CAPÍTULO 5

-¿Y qué fue lo que hicieron?, ¿le creyeron?- con mucha impaciencia el joven Koichi increpaba a su abuela acerca de lo que aconteció 57 años atrás, la historia le resultó algo agradable, era tal y como los octogenarios padres solían hacer con sus nietos en el punto de contarles relatos, cuentos o cualquier cosa que fuese motivo de reuniones; este chico nunca pudo sostener algo así debido al prematuro fallecimiento del esposo de la abuela Kari y una oportunidad como tal era más que saludable en el entorno familiarmente hablando.

-Eres muy impaciente jovencito- regañó con suavidad, le llamó la atención el saber que su predilecto nieto le estaba prestando atención más a ella que a los deliciosos emparedados o al propio jugo de naranja; ella misma anhelaba pasar más tiempo pero al ver la hora supo que los padres del joven Koichi ya habrían salido de dictar clases y/o revisar exámenes así que ambos no tardarían mucho en llegar. –Tus padres deben encontrarte en casa-

-¿No puedo decirles que me quedaré a dormir hoy?- su tono era de reproche, al fin hubo encontrado algo que compartía en común con su abuela que no fuese el soccer y le estaban negando la oportunidad de mantenerla.

-Puedes venir el jueves para continuarla-

-¿Jueves?, pero si estamos Domingo-

-Tu examen de literatura es el miércoles y jueves te toca álgebra; quiero que estudies Koichi-

Pasaron unos cuantos minutos más debatiendo en cuanto a los horarios de exámenes que apretaban la juvenil agenda del adolecente, fue un acuerdo grato que se respetaran las normas dictadas por la abuela no sin antes prometerle quedarse a dormir esa noche para que pudiese terminarla sin futuras interrupciones. Koichi le dio un beso en la frente a la siempre jovial Kari, se despidió amablemente y bajó con la prisa característica de un muchacho de su edad las escaleras del ático; ella pudo oír como rechinaron las puertas que le indicaron la salida de su consentido nieto. Había tenido, aunque no lo notase, un día bastante agotador pues sufrió un leve accidente que la mantuvo desmayada unos cuantos minutos para tener que rebuscar entre todos sus recuerdos aquello que la ponía de tan mal humor, eso mismo que la mantuvo infeliz durante tantos años y que su díscolo Koichi aun desconocía. Imaginando en qué hubiera pasado si tan solo hubieran hecho caso a lo que su hermano Tai le quiso decir hace ya 57 años, la vieja Kari optó por llorar amargamente y quedarse dormida sobre las telas verdes de su antiguo camarote.

…..

Un lunes común, sentado entre las filas casi finales muy cerca de las ventanas y con medio asiento girado para poder conversar amenamente con su compañero del lado, eso era un día clásico en la escuela secundaria de Odaiba. Las primeras dos horas fueron clases y repaso para el venidero examen de álgebra por parte del regordete docente, el señor Rigmud, un matemático quien dedicó gran parte de su vida en el mundo de los números y de quien la escuela pudo hacerse de sus servicios por una nada módica suma de dinero, pero resultaba ser un trofeo no solo por la calidad de enseñanza del veterano, sino porque la rival escuela también pugnó por contratar al profesor. El señor Rigmud era natural de Croacia, pero residía en Japón desde hace 30 años tras haberse quedado por accidente en una universidad en calidad como invitado, su presentación fue tan buena que no dudaron en llamarlo ofreciéndole un mejor sueldo; quince años más tarde se uniría a las filas escolares para preparar a los jóvenes talentos.

Dieron quince minutos de reposo mientras se hacía el cambio de materia; ahora vendría la de literatura, otra asignatura de la cual un examen se hallaba próximo. El tiempo trascurrió y el docente encargado no se hacía presente dentro del aula, era bastante puntual y por ello resultaba ser bastante extraño no verle ya sentado en su silla ubicada detrás del pupitre; muchos rumoraban acerca de un posible acercamiento de nuestro profesor para con la escuela rival debido a que en muchas ocasiones le ofrecieron un salario mejor pero este se negó en todo momento por amor al colegio.

-Alumnos, el señor Wong no podrá dictarles clases hasta dentro de dos meses por un tema delicado, en su lugar, me es grato decirles que un maestro ha aceptado cubrirle hasta su reintegro- en medio del bullicio escolar, entró en auxiliar comunicando esto a todos, hizo un ademán en señal de respeto al nuevo docente para que este pudiera entrar. Tenía aspecto de tener más de cincuenta años, cabello negro que resaltaba más su redonda cara y ojos verdes, saco azul marino bastante vanguardista, su voz daba la impresión de demostrar confianza. Se presentó como el profesor Ukitake, docente de la universidad en la cual curiosamente trabajaban los padres del joven Koichi, había aceptado esta pasajera oferta pues fue un emblemático estudiante de la escuela en sus años como estudiante, pidió esfuerzo al grupo pues el examen estaba venidero y no era costumbre suya ser dócil en cuanto a las calificaciones y no iba a ser una excepción al tratar alumnos y no universitarios; pero a pesar de su rudeza, el maestro supo hacer una clase bastante llamativa digna de un profesor catedrático y las dos horas a su cargo se pasaron rápidamente. El timbre del recreo se hizo sonar para dar permiso a los estudiantes de salir de cada una de las aulas hacia el patio principal, o cafetería, o donde ellos deseasen pasar los siguientes treinta minutos con mayor comodidad; tras una muy entretenida aunque extensa clase, Koichi se disponía hacer lo mismo que el resto de sus compañeros pero el profesor le pidió acercarse unos minutos para poder charlar con él, este se sintió extrañado, no era un muchacho muy dedicado a los estudios mas era alguien con notas promedio. –Siéntese señor Takamoto, solo serán breves minutos- para el joven estudiante, el tiempo del recreo era más que oro, por ello esperaba con mucho optimismo que lo mencionado como "breve" fuera tal y como él imaginase. – ¿Ya está preparado para los exámenes?- vaya pregunta, pocos eran los maestros que se preocupaban por el desempeño en forma individual, a pesar de sentirse extrañado por aquella interrogante y de no dejar de mostrar admiración, contestó con un sí definitivo.

-Muy bien, excelente- tal vez pudo haber sido la impresión o quizás haber desayunado copiosamente en la mañana, Koichi imaginó tambalearse de un lado hacia el otro manteniendo los ojos cerrado como quien siendo presa de una especie de vértigo posicional transitorio. –Puede retirarse señor Takamoto, sus padres estarán conformes con lo que les diga cuando los vea más tarde en la universidad- fue muy breve tal y como hubo prometido, la sensación giratoria ya era cosa del pasado, se marchó despidiéndose con educación directo hacia las canchas de fulbito para entretenerse con sus demás compañeros; en su salida, ese joven maestro sonrió al ser testigo como una objeto brillaba con elegancia en una tonalidad algo anaranjada capaz de verse incluso por fuera pues aquella provenía desde el interior del bolsillo derecho del adolecente -Tal y como lo imaginé-…..

Se mantuvo la promesa de no visitar a la abuela durante la semana de exámenes escolares, los días trascurrieron bastante deprisa y para cuando el momento llegó, se supo pasar adecuadamente e impresionantemente con excelentes calificaciones en ambas materias. Tras haberle dado gusto a la abuela, era momento de recibir no solo una recompensa de un delicioso plato de carne asada que tan solo la vieja Kari sabía cocinar, sino que también le entró curiosidad por saber más acerca de su misterioso tío abuelo con quien compartía tantas características físicas; hasta la fecha le parecía bastante propio de un cuento inventado en la ancianidad por su querida matriarca pero no negaba disfrutar los bocadillos caseros acompañados con una historia ficticia. Llegó hasta esa casa, tocó la puerta, fue recibido como de costumbre con un fuerte abrazo y prensiones en amabas mejillas, charlaron de lo bien que le fue en esas dos pruebas y del venidero partido que se realizaría para seleccionar a los mejores jugadores del distrito para que puedan representar a la localidad en partidos de mayor categoría.

-Cuéntame más abuela, ustedes estaban hablando con un duende, ahí fue donde te quedaste- mientras devoraba un quinto sándwich de palta y su enésimo vaso con jugo cítrico, el jovencito incitó a su querida abuela continuar con la historia; hubiera deseado estar en el ático para poder ver más fotos pero Kari fue bastante estricta en negarle la entrada a ese sitio. –Muy bien hijo, seguiremos-

-Espera- casi lo dijo gritando, ella imaginó que iba a traer como de costumbre más comida para que pueda seguir oyéndola pero se quedó mirándole ya que este miraba al vacío buscando algo, -¿cómo es que puedes saber lo de los señores blancos y de lo que conversaron tus amigos Joe y Ken?- su intuición era aceptable, ella nunca hubiera sido capaz de estar en varios sitios al mismo tiempo, no quiso sonar grosero nunca solo que su ímpetu le hizo preguntar, ahora miraba algo apenado pues seguía sintiendo perspicacia en cuanto a la veracidad de dicho relato.

Oh!, crees que miento,…..rio fuertemente tras decírselo y rascándole la cabeza para darle a conocer que no había problema alguno…al final lo sabrás jovencito, créeme, al final- la anciana mujer estiró su brazo derecho para poder recoger un emparedado, mantuvo esa sonrisa tan carismática en su rostro, le dio una gran mordida mientras en su mente se decía a sí misma "Soy tan voraz como tú, hermano".

continua la historia….

Apenas serán las siete de la mañana, no había ruido en los alrededores salvo los cánticos de algunas aves o el sonido producido por el vaivén del viento al impactar con los viejos árboles, a tempranas horas lamentablemente para este grupo, podía sentirse una tensión abrumante. No era del todo cierto si es que enemigos andaban tras ellos tal y como este ser extraño les mencionó, por otra parte, tras las declaraciones de Izzy y de cómo fue posible que su digivice surgiera misteriosamente a través de una ventana, ellos no estaban seguros de creerle o no.

-Cada segundo es vital, nos vamos ya- la criatura daba su segundo intento en convencer a esos muchachos; su camarada podría haber perdido la vida en su intento por distraer a los perseguidores y esto le estaba poniendo de muy mal humor no sin dejar de lado el escaso tiempo para ponerlos a salvo.

-¿para qué nos quieres salvar?, si el digimundo ha caído, ¿cómo seremos de utilidad sin nuestros amigos?- esta vez fue Tk quien preguntó, entre todos este era quien perdió por primera vez a su inseparable compañero de peleas en una lucha en su primer viaje a ese extraño lugar y aunque a las finales pudo recuperarlo, los sentimientos de pérdida fueron inmedibles en su momento. Pensar en haber perdido definitivamente a ese valioso amigo le comenzó a producir deseos nauseosos, se acercó lentamente hacia ese invitado, un instinto le hizo confiar en sí mismo buscando una respuesta pero fue rápidamente apartado por Cody quien logró sujetarlo con un brazo. –Dinos tu nombre- Los años pasaron para todos como es evidente, aquel niño con corte casi militar y bien uniformado era historia, aquel muchachito Cody fue reemplazado por una figura adolecente con muchos centímetros más de altura y cabello ya no tan corto como antes, su misma voz le daba paso a una más grave pero lo más resaltante fue ver cuán sensato era actualmente.

-Soy 33- mucho antes que las dudas invadieran mentes o que comenzaran en auto cuestionarse acerca de la veracidad del reciente dato, ese mismo chico lanzó una segunda pregunta sobre si era o no un digimon como los que ellos conocían ya que su apariencia era muy distinta a las zoomorfas habitualmente vistas. La afirmativa fue casi inmediata.

-¿La razón de ese nombre es…?- Dejó a un lado la cortesía para tutear a ese ser, nunca le perdió contacto visual esperando ser atacada en cualquier instante. Yolei admitía que si les hubiera querido hacer daño ya lo hubiera logrado puesto que ninguno de ellos tenía consigo a su digimon acompañante como para hacerle frente a una posible amenaza, y es más, solo uno cargaba su actual dispositivo digital por un acto fortuito. -33 es mi nombre, si aprecian el esfuerzo que 9 está haciendo, síganme- no quiso dar más explicaciones, conocía muy pocas cosas sobre el comportamiento humano a pesar de sus incontables años encima, pero tal vez en mostrarse decidido creando un acto cautivable le podría servir; salió corriendo usando sus cuatro extremidades rompiendo la puerta dejándola hecha añicos al impactar con esta mientras mantenía su curso en una sola dirección….el lago.

-Mi padre va a matarme por esto- Matt miro con desgano esa lujosa puerta hecha pedazos, entendió que ese ser pudo haberles matado si fuese enemigo teniendo esa fuerza muy engañosa para su delicada apariencia. Salieron corriendo hasta darle alcance, se veía muy tranquilo parado a pocos centímetros de la fuente de agua, -Quieres darte un baño ¿o qué?- sintiéndose ofendido por el agravio a la propiedad de su padre, Matt habló con sarcasmo pero ese ser continuaba estático con la mirada perdida.

-Confíen en mí niños elegidos, sumérjanse, la conexión ya fue establecida- pasaron casi veinte segundos tras los cuales señaló con uno de sus larguiruchos dedos hacia el centro, parecía estar hablando en serio –Todos menos tú, nosotros llegaremos por otro camino- otro dedo suyo fue estirado señalando al sujeto en quien tal vez ya estaban hartos que fuese él siempre.

-De ninguna manera- su hermana fue directamente hacia donde él, miró llena de ira al ser pequeño, todo esto le parecía ahora una trampa, una para hacerles dividir fuerzas o peor aún, para hacerse con un valioso emblema. -Este chico está infectado, si accede por este nexo que acabo de abrir, morirá- se tornó preocupado, observaba con cautela las posiciones de las sombras, estaban perdiendo tiempo y un grupo de aves volando despavoridas desde el sur le hizo entender que su buen amigo posiblemente había sido capturado. –Las aves vuelan asustadas, algo las ahuyentó- Sora miró directamente a los ojos del extraño, tenía esa cualidad de poder conocer a las personas con tan solo mirarlas y quería darse cuenta si dicho don era aplicable también con criaturas digitales. -¿Por qué no vamos todos por el camino que le ofreces a Tai, por qué es necesario que solo él sea llevado por otro sendero?- a veces su voz se transformaba en algo aterrador, más si le hacían daño a quienes consideraba más que al oro puro y en esta ocasión era su más preciado mejor amigo; por un momento incluso, pareció verse sombría. -¿No oyen?, está impuro, debo limpiarlo, ustedes morirían en el proceso-

-Explícame eso de impuro- ahora fue Tai quien se quedó desesperado a que esas palabras fueran lanzadas con tanta normalidad, no era característico en él ser alguien muy paciente que digamos y ahora mismo comenzaba a inquietarse con mucha prisa pues las sospechas acerca de su estado en la noche anterior le indicaron que el término "impuro" no era una simple coincidencia. Dio un corto paso al frente tratando de exigir respuestas e inmediatamente por segunda vez surgió esa sensación dolorosa fugaz, esta vez sintió como si parte del tiempo fuese trascurriendo con parsimonia, pudo ver algo brillante acercarse hacia donde ellos, iba a impactarle a Sora a una velocidad muy lenta y nadie salvo él parecía haberlo notado, saltó como si fuera un desquiciado hasta poder hacerla caer a ella junto suyo. -¿qué estas demente o…?- ella quiso explicaciones por el accionar de Tai pero encontró la respuesta en breves segundos gracias a dos motivos. En primer lugar, una esfera de fuego atravesó el grupo entero y haciendo un cálculo visual pudo notar que iba en dirección suya; segundo, aquel amigo suyo estaba como hace unas horas, desmayado. –Maldición, nos han hallado, rápido niños salten al agua- el ser quien se presentara con el nombre de "33" adoptó una pose defensiva mirando detenidamente el bosque; tal vez un acontecimiento cambiaría la historia y ese mismo llegó para suerte suya, -Más vale que digas la verdad- Matt supo de inmediato que ninguna de esas dos chicas (Kari o Sora) iban a dejar a ese chico como se dice a su suerte en medio de una amenaza latente, así que cogió por las muñecas a ambas y haciendo un esfuerzo logró que los tres cayeran al agua, el rubio había tomado una decisión, antes de hacer impacto con el lago, tan solo pudo gritar un escandaloso "Síganme", él pudo verlo.

Una especie de luz verdosa se hizo presente luego que esos tres jóvenes cayeran sobre las cristalinas aguas, ese mismo destello ya lo habían visto antes en su primera aventura. Después que ellos entraran mediante un acto de locura por parte del rubio mayor, tuvieron que pasar unos cuantos segundos más para que el resto pudiera adentrarse saltando cada quien por su cuenta justo en donde Mat hubo impactado con las chicas. Mimi era la última en mantenerse en tierra, sus ojos buscaban la presencia enemiga por doquier tratando de no mostrar miedo. –Vete ahora, están muy cerca-

-¿Y él?, si vienen enemigos tan poderosos ¿cómo sabremos si estará bien? Si incluso tú les temes- vociferó a todo pulmón, pocos eran conocedores del buen lazo de amistad entre esos dos jovencitos pues desde que migró a los Estados Unidos, aquella chica mantuvo largas conversaciones ya sean a través de mensajes de texto por celular o por medio de correo electrónico con ese muchacho llamado Tai y vaya que logró encontrar a un valioso amigo apreciándolo incluso más que cuando vivían en el mismo país. –No temas, denle fuerza al emblema de este muchacho o no sobrevivirá…..márchate ya- una revelación inquietante, si sus oídos escucharon bien aquel pequeño ser hizo mención en no mostrar temor o de lo contrario ¿este preciado amigo moriría?, más desconfianza comenzaba a llenarle la cabeza, sus ojos se posaron luego a Tai, comenzaba a responder tal y como la noche pasada. –Necesitarás esto- le lanzó su celular debido a que era la única persona quien no se separaba de su teléfono móvil por ningún motivo; todos los demás dejaron los propios dentro de la cabaña a diferencia de ella y del siempre precavido Izzy, imaginando que este díscolo compañero sabría usar su aparato, se lo dejó para poder mantenerse comunicados, luego decidió confiar en las palabras del enano, saltó hacia el lago, una vez dentro y comenzando el descenso lógico, abrió los ojos ya dentro para ver con terror a través de las cristalinas aguas como una criatura con forma humanoide salvo por los ocho brazos salientes por la espalda apareció, pegó un grito el cual sabía que nadie escucharía, imaginaba haber tomado una decisión errada dejando a la muerte apoderarse de Tai tan fácilmente. –Tranquilízate Mimi- .

¿Oyó bien?, alguien estaba hablándole y era capaz de oírle a pesar de estar justo en mido de un lago. Buscó desde donde provenía aquella voz, en medio de tanto alboroto no supo reconocerla inmediatamente ya que sus ojos se mantuvieron fijamente donde hubo visto a ese ser monstruoso aparecer por encima del lago, por el cual no podía verse nada más que agua actualmente. –Es raro que podamos respirar, hablar y ver a comodidad bajo el agua ¿no te parece?- Joe estaba muy cerca, en vista que ella iba a hablar tal vez airadamente por lo visto hace pocos segundos, el chico peli azul hizo el ademán de silencio colocando el dedo índice perpendicularmente sobre sus labios. –Será mejor que mire abajo- aquella voz tan particular solo podía porvenir por parte de Davis, este no podía camuflar bien el sonido producido por sus cuerdas vocales incluso proponiéndose a conversar en voz baja; Mimi buscó primero la localización del joven, luego de hallarlo cerca también, el chico le indico mirar las profundidades. Obedeció al ver que todos sus compañeros estaban tranquilos flotando, incluso Kari y Sora parecían estar serenas a pesar de ser ellas quienes eran las más cercanas a Tai. –Por esta vez, no fuimos engañados- Izzy le dijo eso acercándosele, lo hizo caminando de hecho como si toda ese volumen de líquido no fuera impedimento alguno como para moverse libremente como en tierra firme; los grandes ojos marrones claros de Mimi bajaron, en efecto sintió una tranquilidad absoluta al ver los emblemas brillando tenuemente junto a los digivices cada cual sobre unas cuantas rocas. –Creo entender a lo que se refería con impuro- Kari también se acercó a paso lento señalando el emblema del valor; a diferencia del resto, este permanecía opaco y el dispositivo digital, sin luz.

….

-Maldición, dónde fui a parar- como de costumbre tras una caída estrepitosa, Tai se sobaba delicadamente la cabeza con su mano derecha, ahora mismo desconocía el paradero actual, no lucía en nada semejante al mundo el cual le hizo vivir su más grande aventura pues tan solo podía verse rocas y arena tan blanca que daba la impresión de ser sal. No entendió lo que ese enanito le hubo hecho, pero fue como si se hubiera desvanecido entre los aires para luego quedar en este lugar, había sido una suerte haber logrado recobrar parte de su conciencia a tiempo como para recoger el celular tirado muy cerca de él. La cubierta rosa y los adornos de modas por todo el aparato le hicieron entender que se trataba del teléfono móvil de su querida amiga Mimi, ella debió habérselo lanzado para pedirle su ubicación o mantenerse en contacto con el grupo, quiso marcar pero la señal era inexistente.

-¿Tai?...Tai….Tai…..Tai, me da gusto verte, ¿Pero qué te ha pasado?- voz chillona como la de un infante, redondo con orejas largas y delgadas, se sabía su nombre, no podía ser nadie más, por un momento creyó que el blanco de las arenas y el calor rebotando sobre las roas le hacían ver distorsionado pero no era el caso.

-¿Ko….ro….mon?- su inseparable compañero con las características mencionadas era en efecto él; pero la peculiaridad actual era su color, mitad diestra rosa como siempre fue y mitad siniestra negra con el ojo del mismo lado tan rojo como la sangre viva. Este saltó hacia los brazos de su compañero humano quien levantó los suyos para recibirlo y fue ahí donde se dio cuenta, hace poco el leal Koromon le hubo preguntado que le había pasado, la interrogante era más que evidente a pesar que este ni se hubiera percatado con anticipación de lo que su cuerpo estaba haciendo. No se pudo haberlo notado por haber tomado el celular con el brazo izquierdo y con toda la distracción del ambiente se le fue esquivo aquel detalle, ahora con el amigo en brazos pudo ver su extremidad superior derecha tan negra como la parte izquierda del digimon. -¿Qué está sucediendo aquí?-

….

-Señor, ha entrado-

-Muy bien, comiencen el proceso de purificación…..gracias 33, hiciste un buen trabajo-