Capitulo 16 Adiós a mi hogar
Hiccup busco por costumbre la presencia del su Elska, la piel escamosa tenia la cualidad de devolverle un poco de tranquilidad aun en los peores momentos. Debía pensar fríamente las cosas, si Drago aun estaba vivo el problema principal seria saber si pensaba atacar Berk y cuando. Porque siendo realistas el hombre se había confiado tanto en el Alfa que dejo de lado todo su regimiento, por lo tanto su ejército estaba casi completo, pero sin dragones sería imposible ganaran y por supuesto que Drago lo tendría en consideración.
"Piensa, piensa" se decía mentalmente. "si yo fuera Drago que es lo que aria" una idea asalto su pensamientos erizándole toda la piel, "buscaría apoyo"
—Entre las tribus vikingas no lo tendrá por lo tanto, él ira a…—Aporto Chimuelo entrecerrando los ojos con desagrado.
—Drago va a vendernos a las tierras del sur. —Concluyo Hiccup escandalizado.
—No creo que ninguno de esos perfumados del continente tenga los calzones de venir a pararse por aquí. —Se mofo Bocón seguro de que era imposible.
—No, no en toda ley, ellos están temerosos de las condiciones climáticas y las traicioneras corrientes, pero con alguien que los guie y les anticipe contrariedades el problema queda saldado. —En ese momento Bocón sintió un gran orgullo, Hiccup analizaba la situación como un estratega y gran líder.
—Debemos encontrar a Drago y quitarle el Garld antes de que encuentre como usarlo y se convierta en un verdadero peligro, no solo para Berk sino para el archipiélago entero. —El Furia Nocturna estaba midiendo el verdadero alcance del peligro.
Hiccup asintió a lo dicho por su mitad, Chimuelo tenía razón, debían frenarlo ¡ya!
—Thorbjorg dijo que podías comenzar a buscar en las costas de la isla grande, lo que ellos llaman Irlanda.
—No te menciono nada más. —El vikingo rubio negó.
Claro que había dicho más, pero ESO no tenía porque saberlo el castaño.
—Ella te deseo buena suerte, y asegura que estará presente en tu boda.
Hiccup se podía imaginar el color rojo que pintaba sus mejillas. Estaba casado desde hacía mucho y ¡AUN NO DISFRUTABA DE SU LUNA DE MIEL! y para como pintaban las cosas tardaría un buen rato en llegar. Con molestia resoplo. Solo por eso se desaparecería un año con su marido.
Su marido. Recalco en su mente y la temperatura no tardo en subirle.
—No tienes que poner o calificar con palabras nuestra relación, soy tuyo y tú mío solo eso importa.
Hiccup observo aquellos ojos verdes y supo que tenía razón, nada más importaba si se tenían el uno al otro.
—Tanta miel me hostigara, mejor váyanse de una buen vez.
—¿Ir a donde?
Bocón sintió el alma abandonarle cuando Valka se apersono en la choza. Hiccup la miro nervioso y Chimuelo desvió la mirada a cualquier lugar lejos de los ojos de su suegra.
—Hiccup. —Llamo con ese tono de advertencia maternal
—Yo…
—Vete. —Ordeno Bocón colocándose en medio de madre e hijo. —No mires atrás Hiccup, porque el futuro siempre está al frente.
Hiccup no lo pensó dos veces, monto a su elska y salieron por la puerta de atrás, la que daba al bosque. Aun a la distancia podía escuchar la voz de su madre gritando su nombre, apretó los puños y se abrazo al Furia Nocturna. El futuro estaba al frente.
—No estamos huyendo, simplemente es lo mejor, de decírselo ella querrá una amplia explicación y no tenemos tiempo para eso. —Intento consolarlo el dragón.
—Lo sé pero me duele dejarla así.
—Bocón se encargara de eso y sabes que él no la dañaría porque es una parte de Estoico. Estará bien.
—Tienes razón, pero ahora me sabe mal tener que dejarle ese tipo de carga, mi padre siempre lo hizo, le encomendaba las tareas que él no podía o no quería hacer.
—Y nunca le fallo, sino mírate a ti, eres su más grande logro y su mayor bendición, para ese vikingo no eres el orgullo de Berk, eres el suyo.
Hiccup miro por última vez como se perdía Berk en el horizonte y sus labios dejaron salir el nombre de a quien más extrañaría.
—Volveré esposa de mi padre, madre sustituta, mi guardián. Nos vemos pronto Bocón.
El Dragón negro asintió contento de aquella despedida, complacido de ver que su ást era agradecido y fiel a quien le entrego todo de sí. De ver que valoraba la devoción y cariño de quien lo apoyo incondicionalmente desde su primer aliento de vida.
—Ahora dejemos lo demás en sus manos y concentrémonos en recuperar el Garld, destruir a Drago e impedir una guerra. Nada fuera de lo común.
Hiccup asintió y rio feliz, si tenía que viajar al fin del mundo y en frenarse a la muerte misma no podía pedir mejor compañía que la de su Furia.
—A tu lado incluso ir más allá de la muerte me parecería sencillo.
Volaron gran parte del día, parando únicamente para las necesidades básicas y encontrando gratamente un refrigerio más o menos bien abastecido departe de su madrastra que les sirvió de almuerzo y comida. Siempre estaba al pendiente de él.
—¿Que aremos cuando lleguemos? no tenemos ni idea de en donde comenzar a buscar a Drago.
—Ya pensaremos en algo, no hay nada que estando juntos no podamos resolver.
La noche los acogió entre sus penumbras por lo que descendieron en una pequeña isla no muy lejos de su destino, debían cavilar bien un plan a seguir. Hiccup encendió una fogata para colocar un par de peces al fuego.
—A menos no tendré que comer pescado crudo.
Las provisiones que Bocón les mando no duraron más que lo estrictamente necesario para que llegaran hasta la Irlanda. De ahora en adelante tendrían que vérselas ellos. Sin embargo, la mayor preocupación del castaño no era el alimento, mientras se mantuvieran cerca de la costa podrían pescar, no, ahora su mayor problema era como mantener a Chimuelo a resguardo, a pesar de no ser tan grande como un pesadilla monstruosa su Furia Nocturna era lo suficientemente grande como para pasar por un juguete.
Aunque, sí llegaría a ser su juguete en otro tipo de terreno.
¡Maldición! sus hormonas estaban como locas desde que supo que tenía todo el derecho de intimar con el dragón, era su pareja y su padre estaba de acuerdo con ello. Asi que no existía impedimento por el cual contenerse.
Su padre, extrañaba a su padre.
—No pienses más mi ást. —Ronroneo cariñoso cubriendo al completo con su ala negra al castaño. —Es necesario, aunque duela, que te concentres en el presente.
—Lo sé pero…
Una diminuta bola de luz plata floto sobre la superficie del agua, Hiccup se puso en pie y sonrió melancólicamente, lo reconocía, recordaba aquella mágica presencia.
Como pelota lanzada por un niño travieso la bolita de luz dio varios botes dejando sus chispas esparciese en múltiples direcciones. Los seres acuáticos asomaron la cabeza llamados por la luminosidad que sin ser la luna les regalaba su brillo resplandeciente.
Hiccup jadeo al ver delfines brincando, peces voladores intentando atrapar entre sus fauces las chispas.
Todo un espectáculo.
—Has crecido para convertirte en un hombre delicioso a la vista. —declaro la voz firme y aterciopelada de la esfera luminosa dando varias vuelta alrededor de Hiccup. —Pero aun conservas esa dulce alma que te convierte en un ser digno de mi respeto y cariño.
Hiccup inclino la cabeza en forma de saludo y agradecimiento ante el elogio.
—Hijo mío, has hecho una excelente elección— Continuo su discurso el haz de luz, esta vez acercándose al ser necroso.
Una segunda luz se hizo presente, su color rojo intenso vibraba con descontrol, era como ver a un pequeño terror recién nacido intentando su primer vuelo. Hiccup sonrió ante ese pensamiento, la luz roja parpadeaba como ofuscada de su deficiente desempeño y casi la vio llamear cuando al final choco vertiginosamente contra una de las tantas peñas que llenaban el islote.
Hiccup contuvo la risa y con la amabilidad propia en él se acerco para tomar entre sus manos la esfera carmín que parecía estremecerse por su toque y que se le antojo familiar. En realidad demasiado familiar.
—Hijo mío, el último de mis descendientes. —Volvió a retomar la palabra la luz plateada. —Hoy cumplo mi promesa, necesitas de mi, aquí estoy para ayudarte. En estas tierras olvidadas por Odín los hombres no aceptaran tu presencia y me temo que tu pareja no logra recuperar el Garld solo, por ello he de convierte en humano.
—No. —Grito Hiccup. —No puede.
—Me temo que de no hacerlo, ninguno regresara. Además no será para siempre y agradezco infinitamente la resolución tan franca que demuestras por mantener en su forma original al último de mi raza.
Chimuelo dio un suave empujón contra la cadera de su jinete atrayendo su atención, una vez que los ojos verdes de Hiccup lo miraron comenzó con el concierto de gorjeos y la dotación de caricias que le hacía falta a su ást para calmarse.
—Todo va a estar bien. Voy a protegerte y permaneceremos juntos.
Hiccup asintió abrazándose del dragón, di un suave beso sobre la trompa y le sonrió aceptando sus palabras.
La luz roja dibujo figuras inconexas a un lado del castaño, luego con algo de torpeza se detuvo justo frente a su rostro haciendo espacio entre la pareja.
Hiccup rodo los ojos, no esperaba que incluso una pelota luminosa se confabulara en su contra. Que no entendían que lo urgido que andaba por un poco de contacto.
Bufo por lo bajo inconforme pero aceptando que no era el momento, ya desquitaría en cuanto tuvieran un poco de privacidad.
La esfera plata tintineo como si riera flotando suavemente hacia la otra entidad luminosa para apartarla.
Las estrellas parecieron caer del cielo y el horizonte brillo cual si amaneciera, la luna destello con fiereza y el mundo entero se estremeció. Las grandes alas negras se cerraron sobre el cuerpo del dragón formando un capullo que desde el interior relampagueaba. Tiras de magia azul se disparaban en todas direcciones mientras poco a poco los apéndices se encogían.
Hiccup jadeo asustado, podía escuchar los huesos tronar, asustado dio un paso al frente con la intensión de frenar aquella transformación, no valía la pena tanto dolor.
—Calma joven Haddock, jamás lastimaría a mi hijo.
—¿Cuánto? —Cuestiono Hiccup conteniéndose de interferir.
—Mes y medio. Solo eso, después volverá a su forma y quizá tu tomes otras.
—En pocas palabras nos das la oportunidad de probar un poco de ambos mundos para ver a cual nos adaptamos mejor. ¿verdad?
—Eres un joven inteligente. Después de todo esto es un regalo, y no quiero que después se arrepientan.
Cuando la metamorfosis termino y las estrellas volvieron al cielo en una danza mágica dejando el cuerpo de un joven sobre la fría piedra, el vikingo titubeo en acercarse solo por un segundo, luego corrió a su lado, tomando en brazos para acunarlo sobre su regazo.
Los ojos verdes de Hiccup recorrieron con hambrienta devoción el perfecto cuerpo que se le ofrecía agradeciendo que estuviera vestido.
—Dime que aun soy grato a tu vista. —Susurro en un tenue gruñido el ex-dragón buscando resguardase en el pecho de su mitad, e Hiccup no tuvo problema en entender lo que decía y el temor que lo embargaba.
—Nunca seria de otra forma.
—Te amo.
—Te amo.
Ambas frentes se unieron en ese gesto tan suyo.
—Buena suerte mis niños, espero que tenga éxito.
Esas fueron las últimas palabras antes de volver por donde había venido, y si no fuera porque era una tontería Hiccup pensaría que la bolita blanca jalaba a la carmín, quien se resistía a marcharse y por extraño que pareciera le producía ternura.
Continuara…
