Bien, primero que nada: Ást y Elska, creo que ya lo había mencionado son palabras de origen nórdico que se utilizan como mote cariñoso, literalmente se traduciría como: amorcito, caramelito, pastelito, cariñito, pichoncito y cualquier otro apelativo amoroso que se les ocurra.
Que mas… que más… a sí, de ahora en adelante espero poder trabajar más con Valka y Astrid, se que son importantes en la historia pero en las películas, la verdad las vi como mero relleno y no tengo mucho material para introducirlas en la historia.
Capítulo 19 Juguemos a las escondidas 2.
Hiccup cortaba las patatas con una agilidad sorprendente, sus dedos además de esa tarea también pelaban zanahorias y colocaban al fuego agua, y otras tantas ollas de las cuales Chimuelo ignoraba su uso; se mantenía callado solo observando hacer a su pareja. Amaba ese suave contoneo de cadera que hacia al moverse de un lado a otro mezclando, agregando, condimentando para crear un platillo digno de un rey.
Aunque si le dieran a escoger a él su platillo favorito ese sería el mismo Hiccup.
Con sensualidad enrosco sus brazos alrededor de la cintura de su jinete. —Sabes que hasta cuando cocinas eres sexy— susurro con lujuria permitiéndose deleitarse con el aroma de su Ást. Su cadera sin proponérselo embono de forma magistral contra el derriere de Hiccup haciéndo soltar un suspiro satisfecho al castaño.
—Deja eso o…
Y no terminó de hablar, los pasos pesados de tres hombres se aproximaban vertiginosamente, de tal modo que solo tuvo escasos segundos para ocultarse dentro de la parte baja de la misma estufa.
—Nathan. —Gritaron felices los hombres. —Necesitas ayuda.
Hiccup sentía su cuerpo incomodo, apretado en ese pequeño escollo húmedo y fétido. En ese momento le daba mil gracias a Bocón, quien insistió en más de una ocasión en los ejercicios de flexibilidad, porque de otro modo jamás hubiera logrado meter ahí toda su constitución. Con un esfuerzo sobre humano logro estirar el cuello de tal manera que sus ojos asomaran y así tener un panorama de lo que sucedía fuera.
Chimuelo tenía un gesto molesto pero al parecer a los tipos eso pareció gustarles porque lo observaban con adoración.
—No. largo de mí concina. —Rugió pelando los dientes. Estaba disfrutando tanto y estos sujetos veían a estropearlo, justo cuando creía tener la oportunidad de meterle un poco de mano a su pareja.
—Pero es mucho trabajo para ti solo y nosotros…
—He dicho que se larguen. —gruño completamente fastidiado y sin darse cuenta sus uñas crecieron hasta convertirse en garras.
Los hombres salieron despavoridos e Hiccup tomo nota, al parecer Chimuelo aun conservaba ciertos atributos, como las garras retractiles, ¿Qué otra cosa habrá mantenido? ¿Eso aun será tan… tan grande? Se pregunto el castaño sonriendo ante la incógnita de un misterio por revelar.
Hiccup siempre había sido curioso en los terrenos menos ortodoxos, por eso no titubeo, apenas ver a esos tres salir, abrió la compuerta de su escondite y como si se tratara de un espécimen acerco su rostro a la altura de la entrepierna del dragón.
—Hiccup. —Llamo anonadado el pelinegro ante lo que parecía pensaba hacer su mitad.
"No creo que eso pueda mantener la misma longitud, todo órgano debe ser proporcional a…" seguía divagando muy concentrado y completamente ausente de las reacciones de su Elska. "Ahora bien, tampoco es normal un cambio de constitución, pero he ahí donde la magia no conoce límites y, ¡por Odin! ¡Y si mantuvo su tamaño real…!" se sonrojo elevando la mano con la intención de palpar aquella zona y salir de dudas de una buena vez.
Chimuelo casi jadeo, la mano de su jinete acaba de atrapar entre sus gráciles dedos su hombría, aun sobre las telas podía sentir el calor de aquella palma sujetándolo firmemente. Por instinto su cadera dio un suave empuje hacia el frente sintiendo la nariz de Hiccup chocar contra esa parte de su anatomía. El castaño lo miro asombrado, pero sin quejarse, el aroma de la longitud de su dragón era deliciosa, olía a mar, a viento y cielo, olía a libertad. Enervante perfume que lo llamaba, tan potente afrodisiaco que en pocos segundos su boca salivaba en deseo de probar la suave carne que se escondía tras la prenda.
—Quiero todo de ti mi Elska. Necesito tenerte al completo para sentirme vivo. — susurro ansioso el castaño, sus ojos verdes se teñían de apoco con un brillo magistral, un hechizo hipnótico que dejaba a Chimuelo indefenso ante los anhelos expuestos.
Si por él fuera lo tomaría de una y mil maneras, suave y duro, tierno y salvaje, tan rápido o lento como su jinete lo deseara, que lo cabalgara igual de intenso como su desenfreno caótico por surcar los cielos.
Había tanto deseo que ya no lograrían contenerse, Hiccup adentro sus manos que hábiles se hicieron rápidamente con aquel trozo de gloria, con aquel órgano destinado a hundirse entre sus entrañas y satisfacerlo por lo que le restaba de vida.
Chimuelo gimió gozoso dejando a sus dedos acariciar los cabellos otoño indicándole de forma reservada lo que de verdad anhelaba para saciar por un instante su lujuria, o por el contrario, para enervarlo aun más ante su libido, cayendo al fin en el desenfreno de su pasión.
Hiccup sonrió complaciente captando el mensaje y dispuesto a complacerlo, sus labios se despejaron dejando ver hilos de tibia saliva entre sus blancos dientes, la lengua rosa parecía temblar de ansiedad y su aliento caliente chocaba haciéndolo estremecer a ambos por igual. Chimuelo soltó un suspiro anticipado y…
—Nathan. —Gritaron felices varias voces. —Necesitas ayuda.
Chimuelo juraría que Dragón o humano una bola de plasma se formo en su boca con la firme intención de rostizar a cualquier estúpido que asomara la cara.
Hiccup no tuvo reparo en ponerse de pie y huir, dejando a un muy ansioso Chimuelo remilgando de su suerte. Y aunque el vikingo estaba en las mismas circunstancias, solo por esta ocasión le resulto gracioso, quizá acumular libido no sería tan malo. Una sonrisa macabra asomo en sus labios. O si, podía disfrutar mucho con la ansiedad de su Elska.
Después de haberlos corrido a todos, Chimuelo espero unos minutos a ver si su Ást volvía, no fue así, resignado se dedico a menear la comida, no fuera a quemarse. Una vez lista se dejo caer en una silla, suspiro cansado y sus ojos verdes toxico se clavaron en el techo. Una risita suave le hizo levantarse de un salto.
Hiccup asomo la cabeza del techo, su sonrisa no tenia precio, con un ademan llamo a su dragón, Chimuelo se puso de pie y en un instante sintió los deliciosos labios de su chico sobre los suyos, fue un beso rápido pero no suave, salvaje y fugaz le hizo estallar en deseo. Antes de que pudiera hacer cualquier movimiento para retener al castaño este desapareció nuevamente entre el entablado del techo dejando detrás de sí solo su risa. Y ese solo fue el preámbulo de un nuevo desafió, un juego peligroso que mantendría a raya sus crecientes apetitos.
Hiccup claramente tenía la ventaja, bastaba con que él pelinegro se quedara solo por escasos segundos, entonces aparecía desde cualquier rincón asaltándolo por sorpresa, robándole besos exigentes que el Dragón intentaba duraran lo más posible, un instante después el castaño se desvanecía como si nada.
Chimuelo solo podía cobrarse ese indiscriminado trato a su libido a la hora en que se encerraban en la cocina, y no era del todo cierto, tenía que mantenerse a quieto lo suficiente para permitirle a su pareja preparar los alimentos adecuadamente o ambos tendrían problemas, aunque eso no le impedía pasear descaradamente sus dedos delineando el contorno de su exquisita figura. Amaba hacerlo estremecer, incitarlo hasta el límite, porque entonces Hiccup se olvidaba hasta de su nombre y simplemente se daba la vuelta para comérselo a besos.
De esa forma los tres días se habían terminado y estaban a una hora de desembarcar.
—¿Y el Garld? — Pregunto Hiccup cuando perdió de vista a Drago.
Chimuelo no tardo en subir a cubierta buscando con la vista al hombre en cuestión, para su horror uno de los marinos señalo a la distancia, a una pequeña barca que ya tocaba tierra.
A Chimuelo se le fue el aire, había estado tonteando y ahora, como castigo a su falta de seriedad se verían en la penosa necesidad de seguir a Drago al continente. Apretó los puños dispuesto a bajar del navío, una mano lo detuvo, el pelinegro se giro solo para encontrarse frente a la tripulación completa que le apuntaba con armas.
—Lo siento hermoso, pero tú no sales de este barco, Drago dijo que no tardaría en encontrar comprador.
Chimuelo afilo la mirada, iba a rostizar a todos esos descerebrados, ¿con quién creía que trataban? Dio un paso atrás y la realidad lo golpeo, no tenía sus bolas plasma, tampoco alas. Mascullando maldiciones termino encerrado en la mazmorra. Era mejor guardar fuerzas para cuando de verdad lo requiriera.
—Veo que no puedes vivir sin mí.
Chimuelo chasqueo los labios disgustado. —Cállate y sácame de aquí. —Rumio molesto ante la sonrisa de Hiccup. —Drago ha desembarcado, es mejor seguirlo antes de que termine vendiendo el Garld.
Hiccup asintió, de entre sus ropas saco un pedazo de metal que introdujo en la cerradura, en un dos por tres Chimuelo estaba libre. —Vámonos. — Apremio Hiccup esperando que su viaje concluyera pronto, aunque su instinto le decía que apenas comenzaba.
[…]
Bocón salió de la forja cargando un buen número de postes de madera. Apenas había transcurrido una semana desde la partida de Hiccup, pero al menos ya había pasado la peor parte. Valka aun lo miraba recelosa, como si intuyera que no le conto la historia completa. ¡Pero por el amor de Odin! No estaba lo suficientemente desquiciado para confesarle ciertas cercanías con su esposo e hijo.
Ella no tomaría muy bien ese titulo de madre sustituta que a Hiccup le encandilo y al que Estoico no opuso queja.
Sabía desde el principio que no era normal ostentar ese mote, pero a él lo hacía feliz saberse aceptado y querido por el hijo de su amor platónico; y ahora que ninguno de los dos estaba se sentía triste y desolado. Había estado a punto de soltarse a llorar su trágica existencia pero luego recordaba su misión y el tiempo que le quedaba, entonces soltaba un suspiro y se ponía a trabajar.
El altar para la boda de su hijo postizo debía ser en un lugar especial, y sus características tampoco eran nada simples, en toda esa semana solo logro reunir algunos de los materiales, aun faltaba el armado y su obsequio.
En su cabeza repaso miles de veces la posibilidad de hacerse a un lado, de dejar que fuera Valka, la verdadera madre de Hiccup quien le diera el obsequio de bodas en nombre del difunto Estoico, pero así como la idea surgía desaparecía porque ella podía ser su madre pero él conocía mejor a Hiccup. Además no podía ocultar que le tenía cierto odio. Mientras el castaño crecía soporto mucho dolor, ¿en dónde estaba ella cuando el niño sollozaba toda la noche llamándola? ¿Qué hacia mientras Hiccup era golpeado y sobajado? ¿En qué pensaba ella, en los momentos en que vencido por el cansancio de noches en vela Estoico se dormía sujetando la manita afiebrada de su hijo, rogando por no perder lo único que le quedaba?
Él estuvo ahí, él sufrió todos esos años al lado de ambos, puso todo su empeño y corazón en ver como Hiccup pasaba de un niño a adolecente y de ahí al adulto que hoy era. Enfrento junto a Hiccup la emoción de su primer amor, su desilusión y el encuentro con su alma gemela, se mantuvo firme cuando el muchacho dudo hasta de sí mismo, porque el amor que sentía hacia su Dragón lo sobrepasaba y al mismo tiempo lo lastimaba porque temía estar cayendo en un vergonzoso y morboso tabú.
No era justo que con solo presentarse ella tuviera todo por lo que él lucho durante tanto tiempo. No era justo. Simplemente no era justo.
Nunca fue agraciado, los dioses lo dotaron de poco intelecto y un físico desdeñable, sin embargo, lo dio todo. Busco hasta el final un cariño real, un amor que viera dentro de esa cascar maltrecha sin estar seguro si lo consiguió, de lo que si estaba consiente es que estaba solo.
Bocón negó con la cabeza y se trago su dolor, en silencio continuo su camino, nada ganaría con lamentarse, era mejor esforzarse ese último proyecto.
[…]
—¿Para qué creen que este reuniendo toda esa madera? —Pregunto entusiasmado Brutacio.
—Como si me importara. —Contesto Patán de mala gana. —Es claro que nadie va a decirnos nada y yo estoy harto de preguntar.
Sus amigos asintieron completamente de acuerdo, incluso Astrid, porque ella era quien mas había insistido en sonsacarle respuestas al herrero y a la viuda de Estoico sin lograr absolutamente nada. La rubia dio un salto desde la roca en donde se encontraba sentada y camino en sentido contrario a donde se había ido el hombre rubio; odiaba admitirlo pero parecía ser que esta aventura debía ser superada solo por Hiccup. El castaño se marcho sin decir adiós solo llevando lo estrictamente necesario y entre esas cosas no estaba ella. Y así lo asimilo, ella no era importante para Hiccup, no al nivel de Chimuelo. El Furia Nocturna siempre le llevaría la delantera, siempre estaría en un lugar privilegiado.
—Deja de fruncir el seño Hofferson. Te saldrán arrugas. —Se burlo Eret desde su navío anclado en el muelle. Aun lado Tormenta ronroneaba contenta de recibir una que otra caricia del guerrero.
—Cierra la boca o te la rompo. —Contesto ella a la defensiva aborrecía ver que su linda Nader parecía más feliz a lado de ese hombre que con ella.
Eret se encogió de hombros, dio media vuelta para quedar de frente a Tormenta y dedicarle la serie de mimos que la Nader había estado esperando. Astrid observo el cuadro sintiendo que la relación entre su dragona y Eret tenían cierta semejanza con la de Hiccup y Chimuelo.
—¿Qué arias si al regresar Hiccup te dijera que ama a otra persona?
—¿Qué? ¿Pero qué dices? Eso es tonto. —Declaro la rubia completamente fuera de sí.
—¿Lo crees? Pues hay algo que me dice que Haddock ha encontrado a su mitad y no eres tú.
Astrid toco el mango de su hacha y sin pensarlo en un solo y ágil movimiento la lanzo, el arma hubiera impactado sin cavidad a duda en la pierna del hombre de no haber sido por la Nader, Tormenta había lanzado sus púas logrando desviar el ataque y mantener a salvo al marino resguardándolo entre sus poderosas alas.
Eret soltó una risa clara y vivías, una que hasta ese momento la rubia jamás había escuchado, los ojos negros del hombre brillaban como estrellas y sus manos acariciaron con devoción la escamosa piel azul de la dragona.
—Eres tan impredecible como el mar, e igual de celosa. —susurro cerca de rostro del reptil el pelinegro. —Ella solo está molesta, no pensaba lastimarme de verdad. Tranquila.
Astrid no lo podía creer, ¿a que venían esas palabras?, ¿por qué Tormenta se había colocado del lado de Eret? ¿Acaso pensaba que estaba equivocada y por eso la Nader la desafiaba protegiendo a aquel truhán?
—Hofferson voy a decirte esto solo una vez, así que escucha atentamente y medítalo un rato antes de contestar. —Eret espero algún signo de aceptación, cuando Astrid asintió con la cabeza el continuo. —Si Haddock se metiera en problemas; en nivel de confianza ¿a quién crees que buscaría? No tienes que responderme. Se supone que lo conoces bien, entonces ahí tienes la verdad fresca y clara.
Astrid sintió las palabras golpearla peor que un mazo en el pecho, su rostro perdió el color, dio media vuelta y se alejo con paso presuroso. Eret acaba de darle la última razón que necesitaba para dejar libre a Hiccup.
—El nunca va a amarme. —Dijo completamente ausente, aunque lo extraño fue que el dolor experimentado no era tan terrible, no, lo escalofriante era saber que ella inconscientemente ya lo sabía.
¿A quién buscaría Hiccup? No hacía falta preguntar, ya lo había hecho. Se marcho de Beck en compañía de Chimuelo, seguramente él fue el primero en enterarse de la partida del castaño, luego Bocón, el vikingo rubio incluso fue comisionado para algún pedido especifico y ¿Valka? Astrid aun dudaba de que Hiccup fuera quien le contara algo de su partida. Pero tampoco se veía con la fortaleza de cuestionarla de frente.
Ahora, como Eret dijo, era mejor prepararse para lo que se avecinaba. El rompimiento de su relación. ¿Cuál relación? Ellos eran amigos, y solo eso, nunca, por más que se esforzara pasaron de los fugases besos que ella llegaba a robarle, y aun en esos casos siempre estaba condicionada a terminar probando la saliva del dragón negro.
—La saliva. —Jadeo al comprender lo que ese rastro siempre grito. —Chimuelo besaba a Hiccup con mayor frecuencia que yo.
Sentía sus manos temblar del coraje, necesitaba desquitarse y volar sería un gran alivio. Las risas de Eret frenaron a Astrid de regresar en busca de su dragón. Ella dio un suspiro, no fenecería por tan estúpida conclusión. No. Ella era Astrid Hofferson y por eso sabía que con el tiempo estaría bien y no solo eso, encontraría a alguien mejor que Hiccup Horrendous Haddock III para ser su pareja.
Por lo mientras dio un suspiro hondo, su cuerpo se sentía ligero. Acaba de sacarse un gran peso de encima.
—Astrid. ¿Te encuentras bien? — Pregunto Bocón, sus ojos azules habían perdió la picardía que siempre los iluminaba. —Sabes, llevo un tiempo deseando hablar contigo. ¿Si no tienes nada que hacer…?
Ella asintió, luego con algo de tristeza anexo. —Con la condición de que me dejes ayudarte. No necesitas decirme para qué es solo…
—Astrid. —Ella se quedo callada esperando lo que él hombre diría. —Para el corazón no hay ley. Nos duele perder a los que amamos, pero si es amor, siempre velaremos porque su felicidad sea completa sin importar si es a nuestro lado o no.
Ella asintió, luego algo dentro de su cabeza hizo: Click. Ella lo observo como si esta fuera la primera vez que lo viera y sintió un gran respeto por ese hombre.
—De verdad siento tu perdida. —Dijo ella sin saber cómo hacerle entender que el mensaje le había llegado.
—Gracias, ahora, hablemos de la tuya. — Bocón tomo la caja de sus herramientas con su prótesis mientras que su única mano daba golpecitos animosos en el hombro de la chica.
—No hay nada que desee decir, pero si mucho que quiero escuchar. Cuéntamelo todo, cuando vuelva, Hiccup se va a arrepentir por no ser sincero. Va a sentir mi hacha en varias partes de su cuerpo y espero por el bien de esos dos que él sea el de abajo.
Bocón soltó una carcajada, no tan brillante como en antaño pero denotaba un poco de felicidad. Esa era la chica que él conocía, decidida, enérgica y segura de sí misma, y solo por esas cualidades dejo que las cosas siguieran su rumbo, porque tenía la firme creencia que llegada la hora Astrid entendería y apoyaría incondicionalmente a Hiccup a pesar de todo, ella ya no era esa chiquilla creída y estúpida que pensaba ser la quintaesencia del orgullo vikingo, no, ahora era mujer admirable.
—Veras, todo este lió comenzó un poco antes de la nube en coma. ¿La recuerdas?
Ella asintió. —¿Cómo olvidar aquella tormenta que casi mato a Hiccup.
—Pues, ese suceso es muy importante porque…
Bon no tuvo reparo en contarle todo, bueno, casi todo.
Continuara…
Espero estar retomando su atención y no estar viéndome muy corto en cuanto a descripción, lo que creo pasó en el anterior, la verdad estoy pensando modificarlo. Peor quien sabe. Depende del tiempo que tenga libre.
Atte: Ciel Phantom
