Lo sé, lo sé soy un maldito mentiroso, dije que actualizaría cada semana y voy y lo hago cualquier día menos el acordado. Pero bueno, les comunico que me voy de vaca… vaca… vaca… si por fin, las tengo bien marcidas
Por ello y viendo que salgo el domingo aquí les dejo su dosis de la siguiente semana, aunque eso si, no les garantizo que para el 14 de julio este su cap siguiente. Bueno eso depende como siempre de sus comentarios.
Hablando de eso… (Un pequeño berrinche, pueden saltárselo)
Ayer retire de mi cuenta un fic, y muchos van y reclaman, y pensé, me exigen 7 que suba de nuevo el fic cuando por dos capítulos el doble de largos de lo que publico normalmente en este, recibí uno. A eso me refería con lectores fantasma.
No es que los este asustando, solo ignoren la parte anterior, es que de verdad me frustro recibir en mi mensajería aquellas demandas como si fuera YO el malo de la historia. Bueno, quizás solo un poco, pero por eso siempre dejo bien claro lo de los comentarios.
Sin más les dejo el siguiente cap. Y disculpen mi arrebato anterior, cuando termine de escribirlo, lo mire y pensé en borrarlo, pero luego pensé que hay sentimientos que deben expresarse o te explotan cuando menos lo esperas. (Horrible experiencia personal)
Atte: Ciel Phantomhive.
Capitulo 4 Amor platónico.
Mientras bajaba la cuesta con rumbo a su casa pensaba que nadie agradecía mas la presencia del dragón que él, ese animal había traído tranquilidad y calidez a la vida de Hiccup de una forma tan grandiosa que parecía que todo lo malo fue borrado.
Recordaba con angustiante fidelidad las noches en que ese chico despertaba bañado en sudor gritando y llorando de forma tan dolorosa que sus sollozos retumbaban por todo Berk, entonces a él se le estrujaba el corazón porque desde su casa casi podía imaginarse a su amigo pelirrojo parado frente a la puerta del chiquillo sintiendo tanto miedo y tristeza como el niño que lloraba pero, sin el valor de entrar para compartir su sufrimiento.
O cuando los niños y adolecentes encontraban una pequeña oportunidad para molestarle. Nunca lo diría pero en esos momentos sintió ganas de asesinar a algunos, a muchos de ellos. Si cerraba los ojos aun podía ver al lindo muñequito que era Hiccup en ese entonces llorando descorazonadamente de rodillas en el suelo y cubriendo con sus manitas mugrosas su rostro todo contraído por el llanto. El ser el hijo del jefe le aseguraba no recibir golpizas pero no evitaba que le robaran sus juguetes, que lo empujaran o lo humillaran, la peor de todas fue cuando lo enceraron en una de las bodegas más lejana de la aldea.
Estoico se volvió loco de la desesperación, puso a todo el pueblo a buscar hasta por debajo de las piedras a su adorado hijo y no paro desde el crepúsculo hasta el anochecer del día siguiente, encontrándolo hecho ovillo junto a un par de redes que evitaron muriera de hipotermia, pero con mucha fiebre debido a un resfriado bastante fuerte.
Como todo padre demando de forma casi bestial que le dijeran quien había cometido tal atrocidad, nadie dijo nada e Hiccup tampoco los denuncio, al menos no con su sobreprotector padre, pero a él, a Bocón si se lo dijo y el vikingo herrero se encargo de recalcarles de la forma más fehaciente posible a esa panda de muchachitos insolentes que si llegaban a tocar otra vez un solo cabello pelirrojo de esa linda cabecita no vivirían para contarlo.
A partir de ahí y con apenas seis años cumplidos lo convirtió en su ayudante para mantenerlo vigilado, no quería otro susto como ese, su alma jamás descansaría en el Valhala si a Hiccup le llega a pasar algo, no solo porque él chico le inspiraba ternura y mucho cariño, sino porque era el único hijo de su amor platónico.
Desde niños siempre admiro a Estoico el Vasto, su gran fortaleza y decisión para cualquier proyecto que emprendiera, el gran orgullo con que su padre lo miraba y presumía.
—Hola, soy Estoico.
Esa simple presentación fue como tocar el Nirvana y cuando le estrecho la mano supo que jamás se apartaría de su lado.
Nadie sabía la verdadera razón por la cual le faltaba una pierna y un brazo, bueno, más bien solo el responsable de aquella desgracia, porque a los muchachos y cualquier otro de la aldea solo debía conformarse con cuentos inventados al momento.
Estoico se había arrodillado frente al catre suplicando su perdón, fue su descuido y fanfarronería lo que los coloco en aquella situación rodeados de pesadillas susurrantes.
En un desesperado intento por mantenerlo a salvo Bocón había lanzado a su amigo a una cueva ocultándolo de los dragones para inmediatamente después salir gritando atrayéndolos hacia su persona. En esa época, completamente ingenuo y sin experiencia de la vida no logro comprender la razón de su proceder, entender porque prefería ser él quien muriera en lugar de permitir que Estoico recibiera daño alguno.
Para cuando despertó lo único que recordaba era la voz de Estoico llamándolo a lo lejos con tanta angustia que casi podía jurar que lloraba.
Bocón se mantuvo toda su adolescencia y el principio de su madurez a la sombra de Estoico sin que esto representara para él un inconveniente porque cualquier cosa era aceptable si conseguía ser alguien cercano, indispensable para el hijo del jefe; y Thor sabía que no tenía nada que ver con el estatus, cuestión que en algún momento pensó era el verdadero interés de la guerrera Astrid, aun lo pensaba y desconfiaba de aquella rubia que solo serbia para romper huesos, tan diferente al dulce y sensible Hiccup.
Hiccup era excelente en la cocina, sus platillos eran delicias que los mismos dioses envidiarían, sus manos podían forjar desde una deslumbrante espada hasta crear una genialidad nunca pensada como era completar la cola de un Dragón mutilado. Sus ojos veían más allá del cielo remontando las nubes y elevándolo hasta las estrellas. Y sus dibujos, sus dibujos hablaban de la belleza del mundo que se abría para él, delicias que para vikingos toscos pasaban desapercibidas. No, Hiccup no merecía a una muchacha tosca que no valoraba para nada todas esas cualidades, él merecía un ser que pudiera regalar una caricia antes que un puñetazo. Alguien que lo acompañara e impulsara sus sueños y esa no era Astrid, no señor, la chica podía ser bonita pero era tan cerrada como todos los miembros de aquella aldea y aun más competitiva.
Pero volviendo a Estoico, el día en que con rostro sonriente y entusiasmo inigualable le conto que le había propuesto matrimonio a la mujer más perfecta de todo el mundo a él se le rompió el corazón, es mas ¡no sabía que tenía uno! Pasado el shock inicial sonrió felicitándolo, recordándose que lo que anhelaba era no solo estúpido, sino inmundo y aberrante.
Desde la primera fila ánimo a su "amigo" deseándole siempre lo mejor y dejando salir la primera y única lagrima de toda su vida al comprender que su cariño jamás seria correspondido ni de la misma forma ni con la misma intensidad.
La felicidad de Estoico duro poco, pronto quedo solo a cargo de un niño al que no sabía cuidar y que a cada año le desesperaba saber no era lo que él tanto había anhelado. Todo signo de jovialidad se esfumo con ese anhelado sueño, amaba a su hijo pero no sentía por él ese gran orgullo que percibió en su padre, lo que era peor, de solo observar aquella delicada figurita que con sonrisa inocente le llamaba padre Estoico no podía evitar fruncir el seño temblando ante el hecho de que sus rudas y enormes manos pudieran hacerle daño a tan frágil criatura. Hiccup era como pequeño gorrión en medio de un nido de buitres.
—¿Porque Thor no me dio un hijo fuerte? Este pequeño llorón es… no es lo que esperaba… no es que no lo quiera, pero… —Se lamentaba Estoico para luego dejarse caer sobre el primer mueble completamente superado por la situación.
Fue ahí cuando Bocón regreso a su vida, volvía a ser el más cercano ahora no solo de Estoico sino de su pequeño vástago, no importaba si no era su hijo, con que llevara la sangre de aquel gran guerrero era razón suficiente para amarlo como propio, para protegerlo y cuidarlo.
Y se esforzó, dio todo de sí para que Hiccup no se sintiera tan miserable en aquel mundo que no comprendía su maravilloso intelecto. He hizo lo imposible para que entre padre e hijo llegaran a comprenderse porque ante todo estaba la felicidad de Estoico y lo que más anhelaba Bocón era verlo sonreír tan sinceramente como antes, tener el placer de contemplar aquella mueca que para él resplandecía como el mismo sol.
Y entonces el rayo de esperanza que tanto ansió llego en forma de dragón, en forma de un Furia Nocturna. Estoico volvió a sonreír, a pasear libremente por la aldea con aquella jovialidad que tanto tiempo estuvo ausente mientras observaba el cielo buscando una mancha negra de velocidad inverosímil atravesar la bóveda celeste.
—¿Hablaste con Hiccup? —Pregunto Estoico de forma imprevista logrando que el herrero diera un tímido salto debido a la sorpresa, estaba tan concentrado en sus pensamientos que nunca noto al jefe vikingo.
Bocón asintió.
—¿Y bien?
—No está de acuerdo pero creo que lo entiende.
Estoico dio un suspiro profundo tomando asiento en la primera piedra que le pareció lo bastante cómoda, odiaba tener que recurrir a su amigo para poder saber el verdadero sentir de su hijo pero las cosas se habían dado si y él tenía la culpa.
Siempre estaba al pendiente de Hiccup, hasta cuando no estaba con él, pero en ocasiones aun teniendo en sus manos la oportunidad de protegerlo había hecho de tripas y corazón para dejar que su hijo aprendiera a defenderse solo.
Pero luego de verlo ponerse a llorar como niña le entraba un coraje incontenible contra Hiccup por ser… pues Hiccup, contra sí mismo porque siendo su padre no lograba hacer que el niño fuera más aguerrido, mas… mas como él, contra quien lo agredió por aprovecharse de un ser tan lindo, y esa misma furia no lo deja reaccionar adecuadamente. En las veces que le toco presenciar esos hechos espero a que los agresores se marcharan, no pensaba sobajarse a entrometerse en pleitos de niños y entonces todo se iba al caño, con sus mastodónticas manos tomaba el cuerpecito del niño que tembloroso buscaba con los bracitos extendidos su protección recibiendo en cambio el primero de muchos gritos de frustración mientras lo zangoloteaba. Obviamente el infante lloraba más fuerte y él se desesperaba más.
Entonces solo Bocón tenía el valor suficiente para a cercársele y con palabras dóciles lo tranquilizaba lo suficiente para quitarle al niño aun sollozante.
Estoico daba media vuelta dejando a su hijo ser consolado por su mejor amigo. Muchas veces se pregunto ¿qué hubiera pasado de no haber estado Bocón cerca? Le debía mucho, tanto que jamás lograría pagarle, ni con la vida saldaría la deuda, primero lo había salvado de ser mutilado perdiendo él dos extremidades en su lugar, luego a superar su pérdida haciéndole ver que aun tenía un hijo por el cual vivir, y más tarde apoyando a Hiccup cuando hasta él lo abandono.
Ese hombre era alguien importante en su vida.
—Creo que nunca te agradecí. —Estoico levanto sus ojos castaños en dirección al otro hombre.
—¿El qué? —Bocón nunca vio venir aquella frase, cuanto menos la contestación.
—El mantenerte cerca, amar a Hiccup y apoyarlo todo este tiempo. El ser mi mejor amigo a pesar de todos mis defectos y errores.
Bocón sonrió feliz, eran ese tipo de cosas las que hacían latir su corazón de forma dolorosa porque sabía perfectamente que Estoico lo decía sinceramente de corazón. "Su mejor amigo" siempre eso, solo eso.
—Sabes que siempre estaré para ti.
Estoico parpadeo un poco, casi podía jurar que vio dibujarse una gran tristeza en los ojos de su amigo, pero debió ser su imaginación porque ahora el herrero le sonreía como siempre dando media vuelta para continuar su camino.
Continuara….
Una vez más mil disculpas por mi arrebato y nos leemos dentro de dos semanas.
Atte: Ciel Phantomhive.
