Aquí una nueva entrega de "a gritos" no se que tanto se extienda el fic pero está fluyendo fuerte y rápido. Espero que lo estén disfrutando.
Le juzgaba con esos ojos negros y profundos, cruel y frío mirándole sin compasión. Hinata tenía la mirada baja, aferraba la cobija con sus manos e intentaba no llorar. El pelinegro se acercó peligroso e imponente al menor quien giró el rostro a otro punto para no verle.
-Repite lo que has dicho –susurró con dureza.
-Q…que…que es tuyo –los ojos humedecidos, los sentidos dolosos.
-No puedes comprobarlo –respondió Kageyama cruzándose de brazos- no se con quien más te has metido.
-Solo he estado contigo ¿Qué clase de …de persona crees que soy? –sollozaba enfrentando la mirada del otro.
-Olvídalo. Vete y no vuelvas a buscarme –se dio la vuelta dejando atrás al pelinaranja quien intento gritar el nombre de Kageyama pero algo le detuvo, un llanto. Destapó la cobija que traía en brazos y se sorprendió al ver ahí a un bebé con el rostro de Kageyama.
-Despertar-
-¡AAAH! –despertó de golpe asustado por la pesadilla y con el corazón latiendo con fuerza. La puerta de su cuarto se abrió y su hermanita le estampó la almohada en la cara.
-No grites, no me dejas dormir –hizo un puchero y se fue cerrando la puerta.
-…que horrible pesadilla….-susurró.
Un día nuevo, estiró los brazos con pereza y giró casi cayendo de la cama y se detuvo. Suspiró, se talló los cabellos naranjas y un par de golpes en las mejillas, era hora del ritual matutino después de tan terrible sueño. El uniforme, la ropa interior y los zapatos salían volando los dejó en la cama y se puso las prendas interiores mientras corría de un lado a otro y se detuvo frente a su gran espejo mirándose. Era un delgaducho sin chiste tal vez, se puso de perfil y picó su estómago riendo con las mejillas coloradas. Se puso de nuevo en marcha, el uniforme entero, un desayuno veloz, su bicicleta y andando.
Detuvo su marcha frente a una tienda de ropa de bebé y miró curioso por el ventanal, parpadeando y viendo lo que ahí había. Todo parecía tan suave. Telas en colores pastel, encajes, flores, dibujitos de animales. Inclusive en el fondo, donde su visibilidad apenas llegaba vio un pijama con un balón de volley en el centro. Era genial. De repente algo llamó su atención.
-¡Hinata! –gritó Tanaka asustando a su kouhai que retrocedió un poco cayendo de la bicicleta torpemente.
-¡Cuidado! –Suga fue a auxiliarlo levantándole y preguntándole si estaba bien. Ahí estaban varios de sus compañeros como Tanaka, Daichi, Suga y él, ahí estaba Kageyama.
-¿P..por qué están todos juntos? –preguntó sobándose las sentaderas.
-Recuerda que tomamos la misma ruta y poco a poco nos encontramos –dijo tranquilo Daichi, parecía de buenas.
-Ya…-su mirada cruzó con la del Rey y un choque eléctrico le invadió en la columna. ¿Por qué tenía que haber pasado eso? Solo verlo le hacía recordar que no todo era felicidad, que tras ello parecía haber perdido a su amigo, a su…a su algo. Los instintos de Suga notaron la tensión y lo levantó con una sonrisa.
-Vamos, se hace tarde –el pelinaranja asintió y tomó su bicicleta caminando a lado del vicecapitan en silencio aunque Tanaka animaba el ambiente con sus locuras seguido por Daichi quien contestaba a las cosas que decía los otros tres se veían tensos, extraños. Lo peor vino cuando debió ir a clases solo con él, caminar por los pasillos a su lado sin saber que decir, que charlar o por dónde empezar. Chocó con algo, despertó y estaba ahí frente a su banco sin haber dicho más nada había salido vivo de ese camino a lado de Kageyama, solo quedaba el silencio.
Al recreo el instinto protector de Suga lo guiaron hacia el salón de los chicos y saludó a ambos. Se acercó a Hinata misterioso pero apacible. Le sonrió y le dijo con su voz calmada.
-Necesitamos hablar –susurró. Hinata asintió, se había librado de la tortura que sería tal vez salir del salón con Kageyama, era un escape. Salió a su lado sin decir nada aunque Suga se veía feliz, extrañamente feliz. Pronto Hinata recordó algo y se alertó.
-Olvidé mi almuerzo, voy por el no tardo –dijo dando la vuelta antes de que el otro le llamase la atención y corrió descuidado hasta llegar a la puerta del salón y chocar con alguien, alguien que le hizo retroceder y tropezar, ese alguien que con un brazo le sostuvo por la cintura para que no cayera, la única persona que podía cargarlo con tal facilidad. Su mano aferrado a un costado, la vergüenza, el sonrojo en las mejillas de Hinata y la mirada firme, penetrante de Kageyama. ¿Qué clase de escena cliché era esa? Quería volver con Suga y decirle que se le fue el hambre así tendría que evitar ese encuentro descuidado con el pelinegro. Se puso frio de la impresión, ni balbucear podía.
-Hoy estás muy descuidado- esa frase ¿Qué con esa frase? Después de haberlo hecho, después de que se acostó con él haberlo hecho sufrir por días y días una ley del hielo y además aparecerse en sus pesadillas insinuándole que se metía con cualquiera era lo primero que le diría. Tenía ganas de patearlo en la entrepierna y gritonear que es un idiota, que lo estaba haciendo sufrir por todo y que se fuera al diablo pero solo se incorporó conteniendo las lágrimas ¡No señor! ¡Hinata no volvería a llorar como lo hacía todas las noches por ese tipo! ¡No frente a él!. Desvió la mirada, era un idiota que ni siquiera valía la pena hacer o decir algo. Solo entró al salón a paso presuroso dejando atrás al dueño de su pena, sus sueños húmedos y muchas más cosas en su vida.
Se detuvo frente a su banco, su corazón latía con fuerza y apretaba los labios para no gritar. Debía soportar más, hasta el anochecer en la privacidad de su cuarto para llorar. Tomó su bento y salió del salón, Kageyama ya no estaba por suerte. Corrió, corrió y corrió cabizbajo hasta llegar a la azotea donde estaba Suga, entonces sin decir más se aferró a él y dejó salir todo lo que se estaba tragando. Toda esa opresión que sentía salió en forma de llanto.
-¿Q..que te sucede? –preguntó preocupado al verlo así.
-Él…-no podía alzar el rostro ni dejar de temblar.
-¿Te hizo algo? – Hinata negó fuertemente y se hundió más en el pecho del vicecapitan.
-Yo no puedo con esto…. –ladeo su cabeza y dijo con claridad - …él me gusta mucho….
-Hinata….-susurró y le acarició los cabellos sonriendo. Las cosas entre ellos no se estaban dando en el orden correcto, de hecho nada entre ellos era precisamente ordenado o correcto pero admitirlo era el primer paso. -…habla con él.
-¡No! ¡No puedo yo…-Suga negó sonriendo.
-Entonces solo espera seguro él lo hará. –ambos eran sus pequeños, así lo sentía y eran tercos como mulas. No le correspondía a él hablar pero ese día al encontrarse con Kageyama encontró algo curioso, algo que nadie más notó cuando mencionaron el nombre de Hinata. –Ahora tengo curiosidad sobre lo que veías esta mañana.
-Eso…-recordó la tienda y aquella camisa- tal vez compre algo ahí cuando tenga dinero…
-¿Ropa de bebé? ¿Tendrás un hermanito? –Hinata negó con la cabeza y se sonrojó. ¿Cómo podía explicarle su locura? Tal vez estaba llegando muy lejos con sus ideas.
-Yo … ¿no te burlaras? –Suga negó como siempre, sería incapaz – yo seguí el consejo de Daichi y me enfoco en algo…
-¿Qué tiene que ver eso con ropa de bebé? –alzó una ceja. Hinata bajó la mirada y apretó los labios mirando aquella zona y apretó las manos dudoso, ansioso a la vez.
-Es como una fantasía loca y tonta…-rio por lo bajo y sin ver a Suga continuo- pero he pasado los días imaginando un bebé, una vida… eso me mantiene feliz y con ánimos.
-¿Un bebé? –parpadeo sin terminar de entender.
-Mío…-tomó aire para proseguir- y de Kageyama… eso me mantiene unido a él… pensar en él me da la fuerza que necesito…-apretó su camisa en la altura del estómago y el vicecapitan solo deformó su rostro a uno de sorpresa total, de impacto.
-Eso quiere decir que tu…-no sabía que decir. Hinata había enloquecido, era una mala idea pues si alguien más lo sabía podrían burlarse de él sobre todo por como son en Karasuno pero ver así al pelinaranja, con una curva en los labios después de tanto llorar lo detuvo. Podía ser un pequeño secreto ¿no?. Suspiró y puso las manos en sus costados como si fuera a reprenderle – no me gusta saber que seré abuelo…
-¿Abuelo? –alzó la vista, sus ojos brillaron, se sintió feliz de ser entendido y supo que era buena idea confiar en Suga. Asintió feliz y sintió los brazos del chico rodearle – gr..gracias …de verdad gracias…
-Ese día en la mañana ocurrió algo, algo que nadie más notó cuando mencionaron el nombre de Hinata.-
Kageyama detuvo su andar y nadie se percató hasta una docena de segundos después Suga giró la cabeza. Hablaban de las técnicas de Hinata pero no había pensado hasta el momento lo ocurrido y cayó en cuenta cuando vio ahí de pie a Kageyama con una expresión dolosa, por primera vez con los ojos enrojecidos. Suga se impresionó, Kageyama giró la vista a otro punto para no ser visto…
Estaba sufriendo también por no poder tener valor y hablar con el pelinaranja.
¿Al fin el próximo capitulo enfrentarán lo que sienten? ¿El secreto de Hinata sobrevivirá sin sufrir burlas de otros? ¿Dejaré de hablar como conductor barato?
Todo esto y más en el próximo capitulo de "A gritos"
-Yisus
Pd. No puedo contestar sus reviews pero joder que agradezco todos, los leo y releo y vuelvo a leer. Me enamoré de ustedes, son unos seguidores geniales.
