Capítulo 3

-¿Porqué te interesan los Animales?

Selkis volvió a mirar al chico que acababa de conocer después de un rato en silencio, él había aceptado sentarse pero no había dicho palabra, hasta aquella repentina pregunta.

-Es una historia que tal vez te parezca aburrida, ¿no importa?- respondió.

-Una señorita que puede hablar de algo que no sea su apariencia, no puede ser aburrida.- agregó Lysandro.

Selkis se sonrojó un poco. Nunca la habían tratado de esa manera.

-Verás, yo vivía en Ciudad Esmeralda, pero creo que no pertenezco ahí.- comenzó.

-Mi familia vivió por generaciones en el campo, hasta que nos expulsaron al construir el Camino Amarillo. Mi abuelo me contaba historias de sus días en Shiz, cuando había muchos más Animales, y tenían puestos importantes, no solamente mozos, criados y obreros. Siempre he deseado llegar a Shiz para poder vivir lo que él me contaba.

-¿Y si en Shiz todo es igual a Ciudad Esmeralda?- preguntó el albino -¿Estás preparada para una posible desilusión?

-Sí.- musitó ella con tristeza.

-Bien, no pensemos en eso.- corrigió Lysandro –Al menos un Animal es importante en Shiz, EL Doctor Dillamond.

-¿Qué puesto tiene?- preguntó Selkis con la ilusión restablecida.

-Profesor de Historia y Artes Biológicas.

-¡Fantástico!- exclamó ella -¿Crees que tenga tiempo de hablar con él fuera de clases? ¡Seguramente podrá decirme muchas cosas!

El chico sonrió. -Me alegra que ya seamos universitarios, en el colegio no sería muy normal que una alumna estuviera tan interesada en hablar con un profesor.

-Aún cuando sea normal para un universitario hablar con un profesor, seguramente no lo será hablar con un Animal.- dijo la chica desanimada.

Como por arte de magia volvieron a quedarse sin palabras de nuevo, al cabo de un rato el tren empezó a disminuir la marcha y finalmente se detuvo.

Las voces y el ruido empezaron a llenar el vagón mientras los pasajeros se levantaban, estiraban, charlaban (por alguna razón con una voz más fuerte a la de todo el trayecto) y acomodaban sus equipajes de mano. Selkis y Lysandro simplemente miraban, al parecer él no tenía prisa y ella no quería pedirle que se levantara para dejarla pasar.

Cuando finalmente el tren se detuvo, Lysandro se estiró un poco con mucha elegancia y se levantó.

-¿Tenías prisa?- preguntó como cayendo en cuenta de su realidad –No me gustan las multitudes y por eso esperé hasta el final, no había pensado que te retrasaba.

-¡Para nada!- respondió la pelirroja -¿Quién me esperaría?

-¿Cómo pensabas llegar a Shiz?- preguntó él.

-Tengo dinero para rentar un carruaje.- explicó ella.

-Ahórratelo, vendrás con nosotros. Espéranos frente a la locomotora.

Sin dar tiempo a decir nada más, el chico se fue, dejando a una pelirroja sola en el vagón, confundida.

-¿QUÉ ACABA DE SUCEDER?- exclamó.

Mirando a su alrededor, descubrió algo en el asiento junto a ella: había olvidado el cuaderno otra vez.

Tomó su bolsa de mano y bajó del tren recorriéndolo despacio, gracias al retraso de Lysandro la espera para recoger al equipaje se redujo a solamente tres personas antes de ella, y realmente le extrañó que él no estuviera ahí.

Empezó a preguntarse si lo había soñado, o tal vez incluso acababa de sufrir uno de esos fenómenos, ¿cómo les llamaban? ¿Paranormales? Y el chico simplemente era un fantasma o algo así. O tal vez simplemente era muy rápido.

-¡La plaga roja!

Una voz desagradablemente conocida la sacó de sus ensimismamiento, seguida por unas risitas desconocidas.

-¡Se los dije! ¡La plaga roja ha llegado a Shiz!

Desafortunadamente, Amber no se había caído del tren para ser arrollada por sus ruedas ni nada parecido; estaba sana y salva en Shiz. Y encima se había encontrado a su amiguita Li.

¿Y quién era la tercera tipa castaña que estaba con ellas? Al fin habían logrado lo que Selkis temía todo el colegio y solamente les había tomado un viaje en tren: El Triángulo de la Malignidad.

-¿Lo ven? Primero tu cabello se vuelve rojo, ese es el primer síntoma.- se burlaba Amber mientras las otras dos reían como idiotas –Después te vuelves rara, torpe, aburrida y obsesionada con los estúpidos animales. Lo cual no es tan raro, porque ningún ser humano te querría siquiera saludar.

La pelirroja no tardó en pasar del fastidio a la furia con el final de aquellos comentarios, apretó fuertemente la correa de su equipaje, convenciéndose de que todavía no estaban en la universidad y todavía podía partirles la cara de un maletazo.

-¿Qué dices de la plaga roja?

Se escuchó una voz masculina detrás de ellos, y las risas se detuvieron de golpe.

-¡Castiel!- ahogó Ámber un grito, poniéndose totalmente colorada y echando a correr, seguida por Li. La castaña las miró sin comprender lo que sucedía antes de seguirlas.

Respirando fuertemente por el enojo, Selkis cerró los ojos intentando calmarse antes de voltear a mirar quién había intervenido.

-¿Te encuentras bien?- reconoció la voz de Lysandro.

-Sí.- respondió ella, de mala gana al ver arruinada la que posiblemente fue su última oportunidad de meterle una paliza a la rubia, dando la vuelta por fin.

Se encontró con Lysandro y otro chico, seguramente a quien se había referido en el tren. Al igual que ella era pelirrojo, lo cual la hizo sentirse bastante aliviada; aunque solamente por unos momentos, porque también el chico nuevo frente a ella tenía una expresión fría y aún más dura que la de Lysandro en el momento de verlo por primera vez.

-Te presento a Castiel, es el amigo que te mencioné hace un rato, que lleva un año estudiando en Shiz.- dijo el albino ceremoniosamente –Y ella es Seliks, también vivía en Ciudad Esmeralda.

-Claro, te recuerdo, la que siempre andaba sola en el colegio, ¿no?- dijo Castiel, sin asomo de sonrisa.

-Seguramente era yo.- se resignó ella.

-¿De verdad? Yo no la recuerdo, y eso que estudiábamos en el mismo grado.- agregó Lysandro

-Eso es porque no recuerdas ni siquiera lo que desayunaste.- espetó Castiel, con una sonrisa burlona, pero sonrisa al fin.

-¡Ah!¡Hablando de eso! ¡Olvidaste tu cuaderno en el asiento!- mencionó Selkis buscado en su bolso.

Sorprendentemente, el pelirrojo rió.

-No tienes remedio.

Lysandro miró a Castiel con cierto enojo, antes de recibir caballerosamente el cuaderno de vuelta.

-Hay que irnos ya, necesito una cama lo más pronto posible.- dijo Lysandro volviendo a su frialdad habitual.

-¡Pues espero que tu Principesco trasero esté listo para las duras camas de La Honorable Universidad de Shiz!

-¡Por Oz, Castiel, estamos con una dama!

-Y tus Principescos modales están escandalizados, ¿cierto?

Los chicos empezaron a caminar, discutiendo. Selkis asumió que debía seguirlos y emprendieron el camino a su nueva escuela.

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Hola, Castiel.