Capítulo 5
-Verde, es verde, es verrrrdeeeeeeeeeeeee.
-Y tú pelirroja. Y él albino.
-¿Y tú no te callas?
-¡¿QUÉ TE SUCEDE?!
-¡NO ARRUINES MIS CINCO MINUTOZ DE DRAMA O SE VOLVERÁN CINCO MESES!
La pelirroja dió la vuelta y echó a correr hecha una furia, ¿cómo podía esperar que dos sujetos a los que no llevaba ni un día de conocer entendieran su frustración? ¿Y que encima el Castiel ese comenzara a reñirle?
Por otro lado, no tenían la culpa.
Por otro lado, ¿quién querría escucharla y entenderla si hacía esos desplantes?
Ya no era una mocosa de colegio, era una universitaria.
Se sentó en el suelo después de correr por quien sabe cuanto tiempo a terminar de hacer berrinche, sumándole ahora la frustración de haberse comportado como una niña enfrente de los chicos.
-Bien hecho, señorita universitaria.- se reprochó.
-¿Bien hecho qué?- escuchó cerca de ella, miró hacia el frente y se encontró con Nathaniel.
-Mi primer berrinche de universidad. Espero que el último.- respondió apenada.
El chico rió.
-Seguramente nada tan grave como una chica de piel bastante… obvioza.- empezó a contar el rubio –Se ha armado un gran escándalo en el patio principal cuando le han asignado habitación con alguien que no es su hermana a quien debe cuidar porque está en silla de ruedas.
Selkis sintió una punzada de culpa: la chica era verde y tenía una hermana discapacitada, seguramente su vida era muy difícil.
-¿Estás bien? Pusiste cara de angustiamiento.- preguntó Nathaniel.
Selkis asintió.
-Pues bien: ¡ella se enojó tanto que mágicamente hizo a la silla de ruedas de su hermana volverse loca sin tocarla!- siguió contando el chico, emocionado -¡Es mágica! ¡Mágica de verdad! La Señorita Morrible no ha tenido un alumno con poderes mágicos reales en años.
La chica lo miraba sorprendida. ¿Verde y mágica?
-¿Pero qué hace en Shiz? ¡Si yo tuviera poderes mágicos estaría libre y sola por todo Oz!- exclamó extrañada.
-Seguramente Elphaba tiene otros intereses.- dijo el chico, mirándola un poco decepcionado.
-¿Ese es su nombre? ¿"Elphaba"?- siguió preguntando ella.
-Sí. Es bonito, ¿no lo crees? Me pregunto si la llaman "Fábala".- sonrió el rubio.
-Me pregunto si alguien querrá llamarla de alguna manera después de semejante escena - musitó Selkis, pensando en lo que había hecho hacía un rato. Tal vez Lysandro y Castiel no querrían volver a hablar con ella.
-¡ESPERA!- gritó de pronto -¿Dijiste que ya asignaron las habitaciones?
-Sí…
-¡OZTRAS!- chilló la chica echando a correr -¡NOS VEMOS LUEGOooooo…
El chico se quedó en el pasillo asimilando la intempestiva acción de la joven.
Cuando Selkis se acercó al patio, descubrió que ya estaba totalmente vacío, excepto por una persona sentada en una banca dándole la espalda. Junto a sus pies estaba una maleta… su maleta, reconoció al acercarse. Pero la persona sentada no era Lysandro ni Castiel, a menos que también tuvieran poderes mágicos y hubieran aparecido un abrigo tan robusto y peludo de la nada.
A pesar de que estaba cayendo la noche, el clima no era frío, y aún así la persona tenía la cabeza cubierta por una capucha café bastante abrigada.
La respuesta al abrigo y la capucha apareció un instante después cuando la persona estornudó, aunque fue un estornudo áspero y un tanto extraño.
-¡Salud!- dijo Selkis por reflejo, y la persona se giró a mirar quién estaba detrás de él.
La pelirroja se quedó pasmada con los ojos abiertos como platos. ¡No era una persona! ¡Era un…
-¡Oh, no!- dijo él, preocupado, con una voz tan áspera como su estornudo anterior –Lo lamento, a veces olvido que no todos están acostumbrados a ver alguien como yo, y menos en un lugar vacío de noche.- se levantó de la banca y le dió el frente, mirándola con sus ojos grises que denotaban preocupación.
-No… no es eso…- balbuceó la joven, creyendo que había arruinado otra primera impresión.
-Vaya, pelirroja y apareciendo al último, usted debe ser la señorita Ochraine.
-¿Pero cómo…
-El joven Castiel me ha dejado su maleta, tenía que ir a su habitación. Me ha dicho que le pertenecía a una pelirroja gritona.- suspiró –Vaya manera de referirse a una señorita, pero supongo que ese es su carácter.
Selkis se sonrojó mientras miraba a su interlocutor acomodarse las gafas cuadradas sobre la ancha nariz.
-Lo lamento, es muy injusta mi ventaja de saber quién es usted sin haberme presentado.- reparó él –Soy el Doctor Dillamond, decano y profesor de Historia y Artes Biológicas de esta Universidad.
-¡Es usted!- exclamó Selkis -¡El único Animal que queda en el profesorado de Shiz!
-Por fortuna o desgracia.- sonrió él tímidamente.
-¿Recuerda a mi abuelo? Usted llegó en su último año aquí. Alistor…
-¡Ochraine!- completó la Cabra -Eso explica porqué el apellido me parecía conocido. Y el color de su cabello, señorita.
La chica sonrió, aquello era lo más feliz que podía sucederle.
-¡Pero vaya, nos hemos puesto a conversar y ya ha anochecido!- señaló Dillamond –Usted debe descansar de su viaje y yo lamentablemente he pescado un resfriado hace unos días, Debo cuidarme para evitar una recaída, usted entenderá que uno no es tan joven como cuando su abuelo estudiaba aquí.
"Eso justifica la capa" pensó la pelirroja.
-Soy el encargado de esperar a los alumnos que llegan rezagadoz el primer día y ya que usted es la última la guiaré a los dormitorios.- explicó mientras intentaba acomodar la agarradera de la maleta entre sus pezuñas.
-¡Por favor no cargue mi equipaje!- irrumpió Selkis atravesándose y tomándola –No es su culpa que yo me haya perdido por ahí.
-La Universidad le parecerá gigantozca al principio, pero terminará por acostumbrarse.- agregó Dillamond empezando a caminar.
-Vengo de Ciudad Esmeralda, todo es gigantozco allá.- suspiró la chica resignada; quedaría en ridículo si explicara la verdadera razón de su retraso.
-¿De Ciudad Esmeralda?- preguntó el Animal extrañado -Su abuelo estudiaba aves silvestres y decía que esa sería la ocupación de todas las generaciones de la familia.
-Bueno, El Mago tuvo otros planes para la zona "silvestre" de la familia.- se quejó la joven claramente molesta.
-El Mago tiene planes muy diferentes a los de muchos.- dijo Dillamond melancólico.
-Sobre eso, me gustaría estar informada.- abordó la joven –Simplemente veo Animales desaparecer y no entiendo porqué. Si no es mucha molestia.
-No es ninguna molestia.- sonrió la Cabra –En cuanto tenga usted su horario de clases completo, seguramente podremos buscar un espacio libre para ambos
-¡Sería fantástico!- dijo contenta.
-Agradezco su interés.- sonrió Dillamond -Hemos llegado ya, el número de habitación es 225 en el primer piso, si yo fuera usted entraría sin hacer ruido, probablemente su compañera se encuentre dormida.
-Eso haré, muchas gracias y lamento haberlo hecho esperar.- se despidió la joen con una pequeña inclinación de cabeza antes de entrar al edificio.
Todo se encontraba ya a media luz, tal vez no estaba permitido quedarse en los pasillos o simplemente la iluminación en esas áreas era inútil. Subió las escaleras sintiéndose de pronto muy cansada y le parecieron eternas, y para colmo su habitación resultó la última al final de ese piso.
Abrió la puerta lo más silenciosamente que pudo, aunque no pudo evitar un ligero rechinido. Las luces estaban apagadas y las cortinas cerradas por lo que se detuvo un momento en la entrada para que sus ojos se acostumbraran a la obscuridad.
Distinguió una cama ya ocupada, así que conocer a su compañera debería esperar hasta el día siguiente. Acomodó la maleta en una esquina y se metió a la cama libre, sin siquiera cambiarse de ropa.
Al parecer, Shiz era todo lo que siempre había soñado. ¿Entonces qué soñaría ahora? Era el momento ideal para averiguarlo.
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¡Yupi! Apareció mi Cabra favorita :3 Y empecé a usar palabras inventadas. Así que si vieron palabras mal escritas o con Z en lugar de S (como obvioza en lugar de obvia) pues… es a propósito. Si les resulta muy confuso díganme :p
