Con "DESGRACIA", me refiero a antes de How to train your drgaon 2

Capitulo 13 Doble Titulo

La Seiðkona y el Galdr 2

Estoico sintió la tierra desaparecer de bajo de sus pies cuando abrió la puerta de su casa para encontrarse con la escena más extrañamente tierna que hubiera pensado. Ahí en medio de la sala con el fuego casi extinto Bocón dormía a pierna suelta, la cabeza asía atrás y la boca abierta dejando ver sus dientes desiguales, el hombre rubio roncaba sin inhibiciones mientras sobre su regazo Hiccup suspiraba completamente en brazos de Morfeo, en el rostro de su vástago aun se notaban las líneas saladas que habían dejado las lagrimas.

Con suavidad impropia en él acaricio los cabellos castaños dejando que su mano bajara un poco más para limpiar tímidamente la mejilla de su muchacho.

Estoico se alejo de ellos en busca de una frazada, Bocón podía ser un hombre rudo pero no era de piedra y las madrugadas en Berk eran especialmente frías. Con la mayor cautela que pudo avivo el fuego, la noche aun estaba presente y tardaría quizás algunas horas en amanecer.

Sus ojos azules se mantenían fijos en la estampa frente a él mientras su mente repasaba la advertencia de la bruja.

—No te fue bien ¿verdad? — Susurro Bocón desperezándose de su pequeña siesta, hacia solo unos minutos que Hiccup acababa de quedarse dormido después de un extenuante desahogo. Bocón se recompuso en la silla, su espalda terminaría con dolores por mañana.

—No lo sé. Conseguí algunas respuestas pero… —Estoico dio un suspiro mientras extendía el medallón.

Su amigo comprendió correctamente el gesto, sin incomodar a Hiccup lo coloco de nuevo en su cuello. Una vez terminada la tarea levanto el niño entre sus brazos para arroparlo mejor entre las mantas y tendérselo al pelirrojo que lo recibió con una sonrisa. Se veía tan pequeño entre los poderosos brazos de su padre.

—Estoico. Dime ¿qué fue lo que te dijo? —Pidió con suplica.

[…]

—Estoico el Vasto, vuelve a tu casa y entrégaselo a tu hijo, este medallón es un sello muy poderoso que nunca debiste quitarle.

—¿Sello? ¿Qué clase de sello?

La mujer negó firmemente con la cabeza, cada Galdr es diseñado para un propósito especifico, pero este en particular era tan complejo y antiguo que ni ella podía estar segura del todo para que serbia, aunque… —Entre mis dedos se siente como un calmante. Este Galdr pretende dormir el Seid en el interior de tu hijo hasta que esté listo.

—¿Listo para qué?

—Eso deberías saberlo tu Estoico el Vasto, después de todo presenciaste y escuchaste un acontecimiento excepcional, un encuentro con un ser mas allá de nuestro plano espiritual, el antiguo rey de los cielos ha hablado en tu presencia, algo debió llamar tu atención.

—Él dijo: aprovechen bien ese lapso y quizás para entonces logren encontrar como hacer que el mundo los admita y que ese amor florezca sin que ninguno tenga que renunciar por ello a lo que de verdad son.

La Völva levanto la ceja algo desconcertada. —¿Los admita? ¿Amor? Estoico el Vasto ¿estás seguro que eso fue lo que dijo? porque lo que estas insinuando es una aberración, un tabú aun entre los dioses, no por nada Loki fue marginado por fornicar con el caballo Svadilfare, aun tomando en cuenta que fue para beneficio de los mismo dioses. No, es imposible que tu vástago…

—Dijo que había una forma, que siempre la hay aunque él no la conocía.

—Pero ¿Qué podría impulsar, u obligar el señor de los Dragones a tomar medidas tan drásticas? no es como si el ultimo Furia Nocturna fuera a desaparecer si tu hijo muere.

—Lo hará. Si Hiccup muere Chimuelo también fallecerá.

—Escúchate, Estoico el Vasto, lo que expones es imposible a menos que… por ¡Thor Santísimo! ¡Tu hijo ha comulgado con el Dragón! Ellos, ellos… no pensé que tu vástago fuera tan precoz.

—¿Qué? No, eso no ¡Maldición! mujer no metas ideas en mi cabeza. Ellos están unidos por otros medios.

Thorbjorg lo miro suspicaz, ¿otros medios? No podía estarse refiriendo al intercambio de corazón. O ¿sí?

Ella lo observo detenidamente, sus ojos negros volvía a brillar con aquel tiente dorado tan irreal logrando con su magia escanear cada pensamiento del jefe vikingo. Sus manos fueron llevadas a su boca en busca de acallar un grito de sorpresa y miedo. Era imposible lo que estaba leyendo y sin embargo no había posibilidad a duda. El muchacho y el dragón estaban unidos de por vida.

Teniendo delante de ellos una difícil decisión de la que no estaban ni enterados.

Que injusta era la vida. O quizá era mejor decir, que costosos son los deseos.

Si Hiccup aceptaba convertirse en dragón perdería todo, su padre no volvería a saber de él jamás y Berk quedaría sin líder. Por el contrario si el dragón se volvía humano, el último descendiente del rey original se extinguiría de la tierra llevándose con él el último vestigio de la magia en el mundo.

Eso equivalía a que en pocos años los dragones se extinguirían, y para personas como ella, hasta la última gota de Seid en sus venas se evaporaría. Todos los entes en la naturaleza, a excepción de los hombres, sabían que los dragones son el puente entre el mundo de los dioses y la tierra.

¿Qué era mejor? ¿El sufrimiento de un padre o una pérdida mundial?

Thorbjorg miro a Estoico, sus ojos eternamente azules estaban bañados de miedo y dolor. Si la decisión fuera de ella, ya le habría arrancado las alas al dragón. Después de todo ella misma sufría las consecuencias de ser una Seiokona, no era fácil mantenerse lejos de todos, siempre observando el futuro de los demás sin llegar al suyo porque estaba atascada en un tiempo sin tiempo. Pensando que quizás si nunca hubiera sabido del Seid en su interior ella tendría una oportunidad con el hombre que amaba, pero no, el día que había elegido confesarle sus sentimientos a su amigo de la infancia el destino la llamo, su poder se disparo y tuvo que abandonar Berk y junto a su pueblo a Estoico el Vasto.

—Lo único que puedo aconsejarte en esta situación es, ten fe, si el mismo rey de los cielos confía en ellos entonces no hay mucho que podamos hacer.

Estoico bajo la cabeza, no era eso lo buscaba escuchar cuando viajo hasta ahí en su busca.

—Pero te hago una promesa, cuando el tiempo llegue estaré ahí para ayudar a tu vástago. —Una mano se coloco en su pecho de forma afectuosa y falta de lujuria. —Si a pesar de eso, algo resultara mal y tú o él necesitaran refugio, vuelve aquí, mis puertas siempre estarán abiertas para ti.

—Gracias Thorbjorg, sabía que podía contar contigo.

La mujer asintió sin añadir nada mas solo observando la ancha y poderosa espalda del jefe de Berk alejarse de ella. Cerró los ojos sintiendo las lagrimas amontonarse, dolía saber que Estoico continuaba con su vida, que envejecía y algún día moriría lejos de su regazo de su cariño, mientras que ella se mantenía con esa misma figura, la de una mujer de veinticinco años. ¿Pero de que le serbia la juventud en la soledad de aquella cárcel helada?

Sintió el cálido abrazo en que la apresaron, el olor viril de la tierra adusta y la dureza de los músculos del cuerpo masculino del vikingo, además del anhelado aliento sobre su fino cuello.

—Si te sirve de consuelo, nunca deje de amarte de la única forma en que mis ojos solían y aun, suelen verte.

La pelinegra jadeo aferrándose con desesperación al pelirrojo y sollozo porque sabía lo que venía, la confirmación de sus mayores pesares.

—Como mi dulce y linda hermanita.

La Völva no lo soporto mas y lloro amargamente porque ella sabía, se fue antes de que Estoico comenzara a pensar como hombre, lo había perdido antes de siquiera tener una oportunidad de conquistarlo, él nunca la miro como a una mujer.

—Vete ya. —Ordeno intentando mantener el poco o nulo orgullo que aun le quedaba. —Te deben estar esperando.

Estoico asintió caminando tranquilamente y ella logro ver en los recónditos lares de la mente del vikingo dos gemas azul cielo. Y entonces solo para ella sonrió tristemente, no era la única que sufría por el amor no correspondido.

Él aun sigue contigo. Aun sigue esperando, igual que yo.

Con el cuerpo tembloroso y la tristeza aun presente en su mirada negra corrió fuera de la casa para dar alcance al hombre antes de que se marchara.

—Estoico. —Llamo viendo al pelirrojo ya montado en el Trueno Tambor. Él espero por la continuación de aquella palabra. —Dile que el mundo sigue… que el destino es sabio… y que no importa cuándo, el amor siempre es devuelto.

Estoico intento preguntar ¿a quién estaba dirigido ese mensaje? Su vista repentinamente se vio nublada, un viento espeso le cubrió, segundos después estaba justo en medio de la nada, no había choza, ni caverna, ni siquiera indicio de alguna montaña cercana.

—Gracias Thorbjorg. —Susurro consciente de que ella había intervenido para que él pudiera hablar con ella, de otra forma jamás la hubiera hallado.

[…]

—Entonces estamos igual que en el principio. —Conjeturo Bocón soltando un suspiro. Estoico asintió. —Bueno, al menos sabemos que Hiccup es peligroso en sus días de mal humor y que ese medallón le ha retirado sus nuevas y fabulosas habilidades de guerrero.

Estoico lo miro confundido.

—El día de hoy Hiccup volvió a ser Hiccup, y por lo que pude observar ya no pude comunicarse con el Furia Nocturna. —Hubo un silencio y luego anexo. —Estoico, no voy a permitir que vuelva al entrenamiento, si quieres que practique lo hará conmigo y bajo otros términos.

El jefe vikingo asintió, completamente seguro de que Bocón tenía motivos sobrados para tal demanda. Además su amigo jamás se había arriesgado o equivocado en cuanto a Hiccup. El herrero para su vergüenza siempre comprendería más a su vástago de lo que él lo hacía.

—Está bien. —contesta Estoico observando la inmediata relajación en los hombros del rubio, gesto que le arranca una sonrisa, seguramente Bocón había preparado todo un discurso en caso de que se negara. —Por ahora todo volverá a la normalidad. Así que prométeme que no le dirás nada a mi hijo. Esto nunca paso.

Bocón afirmo con la cabeza mientras sus ojos tristes y aun fijos en Hiccup decían lo contrario.

Tres meses antes de la desgracia.

Hiccup salió a todo correr de lo que antes era la arena de entrenamientos y que él a últimas fechas había convertido, con apoyo de su padre, en el centro de lo que mañana seria inaugurado oficialmente como el estadio para la carrera de dragones.

No era la primera vez que sus amigos y él participaban en esa competencia, pero si en la que cualquier miembro del pueblo de Berk podría inscribirse. Los equipos conformados en parejas de dos dragones, debían sumar un número aceptable de puntos para continuar al siguiente nivel.

Patapez había escrito y moderado la reglas del juego, escogiendo como blancos las ovejas, que dependiendo del color que tuvieran dibujado sumarian puntos de 5, 10 o hasta 15 puntos siendo el broche final la oveja negra, que equivalía a 80, de esa forma un equipo con pocas posibilidades podía voltear el marcador en el ultimo momento.

Todos habían estado muy entusiasmados con la idea, se barajeaban un total de 40 participantes. Berk había cambiado mucho, tanto como Hiccup mismo.

O mejor dicho, casi todo, porque había cosas que se mantenían intactas.

Astrid salió tras él mirándolo montar de un ágil salto a Chimuelo que despego en el instante mismo en que sintió el peso de su jinete.

—Más te vale no olvidar la cena con mis padres. —Grito en forma de amenaza la rubia solo para ver como el castaño le hacia una seña afirmativa con la mano sin darse siquiera la vuelta para mirarla a los ojos.

Ella dio un suspiro, Hiccup seguía siendo algo lejano, eran buenos amigos y tenían confianza mutua, pero no podía decir que eran pareja sin sentir un cierto temor en sus palabras, no actuaban como enamorados, bueno, no en la forma en que a ella le gustaría, porque siendo realistas Astrid no se opondría si Hiccup llegara con flores, como vio hacer a Patán con Brutilda hace dos noches, o tal vez recibir un lindo verso exaltando sus cualidades como el que Patapez le recito a la misma chica rubia.

No, Hiccup seguía siendo el mismo chico soñador que volaba libre la mayor parte del día y que le dedicaba, si tenía suerte, dos horas y para colmo nunca a solas. Pero ella ahora había madurado lo suficiente para saber que no podía cambiar a Hiccup y que si de verdad pensaba en una vida a su lado debía también aceptar que Chimuelo siempre llevaría un lugar delante de ella, pero que no por eso ella era menos importante. El dragón siempre seria su mejor amigo, una parte de él tan indispensable como si se tratara del miembro que había perdido, era su muleta emocional y psicológica de la que con el tiempo y su cariño se desprendería. Pondría su mejor esfuerzo para que de esa forma Dragón y jinete un día pudieran decirse adiós y por fin conseguir su independencia.

Con ese pensamiento se devolvió dentro del estadio, aun tenían muchas cosas que preparar.

Hiccup sonrió tristemente, la cena con los padres de Astrid era un evento al cual no deseaba asistir, en estos últimos cinco años había mantenido la apariencia frente a todos, no, lo correcto sería casi todos.

Chimuelo descendió cerca de punta cuervo, ahí donde ellos mantenían su refugio especial, la cala, notando de inmediato al rubio vikingo que tranquilamente se mantenía sentado cerca del lago mirando su reflejo en el agua.

Aun en vuelo Hiccup desmonto haciendo al herrero levantarse abruptamente y casi caer de espaldas cuando el castaño aterrizo justo frente a él.

—¿Te asuste? —Pregunto burlón recibiendo un golpe en el hombro en respuesta por parte de Bocón. —¡Auuu! —Se quejo el castaño dramatizando. —Te voy a acusar con mi padre de maltrato infantil.

—Esa ni tú te la crees. En tres meces cumplirás veintidós… ya estas mas crecidito que un Yak en tiempo de cosecha.

—Ni lo menciones, mi padre a comenzado a preguntarme en donde quiero que construya mi choza. Incluso se atrevió a decir que el mejor sitio seria la punta del viejo Mildew. —Hiccup se cuadro inflando el estomago, coloco sus manos detrás de su espalda y engroso la voz para comenzar con la parodia a su progenitor. —Tú sabes que está cerca del acantilado desde el cual es fácil planear, tiene un enorme patio y es insonoro para el resto de Berk. —Hiccup ya no aguanto el aire y se desinflo como globo. —En realidad, creo que la palabra que empleo fue "PRIVADO" —Exalto algo indignado. — No sé porque enumero precisamente esas características. Digo, pudo haber dicho algo más convincente como: estarás lejos de los deberes de líder y puedes escapar cuando no quieras atender a tu pueblo siempre insatisfecho. Además no es como si después de mi cumpleaños me fuera a mudar inmediatamente, o es que acaso ya le incomoda mi presencia o la de Chimuelo.

Bocón rio. —No creo que sea eso, y bueno, los vikingos no siempre son tan molestos, debe haber algo bueno en eso de ser jefe.

—Sí, que cuando te equivocas te linchan y ya está, no tienes que disculparte.

—Hiccup.

—¡Que! Sabes que es verdad, cuando algo no les parece, toma un hacha y lo eliminan. ¡Listo! sigamos con el día.

—No todos.

—Menciona uno que no. —Reto levantando coqueto su ceja castaña.

Bocón sintió el corazón latirle a toda prisa, Hiccup ya no era un niño, ahora era un hombre apuesto, mucho más de lo que Estoico llego a ser en su mejor época, tal vez un tanto bajo de estatura pero en gracia y simpatía nadie lo igualaba. Y sin embargo jamás podría verlo de otra forma que no fuera como a un hijo.

—Deja de sonrojarte o pensare que le estas siendo infiel a mi padre con el pensamiento. —Dijo Hiccup juguetón alejándose lo más rápido que podía antes de ver pasar cerca de su rostro la primera piedra.

—Eres un desvergonzado, jamás debí contarte eso. —Grito el vikingo rubio tomando otro proyectil que lanzo sin remordimiento.

—¡Ey! Tranquilo, tranquilo. No es como si tú no supieras mis secretos. —Alego en su defensa mientras intentaba ocultarse detrás de las raíces del árbol de donde Chimuelo solía colgarse a dormir.

—Yo no los uso en tu contra.

—Está bien, está bien. Me disculpo por pensar que tienes ojos para alguien más. Ahora si me dejas salir, me gustaría mostrarte algo.

Bocón dejo sus municiones de regreso en el piso balbuceando algunas malas palabras y suspirando profundo para calmarse, una vez sereno noto cierta falta. —¿Y en donde se ha metido ese noviecito tuyo?

—Bocón.

—Tú te burlas de mí. Además, yo por lo menos disimulo mi debilidad, tu para nada, si no fuera porque ya es normal ver a humanos y dragones convivir amistosamente creo que más de uno ya estaría sospechando, porque admitámoslo tu te pasas de AMISTOSO con el Furia Nocturna.

—Ya deja eso. —Dijo dando la vuelta para ocultar su rubor, de entre sus ropas saco a la espada llamenante.

—Otra vez eso… —Exclamo poniéndose a una distancia segura.

—Pero ya termine de darle los últimos retoques. Vamos Bocón, dale una oportunidad.

—Hiccup yo soy un vikingo chapado a la antigua, me gustan las espadas que cortan, no las que escupen fuego como un Nader borracho.

—¡Si claro! Chapado a la antigua, tan fijo en sus creencias que eres el mejor amigo de un dragón cuando les duele la muela, tan recto que tiene un romance imaginario con mi padre, y tan anticuado que no importa el arma que te muestre tu me apoyas… Bocón, tu eres todo menos un vikingo convencional, tu eres el único en esta isla que valora mis inventos y que tiene la suficiente inteligencia para hacerles alguna aportación para su mejora. Tal vez sean mis ideas y mi trabajo lo que los hacen posibles, pero las bases; cómo fundir metal de tal manera que entre mis manos sea maleable a mis deseos, el cómo calibrar un arma para que sea parte de tu persona y no un estorbo, hasta si lo pones en términos filosóficos, como darles un alma a objetos inanimados en busca de que sean propios, me lo enseñaste tu.

Bocón nunca lo dijo, pero se sentía orgulloso de lo que Hiccup era. Ese gallardo muchacho había estado esos cinco años bajo su tutela y le había enseñado todo cuanto sabia, desde armas hasta tácticas de pelea, pero a diferencia de él Hiccup no era del tipo que usara la fuerza bruta, su astucia e ingenio eran lo que lo convertía en un enemigo peligroso a pesar de que el castaño no lo creyera así.

El conocía mejor que nadie todas las sorpresitas que guardaba el traje de vuelo de su pupilo. Las dagas diminutas escondidas en los antebrazos que el joven vikingo había ideado después de la última desastrosa practica con su tío. Los garfios que con un movimiento sobresalían de su bota y prótesis para permitirle escalar con mayor rapidez y seguridad, la ballesta desarmable que se camuflajeaba en su brazo izquierdo y muchos otros aditamentos más que solo buscaban un objetivo.

Sé que no puedo ser un dragón, pero voy a intentar asemejarme lo más que pueda a uno. —Había dicho entre lágrimas el castaño esa noche en que le pidió hablar con él. —Bocón ¿está mal que anhele volar a su lado? ¿Estar junto a él por siempre? ¿Que mi más grande deseo se a ser un dragón?

Tanta inocencia y tanto amor que sin saberlo era correspondido. Estuvo tenado muchas veces a decirle la verdad, gritarle que montara a su alma gemela, a su esposo, y se marchara a cualquier lugar lejos para encontrar su felicidad. Pero recordaba la promesa que le hizo a Estoico y declinaba.

El rubio dio un suspiro. —Está bien, está bien. Solo apunta hacia otro lado, la ultima vez tuve que recorta las trenzas de mi barba casi una cuarta.

Hiccup sonrió asintiendo. De un suave movimiento las flamas que salían del mango formaron la figura de una espada, la llama dorada finalmente controlada se mostraba como lo Hiccup había pasado horas intentando crear.

—Te presento a Inferno.

Bocón se quedo sin habla, era impresiónate. Sin borrar su sonrisa dio una reverencia marcada. —De verdad te he enseñado bien.

—Y aun hay más. —Sin esperar contestación Hiccup corrió solo para de un rugido; Bocón jamás entendería como lograba hacer ese sonido, llamar a su pareja.

Chimuelo apareció rápidamente y con Hiccup en la espalda comenzaron a elevarse. —¿Listo amigo? —Pregunto solo para recibir quejidos inconformes. —Es por una buena causa, debo impresionar a mamá.

El Furia Nocturna rodo los ojos, aun no terminaba de entender como un macho podía ser llamado de esa manera.

Bocón miraba desde abajo viendo al dragón necroso alejarse de su vista, entrecerró los ojos por la luz del sol. Sus ojos azules se abrieron de la impresión y su boca los imito conteniendo un grito ahogado, sus pies comenzaron a correr en dirección a donde su cerebro calculaba terminaría por estrellarse un estúpido muchacho que acaba de dejarse caer del lomo del reptil.

Fueron los segundos más angustiantes de su vida, Chimuelo seguía a Hiccup en su descenso pero con cierto espacio entre ellos. ¿Qué estaba esperando para atraparlo? Se preguntaba el rubio.

En un dos por tres Hiccup por fin le mostro su último proyecto, de los costados de su traje extendió dos pequeñas membranas que lo propulsaron hacia arriba de nuevo.

—Por Thor. —Jadeo el dentista. —Hiccup está volando. HICCUP ESTA VOLANDO. —Grito festejando y bailando de alegría. Silbando como loco debido al cambio súbito de emociones, porque segundos después regreso al pánico. —Hiccup. —Llamo aterrado.

Hiccup sin poder frenar o dar vuelta acaba de estrellarse de forma nada elegante contra un enorme árbol, porque ni por más que lo intento Chimuelo no logro llegar a tiempo.

Las manos de Bocón buscaban desesperado entre la vegetación rogándole a todos los dioses del Valhala por encontrar al muchacho un tanto magullado pero completo. Bueno, lo más completo que Hiccup puede estar.

—¿Y bien que te pareció? —Pregunto emocionado Hiccup, como si la colisión de hace solo unos instantes fuera nada.

—Muchacho del demonio casi me matas del susto.

El sonido de la hierba al ser pisada alerto al castaño, de un rápido tacleo derribo al herrero justo antes de que una bola de plasma pasara sobre sus cabezas.

—Creo que no fuiste al único al que casi infarte con mi aterrizaje.

—ESO NO FUE UN ATERRIZAJE. —El grito del rubio se mesclo con el gruñido del dragón dando a entender perfectamente que ambos reclamaban lo mismo.

—¡Ya! Son gajes del oficio, además estoy bien. —Con felino andar se acerco al reptil que remilga sin desear mirarlo de frente, con delicadeza sus dedos se escurrieron con firmeza para tomar por el rostro a su dragón. —Si te consuela te diré que si llego a morir al menos estoy contento de que sea a tu lado. —su tono sensual estaba embobando al Furia Nocturna, o eso fue hasta que entendió el significado de sus palabras y correspondió con una moderad cachetada de su oreja. —¡Huy! Que genio.

Hiccup sonrió, estaba por decir algo mas cuando un empujón desaprecio los escasos centímetros que los separaban, sus labios sin remedio se estamparon contra la trompa del Dragón haciéndolo sonrojar, se alejo de su compañero con las intensiones de reclamar, cuando de nuevo volvió a sentir sus labios siendo presionados por una legua bífida que con delicadez parcia delinearlos. Hiccup cerró los ojos sintiéndose en el cielo. Estaba mal, muy mal que disfrutara de aquella manera la cercanía con un ser que ni de su especie era. Con culpabilidad dio un paso atrás arrepintiéndose de haber estado a punto de abrir la boca en busca de un contacto más intimo, con la mirada fulmino al responsable.

Bocón miraba el cielo haciéndose el desentendió, como si él en primer lugar no hubiera sido el causante de aquella escena.

—No puedes decir que no te gusto.

—No es eso, se supone que tienes que ayudarme, no lanzarme a la boca del lobo…

—Te ayudo, veo que te mueres de ganas por acercarte a Chimuelo y te doy un empujón para…

—¿Para qué cabe mi tumba? ¿Qué va a pasar el día que mi padre nos vea? o peor aun ¡Astrid!…

—¿les tienes miedo?

—No que va, si me encantaría ver cuántas hachas es capaz de clavar en mi entrepierna antes de que me desmaye, o que tan avergonzado y decepcionado puede llegar a sentirse mi padre. Toda mi vida busque convertirme en su tipo de vikingo y ahora que casi lo he logrado, no voy a echar por tierra todo lo que…

—¿Y prefieres vivir engañándote en vez de enfrentarlo con valor y luchar por lo que de verdad quieres?

—Tú no puedes decir eso, no eres precisamente un ejemplo a seguir.

—Por eso lo digo, ¿quieres terminar como yo? Triste y solo al final de tu vida pensando que quizá hubiera sido mejor cualquier cosa antes que morir lentamente ante la incertidumbre y el miedo.

Hiccup se quedo cayado, jamás pensó más de un minuto en el verdadero tormento que vivía Bocón día con día. Siempre cerca de quien amaba sin logar ni efímeramente tocarlo, cuanto auto control necesitaba. Porque ni él lograba contenerse, se abrazaba a Chimuelo, dormía junto a él y jugaban a veces hasta por horas, cuando tenían la suerte de que el clima lo permitía, en la playa detrás de los riscos de la isla. Al menos Hiccup tenía roces que le apaciguaban, pero Bocón.

—Hiccup, tu padre entenderá, él te apoyara en lo que decidas, es hora de ser honesto, el tiempo avanza y no vuelve y para cuando te des cuenta no podrás reparar los daños. Estoico es un buen hombre y te ama, sabrá corresponder a tu sinceridad si tu…

Y entonces todo calzo a la perfección, esa forma tan segura de afirmar, las insinuaciones de su padre sobre la privacidad.

—Se lo has dicho. —Susurro Hiccup.

—¿Qué?

—Se lo has dicho. Tú se lo dijiste. —Afirmo molesto

—Hiccup yo no.

—Cómo pudiste, se supone que era un secreto, confié en ti antes que en cualquier otro. ¿Cómo has podido?

—No es tu enemigo, Hiccup estamos hablando de tu padre él…

—No es el hecho de que lo sepa, si no de que me traicionaste.

Bocón abrió la boca pero por primera vez en su vida no supo que decir.

Hiccup sin pensarlo dos veces monto a Chimuelo alejándose del lugar. Las lagrimas comenzaron a amontonarse en sus ojos verdes, hacía años que no lloraba, tantos años deseando no volver a hacerlo, ser más fuerte, sin contar que hay golpes que duelen mas porque vienen de quien más quieres.

Con coraje abrió parte del cuello de su traje, tirando de la cadena plateada que llevaba puesta, el dije en forma de dragón destello cual diamante apenas ser tocado por los rayos del sol. Recordaba aquel regalo, su padre había sonreído asegurando que era especial mientras que Bocón afirmaba que lo hacía lucir distinguido.

—Y yo pensando que podríamos ser una familia. A uno le temo y en el otro no confió, esa no es una familia. —De un tirón rompió la cadena dejando caer la alhaja completa al mar. —Ya no necesito esto.

Continuara….

Maldición mi estúpida USB mato todos mis archivos y estuve a un palmo de no actualizar hoy. Tuve que volver a reescribir este capítulo y por supuesto que es mucho más corto de lo que en principio pensé. Además creo que por ahí se colaron cosas nuevas.

Diantres… odio cuando me pasa esto, tenía tres capítulos avanzados y ahora…. Bueno paciencia, paciencia, porque este no fue el único fic del cual perdí continuación…

Casi me tiro de la azotea. Mi grito ¡QUE ME LLEVA LA GRANDISIMA P…! Despertó a una cuadra entera, hasta hizo aullar a los perros.

Si despertaron a las dos de la mañana por ese grito, entonces viven cerca de mí. jijiiiiji

Bien lamento no poder contestar comentarios pero como ven apenas si tuve tiempo de anexar esta pequeña nota.

Nos leemos en el siguiente cap.

Comentarios, dudas, aclaraciones, reclamos porque se está extendiendo y se vuelve aburrida… se acepta de todo.

Bye…