñanzas de sus padres, el estilo de vida extremista que la había llevado a perder a su bebé… Nunca había hecho nada tan difícil. Nunca había enfrentado nada así. Hasta ahora.
En una camilla incómoda, pequeña y rústica, se encontraba su Capitán luchando contra el dolor de una muerte próxima y lenta. El hombre se retorcía en agonía, debajo de una delgada sábana que cubría su cuerpo desnudo y quemado. Era tan duro de ver… Pero Claire era incapaz de alejarse de la visión de pesadilla frente a ella. Aunque le doliera, aunque sus ojos se llenaran de lágrimas impotentes, Claire no se iba a ir.
Porque James Kirk era un hombre admirable.
Porque James Kirk había arriesgado su vida por la tripulación en más de una ocasión.
Porque James Kirk había sacado a dos niños de un infierno.
Porque James Kirk iba a morir.
Porque James Kirk no tenía a nadie más.
Y… aunque le avergonzara el pensamiento, porque Claire le había fallado.
Era su trabajo, como oficial de seguridad, proteger al hombre quien agonizaba en ese momento. Su trabajo y el de Robertson. Y le fallaron. Le fallaron al Capitán y le fallaron a la tripulación. ¡Maldita sea, les habían elegido para proteger a Kirk mientras él estaba lejos de la Enterprise! ¿Por qué Kirk no era capaz de estar a salvo? ¿Por qué tenía que arriesgar su vida de esa manera? ¡Él era un capitán! ¡Él debía permanecer! ¡Él debía ser el pilar inamovible en la jerarquía de la nave! Él… Él debía asegurar a su tripulación y verlo herido, desorientado e impulsivo no era… No era algo que quisieran ver. Ningún miembro de la tripulación quería verlo tan… vulnerable.
—Claire— escuchó la voz de su compañero. Robertson corrió la cortina que separaba el espacio en la improvisada enfermería—. ¿Cómo se encuentra?
En lugar de responderle, ella dejó que Robertson se acercara al Capitán y lo examinara. El hombre respiraba con dificultad, con sus manos ennegrecidas se aferraba a la sábana y tenía los ojos fuertemente cerrados.
Robertson soltó un suspiro y dirigió su mirada a Claire. Después de largos minutos de escrutarla con mirada él habló de nuevo.
—¿Cómo estás tú?
Claire lo miró, luego miró a sus propias manos, entrecruzó los dedos, examinó las marcas en la piel, las callosidades, las uñas cortas y bien cuidadas. Pensó la respuesta.
—Estoy asustada— contestó en una vocecita—. No sabemos qué sucede en la Enterprise. Realmente no sabemos qué sucede aquí— unas lágrimas se escaparon de sus ojos cansados—... Y el Capitán va a a morir. Fallamos.
—No creo que muera— contestó Robertson, ganándose una mirada atenta de Higgs—. Él no está empeorando. Creo que se ve mejor, de hecho.
Inclinándose hacia adelante y apoyando los codos en las rodillas, Claire lo miró con lástima y luego se cubrió la cara con las dos manos.
—¿No se supone que la Enterprise iba a venir si no recibían respuesta?— dijo ella, con las palabras medio ahogadas por sus manos.
El capitán le dio al señor Scott la orden antes de salir de la Enterprise. Y también le dijo que le informara al señor Spock de su partida en cuanto el problema con los piratas se acabara. ¿Dónde demonios estaban? ¿Cómo estaban?
El silencio se instauró de nuevo. Era obvio que algo malo había sucedido. O algo desafortunado. O… tal vez la Enterprise ya estaba de camino. Ah… la incertidumbre era una perra.
—Creo que ya sé cuál químico usaron en la colonia— dijo Robertson después de un tiempo.
Esto llamó la atención de Claire, quien apartó sus manos lo suficiente para mirar hacia la figura alta y firme de su compañero. Él se veía exhausto.
—¿No era gas mostaza?— preguntó ella confundida. Eso es lo que Doc les había dicho cuando el Capitán le preguntó.
—¿Sabes en qué me especializo, Claire?
Ella negó.
—Química. Química analítica militar, para ser preciso— siguió él—. Trabajé en la Sección 31, sin embargo decidí salir de ahí y volverme oficial de seguridad. Es un trabajo… menos estresante.
Claire lo miró. Y esperó. Robertson miraba fijamente la camilla donde yacía su capitán.
Al otro lado de la cortina se escuchaban pasos, susurros, gritos de dolor, sollozos y vida. Mucha actividad y vida: vidas que se extinguen, personas que sobreviven. La verdadera naturaleza de un ser es apreciada en una enfermería.
Robertson carraspeó.
—El gas mostaza no se usa hace eones. Pero en el sector 31 veíamos pasar… en nuestras mesas… Veíamos muchos tipos de químicos corrosivos, tóxicos y peligrosos.
La mujer permaneció callada.
—No sólo desarrollamos los químicos ahí. Muchas muestras fueron obtenidas de otros planetas y organizaciones. La Sección 31 no era solamente una organización bélica, también protegíamos. De hecho, creo que ese era el punto.
Higgs respiró profundo.
—Te creías esas mentiras, ¿no?
Ante eso Robertson se rió quedito.
—Sí... hasta el núcleo.
Entonces, el hombre salió del espacio y dejó a Claire sola con el capitán por breves instantes. Cuando regresó traía una silla y la colocó junto a la de su compañera. Se dejó caer, abatido, y luego se reclinó.
—¿Por qué la gente habla tanto en las enfermerías?— dijo Robertson con tono neutro.
—Es una forma de asegurarse de que… existimos. Supongo— contestó ella con la mirada perdida—. Además, es distrayente.
Él asintió. No se miraban, tanto Claire como Robertson miraban con mórbida fascinación a su agonizante capitán. Se veía menos inquieto, pero Claire se rehusó a tranquilizarse por eso.
—No tengo pruebas— empezó de nuevo Robertson—, pero creo que este químico es una variante del gas mostaza. Tiene casi las mismas consecuencias en el cuerpo, pero… No es exactamente igual. ¿Ves las quemaduras?— preguntó él y Claire asintió con el estómago revuelto, la piel del capitán tenía parches de doloroso carbón—. Son negras y hay ausencia de ampollas. Son quemaduras de tercer grado, el gas mostaza no hace eso.
Ella tenía miedo de preguntar, pero Robertson ya le había asegurado que no creía que el capitán -Jim- fuera a morir. Así que se aventuró.
—Este gas… Este químico… ¿mata?
Robertson respiró profundamente.
—No.
Claire respiró aliviada y desvió la mirada de la camilla para sonreírle a Robertson y agradecerle. Pero lo que miró en el rostro de su compañero le borró la alegría de un trirón.
—Pero, si no se tiene pronta atención médica… Podría ser. Las infecciones, los problemas respiratorios, los vómitos, el dolor… Ya hay personas muriendo allá afuera. Ese niño, el hermano de la niña que el capitán conoció...
—Agatha— dijo Higgs con pesar.
—Sí, el hermano de Agatha. Está muy mal. No creo que, incluso con las instalaciones de la Enterprise, pueda sobrevivir. Y Agatha podría seguirlo muy pronto.
No era justo, de verdad.
¿Dónde estaba la Enterprise?
—¿Pudiste contactar la nave?— preguntó Higgs.
Robertson negó. Por supuesto que no, preguntas estúpidas, Claire, debes dejar de hacerlas.
—Es como si no estuvieran ahí… ¿Crees que…?
—Rob...son— se escuchó la voz rasposa de su capitán.
Claire y su compañero se levantaron y corrieron hasta Kirk, lo más cerca que pudieron. El rostro del capitán estaba rojo, hinchado y contraído en una mueca de dolor permanente. Pero en sus ojos se veía la resolución y el liderazgo que Claire tanto necesitaba.
—Will— dijo Kirk, quizás creyendo que no podría llamarlo Robertson, quizás queriendo terminar con todo lo antes posible—...lleva… la nave—. Un pequeño ataque de tos sacudió la figura de Kirk y Claire se apresuró a llevarle un vaso con agua. Claire ayudó a Kirk a inclinar su cabeza hacia adelante y le ayudó a tomar un sorbo. La mayor parte del líquido cayó por las mejillas sudorosas de Jim, pero cuando Claire se apartó él le regaló una mirada cargada de gratitud que le aligeró el corazón apesadumbrado de la mujer.
Entrecortadas les llegaron las órdenes de su capitán. Tomar la cazadora e ir a la Enterprise por ayuda. O a ayudar allá, fuera cual fuera la situación. No podían llevar al capitán en la nave, no tan herido, no sin saber si la nave estaba bien. Y es que, aún en condiciones tan precarias, Kirk tenía más chances ahí que en la duda del espacio exterior. Pelearon todo lo que pudieron con Kirk y al final obtuvieron una concesión: Claire permanecería con el capitán y se quedaría con el comunicador, mientras Robertson dejaba la colonia.
Su compañero se fue, prometiéndole traer medicina. Prometiendo ayuda. Y prometiendo comunicarse con ella. Y, durante doce horas, la agonía a su alrededor, los ojos cada vez más despiertos y conscientes de su capitán la acosaron; estaba sola, temerosa, sintiéndose atrapada en su cuerpo fornido e inútil en estas situaciones.
Pero, después de doce horas de silencio, el comunicador sonó.
Con un brinco y capturando la mirada de Kirk, tan sorprendida como la suya, Claire contestó.
—Aquí Higgs.
Hubo un silencio muy breve.
—Teniente Grado Junior— contestó la voz desprovista de emociones perteneciente al señor Spock, y Claire pudo ver que la mirada de Kirk se empapaba de lágrimas de alivio—. Habla el Capitán en funciones Spock.
Notas de autora: después de unas "forzosas vacaciones" he podido regresar a escribir. Lo que me complace enormemente. Gracias a quienes siguen leyendo, a las personas que han llegado nuevas y a quienes le han dado una oportunidad a esta historia, en general. Como siempre, me disculpo por cualquier error que haya por ahí, y espero que disfruten.
Nos leemos!
pd: ammmm... no me maten por lo que le pasó a Jim, por fis, ya le he dado mucho sufrimiento psicológico, ¡era hora de algo de sufrimiento físico también! Jaja, es broma, en serio, no me maten :/
