Hola! Me he sorprendido bastante con tantos reviews y muestras de afecto por este fic (también con amenazas por dejarlo en la parte más emocionante). Desde el viernes escribí el capítulo peeero no pude actualizar, para los que no saben yo escribo y publico este fic específicamente en horas de trabajo ahahhaa Ah, gracias por seguir esta historia, me conmueven. ¡Saludos y disfruten!
Kageyama tenía tan poca fuerza de voluntad, se mofaba de los que carecían de esta y ahora él la había perdido totalmente, culpa de "Hinata-chan". Por si no fuera suficiente el hecho de que se veía muy bien vestido como una señorita y que, efectivamente, tenía un extraño fetiche por las faldas, ahora el chico se le había prendido del cuello besándolo. El pelinaranja era un inexperto, era torpe y simple; Kageyama estaba un poco irritado por ese mar de emociones que había estado reprimiendo desde aquella vez, ese sudor en las manos cuando veía al chico, ese palpitar, enmudecer frente a él y desvelarse por las noches con un dolor en el pecho pensando que lo odiaba.
Había pasado ¿Cuánto? ¿Un mes? El tiempo iba rápido. Recordó cuando se besaron por primera vez en aquella colchoneta del gimnasio, ¡vaya beso! no fue precisamente uno inocente pues Kageyama ya se encontraba dentro del chico embistiéndole. Ese recuerdo abordó a ambos dentro de aquella unión de sus labios, el instante en que en el dolor de Hinata y el temblor de Kageyama este tomó las manos del menor, entrelazó sus dedos y lo había besado con dulzura.
Ahora era diferente, ahora era Hinata quien tomaba la iniciativa y eso destruía todos los planes del pelinegro sobre ir lento, paciente, tomarse su tiempo para enamorar a aquel chico. Kageyama respondió el beso para sorpresa del otro, le tomó de la cintura y lo apegó contra la puerta de la casa. Era gracioso como aquella pancita los separaba pero aun así el contacto de las manos del otro podía sentirse. Tuvo que ponerse de puntitas, maldijo la estatura del otro pero regresó a su posición inicial cuando sintió como el otro se inclinaba tal vez para que estuviera tan cómodo ¿Quién diría que el chico se tomaría esas atenciones con un plebeyo?.
Kageyama atrapó con sus labios el del pelinaranja y jaló un poco de este acto que hizo sonrojar al extremo al pequeño, sentir como su labio inferior era levemente estirado, como ese movimiento no dolía pero era muy íntimo le revolucionó las hormonas nuevamente. No importa como lo vieras, Hinata últimamente veía muchos doramas por culpa de su hermana y podía asegurar que ese beso era uno de amantes y no de amigos pero ¿Por qué?.
Con los dedos le apretó la camisa al pelinegro y de igual forma apretó sus ojos. Kageyama se separó, vio esa expresión en su rostro, verle las mejillas sonrojadas y los parpados temblorosos ¡Ah! ¿Cómo se podía ser tan adorable? Le besó la mejilla mientras el otro ponía las manos en el pecho del más alto decidido a separarlo aunque su corazón decía que no era buena idea, que lo dejase consentirlo.
-Ka…Kageyama esto no…- no tenía caso negarse, él mismo había empezado a causa de sus propios impulsos y debía atenerse a las consecuencias. No pudo seguirse quejando al sentir como esos besos tiernos descendían hasta su cuello. Ahí sintió sus pies flaquear, un gemido escapó de sus labios y volvió a aferrarse de las prendas del chico en señal de que no se separase. Ese lugar, ese punto era su debilidad. Justo cuando los labios húmedos del otro se paseaban por la piel que recubría su yugular un sonido lo detuvo, un auto.
-Alguien ha llegado – Hinata tardó tres segundos en procesas las palabras y empalideció.
-Ah, ¿Qué hago? Si me ven así yo…-no terminó de hablar, tomó al chico y a su mochila y lo arrastró por las escaleras hasta su cuarto mientras el más bajo se sostenía la peluca para que no cayese cerrando la puerta tras de él para después escuchar como la de su casa se abría.
-Sh…no digas nada. –Hinata estaba dentro de su habitación callado. Escuchó un grito desde abajo.
-¿Tobio? ¿Estás en casa?- a lo que respondió
-Sí, estoy aquí…
-Llegué un poco más temprano, cosa de un festival en el trabajo –seguía hablando desde abajo aquella voz- traje comida para cuando gustes.
-Sí, gracias –dijo y cerró la puerta con seguro para recargarse en ella y arrastrarse hasta el suelo flexionando las piernas. Hinata le veía de pie en medio del cuarto sin saber que decir, era un silencio incómodo hasta que el otro atinó a hablar – dejé la llave de esa cosa abajo…
-Ya... deberías ir por ella yo… no quiero que me vean así en tu casa –jugueteaba con sus propios dedos nervioso mirando al suelo.
-Solo espera un momento… -dijo el chico pegando su frente a su propia rodilla.
-¿Pa…pasa algo? –preguntó preocupado de la actitud del otro, dio un par de pasos hacia él. Tal vez al correr tan repentinamente se había lastimado. Kageyama le hizo una seña para que se detuviera- ¿Te lastimaste? ¿Qué tienes?
-Silencio yo… -alzó el rostro, un muy leve carmesí le adornaba las mejillas y miraba a otro punto – yo necesito tranquilizarme – Hinata no entendía ¿Tranquilizarse? ¿A qué se refería? Miró como el otro cubría esa zona y cayó en cuenta a que se refería volviendo a sonrojarse con fuerza. El chico estaba "emocionado" ¡Por un beso! Pero no era uno cualquiera era con Hinata y este tenía la habilidad natural de ponerlo.
-Ya..yo..esto…-no era un tema que pudiera hablar, digo…ya había llegado a un nivel muy alto de intimidad con el otro pero no era lo mismo hacer esas cosas que hablar de esas cosas. Aun así en su curiosidad Hinata estuvo investigando y entendía muy bien del vergonzoso tema, tal vez más que el mismo Kageyama lo cual era sorprendente. Miró a otro punto y se giró sobre sus talones hacia la pared – p..puedes hacerlo no te veré –dijo caminando hacia el muro pegando su cabeza a él. Kageyama alzó una ceja ¿Hacerlo? ¿Hablaba de tocarse hasta calmar eso?
-Solo debo esperar a tranquilizarme –frunció el entrecejo.
-¿Estás seguro?
-¿Estas tu seguro de que quieres que lo haga aquí y ahora? –Hinata tragó saliva. Un silencio tenso se adueñó del ambiente mientras jugaba con la tela de su vestido mirando al suelo. Es cierto, esa una proposición tonta estaba fuera de lugar ¿Qué estaba pensando? ¡Ah, estaba tan avergonzado! - … no voltees…-dijo Kageyama y el corazón del pelinaranja se detuvo. Escuchó el cierre bajar y las ropas moverse, no podía creer que estuviera pasando eso. Recargó la frente contra la pared y por un momento no escuchó nada pero sabía que estaba pasando, estaba helado ¿Cómo debía reaccionar a esta situación? ¿Cómo Kageyama podía estarlo haciendo? Pasó un minuto que para Hinata fue una eternidad hasta que escuchó un suspiro proveniente del otro.
-Ka..Kag…-se detuvo, ese último suspiro se escuchó cerca y se tensó al sentir algo sobre su cabeza. El pelinegro pegó la frente a la cabeza del chico, se había parado y caminado hasta ahí. ¿Por qué? Solo se podía preguntar el pelinaranja cuando los dedos del otro, que se había inclinado levemente, empezaron a levantar la falda rozándole la pierna con delicia. Un gemido más, el más pequeño pegó las manos a la pared sin quejarse cuando sentía las caricias del otro, cuando le tocaba así y no cabía de entender si aquello era deseo por parte del pelinegro y si ese deseo era hacia él o hacia la dulce chica que lucía.
-Hinata…-susurró sorprendiendo al otro ¿eso respondía su pregunta? No lo sabía, tal vez no quería saberlo porque a partir de ese punto muchas cosas podrían cambiar, romper nuevamente esa línea podía ser una gran diferencia. El sonido de sus actos fue más claro y sintió como los dedos de aquella mano se clavaron en su pierna arrancándole un gemido y justo cuando iba a quejarse sintió calidez, algo en su propia pierna. –lo siento…te he manchado…-dijo con la respiración agitada.
-¿Qué tu qué? –dijo pálido, mirando de reojo al más alto.
-Sostén tu ropa no queremos que se manche o nos reprenderán –dijo pasándole el borde de la falda para que la levantase – iré por papel y …por las llaves –se acomodó las ropas apenado y caminó para salir de la habitación ante un impactado Hinata. Kageyama se había masturbado diciendo su nombre a sus espaldas ¿Qué demonios se creía? Estaba enojado, sonrojado, avergonzado pero sobre todo confundido y asustado.
Esperó ahí de pie en la habitación con la falda alzada de la parte trasera y con un puchero en el rostro viendo ese vientre falso mientras los cabellos de la peluca caían a los costados, ese día oficialmente había sido horrible, demasiadas vergüenzas ¿Por qué le pasaban esas cosas a él? Claro, porque era Hinata y a los Hinata del mundo les iba mal. Seguro alguien se estaba burlando de sus "desgracias" o era una enseñanza del destino que decía "piensa bien lo que deseas". Suspiró resignado cuando vio a Kageyama entrar al cuarto con las llaves y una caja de toallitas de papel. Sacó un par y dejó la caja en la cama para ponerse en cuclillas y como si fuera muy natural empezó a limpiar el rastro que había dejado en la pierna del chico y que se estaba escurriendo.
-Está limpio…-dijo tirando los papeles en el cesto y limpiándose las manos con otros, solía ser cuidadoso con esas cosas. Miró a Hinata que seguía en medio de la habitación pero este ya se había soltado el vestido. –Vamos a quitarte eso… -Hinata asintió sin decir nada, raro en él pero estaba algo abrumado por todo aquello que sentía. Miedo, incertidumbre, deseo, felicidad ¿Qué era? ¿Cómo definirlo?
Kageyama paseo hacia enfrente la peluca del chico y desprendió el cierre que estaba en la espalda, Hinata por sí solo no hubiera podido quitarlo. Lo bajó desnudándole la espalda y poco a poco, empezando por los hombros dejó caer la prenda. Miró el seguro de aquella panza falsa y buscando la llave abrió los dos seguros que tenía, no eran grandes pero si poco común. Hinata sintió como se quitaba el peso de encima, como se relajaban sus hombros al desprenderse de aquello pero le dejaba con una sensación de vacío.
-Listo..oe ¿tienes tu ropa en la bolsa, no? –Hinata se quedó en silencio y el otro desesperó un poco- ¡oye!
-¿Por qué? ….-preguntó lastimero- ¿Qué nos está pasando? Yo no entiendo… no entiendo por qué me gusta esto… sé que estoy creciendo, que es normal y lo leí en tantos lugares pero yo –se talló las mejillas, estaba llorando- no soy una chica – miró los largos cabellos caer frente a él – si lo fuera sería más fácil entender todo esto pero no…
Hinata tenía razón. Sus padres, maestros, conocidos decían que esos sentimientos que ellos experimentaban debían ser por los opuestos pero ellos lo sentían, se atraían, les gustaba ¿Qué hacer? "No soy una chica, si lo fuera sería más fácil…" aquellas palabras llegaron al otro, las atrapó al igual que el hombro desnudo de Hinata haciéndolo girar y con cuidado le desprendió de la peluca mostrando sus cortas hebras en naranja. Aquel le miraba con sus grandes y expresivos ojos esperando algo, necesitaba escucharlo y justo cuando Kageyama iba a hablar sonó la puerta.
-Tobio ¿Está alguien más contigo? –preguntó la voz al otro lado.
-Si…es Hinata –dijo mirando a los ojos al chico, ya sin esas prendas no había problema si lo veían.
-Oh. ¿Se quedará a dormir? Está atardeciendo –Kageyama entrecerró los ojos y miró la puerta.
-Sí, se quedará aquí esta noche…-respondió. El pequeño se sorprendió.
-Bien, si quieren cena ahí está en la mesa…-el pelinegro respondió con un "Gracias" y aquellos pasos se desaparecieron por el pasillo.
-Yo tampoco puedo entenderlo… pero si no me gustara no lo haría… -Kageyama miró nuevamente a los ojos, ahí estaba temblando– llama a casa y quédate por hoy…-susurró, Hinata asintió, ya no tenía fuerzas para luchar contra ello.
Y el tiempo que tuvo que esperar para que la noche llegara pareció un parpadeo, en la comodidad de la cama del contrario podía ver sus ojos y eso era vergonzoso para ambos pero, como si fuese un concurso de resistencia, se miraban encontrando en el otro cosas confusas, profundas e intensas. Debajo de esas sábanas blancas con solo la luz de la luna iluminando Kageyama le miró los labios y se acercó besándolo suave. Era incomprensible el cuándo y cómo empezaron esas sensaciones pero era fantástico.
Exploraba por encima de las prendas del menor, ya le conocía pero se maravillaba nuevamente con esa suavidad que tenía, le besaba el cuello y sabía que esa era su perdición, le desprendía de la camisa y descendía por los hombros, los brazos y volvía a los labios de Hinata marcándole un ritmo. Se arrodilló frente a sus ojos y se quitó la camisa mostrando su pecho, en la ocasión pasada no vio el cuerpo de Kageyama, fue el único desnudo de todo esto por lo cual se sonrojó a sobre manera.
Ahora sentía como la calidez de ambas pieles chocaba, rozaba e interactuaba. Como sus manos maestras le acariciaban las piernas y le desprendían del pantalón de pants que traía a lentitud, disfrutando, deleitándose del contacto. Suspiraba a su oído, Hinata le seguía mientras su desnudez se hacía más y más presente conforme pasaban los minutos, las caricias, los besos. Era tan mágico, como un sueño.
Kageyama buscó el elástico de su prenda, lo bajó, se lo arrebató a si mismo quedando en igualdad de condiciones. Era lo justo. Ambos asustados, temblorosos, ahora era reciproco, ahora ponían de su parte en el acto. El pelinegro se movía hacia él fingiendo embestidas, provocándole, estaba funcionando. Hinata apretaba los ojos conteniéndose, era imposible hacerlo por lo que suspiraba, se estremecía.
Más besos, más caricias y la última prenda caía. Parecía no tener fin pero en realidad se tomaba su tiempo, el menor parecía ansioso pero esos besos lo invitaban a tranquilizarse, a sentirlo. Se separó, sus respiraciones agitadas, sus cabellos desordenados. Kageyama lamió sus propios dedos y el menor sabía que pasaría. Se aferró a sus hombros y dudó, dudó por un momento. La vez anterior a esa una brecha entre ambos se había construido y ¿Si volvía a pasar? ¿Si Kageyama volvía a hacerlo de lado? No quería eso, no quería perderlo de nuevo, sentir que se hundía.
Un dedo abrió paso, acariciaba las paredes, palpaba el interior mientras el pelinaranja se quejaba. Exploraba, le preparaba y otorgaba placer mientras unos besos en su cuello hacían de las suyas en su cuerpo. Un dedo más, un quejido un poco más fuerte que los anteriores y los latidos de ambos golpeteando. La primera vez fue peor, en esta ocasión no había tanto dolor y molestia pero si ese miedo de arruinarlo, de que se alejase, de esos días solitarios. El vacío, el sentir que no había nada en aquel lugar y ver como el chico se colaba entre sus piernas.
-Ka…-se detuvo, el moreno pegó su frente a la de él ¿Estaba temblando tanto? ¿Qué sucedia?
-Hinata… después de esto no me odies… -dijo mientras se colocaba en posición- no me temas…-aquellas suaves palabras le tocaban el corazón, cada fibra frágil en su interior - …no me evites…-sonaba como ordenes, como suaves y hermosas ordenes mientras buscaba como entrar - …no…no me dejes solo –empezó a entrar en él y antes de quejarse sus labios fueron atrapados por los del otro en un corto beso- sobre todo no grites…-volvió a besarlo entrando lento, doloroso y confiado.
Un vaivén, las manos acariciándole, los brazos del pelinaranja rodeándole mientras solo se podía escuchar un muy bajo golpeteo temerosos de ser descubiertos. Le mordió el lóbulo de la oreja, bajaba marcando sus besos mientras Hinata cumplía esa última orden evitando gritar del placer y aquellas embestidas iban más y más rápido dando paso a jadeos bajos por parte de Kageyama. Debajo de esas cobijas se entregaban.
Hinata se estremecía, atinó a jalar la almohada y ponérsela en el rostro no por vergüenza si no para soltar un gemido ya que aquel chico estaba dando en un punto sensible. Kageyama lo notó y volvió a pegar en ese punto, el pelinaranja apretó la almohada. Las piernas se le tensaron, tiró la almohada de lado y apretando los labios jaló al pelinegro besándolo para detener el grito que anhelaba salir, acalló aquello y terminó justo entre ambos con el cuerpo tiritando. El moreno seguía en su vaivén, concentrado y aprovechando la sensibilidad que el correrse había provocado en Hinata.
Estaba exhausto, el pelinaranja tenía sueño por el día ajetreado pero no se quejó al sentir como el otro seguía en su labor, era injusto dejarle así. Kageyama apretó los puños y con un gruñido muy bajo llenó al chico con su esencia suspirando fuertemente. Lo miró a los ojos, se notaba adormilado, le besó las mejillas mientras Hinata cerraba los ojos agotado sosteniéndose de sus brazos por encima de él viéndole caer en el sueño. Un susurro, uno simple. Hinata no sabría si lo había soñado o fue realidad pero antes de dormirse escuchó a Kageyama decirle.
-Te quiero… y así ha sido siempre….
Este capitulo fue más largo por todo lo que conlleva ¿Que pasará ahora? cielos, lo volvieron a hacer, andan incontrolables sus hormonas ¿Como será el despertar? ¿Que sucederá en la escuela? ¿Hinata seguirá teniendo embarazo psicologico?(?) todo esto y más en A Gritos el fic más escandaloso de Haikyuu (por el momento)
-Yisus
