Huy… amigos míos, es un placer estar por aquí actualizando, en un rato en que mi jefe a salido. ¡Thor santísimo! Lo que hace el fanfiction en nuestras vidas…

Atte: Ciel Phantomhive.

Un poco de Historia necesaria.

Para los antiguos escandinavos la palabra Seiðr designaba un amplio espectro de hechizos realizados por mujeres. El Seid no er, un tipo específico de magia. De hecho involucraba numerosas posibilidades esotéricas; entre ellas, el Galdr, una especie de "encantamiento" altamente poderoso.

Las oficiantes del Seid, como se ha dicho, eran especialmente las mujeres, aunque había algunas excepciones con hombres de probada sensibilidad, llamados Seiðmaðr, los "hombres Seid".

Estas brujas vikingas a las que hacíamos referencia eran llamadas Seiðkona, las "mujeres Seid", y a veces Völva, palabra que designaba tanto a una vidente, como una bruja.

Se dice que El libro del Seid está oculto en los símbolos de la Voluspa, "La profecía de la vidente", es decir, de la Völva, y que solo algunas mujeres son capaces de desentrañarlo hasta su forma primigenia.

Capitulo 12 La Seiðkona y el Galdr.

Estoico sintió su barba congelarse y se preguntaba como hacia la loca de Thorbjorg para encontrar alimento entre ese desierto ártico. Por lo regular las brujas vikingas, las reales, escaseaban, eran raras la mujeres que nacían con el derecho de llamarse Seiðkona o Völva, porque el Seid no era un poder fácil de controlar o practicar, se debía nacer con ese don; y para su mala suerte la única que conocía tenía que vivir en medio de aquel desolado paraje.

Trueno también se quejo, si la temperatura seguía disminuyendo pronto le sería imposible volar, y eso que la noche estaba cayendo tranquilamente sin ninguna tormenta a la vista.

—Descendamos y busquemos refugio o no llegaremos a mañana.

Con dificultad lograron aterrizar sin matarse en el intento, la nieve asía resbalar las patas del reptil azul quien obviamente prefería sumergirse antes que caminar sobre el hielo, pero su jinete seguramente no estaría de acuerdo con aquella idea.

—Estoico el Vasto. —Se escucho una voz siseante a su espalda, el jefe por inercia se viro con arma en mano, Trueno también se coloco a la defensiva ante la vibrante sensación de magia en el aire. —Cuanto tiempo sin vernos.

Cual macabra sombra entre la nube de hielo que las alas de Trueno habían creado al descender, la delicada figura de la mujer se delineo acentuando perfectamente sus sensuales curvas. Conforme la imagen se aclaraba el pelirrojo bajo el arma.

—Debí intuir que siendo la gran dama del Galdr, la vidente personal de Thor, sabrías de ante mano que te visitaría.

Ella rio contenta ante las alabanzas acomodando coquetamente su sedoso cabello negro detrás de su oído para luego dar media vuelta e invitar al jefe vikingo a seguirla, no tenia intensiones de lidiar con un congelado de vikingo.

Fue un recorrido moderado, uno o dos kilómetros era la distancia que los separaban de la choza de la Seiðkona, la cual cabe decir estaba perfectamente bien guarecida dentro de una amplia cueva que le permitía incluso tener varios tipos de plantas creciendo en torno a la vivienda. Por dentro no era menos vasta, los muebles aunque rústicos desprendían un aire acogedor y cálido acentuado por la fogata viva que crepitaba en la chimenea. Con amabilidad le indico tomar asiento al hombre mientras que al reptil respetuosamente le indicaba la puerta de un costado que conducía hacia la bodega de heno.

—Supongo que desearas descansar tus alas, no es tarea fácil volar hasta el fin del mundo cargando ciento ochenta kilos de vikingo puro. —Le guiño un ojo.

El Dragón pareció estar de acuerdo porque sin replica se acomodo a sus anchas entre el fresco y suave heno.

—¿Por que buscas incordiarme hasta hablándole mal de mí a un Dragón?

—Eso no es incordiarte, incordiarte hubiera sido soltarme a reír a carcajada viva cuando te vi aterrizar. Tú, Estoico el Vasto, el gran jefe de Berk, el auto nombrado mejor asesino de dragones. MONTANDO EN UNO, Y HABLÁNDOLE CUAL SI FUERA UN AMIGO.

—¡Basta! Thorbjorg no estoy de humor para…

—¡Oh! Pero deberás aguantar Estoico el Vasto, eso si deseas que te muestre el destino de tu vástago, y tendrás que hacer otro tanto para ganarte mis favores en caso de que decidas modificarle algún detallito. Estoico el Vasto tu mejor que nadie sabe que este trabajo no te saldrá nada barato.

—¡Pero mujer! No puedes seguir molesta por…

—Por preferir a aquella inútil antes que a mí, por haberme hablado de amores para luego irte sin remordimientos tras las faldas de…

—Cuida como te diriges a mi esposa. Porque su memoria es sagrada y no permitiré que…

—Ella esta… Entonces… tu estas libre.

Estoico no supo como traducir aquel cambio de actitud.

—Quizá podamos llegar a un acuerdo Estoico el Vasto. Uno en donde ambos salgamos ganando.

[…]

Bocón camino lentamente, muy lentamente de regreso a sus obligaciones, las palabras de Estoico aun haciendo eco en su mente le hacían enrojecer cada tres pasos. En un abrupto movimiento se detuvo dio media vuelta y regreso sobre sus pasos hacia la parte de la villa donde solo se podía ver a un grupo de yaks pastando.

Necesitaba alejarse un rato para dejar salir toda esa frustración que padre e hijo, de forma nada intencionada, le estaban creando.

Hacía mucho que había dejado de fantasear con aquella ilusión en donde Estoico reconocía sus sentimientos y a pesar de nunca corresponderle, solo por la amistad que los unía, le regalaba un beso diciéndole que lo aceptaba y estaba feliz de que siguieran siendo amigos. En sus anhelos más ambiciosos, se imaginaba al pelirrojo admitiendo que él era el otro padre de Hiccup. ¡Dioses! Sería tan bonito jugar a la casita. Sentirse de verdad aceptado.

Dio un suspiro, por eso siempre alentaba a Hiccup, porque él, Bocón el Rudo, sabia mejor que cualquier otro lo que significaba ser diferente, comprender que lo que buscas estaba mal, que jamás podrás mostrarte tal cual eres, y no deseaba que Hiccup, su pequeño niño creciera odiando algo que lo hacía ser tan especial. Escondiendo la verdadera luz que pugnaba desde su espíritu. ¡NO! Nunca. Hiccup crecería siendo amado, y aunque al principio no hizo un buen trabajo defendiéndolo de la maldad de su tribu, mantuvo la esperanza de que todo cambiaria.

Pero en caso contrario ya tenía un plan de emergencia. Tomaría al castaño y se lo llevaría lejos, el podría protegerlo y abastecerlo de todo mientras crecía, ya cuando fuera un hombre volverían para demostrarle a toda esa bola de vikingos enajenados quien era Hiccup Horrendous Hadock III y entonces frente a todos, conformes e inconformes, tomaría su puesto de Jefe, le pesara a quien le pesara.

Lo bueno es que no había tenido que llegar a tal extremo. Hiccup viviría ahí, crecería siendo un chico amado y cuando llegara el gran momento de suceder a su padre, con lágrimas en los ojos le felicitaría y bendeciría su gobierno.

Cuanto amor le tenía al joven, un muchacho que no era suyo pero que tanto tiempo pensó que quizás podría…

—Pero que idiota.

Sin darse cuenta ya era más de medio día y él seguía por los parajes boscosos deambulando sin rumbo fijo. Golpeo su pecho para darse animo y se encamino de regreso, tenía que cuidar de que Hiccup no fuera ultrajado por el Furia Nocturna, una tarea fácil y complicada a la vez. ¿Contarían lo sueños húmedos?

Meneo la cabeza y con una triste sonrisa se dirigió a la arena de entrenamiento.

[…]

Hiccup aterrizo sobre su derriére por cuarta vez en solo esa primera hora. Su tío lo miraba como si se tratara de una apestosa pila de estiércol de Yak, ¿por que las cosas debían ser tan… pues tan malas?

Siendo él el hijo único de Estoico el Vasto, jefe indiscutible de Berk , por herencia se suponía debía heredar el puesto, pero… siempre hay un pero; si no demostraba su valía entonces los miembros de la familia cercana tenían el derecho a retarlo a duelo obteniendo como recompensa, en caso de ganar, el titulo de regente.

A Hiccup jamás se le paso por la cabeza que siendo anteriormente el inadaptado social que era, su tío se había ilusionado con que Patán se convertiría con el tiempo y un duelo fácil, en el próximo jefe de Berk; solo para después ver la posibilidad alejarse porque que el vástago de Estoico comenzaba a mostrarse como un héroe y un prometedor líder.

Todo al jarete porque al muchachito endeble y raro se le ocurrió tener de mascota a un dragón, y no cualquiera, sino a un Furia Nocturna.

Animal inútil, si fuera la mitad de inteligente de lo que presumía el renacuajo de su sobrino se daría cuenta que la mejor apuesta era Patán. La fuerza de su hijo sumado a ese temible dragón haría de Berk el territorio más intocable y temido del archipiélago. Pero no, la lagartija negra parecía muy encariñado con aquel charal parlanchín de Hiccup. ¡Por Thor! Que ya solo faltaba que se dieran besos, ¡qué asco! Besar a esa inmunda lagartija.

Una cosa era montarlo y utilizarlo en su beneficio, pero quererlo a ese grado. En más de una ocasión se había quedado pensando tras las constantes historias de Patán, su hijo le contaba sobre los vuelos y entrenamientos, en los que en más de una ocasión mencionaba, quizá hasta sin darse cuenta, los constantes cariños entre jinete y dragón.

—Hiccup consiente mucho a su dragón, ¿me pregunto si esa será la mejor técnica para hacer que tu dragón te obedezca? Lo abraza constantemente, lo acaricia y hasta duerme dentro de sus alas, Diente Púa jamás permitiría que hiciera eso. Me rostizaría.

Y como esas había más, mucho más. Esos dos salían a volar solos, e incluso de boca del mismo Estoico llego a escuchar que el Furia Nocturna era la sombra de su hijo.

—Tuve que subir la piedra de Chimuelo porque el dragón se negó a salir de la habitación de Hiccup, mi hijo se la paso correteándolo toda la noche sin lograr que durmiera fuera. Al final no tuve remedio, pero tampoco me quejo, nadie entrara por esa ventana si recibir una bola plasma y yo duermo más tranquilo.

En parte tenía razón, mucho del respeto y distancia que guardaban para con Hiccup se debía al miedo que sentían ante tan temible guardián. Pero él no, él no se dejaría intimidar por aquel reptil sobre desarrollado y le enseñaría a ese muchachito enclenque que sin ese animal no era nada, seguía siendo el mismo paracito inútil de siempre.

El ejercicio consistía en retas uno a uno, y para ser "justos" coloco a las dos chicas a practicar juntas, Patán y Brutacio hacían un segundo duelo un tanto alejados y a Patapez le tocaría con Hiccup o eso pensaron ambos muchachos hasta que el tío recordó que los padres del joven rubio lo estaban buscando y por tanto debería faltar a esa práctica.

Hiccup miro la partida de su amigo con incomodidad y algo de miedo subiéndole por el esófago, eso quería decir que su oponente seria.

—Bien sobrino, vamos a practicar.

Y ese había sido el inicio de sus encuentros frecuentes contra el suelo. El joven vikingo intentaba defenderse lo mejor que podía pero estaba enfrentando a uno de los guerreros mejor entrenados de Berk y con bastante experiencia en batalla.

Hiccup lanzo lejos la pesada espada que hasta ese momento cargaba y que más que ayuda era una molestia, y como era de esperarse su mente analítica ya había calculado sus movimientos para disimuladamente llegar hasta SU escudo. Solo un poco mas y entonces estarían, sino en igualdad de condiciones si con mayores posibilidades para ser menos apaleado, la combinación de ballesta, alguna clase de boomerang y escudo que él mismo había ensamblado le permitiría defenderse.

El vikingo mayor reacciono escasos segundos antes de que su sobrino llegara a su objetivo, reconociendo para su horror hacia adonde se dirigían el castaño, y claro que había escuchado de ese escudo. Su espada rápidamente se encajo en el piso con fuerza interponiéndose entre la fina mano de Hiccup y el arma deseada.

—Lo siento, pero ese escudo tuyo no cuenta como arma de práctica. —De una patada el escudo voló varios metros lejos de Hiccup, quien miro asustado como el objeto se estrellaba contra la pared y caía al suelo estrepitosamente, implorando porque no fuera a destrozarse en pedacitos.

—¿Papá que estás haciendo? —Grito Patán asustado cuando reconoció en el rostro de su progenitor la sed de sangre que anteriormente dejaba ver al pelear contra los dragones.

—Tú cállate y observa.

Hiccup jadeo, desarmado, en el suelo y con aquel imponente hombre cerniéndose sobre él le estaba paralizando las ideas.

La espada del vikingo pelinegro bajo con fuerza deseando encajarse en alguna parte blanda del niño, Hiccup podía escuchar el aire siendo cortado por aquella arma que le cercenaría algún otro miembro y por inercia cerró los ojos.

El tintineo de metal chocando contra metal lo sorprendió lo suficiente para hacerle abrirlos de nuevo. Ahí delante de él protegiéndolo con su cuerpo y la prótesis de su mano, estaba Bocón.

—Quítate de en medio niñera de pacotilla. —Gruño molesto el pelinegro. —Sigue mimándolo de esa manera y lo harás más inútil de lo que ya es, ese chico necesita mano dura…

—No lo estoy protegiendo a él. Estoy salvando tu pestilente y grasoso pellejo. —Dijo con una sonrisa torcida señalando con la mirada al ser necroso que entre las sombras solo se podía notar debido al brillo de su fuego blanco con tientes azules. —Si hubiera tardado un segundo más estarías muerto por estúpido.

Por varios segundos el tiempo se detuvo, ni siquiera respiraban, al pendiente de que pasaría, Bocón tenía razón, el Furia Nocturna no dudaría en atacar a cualquiera que intentara lastimar a su vikingo y ya lo habían comprobado con Astrid la vez pasada, amigo o enemigo, no importaba quien, si atentaba contra Hiccup estaba muerto.

—Hiccup ve a calmar a tu dragón. —Pidió el herrero. —Llévatelo un rato hasta que se le bajen los humos. Te veo en la casa para la merienda.

Hiccup asintió levantándose del suelo y corriendo hacia Chimuelo, abrazándolo primero para hacerle saber que todo estaba bien, ya más calmado lo condujo fuera y despegaron perdiéndose rápidamente en el cielo.

Una vez seguro que Hiccup se había ido Bocón desapareció los escaso dos pasos que lo separaban del pelinegro.

—Accedí a que dieras el entrenamiento de hoy porque dijiste que tenias algo importante que mostrarle a los muchachos, pero vuelve a intenta algo como eso y te juro que el Furia Nocturna será el menor de tus problemas. —Amenazo susurrante el rubio dando un leve empujón al hombre. —Bien, la clase se termino por hoy, pueden irse. —Grito saliendo de la arena.

Con la mayor rapidez que la prótesis se lo permitía el herrero, ahora dentista, busco un rincón, algún lugar desierto que le permitiera calmarse. Sentía el corazón en un puño, y las ansias asesinas de regresar para estrangular al pariente de Estoico con lo primero que encontrara por atreverse a tocar a Hiccup.

[…]

Thorbjorg miro con picardía evidente al pelirrojo dejando que sus dedos juguetearan con la prominente barba. Ella aun amaba a Estoico y el hombre estaba disponible.

—Dime tu precio Völva y terminemos rápido con esto, necesito regresar a Berk lo más pronto…

—Estoico el Vasto, creo que no has comprendido el punto, hasta para pedir mi servicio tienes que tener tacto, no soy cualquier vidente después de todo. —Sus manos se acomodaron en el pecho del jefe vikingo con erotismo intentando seducirlo. —Yo sé lo que buscas, sé lo que deseas saber y puedo desifrar el secreto de ese medallón que llevas entre las ropas y que le has quitado a tu hijo. Pero, Estoico el Vasto, no me da la gana responder, al menos no por ahora, no hasta que me prometas que me darás lo que te pida.

—Eso nunca. — Soltó tajante y firme. No sedería ante chantajes.

—Entonces, Estoico el Vasto, enfrenta a ciegas a tus demonios y prepárate para decirle adiós a lo único que amas. —Pico venenoso la bruja, sus ojos negros brillaban con un tono dorado inhumano.

—Hiccup.

—No tiene que ser así. —Nuevamente se colgaba del gran brazo sintiendo sus suaves senos chocar contra la dura musculatura del hombre. —Yo puedo ser ese muro que aleje todo mal, solo necesito un "si", acéptame y yo…

—No puedo hacerlo. Aun cuando sintiera algo por ti, que te aseguro nunca llegar a ser lo que tú deseas, puedo aceptar tu oferta. —Los ojos del pelirrojo vikingo hablaban con verdad y ella fiel practicante del Seid lo sabía, no era solo una excusa, el regente de Berk no mentía. —Pídeme cualquier otra cosa.

—¡Hay alguien más! —Exhalo la mujer dolida y exaltada a partes iguales al sentirse rechazada por segunda vez en la vida del hombre.

Estoico afirmo con la cabeza. —No es amor de pareja, es respeto y gratitud los que me atan. —Declaro con sinceridad. —He venido a verte porque confiaba no en la Seiðkona, más bien porque creía en la mujer. Ayúdame Thorbjorg, es mi único hijo.

Ella lo observo de pies a cabeza, ya no era el mismo, ya no era el Estoico del que ella se había enamorado tan perdidamente, frene a ella tenía casi de rodillas aun padre desesperado. A un hombre completamente distinto, aun varón que ya no le hacía honor a su nombre porque le estaba demostrando tanto sentimientos que por un segundo creyó era alguien más.

—Tu hijo es un Seiðmaðr. Un hombre al que el Seid ha elegido como contenedor.

Ante la palabra Estoico boqueo, el término parecía ser demasiado grande para ser digerido.

—No me preguntes ¿Por qué? hay cosas que solo los Dioses deciden. Esta es una de ellas.

—¿Entonces esa es la razón de que pueda controlar dragones…?

—No te equivoques, Estoico el Vasto, tu vástago no controla a esas criaturas, las amansa porque les brinda comprensión y se relaciona con ellas como iguales. Los Dragones son también criaturas con grandes dotes mágicas, y el poder natural de tu heredero los atrae haciéndolo ante ellos un equivalente. Sin embargo tu hijo jamás ha recibido instrucción, no sabe controlar sus dones y sus Galdr se disparan sin rumbo fijo, un peligro que atrae desgracias a su alrededor. Además, está en una época peligrosa, en la edad cuando aun no somos adultos pero tampoco niños nuestras emociones son más intensas y cada gota de felicidad puede adquirir el suficiente poder para crear un millar de arcoíris, pero por cada herida podrían terminar sufriendo de invasiones, tormentas o incluso epidemias. Es difícil saberlo porque cada usuario maneja de diferente manera al Seid.

Estoico de inmediato recordó la ultima desgracia, ¿la nube en coma que azoto Berk podría haber sido obra de Hiccup?

—Estoico el Vasto, muéstrame el medallón. —Requirió la Völva extendiendo la mano.

El pelirrojo dudo un segundo, luego accedió sacando de entre sus ropajes el artículo que había sido el regalo de "bodas" del antepasado del Demonio negro.

—Es un Galdr demasiado complejo, el más antiguo que he visto.

Los delicados y blancos dedos de la bruja recorrieron cada parte del amuleto con forma de dragón asiendo brillar en la superficie aparentemente lisa incontables runas que destellan en tonos de diferentes colores. Un hechizo complejo y antiguo era lo que ese escondía detrás de aquel metal.

—Estoico el Vasto, vuelve a tu casa y entrégaselo a tu hijo, este medallón es un sello muy poderoso que nunca debiste quitarle.

N. A: Otro tanto que luego quizá utilice.

Seiðmaðr ("hombres Seid") Este término luego pasaría a convertirse en un insulto que denotaba un temperamento poco viril, no tanto por su asociación con las mujeres sino con la práctica del Seid, a menudo tomada como un arte que buscaba manipular la conducta de los demás a través de medios innobles.

Para entender la importancia de estas mujeres en la cultura nórdica pensemos que Odín, el padre de los dioses, consultó a una Vala, es decir, una Völva, para informarse sobre el destino funesto de los dioses en el Ragnarok.

Paradójicamente en el terreno divino no solo las mujeres practicaban el Seid. Freya es el ejemplo idílico de la Diosa-Mujer-Bruja; pero también Odín se interesó por esta rama del ocultismo. Hecho que lo avergonzaba terriblemente, ya que era una actividad propia del género femenino. A tal punto se sentía disminuido por su afición al Seid que Odín jamás respondió ante un insulto terrible de Loki, que lo acusó de Seiðmaðr, básicamente llamándolo "delicado".

Los intérpretes del paganismo, y sobre todo sus defensores, argumentan que Odín estaba por encima de los dilemas morales que sujetan al resto de las criaturas, celestes o terrenales, y que en definitiva podía hacer lo que se le dé la gana sin desmedro de su virilidad.

Comentarios, tomatazos reclamos y todo son bien aceptados en el 5862 1111 Locatel al servicio del consumidor…

Jajajajajjaa aunque dudo que ahí entiendas sus reclamos, no mejor déjenmelo escrito.

Por cierto con respecto al tío de Hiccup, la verdad no sé ni cómo se llama ni de donde bien el parentesco, así que si salió todo raro y malo perdón, perdón, perdón, les prometo aplicarme mas e intentar buscar primero la información de los personajes antes de usarlos, recalco intentare….

De verdad mil disculpas.

ATTE: Ciel Phantomhive.