Maravilloso. No saben el gusto que me da que les haya gustado mi grandioso nudo emotivo y aquí la una de las partes álgidas de este escrito, a partir de aquí creo que avanzara más rápido la historia y tendrá más trama, no sé si ya la tenía, espero no haberlos aburrido con los preliminares.
Atte: Ciel Phantomhive
Capitulo 6 Unidos por Siempre.
Estoico casi quería gritar, berrear. Esa era la parte más difícil de ser líder, velar por el bien del pueblo anteponiendo el propio.
Hiccup ya tardaba demasiado y estaba a punto de salir a buscarlo él mismo; ¿en que estaba pensando cuando lo envió solo? El jefe vikingo casi dio un brinco en su lugar cuando el demonio negro entro a la cueva llevando entre sus fusases a la niña completamente entumida.
Con total la angustia en el corazón llamo a su vástago. El dragón ébano se desplomo gimiendo debido al dolor que le causaba el movimiento de cada musculo debido al frio que se colaba por cada rasguño hecho en su grandiosa piel y aun así logro dar media vuelta con la firme intención de volver a salir.
—No, no puedes volver a fuera— decía Astrid intentando detener al Furia Nocturna que en respuesta pelaba los dientes.
Varios vikingos se unieron a la causa evitando que el heroico animal saliera a la intemperie.
Estoico jadeo al comprender lo que sucedía, su hijo estaba allá afuera en medio de la tormenta completamente solo y sin abrigo y el reptil negro deseaba regresar a buscarlo. Sin consideraciones aparto a varios de los aldeanos que rodeaban al dragón intentando llegar a demonio sin embargo antes de darle alcance los Dioses decidieron que nadie saldría de aquella cueva, el aterrador aullido del viento embravecido recorrió la caverna para un segundo después escuchar y ver como una enorme roca sellaba la entrada.
Chimuelo bramó desgarradoramente, peor que si lo hubieran herido, lanzándose vertiginosamente contra la piedra que le impedía el paso en un intento inútil de moverla para salir. Viendo que no resultaría decidió probar con sus garras, los ruidos casi sollozantes del animal conmovieron el corazón de quien lo miraba, sangre comenzaba a manchar la roca porque en su desesperación se estaba arrancando las garras, pedazos de uñas adornaban la peña que lo aprisionaba.
—¡Que alguien lo detenga! —Grito la rubia vikinga llorando ante el espectáculo que presenciaba.
Fue hasta ese momento en que Estoico reacciono, se trago todo su dolor de padre y asumió de nuevo su papel líder. Como jefe siempre había sacrificios y medidas difíciles.
—Patán, ordénale a Diente Pua que noquee a Chimuelo.
El sobrino no cupo en su asombro, si así eso jamás daría con Hiccup porque el dragón negro era el único que sabía la ubicación de su primo.
—¡¿Que no escuchaste?! —Vocifero fuera de sí Estoico y sin más el joven obedeció.
Bocón miro el rostro de su amigo, quiso frenarlo, decirle que aun había esperanza. Su única mano completa se levanto en su dirección y fue cuando noto esa traicionera lágrima ser de inmediato escondida por el pelirrojo, entonces sin decir nada tomo con delicadeza la mano de su mejor amigo y sufrió con él en silencio.
La tribu no podría continuar si faltaban esos dos, y si ya había perdido a Hiccup no se daría el lujo de dejar morir al Furia Nocturna. Seguramente su hijo pensó lo mismo, por eso había mandado a Chimuelo de regreso, ellos eran el sol que el pueblo de Berk usaba de guía.
Estoico casi sintió una daga atravesándole el corazón cuando escucho el grito de la bestia negra intentando defenderse a pesar de sus heridas, y luego casi murió de un golpe de gracia con el último rugido adolorido de animal antes de caer inconsciente.
Su mundo acaba de terminarse, acababa de perder su única razón de vivir.
Había pasado quizá un poco más de un día cuando lograron retirar el bloqueo; la tormenta para entonces se desvaneció con si nunca hubiera existido y sin embargo, la destrucción que dejo a su paso atestiguaban lo contrario.
El Furia Nocturna apenas ver el paso libre rompió las sogas que lo apresaban y salió a todo correr cual si demorar un solo segundo le fuera a costar la vida. Estoico no perdió tiempo, abandono todo deber para salir tras el animal que como poseso se adentro en la espesura del bosque.
Chimuelo sentía el hielo escocerle las heridas de sus patas, ahí en donde ya no tenía garras porque el mismo se las arranco al intentar salir, pero eso no importaba ahora, corría, corría como nunca lo hizo extrañando por primera vez desde que conoció a Hiccup su habilidad para volar, solo disminuía su marcha para olisquear el aire y no perder el rastro de su propio olor, siguiendo el mismo sendero por el cual llego a la cueva.
Al principio pensó que fue buena idea, dejar en un resguardo improvisado a su humano llevando a la niña y volver con ayuda, nunca imagino que terminaría encerrado en aquella caverna dejando a su suerte a Hiccup, fue una mala decisión, pero ¿Qué podía hacer? Cargarlo no era una opción viable, los humanos son seres frágiles y su jinete aún más, demasiado para su gusto, y no deseaba que por su apuro terminara con una herida mayor o incluso muerto antes de llegar donde los demás. Pero ahora, pesaba que quizá si debió de haberse arriesgado porque de esa forma por lo menos hubiera estado presente cuando la última exhalación de vida fue dada. Su calor seria lo que percibiría aun en las frías garras de la muerte, pero no, se había equivocado y lo dejo para morir solo.
Un rato mas y al fin el aroma inconfundible aunque débil de su jinete le hizo avanzar a mayor velocidad, el refugio que él mismo levanto se convirtió sin querer en una fortaleza que le impedía ahora llegar hasta Hiccup.
Con un más de un gran y certero disparo alejo cuanto obstáculo obstruía su paso y sus esfuerzos fueron recompensados cuando la cabellera castaña asomo levemente entre la nieve; con la delicadeza que solo era capaz de mostrar con aquella cría de humano lo jalo hasta sacarlo por completo de aquel manto blanco que amenazaba con alejarlo de su lado. Para entonces Estoico con mucha dificultad le había dado alcance.
Chimuelo ronroneaba suplicante golpeando con su hocico el rostro azul del castaño.
Estoico observo la escena unos pasos atrás intentando auto convencerse que se trataba de un mal sueño, su hijo no podía estar…
Una lagrima descendió por la escamosa y negra superficie que era el rostro de Chimuelo, Estoico lo acompaño en su dolor sorprendiéndose de ver que los dragones también podían llorar.
—Nos ha dejado. —Susurro completamente devastado el vikingo no queriendo demostrar todo su dolor y fallando miserablemente.
Para el Furia Nocturna esas palabras eran irreales, meneo la cabeza con decisión y lanzo al vikingo lejos del cuerpo de su jinete, no lo perdería, no pensaba dejarlo ir aun si eso significaba romper reglas milenarias y sagradas.
Estoico no supo reaccionar a tal arrebato, el Dragón se había colocado sobre el cuerpo de su hijo al tiempo en que deja que sus colmillos sobresalieran amenazadoramente sobre los demás dientes, sus pupilas se cerraron casi al grado de desvanecerse, su mirada claramente daba a entender la ira y la desesperación de su alma. El jefe vikingo se abalanzo contra el animal, no permitiría que el cuerpo de su hijo fuera mutilado por esa bestia.
Con un aletazo casi patético por la falta de fuerza y algo tambaleante logro alejar nuevamente al padre desafiándolo a intentar quitarle a Hiccup, no pensaba rendirse, lucharía contra cualquiera incluso contra la muerte misma.
Fue un instante de iluminación, las miradas de ambos seres chocaron y Estoico supo que el Furia Nocturna sufría igual o más que él, la única diferencia era que quizás el dragón aun tenía alguna alternativa, un milagro.
Las voces de varios hombres se dejaron escuchar, si pensaba darle una oportunidad al demonio de regresar a su hijo no podía permitirles que llegaran hasta ese punto.
—Te doy solo cinco minutos, solo cinco minutos. —Aseguro antes de retirarse aun dubitativo de su decisión.
Estoico paro a la muchedumbre que buscaba al dragón. Varios de ellos comenzaban a inquietarse debido a su negación por dejarles ver aunque solo fuera por un momento el cuerpo de Hiccup, y entonces como los vikingos que eran intentaron pasar de su autoridad por la fuerza incentivados por cierto anciano que nunca dejaba de entrometerse en los momento menos oportunos.
El golpe mando al suelo al primer hombre que se aventuró, Estoico los observaba con molestia asegurándoles que si deseaban pasar tendrían que derribarlo primero. Y nuevamente ese horripilante vejete metió cizaña entre los pobladores desatando un pandemónium en contra del feje vikingo.
Bocón jadeo ante la avalancha de puños que se ciñeron contra su amigo y no perdió tiempo en colocarse a su espalda para protegerlo en el segundo exacto en que un hacha amenazaba con encajarse en su columna.
Estoico miro de reojo a su amigo, siempre a su lado, siempre cubriendo su espalda.
Para ser solo dos contra la aldea completa estaban resistiendo bastante bien, pero eso no impediría que en la confusión los adolecentes amigos de su hijo intentaran infiltrarse. Astrid iba en primer lugar, seguida muy de cerca por los gemelos mientras Patán y Patapez cuidaban su retaguardia.
Una explosión azul muy conocida por todos derribo y lanzo a varios metros a todos los asistentes, de los que únicamente se pudo escuchar los quejidos de dolor.
Estoico meneo la cabeza intentado aminorar el aturdimiento, levantando la cabeza con tremenda ansiedad martillándole el cerebro y rezando a todas las deidades que conocía porque sea lo que sea que él dragan hizo diera buenos resultados.
A pesar de atolondrado que la explosión lo dejo sus piernas se movieron a trompicones entre la nieve ¿Había sido su imaginación o eso que acaba de escuchar era la voz de su hijo llamándolo? nuevamente elevaba plegarias porque así fuera.
Con paso tambaleante regreso al lugar en donde había dejado al Dragón negro y el cuerpo de su hijo.
Estoico cayó de rodillas con los ojos llenos de lagrimas, su cuerpo se movió por su cuenta gateando entre la nieve, el temblor de sus piernas le impedía sostenerse sobre ellas para llegar hasta donde Hiccup se mantenía sentado con el dragón negro sobre su regazo.
—Papá, papá ayúdame, Chimuelo no despierta. —Sollozo el castaño apegándose aún más al dragón acariciando cuanta escamosa piel obsidiana tenía a su alcance. —No me dejes Chimuelo, te juro que no te perdonare si te atreves a dejarme solo. No te atrevas a dejarme atrás o lo lamentaras reptil inútil. —Gimoteo desasosegado sin preocuparse de negar su dolor ante la posible pérdida.
—Voy a seguirte y te golpeare cuando te encuentre, no te desharás de mi tan fácilmente. — Susurro Hiccup tan tenuemente que a pesar de haber sido dicho directamente contra una de las orejas negras era poco probable que el dueño de esta lo escuchara.
[…]
Hiccup dormía forzadamente, la curandera del pueblo le había recetado un té de hierbas para ello que el muchacho no quiso beber y que tuvo que ser suministrado por Estoico por la fuerza. El castaño llevaba casi dos días sin pegar los ojos por mantenerse pendiente de cualquier signo en el Furia Nocturna y eso estaba lentamente acabando con él.
Estoico había tratado de convencerlo en vano que el reptil negro solo dormía, aunque en realidad eso parecía. La temperatura corporal del demonio seguía siendo la misma, su respiración lenta y pausada no tenia contratiempos y hasta parecía estar soñando por uno que otro ronquido que despedía, en ese tiempo la criatura había recuperado sus garras y se notaba saludable pero Hiccup se negaba a dar por sentado su condición hasta no verlo abrir los ojos.
Tres días se sumaron a la cuenta y si no cambia pronto eso su hijo entraría en pánico rayando en locura, ahora se negaba hasta a comer alegando que cuando el Furia Nocturna despertara ambos disfrutarían de un banquete.
Hasta Astrid había dejado de ir a ver al hijo del jefe porque la ultima vez la había echado de ahí casi a gritos.
—No vengas a decirme que todo va a estar bien, tú no sabes nada. —Esas fueron sus hirientes palabras.
Bocón acerco un vaso de agua a las manos del Hiccup, sin palabras solo con señas le dio a entender que tomara un poco e hiciera beber otro tanto al dragón. El chico asintió complacido de que Bocón se ocupara de ambos. Y ese era el meollo del asunto, todos preguntaban por él, le regalaban cosas a él pero aparte de preguntar como seguía SU MASCOTA, nadie se preocupó por ayudar al dragón, solo Bocón y su padre.
Estoico se había presentado muy apenado por haberlo coaccionado a beber el té de hierbas y a modo de consuelo, nunca disculpa porque había sido por su bien, le entrego un ramillete de hierba dragona.
—Tienes que mantener limpias sus escamas, se recuperara más rápido si duerme a gusto.
Hiccup sonrió tristemente agradeciendo el obsequio, la nieve había acabado con toda la vegetación de la isla y a su padre seguro que le tomo más de un día dar con ese pequeño puño de plantas. A partir de ahí Estoico se había dedicado por las tardes a llevar pescado fresco para que Hiccup pudiera cortarlo en tiras y hacérselas tragar al reptil necroso. Al terminar le sobaba un buen rato el estomago para incentivar la digestión, de esa forma pasaron tres días mas.
La tarde del octavo día estando en la labor de masajearle después de la comida Hiccup noto un corte profundo, con dificultad y mucha delicadeza logro retirar la pata del dragón para mirar mejor la herida, su forma era alargada y parecía atravesar casi todo el costado derecho al animal.
—¿Pero qué es esto? —Jadeo desconcertado sintiendo que algo le quemaba el pecho. Con rapidez descubrió su torso topándose con que él tenía la misma cicatriz pero de lado opuesto ¿Por qué no la había notado antes?
Hiccup estaba entrando en pánico, ¿Qué era lo que había ocurrido? ¿Qué era esa herida? ¿Por qué ambos la tenían?
—Fue un milagro. —Se escuchó una voz sedosa y varonil. Firme e increíblemente melodioso era el timbre de quien le había casi murmurado aquella frase. —No tienes por qué temer, siempre estaré a tu lado y voy a protegerte contrata todo.
Hiccup busco a quien pertenecía, no permitiría que se colaran a su casa y en especial al cuarto en donde descansaba Chimuelo de esa forma tan descarada.
—Sea quien sea muéstrese o me veré en la necesidad de…
Una risa encantadora inundo el lugar e Hiccup sintió algo cosquillearle el vientre haciéndolo sonrojar, esa voz se le antojaba tremendamente seductora y extrañamente conocida.
—¿Que aras? Matarlo de ternura. Siempre he pensado que eres muy lindo cuando te enojas, haces moritos divertidos.
Hiccup se quedó helado al darse cuenta que aquella voz no estaba entrando por sus oídos sino resonando directamente en su cabeza. Con lentitud dio media vuelta para toparse con que Chimuelo lo observa tiernamente desde su lugar.
—¿Fuiste tú quien hablo? —Pregunto el jinete, se estaba volviendo loco por solo tener en consideración aquella posibilidad.
Chimuelo inhalo profundo antes de levanta la cabeza azorado. —¿De verdad me escuchaste?
Ambos pares de ojos verdes se miraban sorprendidos sin saber que hacer o decir. Estaban escuchado los pensamientos uno del otro.
Continuara…
Hoy no tuve tiempo para contestar sus lindísimos comentarios, pero les aseguro que para el próximo cap me aplico un poco mas y respondo a los de este y el anterior.
Atte: Ciel Phantomhive
