Capítulo 7

Después de unas horas recorriendo la universidad, Selkis se dio cuenta de que había cometido un error al no acordar un lugar de encuentro con los demás por el resto del día, así que decidió sentarse en la banca de la mañana esperando que alguien adivinara que si estuvieron sentados ahí por la mañana se encontrarían ahí por la tarde.

Esperó un rato mientras sus pies descansaban del recorrido, el lugar era enorme y le agradaba. La arquitectura con aire antiguo, las áreas con pasto verde real y árboles que daban sombra, los corredores conectados que hacían a ese lugar tan inmenso una sola unidad. Sin fronteras ni divisiones. Al menos eso esperaba.

-Ja, ¿te perdiste?

-¡Castiel!

Resultaba extraño y tres días antes le habría parecido imposible: un encuentro casual de pelirrojos.

-¿ Lysandro perdió a una bebé a su cargo? Es el colmo pero un día tendría que pasar.- se burló el chico.

Selkis quiso reclamar que no era una bebé pero de pronto cayó en cuenta de que no estaba segura del todo por su comportamiento en esos dos días.

Con calma le explicó lo sucedido.

-No comprendo como ni porque la gente es tan buena para sacrificarse de esa manera.- dijo Castiel secamente –Dices que no has tenido amigos pero ahora que podrías tenerlos los dejas por una tipa del color que odias.

-¿No crees que es tonto e inmaduro rechazar a alguien por ser del color que odio?- preguntó la chica, frustrada, mientras Castiel se sentaba junto a ella –Quiero decir: dénme tiempo, la veré en clases y me acostumbraré. Mientras tanto después de clases pueden estar cerca de ella y yo estaré con el Dr. Dillamond o sola.

-¿Con el viejo Chivo?- sonrió Castiel burlonamente -¿Qué asuntos tienes con él?

A la chica se le olvidó todo lo demás y sonrió ilusionada.

-¡Recuerda a mi abuelo!- respondió con ilusión –Y podría preguntarle mil cosas sobre los Animales.

El joven la miró con interés, lo que ocasionó que Selkis se sonrojara un poco.

-Tú llevas un año aquí.- dijo ella, menos entusiasmada -¿Crees que le moleste? ¿Crees que me lo dijo solamente porque es su obligación ser amable con los alumnos?

-No creo.- respondió Castiel, sonriendo –Una vez me dijo que buscaba un ayudante para algunas cosas, investigaciones de no se qué. Me habría ofrecido como voluntario pero tengo ocupaciones más interesantes que recibir dictados de un viejo Chivo. Seguramente a ti te interesaría.

-¿Uy, "Señor Ocupado"? ¿Cómo qué ocupaciones?- preguntó la joven, curiosa. Castiel se hizo el desentendido y volteó para cualquier otro lado sin decir nada más.

-Los demás ya tardaron mucho, tú terminaste el recorrido hace un rato, ¿no?- dijo por fin después de unos minutos de silencio.

-Sí.- respondió Selkis, asombrada. ¿Será que sí habían quedado en reunirse ahí y ella lo había olvidado?

-¿Iban con un tipo rubio y sin gracia?- preguntó de nuevo CAstiel.

-Rubio sí, pero sin gracia…-

-Claro, ese loco chorero seguramente les está dando el recorrido más largo y aburrido del universo.- se quejó el pelirrojo.

-¿Dis-cul-pa?- replicó la chica –No hables así de él. Era mi amigo en el colegio… o algo así.

-Si era amable contigo, confirma que está loco.- se burló él.

Selkis miró a Castiel con cierto enojo, no solamente porque hablara mal de Nathaniel, también por la idea de que un chico que ahora esperaba hacer su amigo posiblemente odiaba al chico que amaba. ¿Su suerte tenía que ser tan mala?

-¿Porqué me ves así? ¿El güerito te gusta?- sonrió Castiel socarronamente.

Selkis se sonrojó.

-¡Anda! ¡En serio te gusta!- exclamó el chico divertido. –Así que te gustan los tontos, estoy fuera de tu liga y eso me alivia.

-¿Y quién querría tenerte "en su liga"?- reclamó la chica, roja como un tomate.

Castiel rió.

-Tienes gracia.- dijo, antes de volver a ignorarla esperando que se le pasara el enojo.

La chica se quedó pensando. Si él estaba ahí hablando con ella, aún haciéndola enojar un tanto, significaba que no la quería como enemiga, ¿cierto? Si la quisiera lejos simplemente se iría en lugar de quedarse solos. ¿Cierto? ¿Y si ella le gustaba y era su manera de acercarse? Eso sería complicado.

-¿A ti te gusta alguien, Castiel?- preguntó inocentemente.

-No es tu asunto.- dijo sin ninguna emoción.

-Lo siento.- dijo avergonzada.

Silencio otra vez, hasta que oyeron voces acercándose. El grupo formado por Rosalya, Violeta y Lysandro se acercaba por el patio.

-Hola, Castiel, ¿volándote más clases?- preguntó Lysandro, mirándolo seriamente.

-Yo sacrificando mi educación para mostrarles la ciudad y ustedes tardando siglos.- respondió el pelirrojo socarronamente.

-El prefecto que nos mostró la escuela tenía un largo dicurso para todo. Fue muy aburrido- se quejó Rosalya.

Castiel miró a Selkis on cara de "Te lo dije" y ella lo miró crudamente.

-Y al final tratamos de convencer a Elphaba y Nessarose de que vinieran con nosotros, pero se negaron.- completó Violeta –Parece que les gusta estar solas.

-Su actitud no les ayudará a dejar de ser marginadas.- apuntó Lysandro, se veía un poco ofuscado. –Al menos Selkis lo intenta después de que en su otra escuela no tenía amigos, pero ellas no parecen interesadas.

-¿No tenías amigas, Selkis?- preguntó Rosalya mirando a la pelirroja con cierta lástima.

La pelirroja se sintió bastante humillada, no tenía porque mencionar el asunto.

-Basta de charla, tengo hambre.- irrumpió Castiel levantándose de la banca y empezando a caminar. Lysandro lo siguió y las chicas se miraron, como preguntándose si esa era la manera habitual de pedir las cosas del chico.

Salieron de la universidad y tomaron un carruaje descubierto, disfrutando del viento al avanzar. Castiel los llevó a un café anunciando que era el que frecuentaba y mientras él ordenó en dos segundos, los demás revisaron el menú a conciencia en silencio.

Por primera vez, Selkis se sentía entre amigos. Charlando sobre lo que había ocurrido durante el día, comiendo y bebiendo limonada antes de una larga sobremesa entre té, café y galletas.

-Castiel.- susurró en un momento que la conversación los dejó fuera –Olvidé que debía ver al Dr. Dillamond.

-Tendrás mucho tiempo para eso. ¡Relájate, por Oz!- contestó tranquilamente.

La chica pensó que tenía razón. De cualquier manera, en el recorrido por el campus no la había notado cuando pasaron por el salón dónde se encontraba impartiendo clases así que no habría urgencia.

¿El Dr. Dillamond necesitaría ayuda para cosas importantes?

Miró a los demás charlando y sonriendo y decidió no pensar en ello por el resto de la tarde.

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¿A Castiel le gustará alguien? No lo sé. …. Jijiji, claro que lo sé, pero no voy a decirles.