Capítulo 18 Juguemos a las escondidas.
Hiccup los escucho asegurar el ancla mientras remilgaban de la suerte de tener al mando a alguien tan malditamente quejumbroso como Drago, un hombre difícil de complacer en varios sentidos. El castaño comenzó a analizar toda la información disponible, antes de trepar había tenido escasos minutos para calcular el tamaño del barco; de proa a popa al menos tendría unos treinta metros más el bauprés, con doce de ancho. Un barco imponente sin duda y muy de acuerdo a la personalidad de Drago.
—¿Qué hacemos grandote? A mi opinión lo mejor sería encontrar la cámara del capitán e intentar quitarle el Garld antes de que toquemos tierra.
—Sí, esa sería una excelente idea si tuviera mis alas y pudiéramos huir; pero en mi estado actual no creo poder nadar hasta la orilla del continente, piensa en otra cosa.
Hiccup arrugo la nariz, no sabía que Chimuelo podía tener el sentido del humor tan negro y sin embargo su comentario le arranco una imagen graciosa que le hizo reír, cuando volvieran a Berk probaría a ver cuántos kilómetros aguantaba el Furia Nocturna nadando. Pero volviendo al presente, si sus cuentas no le fallaban, como mínimo eran dos días de viaje, dos días que él y Chimuelo deberían pasar escondidos con el constante peligro de ser descubiertos. No había meditado muy bien su plan cuando se lanzo en persecución del barco, aunque tampoco podía decir que fue un fracaso, de no haber abordado estarían en un predicamento aun peor, sin dinero ni medio de transporte, siempre podían trabajar pero eso no les garantizaba un viaje al lugar de su elección. Además quien sabe cuánto tardaría en zarpar el siguiente barco.
—¿Sabes que haces muecas muy graciosas cuando piensas?
Hiccup miro sorprendido al pelinegro, meno la cabeza y sonrió completamente rendido, jamás lograría tener un minuto de aprensión al lado de su dragón. Dragón.
El castaño tomo el rostro del pelinegro observándolo detenidamente, frunció el seño y sonrió maquiavélicamente haciendo estremecer a su pareja.
—Sabes, no es muy normal que un humano se llame Chimuelo. Cuanto menos un marino.
Al pelinegro le tembló la ceja, tenía un mal presentimiento.
[…]
—¿Con dice que se llamas?—Pregunto uno de los miembros de la tripulación mientras observaba de pies a cabeza al increíble espécimen masculino que tenía delante.
— Nathan. —Respondió Chimuelo casi escupiendo el nombre, llevaba repitiéndolo desde hacía un buen rato.
Solo había aceptado nombrarse de aquella manera para poder mezclarse entre la tripulación, Drago obviamente no lo reconocería y sería más fácil mantenerse a cubierto si solo era Hiccup el que debía esconderse, además el castaño era bueno jugando a las escondidillas.
—"Son menos las provisiones que robaremos y por lo tanto más difíciles de detectar, además si tu estomago sigue siendo un pozo sin fondo es mejor que te alimente ellos y no yo" — argumento Hiccup con una sonrisa deslumbrante y Chimuelo no había encontrado forma de debatir el punto. Así que mientras Hiccup hacía gala de su adiestramiento con Camicazi, él tenía que persuadir a esa gente para que lo dejaran quedarse, partirse el lomo trabajando y robarse de paso comida para Hiccup, sí, lo más fácil.
—¿Y cómo te llamas? —Preguntaron por decimo sexta vez
—Nathan, me llamo Nathan. —grito ya completamente hastiado de repetir, sin percatarse de a quien tenía en frente.
Un poderoso brazo se elevo y golpeo de lleno en la mandíbula del pelinegro lanzándolo varios metros lejos. Chimuelo apretó los dientes y afilo la mirada listo para devolver el golpe. Se coloco en pie raudo como una flecha e igual de letal, quedando al final petrificado al reconocer al hombre y lo que llevaba colgado al cuello.
—Drago.
Chimuelo sintió que la sangre dejaba de bombear, el Galrd que tanto ansiaba estaba a unos pasos, con solo estirar la mano podía hacerse fácilmente del objeto y sin embargo, por su seguridad y la de Hiccup no le arrancaría la cabeza a ese miserable hasta llegar a tierra firme o recuperar su verdadera forma, lo que ocurriera primero.
—¡Vaya! se nota que eres un guerrero. No cualquiera estaría de pie después de uno de mis golpes. —Alardeo el vikingo. —Acércate muchacho—ordeno con seguridad haciéndole un gesto con la mano.
Chimuelo apretó las manos en puño, ese hombre le arrebato a Hiccup, a su Ást, un ser preciado, había dejado a Berk destrozada no solo materialmente; sino devastada e indefensa moral y emocionalmente. Arranco el pilar firme sobre el que se mantenía un pueblo, se llevo la luz que era la guía del nuevo líder. Les arrebato a Estoico el Vasto. Lo convirtió en un asesino, y creo entre él y su mitad una herida que jamás sanaría. Su amor podría superar ese cruel acontecimiento pero el dolor seguía ahí, latente, lacerante, vivo.
Con toda su fuerza de voluntad se forzó a obedecer, se mantendría ecuánime hasta el momento adecuado, porque llegado ese instante Drago plañiría por piedad.
—Te estoy hablando. —Gruño Drago descargando otro golpe sobre el hombro del pelinegro.
Chimuelo se puso en pie, escupió la sangre que había acumulado en su boca y lo miro de frente.
Drago sonrió solas ante lo sus ojos contemplaron, el rostro del joven tenía rasgos finos y su fogosa mirada le decían que debía cuidar bien de él, en Inglaterra mucho Lords pagaban millonadas por un esclavo con tales atributos. Sí, podía venderlo a muy buen precio.
—Puede quedarse. —Expreso para asombro de todos. —¿Qué trabajo te gusta muchacho? Elige.
Chimuelo abrió los ojos, tenía que trabajar eso estaba seguro, pero… en realidad no llevaba mucho tiempo con ese cuerpo y ¿Qué sabia hacer? La verdad estaba en blanco, luego sin detenerse a meditar mucho simplemente contesto alegre.
—La cocina.
[…]
Hiccup casi dejo caer su mandíbula hasta el suelo al escucharle decir aquello. ¿En qué demonios estaba pensando ese estúpido reptil? Ese era quizá el trabajo más pesado dentro del navío. Primero había sentido rabio cuando vio a Drago golpear a Chimuelo pero sentía que se merecía otro más fuerte.
Quizá debió haberse arriesgado a ser él quien se colocara delante de Drago en lugar de dejar que Chimuelo hiciera tonteras, porque sin duda en cuanto probaran el pescado crudo que les serviría el Dragón, lo lanzarían por la borda.
—¡Odin! ¿Por qué me odias? —Pregunto al dios al tiempo en que volvía a esconder la cabeza dentro de su refugio, ya había visto suficiente.
[…]
—Como rayos se te ocurrió semejante idea— Fue la primera frase que soltó Hiccup de solo escuchar la defensa de Chimuelo sobre su elección de trabajo. —Yo no voy a cocinar para ese desgraciado. Arréglatelas tú solo. —Sentencio dando media vuelta listo para volver a entrar en la trampilla del techo por la que había llegado.
—No se supone que para eso somos pareja. Tú debes apoyarme y…
—¿Pero es que no piensas que en cualquier momento puede entrar por esa puerta cualquiera de los de abordo? ¿Qué pasara cuando me vean? Crees que solo van a preguntar ¿Cuándo esta la comida? No. correrán con Drago, él me recocerá y adiós vida y adiós Garld.
—No seas tan pesimista, basta con que atranquemos la puerta.
—¡Atrancar la puerta! —Dijo dando un jadeo. —Estas demente, eso solo atraerá mas su atención y querrán saber que haces aquí adentro.
—¿Entonces que sugieres?
—Que te pongas a cocinar y ruega a Thor que sea comestible lo que sirvas esta noche.
—No tenia elección sabes, como dragón podía hacer muchas cosas, pescar, cargar, flamear e incluso si la situación lo ameritara remolcar la nave; pero como humano no tengo ni la menor idea, no estaba precisamente preparado para contestar a sus preguntas.
Hiccup suavizo la mirada, tenía razón. Si la situación fuera al revés él tampoco estaría muy consciente de sus nuevas cualidades y aunque las supiera, el acostumbrarse le tomaría tiempo.
—Lo siento. —Se disculpo sinceramente el castaño acariciando con su mano la blanca mejilla de su Elska. —No estaba pensando. —Un suave beso en la palma de su mano le hizo saber que todo estaba bien.
Chimuelo alargo la mano para tomar la cintura de Hiccup y estrellarlo contra su cuerpo, le era imposible tenerle cerca y no tocarlo, no besarlo, no desearlo.
—Debo irme antes de que alguien venga, sería muy malo si me encontraran. —Declaro con voz segura, dejando bien en claro que su cabeza razonaba normalmente pero su cuerpo era otra historia, sus brazos ya habían rodeado el cuello del pelinegro buscando mas contacto. Con mucha fuerza de voluntad, motivado por los pasos que se escuchaban a través de la puerta cerrada de la cocina el vikingo logro alejarse.
—Nos vemos en la noche. — Dijo esperanzado el dragón. Hiccup negó, no debían tentar su la suerte. Por ahora era suficiente con haber logrado que Chimuelo obtuviera un lugar en el barco y comida para ambos.
—Sería muy arriesgado, además tú debes dormir con el resto de la tripulación.
—Pero… —El pelinegro sintió un escalofrió recorrerle el cuerpo completo, la imagen de aquellos hombres cerca de él no era nada agradable.
—Chimuelo. —sanciono en tono de reproche, como si estuviera sancionando a un niño caprichoso.
—Pero…— volvió a intentar defenderse, entre mas lo pensaba menos le gustaba la idea de compartir habitación con aquellos seres.
—Solo son tres días de viaje. —Aclaro para tranquilizarlo y hacerle ver que no estarían separados tanto tiempo como él pensaba; porque debía admitir que dormir lejos de su dragón también lo estaba matando.
—Pero huelen horrible. —Declaro haciendo que a Hiccup le temblara una ceja. Él ahí lamentándose por estar lejos del calor de su amado y esa lagartija sobre desarrollada pensando en el aroma de sus compañeros. Esa si era forma de matar el romanticismo.
—Me largo. —De un rápido movimiento el delgado cuerpo de Hiccup entro por la trampilla desapareciendo en la oscuridad de entarimado, la tapa fue colocada con rapidez y sin despedida. Hiccup podía ser muy cruel cuando se lo proponía.
—Hiccup, no seas malo, sal de ahí, hablemos. —Susurro conciliador. —No estaría mal si duermo en uno de los botes. —Quería su aprobación, porque ciertamente era Hiccup quien tenía mejor instinto para esa clase de situaciones. —Hiccup. Seguramente roncan y sus bocas apestan. Va a ser peor que la noche de botas de Berk y quizá eso olerá a rosas a comparación de lo que sufriré si me quedo en una habitación con ellos…. Hiccup.
Hiccup escuchaba cada palabra aguantando la risa, ese era un muy merecido castigo. Dio un suspiro y se apresuro a tomar nota de las actividades de la tripulación, si logra coordinar bien los tiempos conseguiría terminar una cena decente que salvara a su amado Dragón de dormir hoy, no con un puñado de hombres apestosos, sino en el estomago de un tiburón.
[…]
—Es la mejor comida que he probado. —Declaro Drago soltando las amarraduras de su traje para dejar que su estomago callera sobre la mesa de madera. —Muchacho eres grandioso.
Chimuelo se estremeció ante el alago. Ese hombre era repulsivo en todo sentido de la palabra.
Hiccup desde su escondite asentía con la cabeza, había quedado exhausto, preparar alimento para todos esos hombres lo dejo agotado, y no quería ni pensar que mañana por la mañana le esperaba el desayuno. Dio un suspiro cansado, al menos tenía el consuelo de que Chimuelo se haría cargo de los trastes sucios. Con pesadez se arrastro hasta la pequeña cámara que le serviría de dormitorio durante los próximos tres días.
Continuara…
Sé que el capitulo es corto, pero al menos avanzo, lento pero seguro.
Atte: Ciel Phantomhive.
Postata: ¡Dioses! ¡Ancestro bolita luminoso! Quiero terminar este fic ya.
