Espero que disfruten el capítulo, fue un poco más largo de lo que esperaba. Notas al final.

Advertencias: Ligero OOC, AU, drama

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen


HASTA SIEMPRE, MI AMOR

—¿Sabes qué es lo que más deseo en éste momento?

Erwin le miró curioso, ansioso por conocer la respuesta. Si estaba en sus manos, haría cualquier cosa por complacer a su amado príncipe. —¿Qué es?

—Que la mañana no llegue nunca. —Levi miró al cielo, clavando sus ojos grises en la figura de su madre. Cada noche que pasaban juntos, se preguntaba cómo haría para confesarle la verdad a Erwin, cómo le explicaría su verdadera naturaleza y, sobre todo, cómo le explicaría a su madre que se había enamorado perdidamente de un humano. Eso en el caso de que Erwin no le odiara por haberle mentido. Su corazón dolía de sólo pensarlo.

Erwin le miró un poco resentido, pero a pesar de todo podía entender a la perfección cómo se sentía. Besando su frente, le atrajo en un apretado abrazo que de inmediato fue correspondido. Él podría pedirle a su padre un poco más de tiempo, que prolongara la noche un poco más cada día, pero ¿con qué fin? No había forma en que pudiera pedirle algo así sin tener que confesar que había estado viéndose con un humano por las noches. No sólo eso, que estaba totalmente prendado de él. Y Levi… aun no podía encontrar el valor para decirle la verdad.

Así, unidos en un abrazo, ambos se debatían internamente sus propios asuntos, odiando tener que mentirle a la persona que más amaban pero al mismo tiempo temiendo perder al otro si decían la verdad. Era todo tan difícil que en más de una ocasión habían considerado dejar de verse, pero nunca funcionó.

—¿A dónde vas todas las mañanas? Tal vez podría ir contigo. —Se atrevió a sugerir Erwin, acariciando su mano con ternura para aplacar sus propios nervios.

Luego de pasar casi dos meses juntos, Erwin estaba más que seguro de que Levi era un príncipe de algún lugar cercano. Algunas veces él le hablaba de su madre y de las cosas que hacían juntos durante el tiempo que se iba, pero Erwin estaba convencido de que había algo más que no le estaba diciendo. Tal vez su pequeño amor estaba comprometido… de sólo pensarlo se sentía morir.

—Me gustaría que lo hicieras, estoy seguro de que te llevarías bien con mi madre. Ella te amaría. —Levi sonrió imaginando un encuentro entre ellos dos. Erwin era todo un caballero, amable, elegante, valiente, seductor… tan diferente a todos los demás, a todos esos hombres que noche a noche intentaban conquistarla, a los hombres que tanto temía que le hicieran daño. Estaba seguro de que su madre lo aceptaría. Lo haría si Erwin no fuera un humano. —Pero sabes que no es posible. No ahora, al menos.

—Ya no puedo estar lejos de ti. —Respondió Erwin con tristeza, dejando varios besos en su rostro.

No era la primera vez que tenían esa conversación, pero nunca era fácil despedirse. Con el amanecer ya muy próximo, ambos dejaron de hablar de eso para aprovechar el poco tiempo que les quedaba juntos.

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Cuando Levi volvió con su madre, estaba más nervioso de lo usual. Aunque no había vuelto a insistir sobre quedarse después del amanecer, cada día era más difícil inventar cosas nuevas que contarle a su madre e incluso comenzaba a olvidar aquellas que le había contado anteriormente, haciendo que se equivocara algunas veces o mezclara las cosas.

Sólo un par de días antes había comenzado a contarle sobre un supuesto viaje por el desierto y terminó hablando de los "asombrosos animales que nadaban en él". Por fortuna, la Luna había creído que estaba demasiado emocionado y ese era el motivo de su confusión, pero ella no era tonta, y Levi sabía que si continuaba de esa forma acabaría por enterarse. Si tenía que elegir entre contarle y dejar que se enterara por su cuenta, Levi prefería enfrentar su furia por haberse enamorado de un humano y no por haberle mentido a su madre.

Totalmente seguro de su amor por Erwin, Levi se convenció de que nunca encontraría el momento adecuado para contárselo a su madre si seguía postergando las cosas.

—Madre… —Le llamó con toda la seguridad que pudo apenas estuvo ante su presencia. —Hay algo que quisiera contarte.

La Luna, emocionada por el regreso de su hijo, le abrazó cariñosamente y pidió a las estrellas que les dieran un momento a solas, abrazándole por los hombros mientras le guiaba hasta el pequeño salón privado donde siempre le recibía.

—¿Cómo estuvo tu viaje, hijo? —Preguntó desviando el tema. Conocía tan bien a su pequeño que podía ver la angustia en sus ojos desde que llegó. Lo que sea que quisiera hablar, debía tratarse de algo serio.

Levi suspiró, estaba tan nervioso que no se le ocurría una buena historia para esa noche.

—Fue una noche muy agradable. —Comentó con sinceridad, tratando de probar algo diferente.

La Luna sonrió ante la expresión de su hijo. Ella había sido la primera en tomarle en sus brazos, le había visto abrir los ojos al mundo por primera vez, le había amado desde que supo de su existencia, sería imposible que no se diera cuenta de lo que estaba pasando. Por desgracia, al verle tan nervioso supo que lo que vendría no le iba a gustar.

—Cuéntame.

Fue una simple palabra, pero para Levi fue como si estuvieran dictando su sentencia de muerte. Amaba tanto a su madre que no quería hacerle daño, pero ya no podía concebir su vida sin Erwin a su lado y sin su sonrisa que empujaba lejos todos sus miedos.

—Yo… conocí a alguien —comenzó, abrazando un redondo cojín bordado con hilos de plata y evitando la mirada de la Luna—. Fue hace ya unos días, nosotros nos hemos visto algunas noches y… mamá, estoy enamorado de él.

Ella suspiró con tristeza. No dudaba de sus palabras, bastaba con verle a los ojos para notar ese brillo que fácilmente podría competir con su propio resplandor, pero no podía apoyarlo. —Levi, ven aquí, hay una historia que quiero contarte.

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—¿¡Por qué no!? ¿¡Por qué no puedo amar a un humano!? —Erwin le levantó la voz a su padre por primera vez, arrepintiéndose de inmediato al ver su mirada dolida.

—Trata de entender, hijo mío, no hay forma de que te unas a un humano. Ellos son frágiles y temerosos, ¿ya le has dicho quién eres? ¿Cómo crees que reaccionará cuando lo sepa?

El Sol estaba preocupado. Había pasado ya casi medio año desde que su hijo comenzara su viaje, pero en cuanto le vio de vuelta no había podido ignorar ese brillo en sus ojos. Como su padre, sería imposible no notarlo, le conocía mejor que a sí mismo y le amaba desde siempre, ¿cómo podría no darse cuenta? Antes de que Erwin pudiera siquiera explicarle, él mismo le había preguntado directamente de quién se trataba.

Por un momento incluso pensó que su hijo se había enamorado de la Luna, y de cierto modo hubiera sido comprensible, él mismo no había dejado de amarla ni un poco, pero aunque le aliviaba saber que no era el caso, tampoco podía decir que estaba feliz. Erwin era su hijo, su único y amado hijo, y lo que menos deseaba en el mundo era verle sufrir, por eso no podía apoyar ese amor.

Erwin se mordió el labio inferior, bajando la mirada al suelo. Su padre tenía razón, no había sido capaz de decirle la verdad a Levi por miedo, porque temía que se asustara y se alejara de él, pero incluso si eso no pasaba no había garantía de que iba a funcionar. ¿En verdad estaba dispuesto a ver a Levi envejecer y morir en unos pocos años?

—Erwin, yo sé cómo te sientes, pero trata de ser razonable. El único amor que puedes sentir es amor por la humanidad, así fue designado por Dios cuando naciste.

El hijo del Sol le miró con molestia, odiando por primera vez el destino que le había sido impuesto. Su amor por la humanidad era muy grande, pero más grande aún era el amor que sentía por Levi, no pensaba renunciar a él.

—Tu no lo entenderías, padre. Yo no puedo amar a la humanidad como tú, si alguna vez te hubieras enamorado podrías saber cómo me siento.

El Sol, aunque quería molestarse por su respuesta, era consciente de que Erwin no tenía forma de saber lo que había pasado entre él y su único amor tantos miles de años atrás. Por mucho que quería molestarse, aquello no ayudaría en nada a aplacar las emociones de su hijo. —Erwin… yo sí me enamoré.

Erwin no podía creer lo que estaba escuchando, pero la melancolía que se reflejaba en el rostro de su padre no podía ser una mentira. Sólo con mirarlo podía sentir un inmenso dolor en él, y por primera vez entendió por qué, aunque siempre sonreía, había una profunda soledad en su mirada.

—Ella era la mujer más hermosa del mundo, y los dos nos amamos como nunca nadie lo ha hecho…

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Luego de contarle esa vieja historia que los hombres se habían encargado de convertir en leyenda, la Luna vio a su hijo partir de nuevo a la Tierra. Le había pedido que al menos le permitiera despedirse de su amado y ella no había tenido el corazón para negarse. En los muchos años que llevaba cuidando de él, nunca le había visto tan triste. Incluso llegó a preguntarse si era la decisión correcta, si en realidad quería ver su propia soledad reflejada en su pequeño.

—Mi reina. —Le llamó una estrella sacándola de sus pensamientos. —Llegó una misiva para usted.

Le Luna tomó el pequeño sobre que le ofrecía y le pidió que se retirara antes de abrirlo. Al leerlo, su rostro pasó de la tristeza al desconcierto y por último al temor. Dios la estaba llamando para una reunión urgente relacionada con su hijo. La sola idea de que podía llegar a perderlo fue suficiente para alterarla a pesar de su siempre tranquilo carácter.

El Sol tampoco la estaba pasando bien. Luego de hablar con su hijo, este se había quedado en silencio por tanto tiempo que pensó que en cualquier momento explotaría contra él. Para su sorpresa, Erwin le había abrazado con fuerza, disculpándose por su imprudencia y rogando que le permitiera despedirse, que le dejara pasar una última noche a su lado antes de volver a casa. Él, aunque sabía que aquello sólo haría las cosas más dolorosas para ambos, no tuvo el valor de negarse.

Le dolía tanto que su historia se repitiera en su hijo que por un momento se arrepintió de haberle dejado ir a la Tierra, pero una parte de él se alegraba de que, aunque fuera poco tiempo, hubiera sido capaz de conocer el amor antes de entregarse a esa vida que más bien era una prisión. Sí, él amaba su trabajo, pero no había un solo día en que no pensara en la Luna.

—Saludos, mi rey. —Perdido en sus pensamientos, no había sido consciente de la presencia del ángel sino hasta que le llamó. —Dios envía una carta para usted.

Asintió en silencio y recibió la carta, esperando a que el ángel se marchara antes de leerla. En tan sólo unas líneas, ese simple trozo de papel había provocado en él una sensación que creía olvidada: miedo.

Llegada la hora, ambos reyes se prepararon con sus mejores galas. La túnica del Sol, resplandeciente y bañada en oro, la de la Luna, sencilla pero bordada con hilos de plata. El Sol recogió su largo cabello rubio en una coleta alta, sujeta con una hebilla de oro, mientras que la Luna peinó su largo cabello negro de forma sencilla, decorándolo con un tocado hecho de perlas.

Sin saber que pronto se encontrarían de nuevo, ambos acudieron a la llamada de Dios, temerosos por el futuro que le esperaba a sus hijos pero dispuestos a interceder por ellos ante cualquiera.

Apenas llegaron al sagrado recinto, fue imposible que pasara desapercibida la presencia del otro. El Sol, al verla frente a él, quedó inmóvil, embelesado por su incomparable presencia. Desde la poca pero infinita distancia que les separaba, podía jurar que no había cambiado ni un poco. Sus ojos grises, su piel de porcelana, su negro y brillante cabello cayendo por su espalda… era como si no hubieran pasado miles de años desde la última que fue capaz de admirarla de esa forma.

La Luna, al verlo, se detuvo en seco antes de seguir avanzando. El tiempo no había pasado por él, su piel bronceada, sus rasgos masculinos, sus brillantes ojos del color del cielo… todo de él seguía exactamente igual a como lo recordaba. Si cerraba los ojos, estaba segura de que podría recordar su aroma y sus caricias a la perfección.

—Tan hermosa como siempre, mi bella flor. —Saludó el Sol, recordando las palabras con que lo hacía en aquellos días. Y ella, como antes, se sonrojó y apartó la mirada.

—Tú tampoco has cambiado en nada. —Respondió sincera pero sin acercarse a él. En aquellos tiempos, hubiera corrido a sus brazos, buscando sus labios para compartir varios besos llenos de cariño. Pero eso era antes y, aunque no había dejado de amarlo ni un poco, no quería abrir las heridas que tanto habían tardado en cerrar.

Pero a diferencia de ella, el Sol no pensaba perder la que podría ser su última oportunidad de verla. Cerrando la distancia que les separaba, la atrajo a un abrazo desesperado, besando su frente mientras luchaba contra las lágrimas de dolor y el deseo de reclamar esos labios que tenían grabado a besos su nombre. Ambos eran conscientes de que Dios les había regalado ese momento a solas, y no dejarían de agradecer esa oportunidad única.

—Mis amados hijos. —Les llamó Dios luego de que se separaron, interrumpiendo el reencuentro en el momento preciso. —Creo que ya deben saber el motivo por el que les llamé.

—Mi señor —habló primero el Sol—, entiendo que me ha llamado por el asunto de mi hijo, pero no veo razón para llamarnos a ambos.

—¿Qué pasó con Erwin? —Preguntó la Luna preocupada, aunque no había vuelto a ver al niño desde su nacimiento, le consideraba como un hijo también. —Creí que yo había sido llamada por Levi.

—¿Levi? ¿Está bien? —El Sol también se preocupó, temiendo que algo hubiera pasado con el hijo de su amada.

Aunque los niños no habían crecido juntos y no eran hermanos, les tenían un cariño similar a ambos pese a haberlos visto juntos una sola vez. Sí, los niños eran fruto de su amor por la humanidad, pero también del inmenso amor que sentían el uno por el otro.

Dios, al ver la confusión en ellos no pudo evitar regalarles una sonrisa compasiva. Al parecer no estaban enterados del todo de lo que estaba pasando. —Pero hijos, ¿acaso no lo han notado?

Al comprender esas palabras, ambos se miraron con asombro y tristeza mezclados. La historia se repetía una vez más.

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Al caer la noche, Erwin esperaba nervioso la llegada de su príncipe. Por mucho que lo intentaba, no podía encontrar las palabras adecuadas para explicarle por qué tenía que alejarse de él. Lo amaba tanto que la sola idea de no volver a verlo o tenerlo entre sus brazos le rompía el corazón.

Mirando al cielo, se preguntaba si alguna vez podría llegar a ser como su padre, si él también podría renunciar a su amor para cumplir con el destino que Dios había elegido para él. Por esa razón había nacido y esa debía ser su única razón para seguir adelante. Recordando lo que habían hablado apenas un poco antes, se preguntaba si habría alguien destinado a tomar el lugar de la Luna, así como él se convertiría en el nuevo Sol. Le hubiera gustado poder conocerlo.

Levi, en silencio, observaba a Erwin a varios metros de ahí. Llevaba ya un tiempo de esa forma, mirando a la distancia en un intento por grabar en su memoria cada detalle sobre él. Si nunca podría verlo de nuevo, al menos quería estar seguro de que, al cerrar los ojos, le recordaría a la perfección.

Aún no podía creer que su madre hubiera estado tan enamorada alguna vez, pero ahora podía entender muchas cosas sobre ella que siempre le desconcertaron, como el hecho de que nunca parecía interesarse en los hombres que intentaban conquistarla. Su corazón, al igual que el suyo, ya le pertenecía a alguien más. Levi se preguntaba si él sería tan fuerte, si podría soportar escuchar las canciones y poemas, que en otro tiempo le encantaban, sabiendo que no sería Erwin quien las recitara para él.

—¿Levi? ¿Cuánto tiempo llevas ahí? —Le llamó Erwin, poniéndose de pie para ir a su encuentro. Fingiendo una cálida sonrisa, le envolvió en sus brazos con desesperación, sorprendiéndose al notar que Levi parecía corresponderle del mismo modo. Tal vez podía notar que algo andaba mal.

—Llegué hace poco, sólo estaba… disfrutando la vista.

Ante la gloriosa imagen de su rostro teñido de carmín, Erwin no pudo sino besar sus mejillas con devoción, posando sus labios en su piel por más tiempo del que solía hacerlo. Que infeliz sería si no podía volver a verle de esa forma. Para él no habría luz si no era la de los ojos de su amado.

—Erwin, hay algo que tengo que contarte. Es importante. —Soltó de pronto, tomando su mano para guiarlos a ambos al interior del bosque. En un pequeño claro, no tan lejos de la laguna, las luciérnagas iluminaban la noche como si las estrellas hubieran bajado sólo para ellos.

El hijo del Sol no lograba entender lo que pasaba por la mente de su amado, pero no dudó en seguirle, sentándose en el suelo y atrayéndole para que se sentara a su lado, a lo que Levi accedió gustoso. En la quietud de la noche, ambos se tomaron un momento para apreciar la belleza etérea de aquel momento. Mientras Levi apoyaba su cabeza en el hombro de Erwin, él estuvo seguro de que si ese momento era hermoso, era porque estaban ahí juntos para vivirlo.

—¿Qué es lo que piensas? —Preguntó Levi con curiosidad, acariciando su mejilla sin prisas.

Erwin sonrió, perdiéndose en los grises ojos de su príncipe. Qué no daría por congelar el tiempo, poder mirar por siempre el universo que se reflejaba en sus ojos. —Que eres tan hermoso…

Con esa simple respuesta, besó sus labios con lentitud, saboreando su inocencia. Sus manos se posaron en su estrecha cintura, delineando las sutiles curvas de su cuerpo a medida que le recostaba en el suave césped y se acomodaba sobre él, evitando aplastarle con su peso pero dejándole saber que estaban juntos.

Levi, notablemente avergonzado, rodeó su cuello con sus brazos, atrayéndole tan cerca que podía sentir su corazón palpitando contra el suyo, perfectamente sincronizados. Quizás no era el momento o la ocasión, pero al saber que esa podría ser la última vez que estuvieran juntos, no tenía dudas de lo mucho que deseaba entregarse a él.

Entre besos y caricias, la ropa dejó de ser una barrera para convertirse en su lecho, donde consumaron su amor sin remordimientos, entregándose al otro por completo. Incluso con la agitación propia del momento, sus corazones aun parecían acompasados mientras se fundían en un beso apasionado y sus cuerpos se volvían uno mismo.

Para cuando estuvieron satisfechos, Erwin le rodeó protectoramente con sus brazos, llenándole de besos que, aunque ya no estaban cargados de deseo, seguían expresando el profundo amor que sentía por él.

—Mi madre no quiere que volvamos a vernos. —Soltó Levi de pronto sin darle vueltas al asunto. No quería provocarle más dolor del necesario con su separación.

Erwin le miró confundido, incrédulo. ¿Por qué la madre de Levi no quería que se vieran de nuevo? Quizás su padre había tenido algo que ver en su decisión.

—Mi padre tampoco está de acuerdo con esto. —Respondió con tristeza, atrayéndole más cerca por miedo a que de pronto desapareciera de su lado. Así, yaciendo tan juntos que se sentía como si fueran una sola alma, Erwin decidió que no quería rendirse tan pronto.

—Levi, huyamos juntos. Vámonos lejos de aquí, a donde nadie nos conozca, seremos sólo tú y yo. —Besó su mano con fervor, mirándole a los ojos para hacerle saber que estaba dispuesto a todo por salvar su amor.

—Hagámoslo —respondió sin rastro de dudas—, vamos a donde nadie pueda encontrarnos.

Con ánimos renovados, alimentados por la expectativa, ambos se vistieron a prisa mientras el Sol comenzaba a alzarse en el horizonte. Pero ni siquiera su primer amanecer fue suficiente para distraer a Levi, quien ni siquiera le dio importancia. Su madre no tardaría en notar que había faltado a su promesa. Aunque por dentro doliera saber que la estaba traicionando, algún día ella sería capaz de perdonarlo, Erwin le daría la fuerza para esperar ese momento.

Erwin miró al cielo, disculpándose en silencio con su padre. Sabía que le estaba traicionando, pero confiaba en que algún día entendería por qué había elegido luchar por Levi. Él escribiría su propio destino a su lado. Aun no le decía toda la verdad, pero confiaba en que Levi le aceptaría, podía sentirlo en cada fibra de su ser.

Tomados de las manos, ambos se internaron en el bosque, alejándose del sendero en un vago intento por esconderse de las miradas de sus padres. Por la adrenalina del momento, ninguno notó la extraña luz que comenzaba a formarse ante sus ojos hasta que una abrumadora presencia les hizo detenerse. Sólo le habían visto una vez y ni siquiera eran capaces de recordarlo, pero no necesitaban hacerlo para saber de quién se trataba.

Erwin cubrió el cuerpo de Levi con el suyo, interponiéndose entre él y la imponente presencia ante ellos.

—No teman, hijos míos. Estoy aquí para terminar con esta confusión. —El hombre de cabello plateado, vestido totalmente de blanco, extendió una mano hacia ellos como quien se acerca a un animal herido.

La profunda voz de Dios hizo eco en el bosque, haciéndoles estremecer. No importaba si se trataba de Dios, sus padres o la humanidad misma, no pensaban desistir.

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Ninguno de los dos lograba entender que era lo que estaba pasando. Levi sabía que tratar de huir era ir contra los designios de Dios, pero aun si tenía que ser castigado, no entendían la razón por la que Erwin tuviera que pagar por su pecado. Erwin se hacía la misma pregunta, aunque no por eso dudaría en defender a su príncipe, con su vida de ser necesario.

—Levi… hay algo que no te he dicho. —Sus palabras salieron con toda la seriedad que el miedo le permitió. Levi no parecía estar asustado, pero estaba seguro de que era porque no sabía a quién se estaban enfrentando. Mientras esperaban en aquel cuarto privado en el recinto de Dios, Erwin supo que era el momento de ser sincero con él.

—No, escúchame primero, tengo que confesarte algo. —Le miró a los ojos, pidiéndole disculpas con la mirada por haberle ocultado su identidad, pero antes de que pudiera decirlo, Erwin cubrió sus labios con su mano, silenciando su confesión.

—Esto no puede esperar. Levi, en realidad yo soy…

—Erwin, el hijo del Sol. Levi, el hijo de la Luna —le interrumpió Dios, colocando una mano sobre el hombro de cada uno mientras les presentaba—. Ustedes dos nunca debieron conocerse.

—¡Erwin! —Llamó la profunda voz de su padre.

Al escuchar su llamado, ambos voltearon hacia él. Levi, atónito al ver de quién se trataba, se tensó en su lugar mas no se alejó de Erwin. Aunque nunca lo había visto, supo de inmediato que se trataba del hombre del que su madre había hablado. Detrás de él, Levi pudo ver a su madre, quien se acercaba a prisa hasta ellos.

—Mis amados hijos. —La Luna, sin previo aviso, les rodeo a ambos con sus brazos maternales, besando la mejilla de ambos antes de dirigirse a Erwin. —Mírate, has crecido tanto… Eres idéntico a tu padre.

El Sol, que observaba conmovido la escena, se acercó hasta ellos e imitó a su amada, emocionado al tenerlos a ambos en sus brazos por primera vez.

—Tú no te quedas atrás, el parecido con tu madre es impresionante. —Le dijo a Levi directamente, tomando su rostro entre sus manos. En verdad eran idénticos, tanto que incluso podía comprender que Erwin se hubiera enamorado de él tan profundamente, tanto como él amaba a la madre de Levi.

Sus hijos, confundidos, no pudieron sino mirarse a los ojos, tratando de procesar toda la información que estaban recibiendo. Sólo un momento antes estaban huyendo de ellos y ahora, como si nada hubiera pasado, ambos les abrazaban de forma cariñosa. No sólo eso, la persona de quien se habían enamorado resultaba no ser lo que pensaban. ¿Qué se suponía que harían ahora?

—Cuando elegí a sus padres para iluminar la Tierra —comenzó Dios, mirándolos a ambos—, sabía que era injusto pedirles que renunciaran a su amor. Pero ellos accedieron sin cuestionarme y durante miles de años han cumplido su labor sin dudar. Sé que fue difícil estar separados, pero su amor nunca se extinguió. Mi intención era que ellos reinaran los cielos hasta el final de los tiempos, pero ¿cómo podría lastimarlos de esa forma cuando ellos no habían hecho más que obedecerme? Fue entonces que ustedes nacieron, con el fin de reemplazarlos llegado el momento y que el Sol y la Luna pudieran volver a estar juntos.

Ambos miraron a sus padres con tristeza. Erwin no sabía nada de eso, pero ahora podía comprender por qué su padre se había encargado de prepararlo durante toda su vida para tomar su lugar. Si elegía a Levi, su padre nunca volvería a ver a la mujer que amaba. Si elegía a su padre, nunca volvería a estar cerca de Levi. La decisión que tomara, la cargaría por el resto de su vida.

Levi no estaba más tranquilo. No quería condenar a su madre a estar lejos del amor de su vida. Si nunca más podía ver a Erwin, estaba seguro de una parte de él moriría por su ausencia, pero no tenía derecho a provocarle ese dolor a su madre. Ella, que siempre le había amado con todo su ser, no merecía que la traicionara de esa forma.

—Ustedes no tenían que conocerse, pero lo hicieron, y tenemos que acordar una solución.

En silencio, Erwin tomó las manos de Levi, uniendo su frente a la de su amado. No necesitaban palabras para expresar lo que estaban pensando, a pesar de amarse tanto, a pesar de que no querían vivir sin el otro, tal vez podrían esperar hasta que ellos mismos fueran capaces de reunirse una vez más. Dios era benévolo, él entendería.

—Mi señor —habló la Luna—, eso no va a ser necesario. Nosotros ya hemos tomado una decisión.

El Sol, que había rodeado a su amada con sus brazos, miró a ambos chicos con una sonrisa sincera. Le recordaban tanto a ellos mismos cuando eran jóvenes… el amor que veía en sus ojos no podía ser falso.

—Nosotros continuaremos con la misión que nos fue encomendada.

—Madre…

—No… no tiene que ser así…

El Sol, consciente de lo que estaban haciendo, elevó una mano con autoridad para silenciar sus réplicas.

—Nosotros nos amamos, eso no va a cambiar. Aunque nunca volvamos a estar juntos, aunque no pueda volver a abrazarla de esta forma… —su voz amenazaba con quebrarse, pero no iba a flaquear— nuestro amor de va a morir.

—Ustedes son nuestros amados hijos —agregó la Luna—, nunca podríamos hacerles daño. Si su elección es estar juntos, que así sea. Mi señor, por favor permite que nuestros hijos se unan.

Dios, en su infinita bondad, decidió ceder a los deseos de sus hijos.

—Si eso es lo que desean, que así sea.

Agradecidos, el Sol y la Luna se unieron en un beso lento, profundo, tan emocionado como doloroso. Sabían que sería doloroso renunciar de nuevo a la posibilidad de estar juntos, pero el amor que brillaba en los ojos de sus hijos valdría cada segundo separados.

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El Sol y la Luna iluminaron la Tierra desde el inicio de los tiempos. El amor tan grande que sentían el uno por el otro se reflejaba en el brillo y calidez que le brindaban a los hombres. Dios siempre se había sentido complacido por el trabajo de sus hijos. Pero siempre se sintió culpable por haberles separado. Y más ahora que habían rechazado el volver a estar juntos para permitir que sus hijos se amaran libremente.

Luego de pensar por mucho tiempo, finalmente fue capaz de encontrar una solución que les convenía a todos, y ellos estuvieron más que felices de aceptar su propuesta. La emoción en sus ojos era algo que nunca sería capaz de olvidar.

De esa forma, Dios creó el Eclipse, el único momento en que los amantes podían volver a reunirse y vivir su amor.

—¿No es hermoso? —Preguntó Levi mirándole a los ojos, sonriendo cuando Erwin le rodeó con sus brazos.

—Lo es, pero ¿sabes qué es mucho más hermoso? —Acercando sus labios hasta el oído de su amado, le susurró la respuesta. —Tú.

Levi, a pesar de los años que llevaban juntos, no dejaba de sonrojarse cuando le hablaba de esa forma y Erwin, completamente enamorado de él, le robaba un beso, y luego besaba sus mejillas, y luego besaba su frente, sonriendo agradecido de poder estar a su lado, adorándole de esa forma silenciosa.

Sus padres se encontraban al menos dos veces al año, y considerando el tiempo que llevaban separados, aprovechaban al máximo cada momento que pasaban juntos. Algunas veces ellos les visitaban y se quedaban un tiempo con cada uno de sus padres, pero la mayor parte del tiempo la pasaban en la Tierra, explorando ese mundo que les había regalado la oportunidad de conocerse y de encontrar el amor.


Espero de verdad que les haya gustado, la mayor parte del capítulo me mantuvo llorando mientras escribía, sobre todo las partes del Sol y la Luna, y espero haber logrado transmitir esa emoción.

Si les gustó, no les gustó, o tienen algún comentario, no duden en dejarlo, estaré encantada de leerlos. Les invito también a seguirme durante octubre con el reto de los 30 drabbles EruRi, la lista de temas está en mi perfil de Facebook y en unos días la pondré también aquí.

Gracias a todos los que leyeron esta historia y a los que me motivaron con sus comentarios, me animaron mucho a seguir hasta el final, ojala haya sido de su agrado. Hasta la próxima.