Capítulo 8
-Es "Galinda", con "Gaaa".
¿Quién diría que una chica verde sería el menor de sus desprecios?
Ámber, a pesar de sus esfuerzos por volverse la chica más popular del grado tal como en el colegio, fue opacada por otra rubia, una rubia verdaderamente bella, tanto que lo traía en el nombre: Galinda Upland.
Presumía ser suficientemente inteligente para ser la primera chica de su pueblo que asistía a la universidad, pero su inteligencia estaba muy, muy escondida en medio del maquillaje, la ropa fina y sus constantes esfuerzos por llamar la atención con comentarios tan llamativos como estúpidos.
Por si fuera poco, mostraba una falta de respeto irracional hacia el Dr. Dillamond, alegando que no era aceptable que en una universidad tan prestigiosa impartiera clases alguien incapaz de pronunciar el nombre de los alumnos.
Por más que la Cabra se esforzaba, no conseguía llamar a Galinda de una forma diferente a "Glinda".
-Claro, como viene de vivir encerrada en su mansioncita de pueblo remoto, solamente debe haber escuchado que las cabras viven en establos.- murmuró Selkis, mirando de nuevo al pobre Dr. Dillamond intentando pronunciar "Galinda" una vez más mientras la mayoría de la clase reía.
Miró a su alrededor y la única que parecía estar tan enfadada como ella era Elphaba, lo que la hizo sentirse culpable (e idiota) por aún no asimilar el verdor de la chica.
Dos semanas después del inicio de clases, los alumnos de primer grado habían dejado de correr como locos entre sus ocupaciones, y formaban parte del equilibrio estudiantil.
Con los horarios balanceados, los libros comprados, los grupos extracurriculares con nuevos miembros y los grupos de amigos o conocidos establecidos, los días en Shiz prometían ser una rutina simple.
Así las cosas, era hora de que Selkis cumpliera su promesa con el profesor de Historia.
-Los alcanzaré en el café.- dijo cuando los demás hablaban sobre los planes para esa tarde.
-¡Pero es el día que no hay reuniones de clubes!- reclamó Rosaya, molesta -¡Es el día que estamos juntos!
-Estaremos juntos, Rosa.- indicó Selkis, sonriendo –Pero hay algo que debo atender.
-Tranquilas, estamos hablando d Seliks, nos alcanzará.- dijo Castiel, muy serio –Si se tratara de Lysandro, me preocuparía de que se perdiera a media ciudad durante dos días.
-¡Escuché eso!- se quejó el albino.
Castiel rió, mientras Rosa y Violeta miraban a la pelirroja con cierto reproche, sintiéndose abandonadas.
-Vamos, Rosa, tú estás en el club de costura y Violeta en el de dibujo, yo no he tomado ninguno porque tengo otras cosas que hacer.- dijo Selkis –O al menos eso espero…-
-¿Cómo que eso esperas? Es demasiado misteriozo, ¿no será que mientras nosotras estamos en clubes tú te has conseguido un novio y no quieres decirnos?- interrogó Rosa tomando a su amiga por los hombros.
-¿Un novio? ¡¿Cómo crees?!- exclamó Selkis, colorada –Castiel les explicará, ¿verdad?
-¿Soy tu recadero?- preguntó Castiel.
-Seguramente lo contarás mejor.- sonrió Selkis.
El pelirrojo suspiró con resignación. -Sí, pues, entonces te dejamos.- dijo, empezando a caminar.
-¿Porqué tu sabes lo que sucede y yo no? ¡Soy su compañera de habitación!- replicó Rosalya gritando detrás de Castiel.
Selkis los miró alejarse y regresó al edificio donde enseñaban Historia.
Encontró abierta la puerta del aula pero aún así golpeó un par de veces, con lo que el profesor levantó la cabeza de los libros y sonrio al ver de quien se trataba.
-¡Oh, señorita Selkis!- saludó, poniéndose de pie –Pensé que se había arrepentido de nuestra plática. Seguramente quiere pasar más tiempo con sus amigos.
-¡No, no es así!- aclaró la chica, apenada –Es sólo que ha sido difícil acomodarme a esta nueva vida, no había parado ni un minuto.
-No se quede de pie en la entrada, pase y tome asiento.- indicó la Cabra, y Selkis obedientemente acercó una silla junto al escritorio para sentarse.
-Esto es lindo vacío…- expresó la chica, mirando a su alrededor. Era un aula enorme.
-A mi no me agrada mucho el silencio.- agregó el profesor, cerrando el libro.
Pequeño detalle: Selkis no tenía idea de cómo iniciar una conversación, y al parecer el profesor tampoco, porque se quedaron en silencio unos minutos.
-¡Es verdad!- recordó ella de repente –Castiel me dijo que tal vez necesitaba ayuda.
-¿Sigues siendo amiga de ese muchacho? Vaya una sorpresa.- dijo el profesor con una extraña sonrisa.
-¿Tan malo es?- preguntó Selkis, confundida.
-Es… curioso.- respondió él –Pues tiene razón.- continuó después de ver que su alumna la miraba sin saber a qué se refería. –Puedo arreglarme para leer libros, anotar en la pizarra con una tiza atada a una vara, y garabatear un poco en los ensayos y exámenes. Pero escribir mis largas anotaciones y dibujar esquemas está fuera de mis capacidades a menos que sepa usted de cuadernos tan grandes como esta pizarra.
La chica miró la letra torpe e irregular del profesor en la pizarra que no había sido borrada y comprendió que escribir era una tarea difícil con pezuñas. Y que Castiel definitivamente no querría sentarse a recibir dictados fuera de clases.
-Pues bien, señorita…- continuó el profesor.
-Selkis está bien.- interrumpió ella –Sin el señorita.
-Lo siento, eso es inaceptable.- afirmó él, sin mirarla -¿Ha oído usted sobre las Interdicicones de Movilidad Animal?
La chica negó con la cabeza; nunca lo había escuchado, y no sonaba a algo muy agradable.
El profesor exhaló un ligero balido que pareció un suspiro –El Mago tiene a bien poner ciertas… restricciones para nosotros.
-¿Restricciones?- preguntó Selkis.
-Limitar los campos de trabajo, separarnos en las ciudades y los transportes. Entre otras cosas.- explicó, con clara impotencia.
"El Mago tiene planes muy diferentes a los de muchos." Recordó Selkis como parte de su primera conversación.
-He tenido que recurrir a mi memoria desde el año pasado que comencé con mis estudios.- continuó Dillamond –Temo olvidarlo y aunque no lo olvide, mis avances necesitan estar registrado sen papel. Si consigo demostrar que no hay diferencias biológicas entre la materia básica humana y la Animal, no habrá ninguna razón para hacernos a un lado.
-¡Claro!- exclamó la joven, entusiasmada -¡No habrá manera legal de hacerlos menos!
-Escribiré al Mago mis conclusiones, de ser necesario haré todo lo necesario para verl-
-¡ ! Me han dicho que cuando termin…¡oh!-
El silencio se apoderó de golpe del aula, cuando un pequeño Ratón entró por un agujerito.
Era impresionante su volumen de voz a pesar de su tamaño, si lo habían escuchado tan claramente mientras se acercaba y ahora miraba a la chica desconocida para él con sus ojillos asustados.
-Ella es una alumna y será mi asistente.- el rompió el incómodo momento. –Así que la verás con frecuencia, la señorita Selkis Ochraine. Y él es Ruedas.
-¿Ruedas?- preguntó la chica, sin pensar en nada mejor para resistir un "Aaaaaw" que muy probablemente resultaría una ofensa.
-Me temo que Ruedas no es ni señor ni profesor ni nada por el estilo, tal vez "joven".- explicó la Cabra –Lo encontraron de pequeño entre las ruedas del carruaje de la señorita Morrible, para cuando decidieron encargarlo a mi cuidado ya le habían puesto ese "original" nombre.
-Vaya, pues es un Ratón afortunado.- sonrió la pelirroja. –Prometo no ser una molestia.
-Me imagino que ha venido a informarme sobre algún otro compromiso y debemos posponer nuestra reunión para otra ocasión.- se excusó la Cabra, mirando a su amigo para corroborarlo.
Ruedas asintió.
-De hecho yo debería irme también, le dije a mis amigos que los alcanzaría después. Agregó Selkis, buscando en su cartera hasta sacar una hoja y entregársela al profesor . –Solamente quería entregarle esto.
Los Animales se quedaron mirando a la hoja, parecía un horario pero tenía dibujitos y caritas felices.
-Espero que no pretenda adornar de esta manera las anotaciones sobre mis estudios.- espetó el Dr. Dillamond, mirando preocupado el horario.
Selkis rió. -¡Para nada! ¡Lo hago solamente para no aburrirme con mis propias anotaciones! Ese es mi horario, con todo y mis horas de estudio y si no le molesta, la tarde entre semana que reservo para mis amigos.
-Que es hoy, según dice este papel.- corroboró el profesor acomodándose las gafas. –Entonces le propongo reunirnos mañana después de clases y ya habré compaginado su horario con el mío, señorita Selkis.
-Muy bien, hasta luego.- se despidió la chica tomando sus cosas –Muchas gracias por la oportunidad.
Selkis moría de hambre, por lo que recorrió los pasillos lo más rápido que pudo para alcanzar a los demás.
-¡Hola! ¡Compañera!- escuchó a lo lejos, volteó y miró en el pasillo del edificio frente a ella a dos chicos, uno de ellos agitando al mano en el aire como un náufrago que acababa de ver un barco.
-¡Estamos perdidos! ¿Puedes ayudarnos?- preguntó el chico.
Selkis los miró bien, y notó que fuera de que uno tenía el cabello azul y el otro negro, eran… exactamente iguales.
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Usted ha desbloqueado nuevos personajes. *musiquita de videojuego*
Bueeeeeno, Ruedas es un personaje que inventé para la fic, podría ser de mucha ayuda por su pequeño y kawaiioso tamaño -w-
A los chicos desconocidos no los he inventado yo (XD).
Y Galinda… es una… mujer complicada.
