Huida y llegada.

Mientras avanzaban Hiccup no podía parar de pensar en las palabras del ancestro luminoso. ¿Sería verdad que el tiempo de los dragones en el mundo se terminaba? Y si ese era el caso ¿Sera capaz de decirla adiós a su Elska?

¡Por Odín! Era una respuesta que no quería conocer.

Por fin tuvo a la vista el barco, no era grande pero parecía lo suficientemente fuerte para soportar, de ser necesario, el viaje hasta Berk. Sin duda Henry Campbell se había esmerado en buscar el transporte idóneo.

Chimuelo se detuvo en seco al sentir en el aire el olor a peligro. Tomo a Hiccup del brazo jalándolo hacia su pecho en el momento justo en que una lanza se incrustaba en el punto exacto en donde el castaño debía estar parado. El ruido del metal al enterrarse contra el empedrado llamo la atención de delos demás.

—Es sorprendente lo que la testarudez puede lograr. — Dijo Drago desde la cubierta del barco que supuestamente los sacaría de ese lugar, rompiendo cualquier esperanza que tuviera de escapar.

—Drago. —Gruño Chimuelo colocando detrás de si a su Ást en modo protector.

—No es contigo con quien quero hablar, hazte a un lado. — Con un movimiento de su mano ordeno a tres de sus hombres, que los rodeaban desde todas direcciones, apartar al pelinegro dejando al descubierto al vikingo. —El hijo de Estoico. Parece que realmente deseas convertirte en mi eterna piedra en el zapato, tan molesta. Eres una plaga muchacho, la cual tendré el placer de eliminar antes de lo planeado. No pienso darte tiempo, porque igual que me lo demostró tu padre, es peligroso.

Chimuelo tembló de pies a cabeza, este era el momento que había estado temiendo, una situación sin salida en la que no lograría proteger a su mitad, porque si Drago se enteraba del intercambio de corazones y los beneficios que este acarreaba consigo, el mundo vería su fin.

—Estuve pensando en la mejor muerte, miles de formas aparecieron pero… en todas siempre tuve como punto de referencia la presencia del Furia Nocturna. Así que no arruines mis ilusiones y dime, ¿En dónde está ese dragón tuyo? Pensé que siempre estaban juntos.

Hiccup desvió la mirada al darse cuenta que Drago no tenía ni la menor idea de que el joven pelinegro junto a él era Chimuelo. Era mejor no hacerle saber que Nathan era el dragón que tanto ansiaba tener en frente.

—Te hice una pregunta. —Grito fuera de sí, no mostraría piedad contra ese niño estúpido. Sus enorme pies le llevaron rápidamente hasta donde se encontraba Hiccup, lo tomo de la chaqueta y lo elevo hasta que su apestoso aliento le choco en el rostro.

—Y este es el gran líder al que sirven. Uno que pierde los estribos con un niño. No sé ustedes pero yo buscaría al más en mi gobernante.

Drago se volvió furioso a joven rubio que había dicho aquellas palabras. Sus ojos llameaban y de un fuerte golpe le volteo la cara rompiéndole el labio. La sangre comenzó a escurrirle por la comisura de sus labios, Drago sonrio, tomo los rubios cabellos y los jalo hacia arriba para mirarle directamente a la cara.

—Imbécil, no sabes a quien te enfrentas.

—Más imbécil eres tú por creerte invencible cuando no sabes a quien tienes en frente. —Contesto Henry con saña. Picándolo para atraer toda su atención.

Drago soltó una carcajada. Lo sabía, por supuesto que lo sabía. —Henry Campbell el mejor asesino de la corona inglesa. El estúpido que traiciono ambos bandos cuando estos comenzaron a atacarse mutuamente. O ¿Me equivoco?

—Ya vez no soy tan tonto como para apoyar una causa perdida. —Dijo mientras sonreía torcidamente. —Por cierto si yo fuera tu cuidaría mis espaldas.

Drago dio media vuelta para encontrarse de frente a dos ojos verdes que lo observaban con odio. Apenas tuvo tiempo de lanzarse a un lado cuando la bola de plasma paso rosando sus ropas y rostizo a más de uno de sus hombres.

Los gritos de sus hombres no se hicieron esperar. "Dragon" se escuchaba mientras corrian a refugiarse de los constante ataques del reptil.

Henry sonrió al ver que su distracción había sido bien utilizada, ahora solo le quedaba ponerse a cubierto junto a Hiccup. O eso pensó antes de que sus ojos se quedaran clavados en la figura magistral de ser necroso. Dio un jadeo al observar al dragón negro. Era la criatura más fantástica que jamás hubiera visto. Imponente… magnificente.

—Henry— grito Hiccup jalando de un brazo para salir de ahí a todo correr, que Chimuelo hubiera vuelto a su forma original marcaba su viaje de vuelta a casa.

Corrían sin rumbo, solo deseando dejarle el campo libre al Chimuelo para atacar sin consideración y causar la mayor cantidad de bajas en el ejército de Drago.

Unas calles más al frente ambas bolas luminosas les salieron al paso guiándoles por el estrecho laberinto de callejones que componían el puerto, debían llegar al extremo, a la costa.

Los ojos verdes de Hiccup brillaron de emoción cuando avistaron el mar. Estaban tan cerca.

—Hiccup. —Grito la esfera plata golpeándolo para derribarlo. Varias balas se incrustaron en el muro.

El castaño respiraba dificultosamente. Estaban completamente rodeados.

—¿Que vamos a hacer? Debemos regresar a Berk. —Comenzó a enumerar, pensar en voz alta siempre lo ayudaba a poner en orden sus ideas.

—Lo sé y ya casi no me queda energía. He ocupado toda mi magia manteniendo la figura humana de Chimuelo. Así que… —Declaro el ancestro de su mitad con tono cansado.

Fue hasta ese momento Hiccup noto la falta de luminosidad en la esfera. El alma se estaba consumiendo debido al tremendo esfuerzo que resultaba mantenerse en ese plano astral además de su utilizar constante mente magia para ayudarlos.

Hiccup lo tomo entre sus manos, sabía lo que venía, era hora de que él tomara forma de dragón y volar como si su vida dependiera de ello, porque solo tenían tres días antes de que se cumpliera el plazo de dos meces. Habían tardado más de lo necesario en recuperar el Galdr y volver a Berk para terminar con el ritual y esas eran las consecuencias.

Pero tenía plena confianza en que Bocón ya hubiera terminado el altar con los aditamentos correctos.

—Henry escúchame bien. Yo…

No tenía mucho tiempo así que de la forma más resumida posible le conto todo desde el inicio hasta su pronta transformación.

—Una vez siendo Dragón no poder montar a Chimuelo ni comunicarme contigo, pero te juro que cumpliré mi palabra e iras con nosotros. Confía en mí. Que yo confiare en ti.

Henry asintió. Siempre había sido un hombre solitario hasta que conoció a esos dos. Y no se arrepentía. Había traicionado a su reino en nombre de la amistad y no sentía remordimiento porque Hiccup tenía mejores motivos para luchar y no solo hacerse del poder. A través de él conoció la magia y un mundo aún más grande. Le ayudo a encontrar a Drago porque él mismo no confiaba en ese bárbaro mal oliente y desconfiaba de su verdadera razón para inmiscuirse en el gobierno. Alguien tan ambicioso como Drago jamás debía llegar a la corona.

Hiccup fue envuelto en una manta de estrellas, su cuerpo se estiraba y apéndices emergían de su espalda. En realidad no sabía si sentía dolor o solo una enorme emoción, sería un dragón. Volaría junto a Chimuelo como siempre lo deseo, serian iguales.

Estaba dentro de él, toda sensación e instinto despertaron en un instante para mostrarle que más que humano era un dragón.

Había un dragón habitando en su interior y lo demostró al extender sus alas y salir disparado como flecha. Manejaba con maestría las corrientes de aire y sus piruetas eran excelsas.

Desde el cielo rápidamente disperso a los hombres de Drago quien solo podía mirar perplejo a ese segundo Furia Nocturna que había salido de la nada.

Henry regreso al lugar para darle una rápida revisión al arnés de la cola de Chimuelo. Una vez seguro de que todo funcionaba monto.

Mas tardo en subir que en que se encontró siendo lanzado al suelo. Chimuelo remilgaba negándose a dejarlo ser su jinete.

—¡Oh! Por todos los Dioses. Estamos en una crisis y tú te pones exigente. —Grito exasperado por la actitud elitista del reptil.

Chimuelo le lanzo una pequeña bola de plasma que le quemo los pantalones haciéndolo correr para zambullirse en el mar y apagarlos.

—Maldición. Nathan esos eran los únicos que tenía. —remilgo mientras se secaba tendido al sol.

Chimuelo rio entre dientes. Amaba hacer rabiar al rubio porque lo consideraba su amigo. Hiccup en realidad siempre fue especial para él un tesoro que protegería contra el mundo entero, por eso jamas le jugo bromas tan pesadas cuestión muy diferente con el rubio pues el aprecio que podía profesarle a Henry distaba al amor que sentía por Hiccup. Porque una amistad es diferente al amor.

—Me vas a dejar montar o prefieres que nos capturen a los tres ahora que por fin tenemos ese tonto presente de bodas. —Refunfuño exprimiendo sus ropas.

Chimuelo rodo los ojos y le permitió montar. Ambos despegaron. No era ni por asomo una buena combinación porque apenas lograban dar giros básicos pero era más que suficiente para llegar a Berk o eso esperaba el dragón.

Hiccup voló a su encuentro, ambos dragones rozaron sus alas y danzaron juntos unos segundos como reconociéndose. Sus trompas se juntaron mientras por sus ojos dejan a sus almas saludarse.

Una detonación los despertó de su ensueño.

—Derríbenlos. Los quiero muertos.

Los cañones eran disparados una y otra vez. Y las balas pasaban a milímetros de ellos. Pero aun así lograron escapar.

Hiccup sabía que Drago no ser rendiría, pero se ocuparía de ese problema después, primero tenía resolver su situación actual.

Drago observo desde el puerto como se alejaban volando las dos bestias negras y sonrió burlonamente. Hiccup seguramente no tenía ni idea de lo que le esperaba en su amada Berk. Con total malicia dejo salir una carcajada.

Si pensaba que podía librarse de él tan fácilmente estaba muy equivocado. Porque el Galdr le había mostrado como deshacerse de esos dos para siempre.

{…}

Bocón miraba el cielo angustiado, faltaban dos días para que se cumpliera el plazo y no había ni señales de Hiccup. Dos días lo separaban de una muerte segura, aunque decir DOS era ser entusiasta tomando en cuenta que ese día ya casi terminaba.

Esa noche Bocón no se movió de aquel risco esperando ver aparecer entre la negrura la sombra vertiginosa que era el hijo del relámpago y la muerte sin conseguirlo. Y para cuando el solo volvió a asomar en el horizonte el rubio vikingo casi sentía que se desmayaba.

Bocón sentía el corazón salírsele del pecho de la incertidumbre y lo demostraba caminando de un lado a otro por el gran salón. Tiempo atrás cuando Estoico estaba preocupado realizaba ese mismo ritual y el solo lo observaba tranquilo desde una silla, ahora, ahora extrañaba como nunca a su amigo. Miro de reojo sobre su hombro para topase con la estampa de Astrid que de forma disimulada se tronaba los dedos de las manos.

—¡Por Thor! ya siéntate me pones mas nervios. —Grito la rubia yendo a golpear el brazo del vikingo rubio, en parte para calmarse ella misma, en parte para hacerle saber que no se iría sin importar lo irritante que fuera verlo pasear como fiera hambrienta,

Bocón la miro y asintió. Pero antes de tocar siquiera la silla comenzó a caminar a la salida. —Será mejor que lo espere a fuera. Así podre conducirlo de inmediato hacia el altar.

Astrid coincido en que esa era una gran idea pero apenas salir escucharon aterrados el grito de "FUEGO."

Miraron en todas direcciones buscando el lugar que se incendiaba sin hallarlo, hasta que Bocón miro en dirección a su precioso altar y entonces el corazón se le detuvo, su hermoso trabajo estaba ardiendo en vivas llamas rojas.

—¡No! — Grito angustiado e intentando correr. Elevando las manos como si con ellas fuera capaz de detener la desgracia.

Astrid dio un silbido y Tormenta no tardó en aparecer, junto a ella Eret y Rompe Cráneos ayudaron al herrero.

—Debemos llevar agua. Necesitamos agua. — pidió Astrid y en un dos por tres una pesadilla monstruosa, un gronkol y un cremallerus ya volaban a su lado llevando entre sus garras sacos repletos del líquido. Con certeza los dejaron caer pagando el incendio, pero el daño ya estaba hecho.

Bocón observo como todo su esfuerzo había sido reducido a cenizas y se dejó caer de rodillas. ¿Qué debía hacer ahora? Le había fallado a Hiccup.

Astrid lo miro derrotado y sus ojos azules se encendieron en furia siega. —¿Quién fue? — Grito fuera de sí sujetando su hacha deseando enterrarla bien profundo en el cuerpo del culpable.

—Cálmate Hofferson—Intento intervenir Eret.

—No me pidas que me calme cuando no sabes lo valioso e importante que era esta construcción.

Eret levanto las manos en forma de tregua y asintió.

—Déjalo Astrid. Aunque encontráramos al culpable eso no remediaría nada. Por ahora lo único que se me ocurre es intentar repararlo para cuando Hiccup regrese.

—Pero, eso es imposible—Dijo Patapez mirando con dolor los trozos de madera calcinados que aun crepitaban.

Patán por primera vez mostro un poco de tacto y le dio un codazo para que se callara.

—Bocón sabes que eso es… —Intento decir Astrid.

—No tienes de que preocuparte Bocón. — La voz de Valka llegaba desde el cielo. —Yo he preparado un altar, aunque no es tan bonito como el tuyo creo que servirá.

Bocón asintió sin mirarla y sin decir una sola palabra dio media vuelta. Ya no tenía nada que hacer ahí.

{…}

El ruido característico que anunciaba la presencia del Furia Nocturna hizo a todos levantar la vista al cielo. El primero en aparecer fue Hiccup quien dio varias maromas sobre el mar para luego elevarse bordeando los grandes acantilados que bordeaban su hermosa Berk.

—Hiccup. — Llamo para sorpresa de todos porque por supuesto que el único que lo reconoció fue Bocón.

Valka no se lo podia creer, ¿ese era su hijo? Pero entonces ¿quién venía montando a Chimuelo?

A su señal Brinca Nubes les cerró el paso, deseaba verlo de frente para constatar que Bocón no la estaba timando. Para comprobar que en efecto ese Furia Nocturna era Hiccup.

Hiccup se encontró de un momento a otro con la figura de y su madre, quien lo estudiaba con recelo, dio un resoplido muy al estilo de Chimuelo mientras buscaba a Bocón. Sus pupilas se agrandaron, como a cualquier dragón cuando le muestran algo que le gusta y se dispuso a bajar en picada hacia el amigo de su padre, hacia su madre sustituta.

Valka se colocó en frente como leyendo sus pensamientos —No hay tiempo que perder. —Dijo dando la vuelta para conducirlo hacia el altar que ella había creado.

Bocón asintió e hizo un gesto con la mano para que obedeciera e Hiccup no lo dudo más. Siguió a su madre.

Desde el suelo todos miraban la escena, Astrid apretó las manos en puño y mostro los dientes como preparándose para una batalla.

—Esto no es justo. —Grito iracunda lanzando su hacha hacia el primer desafortunado árbol que estuvo en su línea de tiro.

—No se trata de justicia, sino de la felicidad y bien estar de Hiccup. —Declaro Bocón en tono resignado. — Debería dar las gracias de que Valka sea más precavida que yo. De no ser porque ella…

—Pero… —Intento rebatir la rubia.

—No hay pero que valga. Astrid alcánzalos. —Miro a los jóvenes que en algún momento fueron sus alumnos y que eran amigos de Hiccup. — Todos deben estar presente en esa ceremonia porque su cariño funcionar como un muro protector que le permitirá al alma de Hiccup encontrar el camino.

—Entonces tú más que cualquiera de nosotros es quien debe estar presente.

—Y lo estaré solo bebo ir por su presente.

La rubia lo miro sin saber si podía o no confiar en que estaría bien. Habían sido demasiados golpes en tan poco tiempo.

—Ve. Yo me encargo de acompañarlo. —Se ofreció Patán. —No tardaremos.

Los jinetes se elevaron y Bocón se perdió en el bosque seguido de Patán y Diente Púa.

Continuara…

Espero que tengan un grandioso principio de años y muchas ganas de dejarme comentario. Así como lo veo solo tengo material para dos o tres cap más y será el gran final. Aunque he pensado en hacer una secuela un no lo decido. Pero véanlo por el lado bueno. Amor de dragón no pasa de enero. Geniaaaalllll…. Tengo un fic con más de 250 comentarios. Aunque yo hubiera deseado que fueran más 4000 jajajajaja que ambicioso.

En fin mil gracias a quienes aún siguen este fic y nos leemos en el siguiente cap el cual espero no tardar tanto en subir.

Atte. Ciel Phantomhive.