Capítulo 2

-¿Disculpa?¿Hey? ¿Disculpaaaaa?

Selkis despertó con un pequeño sobresalto al sentir que algo se recargaba en su hombro, volteó asustada sin recordar todavía dónde se encontraba y se encontró con una persona junto a ella.

Parpadeó un par de veces recordando que estaba en el tren camino a Shiz y reconociendo que la persona, de hecho un chico que se adivinaba de su misma edad, frente a ella era un completo desconocido.

Y si ella pensaba que era llamativa, el muchacho que ahora miraba definitivamente tenía una ventaja.

Vestido con ropas de corte antiguo y cabello blanco, que enmarcaba un rostro de facciones apuestas, resaltando especialmente sus ojos, unos ojos como los que nunca había visto: uno verde y el otro dorado.

-¿Hola?- preguntó aprehensiva, tal vez seguía soñando.

-Hola.- respondió el chico, con expresión fría.

La pelirroja se sonrojó, tal vez su extrañeza había sido demasiado obvia, si ahora recibía una mirada tan inexpresiva.

-¿Puedo ayudarte?- preguntó sonriente, intentando enmendar su primera impresión ante él.

-Sí, ese cuaderno es mío.- respondió secamente el albino.

-¡Oh, claro!- exclamó la chica tomando el objeto que seguía en sus piernas –Qué alivio encontrar tan pronto a su dueño, me imaginaba preguntándole a todo el mundo en la universidad.

-¿Harías eso por un simple cuaderno extraviado?- preguntó el chico, mirándola con cierta extrañeza.

-Pues sí.- respondió ella, apenada, no sabía si su imagen hacia el chico que acababa de conocer empeoraba o mejoraba –A mi me gustaría que lo hicieran si extraviara algo.

Sorprendentemente, el muchacho sonrió un poco.

-Qué atenta.- dijo simplemente.

-¡Ah!- exclamó Selkis -¡Pero simplemente estoy agarrándolo sin devolvértelo! Seguramente tienes mejores cosas que hacer y yo entreteniéndote.

Finalmente le entregó el cuaderno, sintiendo una rara sensación de cosquilleo al sentir tan cerca la mano del chico de la suya.

-Para nada.- agregó el chico, recobrando la actitud seria. -¿Qué se puede hacer en un tren hacia la nada?

-¿Vienes solo?- preguntó Selkis.

-Sí, la única persona que conozco en Shiz se ha mudado allá al comenzar la universidad el año pasado.- respondió. –De hecho, al verte me recuerdas un poco a esa persona.

La pelirroja se quedó callada un momento, si seguía preguntando seguramente quedaría como una curiosa, aunque inexplicablemente no quería que esa conversación terminara.

-¿Quieres sentarte?- sí, esa era la mejor pregunta que podía hacer.

-En realidad estoy estirando las piernas un poco.- respondió él.

-Oh.

Silencio otra vez. Selkis miró hacia la ventana para no parecer demasiado desesperada por seguir hablando. En realidad ni siquiera sabía porque quería seguir hablando.

-¡OYE!- exclamaron ambos al mismo tiempo, volviendo a hacer contacto visual.

La chica bajó la mirada sonrojada mientras el chico sonreía un poco, divertido.

-Las damas primero.- indicó él caballerosamente.

Selkis ni siquiera tuvo tiempo de sonrojarse otra vez, la pregunta que le había venido a la cabeza era demasiado importante.

-¿Has visto algún Animal?- preguntó con los ojos brillantes.

-¿Un Animal?- repitió la pregunta el chico confuso por un cambio tan repentino.

-Sí, subí muy pronto al tren, estaba casi vacío y me quedé aquí en el último vagón.- explicó la chica –Pero si buscando tu cuaderno recorriste todo el tren, habrás visto al menos de reojo a todos los pasajeros, ¿no?

-No deberías estar mirando a las personas a tu alrededor.- replicó el muchacho volviendo a mirarla fríamente.

-¡No digo "quedarse mirándolas"!- respondió rápidamente ella, al descubrirse malentendida –Pero vamos, un Animal es fácil de notar entre una multitud.

- Es una novedad que alguien esté tan interesado.- continuó él –Lo que se está volviendo habitual en Ciudad Esmeralda es hacer de cuenta que no los viste, ¿y tú los buscas?

-¡Sí!- respondió contenta -¿Vienes de Ciudad Esmeralda? ¿Crees que hay más Animales en Shiz que allá?

-Demasiadas preguntas , chica curiosa.- espetó el albino con seriedad. –Iba a preguntarte si habías leído mi cuaderno, y empiezo a sospechar que de verdad lo hiciste.

-No lo hice.- replicó la chica –Bueno, sí, un poquitito, porque estaba distraída. Pero luego me arrepentí.

-¿Distraída?- preguntó el chico poco convencido.

Selkis lo miró apenada –Quise verme ocupada porque… bueno… al igual que los Animales, yo también soy bastante notoria.

Señaló su cabello con cierta frustración.

-En realidad no lo había notado.- declaró el chico sin darle importancia. –Tal vez porque yo también soy "notorio".

La chica suspiró.

-Es complicado ser diferente.

-Algunas veces.- corroboró él

-¿Seguirás creyendo que soy una curiosa si te pregunto tu nombre?- preguntó ella

-Lysandro.- dijo él, sin mucha parsimonia.

-Mucho gusto, Lysandro, me llamo Selkis.- respondió la chica, sonriendo.

-Bien, Selkis.- dijo Lysandro, solemne -Creo que mis piernas están dispuestas a aceptar tu oferta de sentarme.