CAPÍTULO 6
-Señor Wong, me alegra verlo- con tono sarcástico e incluso algo burlón, un caballero con apariencia juvenil dotado de gafas y una corbata bastante sosa le conversó al sujeto que tenía frente suyo esperando una respuesta apropiada por tanta cortesía.
-Profesor Ukitake no es necesario continuar fingiendo por favor- respondió ni bien hubo escuchado su nombre y con mayor razón proviniendo por este sujeto tan poco relevante como para ser considerado un maestro, le daba hasta cierto punto de vista muy pocas ganas de verlo a pesar de haber sido alumno suyo en la misma escuela en la cual dictada clases actualmente. -¿Lo está ayudando profesor?- Ukitake dejo a un lado cualquier cordialidad para denostar una absoluta seriedad mirando fijamente al otro personaje.
-He investigado cuanto pude, no hay señal alguna que pruebe la legitimidad del muchacho- alzó la voz con rudeza al ser interrogado, ahora los ojos del joven educador lucían en una tonalidad medio azulina y eso le daba cierto temor. –Si no es él, todo marchará muy mal- nuevamente esa aspereza para contestarle a quien un día fue su superior, Wong quiso abrir la boca una segunda vez pero fue rápidamente detenido por un ademán con las manos siendo agitadas con serenidad. –Wong, ¡ese cretino ha vuelto!- casi vociferando fue aquella reacción. -¿Y crees que no lo sé?, primero debemos estar seguros, de lo contrario nada servirá- el veterano sujetó por la camisa del cuello de ese otro profesor, al parecer estaba harto de ser preguntado una y otra vez siempre lo mismo y el umbral de su paciencia ya estaba bastante alto.
-Solo recuerda, cuan poderoso es, y todos los amigos que perdimos por una mala decisión Wong-
-Me lo recuerdas cada instante, yo mismo los vi morir, ahora no cometeremos los mismos errores; si fallamos, una vida se perdería en vano…..una valiosa vida-
…..
Recordaron como dos sujetos se adentraron al lago, uno resultó ser aquel pequeño ser muy similar a un duende salvo por su andar en cuatro extremidades; el otro, era algo bastante más extraño, cuatro brazos, color gris, sin boca y solo ojos marrones claros muy similares a las de un niño pequeño. Ambos estaban repletamente cubiertos por heridas sangrantes y muchos daños visibles sobre las superficies de sus cuerpos. –Solo les hemos retrasado- su nombre bastante peculiar, 33, les habló a todos los niños elegidos sobre las aguas.
-¿Son los emblemas?- el otro ser interrogó tras ver anonadado los objetos colocados sobre rocas individuales una tras otro y siempre acompañados por los dispositivos digitales -majestuosos- la voz saliente retumbaba cual tambor haciendo alarde de su figura bastante fornida con músculos prominentes pero a pesar de tan impresionante silueta, los daños les hacían indicar que los enemigos a los cuales ellos se enfrentaron resultaron ser más que peligrosos. -¿Usted, quién es?- Kari deseaba zacear sus dudas por el reciente llegado, al parecer era un aliado más al considerar la ayuda recibida por 33.
-Soy 9- simple y llanamente dijo eso, alguien muy escueto, mantenía los ojos aun sobre los brillantes objetos en la parte más profunda de ese lago.
-¿Que todos tienen números como nombres?- siempre tratando en ser bromista, una cualidad bastante rescatable del rubio Matt, sus dudas sobre si podrían confiar plenamente en esos dos permanecían latentes y no era necesidad perderla pues ya en el pasado fueron educados a las malas en saber ser menos amables con las criaturas del digimudo.
-¿Dónde está Tai? dijiste que irías con él- Sora hizo un recuerdo veloz al percatarse sobre las palabras anteriores de 33, este mismo hubo mencionado algo acerca de una infección en su gran amigo aunque lo más esotérico resultaba ser la presencia de ese peculiar por ahora aliado junto a ellos cuando habló sobre acompañar al castaño a una purificación. Gracias a eso, los demás pudieron reaccionar, corrieron cuán rápido pudieron hacia sus respectivos objetos los cuales respondieron mediante luminiscencias estrepitosas ni bien hicieron contacto con sus portadores; Izzy sujetó también el de Sora lanzándoselo con firmeza, ninguno confiaba ahora.
-Deben confiar en nosotros, su amigo debe ser purificado o…-
-Mientes- Aquella mujer no iba a esconder para nada su frustración debido a ese engaño, tal vez fuese resultado de haber compartido tantas aventuras que esos muchachos podían literalmente adivinar los pensamientos de cada uno si se lo proponían, esta era una de esas ocasiones. –La superficie ya no es la de antes ¿o me equivoco?- Izzy señaló la parte superior de lago la cual debería de estar aproximadamente a unos diez metros arriba, nadar hasta allá sería una tarea sencilla teniendo en cuenta la debilidad actual de esos dos seres misteriosos; pero este genio lo hizo para ganar tiempo y confiar en que sus demás compañeros pudieran entender sus pensamientos por más abstruso que pudiese a llegar a ser eso. -No, eso que ven es una especia de portal, el acceso le es prohibido a los enemigos- 33 soltó dicha información, muy posiblemente no debió haberlo hecho pues el sujeto nombrado como 9 le codeo con uno de sus cuatro brazos y mirándole detenidamente tras esa revelación.
-Mi hermano no será presa suya monstruos- Kari nado con decisión y velocidad hasta esa superficie, los demás hicieron lo mismo ante las miradas perplejas de los heridos seres; cuando estuvieron a una distancia prudente, Yolei pronuncio esas palabras las cuales le producían cierto placer en ella decirlas "puerta ábrete". Apuntaron con sus digivices apostando todo por una sola causa…ir a porTai; tal y como imaginaron, ese reflejo sobre las aguas funcionó como una especie de conexión para permitirles adentrarse una vez más a ese lugar.
-Esos mocosos, van a echar a perder todo-
-Debemos seguirlos 9, debemos cuidarles-
-Malditos rebeldes, nos tomará días hallarlos, para ese entonces estarán muertos-
-Entonces estamos perdiendo tiempo-
-¿En serio crees que ellos son la clave?-
-Si hay esperanza, son esos niños-
Se pusieron en marcha de inmediato sin importarles cuan heridos estuviesen, primordiaba encontrar a los desconfiados jóvenes, explicarles con detenimiento sobre los peligros y de cuan eran sus verdaderas identidades; por tratarse de criaturas especiales, de nada les serviría intentar cruzar la barrera tal cual y como lo hicieron esos muchachos; deberían nadar hasta el centro de toda ese volumen para atravesar medio mundo y conseguir ubicarse en el mundo digital, si tuviesen suerte, tardarían poco en hallarles ahí antes que el enemigo.
…..
-¡Correeeeeeee!, ¿no puede ir más rápido? ya nos alcanza-
-¡Es fácil decirlo si tengo que cargarte!, ¿cómo es posible que no hayas podido evolucionar?- Tanto Tai como Koromon eran perseguidos por un aparente digimon muy diferente a los conocidos por ellos, lucía casi como un elefante no tan grande como los paquidermos comunes, y resultaron ser extremadamente afortunados que dicho ser no fuese tan veloz como aparentaba. Sus gruesos colmillos blancos destrozaban incluso rocas sin hacerle perder velocidad tras cada impacto; cuando le vieron por primera vez fue en el mismo instante en el cual el chico portador del valor encontró curiosamente su emblema y dispositivo digital en los suelos, ambos estaban siendo parcialmente cubiertos por algo de arena blanca. Una oleada de felicidad le invadió luego de haber reconocido sus dos objetos preciados mientras dejaba de lado momentáneamente el hecho de tener un brazo color negro al igual que la mitad izquierda de su compañero, ambas cosas brillaban tenuemente; cuando aquella bestia surgió entre las arenas (posiblemente hubiese estado dormido y el bullicio recreado por esos dos le hizo despertar), no se lo pensó y comenzó a barritar con fuerza para luego dar por iniciado su cacería; pensando que no sería un rival directo y más bien se tratase de un territorial, Tai alzó su digivice para permitir una evolución pronta que los mantuviese a salvo pero nada sucedió, la luminosidad, el calor del aparato vibrando e intensa sensación tan característica que cada portador de emblema sentía cuando hacían cambiar de forma a sus camaradas estaban presentes pero la transformación fue fallida, su fiel Koromon no sufrió cambio alguno. Antes que se detuvieran a conversar o plantearse posibles hipótesis por lo sucedido, Tai tomó por una de las largas orejas al rosado-negruzco ser para darle impulso y luego cargarlo con ambos brazos y emprender la huida inmediata, cabe resaltar la queja del digimon producto del dolor al ser sujetado de esa manera, a lo que un "no tenía otra" a modo de respuesta por parte del castaño no se hizo esperar.
-Ya te dije que no lo sé, tu dispositivo debe estar descompuesto-
-¿Y cómo voy a saber eso?-
-No lo sé, además sigo molesto contigo-
-¿Ah?-
-Me jalaste de mi oreja, me las vas a pagar Tai- discutían cual hermanos pequeños por un dulce, su amistad era tan impresionante que el estar siendo perseguido mortalmente por una criatura con fuerza capaz de quebrarles como simples lápices resultaba siendo tan irrelevante frente a sus discusiones infantiles. Aquel castaño pego un grito de dolor luego que fuera mordido no tan salvajemente por su digimon quien sonreía plácidamente tras realizar su faena produciéndole un dolor agudo sobre la extremidad, Tai tan solo pudo ver la silueta de los dientes dibujados sobre su piel -¿Te gusta jugar eh?, ya verás- el castaño supo que si le volvía sujetar por las orejas, su amigo iba a sufrir mucho dolor, por eso optó por una segunda opción; cargó con las manos el cuerpo rosado y negro mirándole con ojos de querer hacer una travesura -¿qué estás pensando Tai?- no obtuvo respuesta pero se daría cuenta en breves segundos. –Ahhhh, está muy cerca, está muy cerca- aquel castaño tomo con firmeza a su inseparable amigo usando sus manos para luego ponerlo detrás de su nuca y al revés permitiendo que su Koromon viera en sentido inverso y mucho más próximo a la criatura tipo elefante persiguiéndoles. –Eso te pasa por haberme mordido-
….
-¿Señor?-
-Habla-
-¿Es normal que reaccionen así frente al peligro?- un grupo de seres operaba mediante computadores un sin número de códigos, un monitor exclusivamente grande permitía observar tanto al humano como al digimon, a diferencia de cualquier acto esperado, era como ver a dos niños jugando incluso teniendo una amenaza tan cerca. La escena se tornó algo más jocosa luego que Koromon utilizara sus largas orejas para abofetear con algo de suavidad el rostro del castaño mientras este amenazaba con soltarlo si continuaba haciéndolo. -Silencio, sigan trabajando, no los pierdan de vista- una figura con aparente voz de mando ordenó, todos obedecieron sin quejarse y tratando de aguantarse al risa lo más que pudiesen tras ver las imágenes por dicho monito, pero este nuevo ser miraba con ira, -no puede ser él- se dijo para sí mismo.
…
Ser detallista o perceptivo nunca fue asunto suyo salvo cuando se trataba de jugar al soccer en donde demostraba grandes capacidades, un muchacho bastante talentoso en ese deporte sin dudar alguna; pero se tardó demasiado en notar el paisaje que los cubría. Seguían siendo perseguidos sin descanso por ese "elefante", y durante toda su huida, creyeron haberse acercado a un bosque el cual pudiese interferir el avance del descontrolado digimon, pero por más que corrió con toda su velocidad, no pareció haberse acercado nunca y ahora mismo la arena blanca que servía como base era casi tan sólida como el suelo mismo. Si hubiese sido arena tal y como él la conocía, correr hubiera sido en extremo complicado a pesar de ser alguien quien disfrutaba el entrenamiento atlético.
-Cuidaaaadooooo- la voz chillona del digimon le hizo volver en sí, una roca mediana estaba demasiado cerca como para ser esquivada a esa velocidad, Tai saltó lo más que pudo para evitar impactar contra ese objeto pero su pie derecho no pudo elevarse lo suficiente; ambos cayeron sobre el caliente piso mientras su perseguidor daba punto final a su carrera, alzó esos colmillos color marfil amenazando con aplastar a esos dos inocentes seres, ambos se abrazaron esperando un final fausto. Cerrar los ojos es un acto reflejo frente a situaciones peligrosas, tras unos cuantos segundos elevaron los párpados para permitirles ver el motivo de seguir aún con vida.
Sorprendentemente aquel digimon con forma de elefante estaba quieto, mirando con sus grandes y redondos ojos negros, parecía estar, frente a todo pronóstico, asustado. Como si le revolvieran el estómago con una batidora, así fue la sensación percibida durante una fracción de segundo por Tai quien, en un acto completamente involuntario hubo alzado el brazo derecho para tratar de retener el ataque sabiendo que sería en vano dado la magnitud y fuerza de su atacante, milagrosamente hubo dado resultado. -¿Dónde estás Izzy?- en voz baja pero imaginando en su preciado compañero como el único en poder darle una explicación más o menos lógica a todo este embrollo pues ahora miraba desconcertado como ese brazo suyo con múltiples manchas negras parecía intimidar a ese ser.
…..
-¡Esto es imposible!, exijo explicaciones ahora- aquel jefe miraba totalmente furibundo a través del gran monitor mientras el resto del equipo permanecía bajo asombro pleno.
-Se supone que el digimon evolucionaría para iniciar la purificación- -Lo ha detenido con una sola mano- -Es un monstruo- -Enviemos al equipo de exploración principal a que lo ejecuten- -Siempre fue una anomalía-…..cientos de voces murmullando totalmente asombrados y viendo lo que se negaban a creer.
…..
-Escucha….lamento haberte….molestado….nos iremos…ahora mismo- Tai intentó entablar conversación con ese digimon, aún mantenía el brazo derecho extendido por si las dudas ya que comprobó que en cada oportunidad que lo bajaba o hacía el ademán de querer hacerlo, la bestia mostraba con ferocidad los colmillos, pero mientras estuviese así, era como si le llenara de miedo. Mantuvo esa pose hasta que tanto él como su Koromon lograran alejarse una distancia prudente. –Vaya dilema, debemos buscar una salida-
-¿Tai?- caminaron casi treinta minutos en sentido norte buscando alguna señal distinta que pudiese indicarles civilización o lo más parecido a eso, en todo ese tiempo entablaron conversaciones fugaces con respuestas cortas a preguntas cortas, pero siempre mirando precavidamente sin desconcentrarse un punto fijo. Para entonces Tai, a pesar de estar hablando "directamente" con su inseparable amigo, nunca le mantuvo contacto visual y tan solo era consiente de estar cerca de él por el cruce de voces a través del aire cálido.
-Dime-
-¿Esto es normal?- el castaño aun miraba fijamente la dirección por la cual se alejaron por si volviesen a ser atacados, ya no podía verse a dicha criatura acercárseles, así que pudo bajar el brazo, conversaba sin mirar a su compañero hasta oír esas palabras, sus ojos quedaron petrificados.
-¿Cuándo evolucionaste?- Agumon estaba presente ahora tan sorprendido como su amigo humano, en ningún momento el digivice hizo manifiesto una trasformación y nunca pudo sentirlo tampoco, bastante extraño ya eran las cosas pero lo más inexplicable resultaba ser el color de la ahora extremidad izquierda del valiente ser digital….negro. Alzó su brazo derecho, parecía que ambos estaban bajo el mismo efecto solo que en lados contralaterales.
…
-Nos hemos equivocado, ya es muy tarde-
-Órdenes señor, es….-
-Mátenlo, hay demasiado poder oscuro dentro de él; si lo atrapan, todo se habrá perdido-
-Y qué hacemos con el proceso, no puede frenarse-
-La purificación ha fallado, nuestra última esperanza se ha ido, ahora concentrémonos en nuestra defensa, es todo lo que tenemos….una vez muerto, desaparezcan todo rastro suyo- con mirada triste y voz deprimida por el fracaso, aquel líder dio sus indicaciones para luego marcharse en dirección contraria. Los otros nueve seres reunidos en el mismo salón sintieron el mismo sabor amargo de la derrota, tantos años luchando y buscando respuestas quiméricas, ahora debían dejar de soñar.
-Escuadrón de reconocimiento, el blanco no ha podido ser purificado, aniquilen a la amenaza- a través de un micrófono, uno de ellos dio la señal para permitir la salida inmediata de tres esferas, cada una con un color básico: verde, amarillo y rojo.
-Busquen a los otros elegidos, cueste lo que cueste- el quien hubo dado la orden por el micro continuo haciéndolo a sus demás camaradas, se retiró con el mismo pesimismo que su superior al mando.
…
