¿Adivinen qué?
He decidido que este será el penúltimo capítulo. Así es, el siguiente será el tan aclamado final de esta saga que cautivado corazones.
Amor de dragón llega a su fin.
Espero que si no todo, si la mayor parte del fic haya sido de su agrado. Y…. que más…. Este capítulo tiene Lemon, si el tan grandioso y aclamado lemon.
Aun después de un punto de vista., mil gracias a C. B. Guillermo por tu opinión, tengo dudas de si quedo a la altura de toda la trama. En fin. C. B. Guillermo espero que al leerlo de nuevo puedas ver las mejoras y que sea de tu agrado el resultado final.
Bien nos leemos en el final.
Capítulo 24 Ceremonia
—Hiccup Horrendous Haddock III sígueme. Debemos llegar al que será el altar para tu boda.
Thorbjorg levanto el vuelo convertida en un hermoso y elegante cisne negro. Hiccup la siguió sin mediar palabras y Chimuelo se limitó a indicarle a Henry que montara para poder seguirles.
Hiccup volvió la cabeza solo una vez en dirección a su madre, ella permanecía estática abstraída en sus pensamientos. No creía a Thorbjorg capaz de lastimarla pero entonces ¿Por qué Valka parecía una estatua pálida?
Para la sorpresa del vikingo-ahora dragón. Aterrizaron en el punto exacto en donde habían dejado a Bocón. E inmediatamente la Völva deshizo su conjuro para regresar a su forma humana.
De la misma forma en que lo hizo con el altar de Valka, se acercó a los pilares chamuscados que fueron el presente del herrero. La Seiokona coloco su mano y los postes destellaron en miles de luces, un arcoíris que cubrió por completo el lugar, cual farolillo en medio de la oscuridad.
—Es perfecto. — suspiro aliviada y dejando ver en su mirada un tinte de ternura. —Un excelente trabajo Bocón el Rudo.
—No es para tanto. Debiste haberlo visto antes de ser chamuscado. —Contesto el rubio vikingo con ese aire de sencillez que solo él podía imprimirle a su forma de hablar.
—Bien. Comencemos.
Hiccup dio un paso al frente e inmediatamente se vio acompañado de Chimuelo. Henry les sonreía desde atrás junto a sus otros amigos.
—Es en realidad un ritual sencillo en cuanto a práctica. Lo difícil será mantenerte tu mente atada a este mundo.
Hiccup escuchaba atento. Thorbjorg se apresuró a explicarle que en realidad el altar era una entrada, los diferente artículos que fueron colocados en puntos estratégicos de la estructura le permitirían, en con junto con el Garld, llegar a un espacio en donde su cuerpo y alma desaparecerían para dejar al descubierto únicamente su esencia.
Su centro entonces se conjuraría con la de su pareja. Una vez unidos el Seid que anida en el interior de Hiccup se encargaría de transformar el corazón latiente de su pecho en un órgano propio. Poniendo fin a ese riesgo que ahora los amenazaba. Hiccup obtendría un nuevo corazón y Chimuelo completaría el suyo.
El vikingo la miro algo triste, pero si era necesario romper su lazo para que ambos pudieran mantenerse a salvo pues no había remedio.
—No se romperá nada. Hiccup Horrendous Haddock. Por el contrario. Estarán tan mesclados que no sabrás donde comienzas tú y termina el Hijo del Relámpago y la Muerte. En pocas palabras serán uno solo y por ello las leyes ya no podrán ser aplicadas en ninguno. Ambos serán dragón y humano a la vez.
Hiccup jadeo completamente complacido. Eso era lo que más deseaba.
—Pero entiende bien el riesgo. Una vez dentro de aquel lugar el tiempo desaparecerá. El mundo perderá su forma y no tendrás forma de encontrar el camino de regreso. Por eso. Hiccup Horrendous Haddock te pedí que eligieras bien a la persona que se encargaría de tu altar. Pues esta misma puerta será la que ayude a volver. Los sentimientos de quien la hizo y de quienes te aprecian deberán traspasar ese plano astral para guiarte de regreso. Las señales serán sutiles. Porque lo que le mayor peligro es que las ignore al sentirte completo.
Hiccup asintió aceptando el riesgo. Estaba seguro que había elegido correctamente. La puerta de Bocón lo traería de regreso.
—Hiccup. —Llamo Astrid. Ella se había sorprendido mucho al verlo en ese cuerpo, sin embargo, ahora observándolo de frente se dio cuenta que en realidad no importaba mucho que fuera humano o dragón siempre tendría aquellos bonitos y amables ojos verdes. —Regresa pronto. —Dijo sonriendo antes de soltarle un buen puñetazo en la trompa. Hiccup rugió levemente. —Eso es por preocuparme y no decirme la verdad. —El dragón meneo la cabeza, sí que lo había golpeado con fuerza. —Y esto…— se apresuró a abrazarlo con cariño. —Por todo lo demás… te estaré esperando, vuelve pronto.
Ambos dragones comenzaron a caminar hacia el altar. A cada lado de la puerta se encontraban Thorbjorg y Bocón.
—Estaremos aquí para cuando vuelvas. —Seguro el Vikingo rubio.
El dragón que era Hiccup se adelantó unos pasos a su pareja para abrazar, de la mejor manera posible al herrero.
—Volveré. Esposa de mi padre. —Gorjeó tenuemente.
Y sin mayor preámbulo la pareja atravesó el altar.
Hiccup sentía su cuerpo caer en picada, y ser rodeado por un líquido, agua quizás. En un espacio que parecía ser un espejo líquido que juzgaría sus almas. Avanzaban uno tan cerca del otro, como si temieran perderse.
Hiccup dio un gemido ahogado, había estado conteniendo la respiración, creyó que sus pulmones resistirían más, después de todo era un dragón. Dio un jadeo para darse cuenta que tenía manos en lugar de patas, piel en lugar de escamas y que sin duda el hombre de cabello negro, que era Chimuelo, estaba tan o más confundido que él.
—¿Qué está pasando? —Pregunto el dragón sintiendo la necesidad de nadar de regreso ahora que aun podían distinguir tenuemente la luz de la puerta por donde accedieran.
Hiccup negó con la cabeza, cerró los ojos por un segundo y repaso con cuidado las palabras de Thorbjorg
— Su cuerpo y alma desaparecerían para dejar al descubierto únicamente su esencia. El Seid los complementara, el reto será Hiccup Horrendous Haddok III mantener tu quintaesencia, seguir siendo tú mismo cuando todo te impulsara a entregarte. A perderte en aquel encuentro que te hará sentir completo.
—Hiccup. —Llamo el pelinegro extendiéndole la mano y el castaño la tomo sin objeción alguna.
Todo su ser palpitaba deseoso, urgido de contacto entre ellos. Casi como la necesidad atávica de respirar. Hiccup se aferró al pelinegro, sus pieles se frotaron haciéndolos vibrar en deleite. Querían más, necesitaban estar más cerca. Tanto como ese cuerpo se los permitiera. Chimuelo sonrió complaciente, podía percibir cada deseo de su Àst con claridad por ello no reparo en unir sus labios con apremiante sensualidad, la que pronto se transformó en una guerra sin cuartel. En una batalla por ver quién podía profundizar más en la del otro.
Entre respiraciones entrecortadas y sin dejar de mirarse a los ojos, se separaron lentamente viendo como un pequeño hilo de saliva aún los unía. Hiccup estaba extasiado por las sensaciones, tantas emociones asaltando su corazón.
—Chimuelo — Llamo con tono desvalido, deseoso. Anhelante. Había sido tan dulce.
Un fuerte gemido se escapó de sus labios sin previo aviso ¿Qué hacía? le estaba tocando, ¿pero en dónde?
Intentó preguntar y nuevamente la reacción fue la misma. Se sentía avergonzado y sus mejillas le ardían, además su ahora esposo parecía estar tan desubicado como él, completamente perdido, pero ¿Es que Hiccup juraba que sus manos estaban quietas, ¿no era él quien lo recorría completo? O ¿sí?
Hasta después sería consciente de que sus manos viajaban sobre la suave y tersa piel del dragón mientras las de él delineaban cada parte de su anatomía. Era irreal la forma en que reaccionaba, como devolvía por imitación cada caricia recibida. Ni siquiera había estado enterado cuando aquel intercambio de caricias se inició. Menos aún se percató cuando Chimuelo se posiciono sobre él, ni cuando se vio respondiendo al movimiento de sus caderas buscando hacer cada vez más contacto con las del azabache.
Ambos sexos se rozaban sensualmente, acariciándose mutuamente. Hiccup sintió cómo la virilidad del reptil se endurecía y elevaba a la vez. ¡Delicioso! Aunque ¿en qué momento Chimuelo había vuelto a ser un dragón?
Una embestida un poco más fuerte que las anteriores le hizo gritar y olvidar cualquier cuestionamiento. Que más daba la forma si se trataba de Chimuelo. De su Furia Nocturna.
No deseando quedarse atrás aumento el ritmo de sus caderas poniendo especial atención cuando chocaban, incitándolo provocadoramente a continuar. A tomarlo. Ni el comprendía porque reaccionaba tan rápidamente a esos estímulos, porque únicamente su Dragón era capaz de enardecerlo de esa manera, pero tampoco tenía ganas de ponerse a diseccionar sus asuntos hormonales cuando su cuerpo pedía por más.
Chimuelo ¡Deseaba tomarlo ahí y ya! Pero no podía, al menos no de esa manera atropellada, ruda. Dejo de moverse un instante para contemplarlo entero, su ideal para una posible primera vez era algo más romántico, Hiccup lo merecía, la cuestión era que no estaba seguro si podía aguantar, porque la mirada verde le gritaba sus deseos y el simplemente lo observaba sin saber si continuar. Si este era la fusión que ellos estaban buscando o solo sería un reto más para hacerle saber a cualquiera que su amor iba más allá del contacto carnal.
Hiccup estaba desesperado por recibir más de aquellos roces que despertaban en él cosas que jamás pensó sentir. ¿Por qué paro? ¿Por qué no continuaba con lo que hacía? Aquellos toques lo estaban volviendo loco, quería sentir más, mucha más.
Sin vacilar, deslizó sus ¿manos? ¿Garras? acariciando el plano abdomen de su jinete. Se sentía confortable su piel era suave y tersa que le fue fácil entretenerse en esa parte, tocarlo directamente como siempre lo deseo
Hiccup ladeó la cabeza, le ponía nervioso tener las manos de Chimuelo jugando por su cuerpo. Y se empezaba a impacientar. Todo su ser le exigía más contacto. El azabache jugaba con sus pezones acariciándolos con fuerza al tiempo que hundía su cabeza en su cuello mordiéndole y dejándole quién sabe cuántas marcas que él luciría con orgullo.
Hiccup levanto la cabeza para mirarlo, para por lo menos darse una idea de lo que pasaba, sus ojos nunca llegaron a abrirse por completo pues volvieron a cerrarse acompañados de un sonoro gemido. Además del estímulo de las manos, el movimiento de caderas no había cesado y una estocada más fuerte que las demás había sido la causante de su grito.
La vista se le nublo del placer, estaba por llegar al cielo. No lo soportaba más, las caricias estaban teniendo resultados, ya no pensaba claro y con los ojos cerrados saboreaba los labios que tenía sobre los suyos mordiéndolos y lamiéndolos siempre que podía. Que importaba si era un reptil, un humano o un hibrido quien lo estaba poseyendo, ciertamente para él lo único válido era que se trataba de Chimuelo, su Ast, su Elska. Su mitad.
El Furia Nocturna coló una de sus zarpas por entre los muslos, deseaba dejarle una bella sensación de cariño y protección. Su mano se detuvo en un bulto, el totalmente erguido miembro del vikingo lo recibía deseoso, por lo cual no dudo en acariciarlo con la punta de los dedos, observando los diferentes gestos que producía.
—¡Oh! Por Thor. Chimuelo—Exclamo elevando las caderas. Más, más. Era lo único que registraba su ingenioso cerebro.
Chimuelo sonrió ante la desesperación de su Elska y beso nuevamente aquellos labios sonrosados con fuerza y lujuria para apaciguarlo, pero con una idea traviesa rondándole. Un jadeo fue lo que recibió de premio cuando sin previo aviso tomó ambas masculinidades para atenderlas juntas.
Hiccup gimió ante éste nuevo contacto, una cosa era rozar su miembro y otra una muy diferente era el sentir el contacto directo con su dragón, el cual aceleraba el movimiento de su mano.
El vikingo no pudo evitar gritar del placer moviendo aún más su cadera. La velocidad aumentaba al igual que el calor corporal. Faltaba poco para culminar con esta primera parte de su encuentro.
Nunca se puso a elucubrar sobre lo increíblemente delicioso que podía ser copular, se arrepentía de no haberlo hecho antes, pero por extraño que pareciera se negaba a dejar que alguien le tocara de aquella forma, de cierta forma siempre estuvo negado a ese tipo de contactos, incluso con Astrid. Pero con Chimuelo todo era tan natural que le asustaba.
El jadeo, los gemidos, las voces de ambos clamando por el otro, todo era parte importante del ritual, sus cuerpos se estremecían, con algunos segundos más llegaría al clímax al mismo tiempo.
—¡Chimuelo, no puedo más, yo...!—gimoteo arqueando la espalda.
El vaivén aceleró al tiempo en que el cuerpo de ambos se tensaba y daba paso a un último grito.
—¡Hiccup!— y sin más, ambos se corrieron, salpicando su vientres de aquel elixir nacido de la combinación de su semillas.
La sensación fue inusual para Hiccup jamás había experimentado tanto placer como hasta ese momento.
El dragón lo miraba con una sonrisa sincera mientras le dedicaba una seria de ronroneos y atenciones. Lo amaba.
Ya más calmados, un incómodo silencio se formó.
Chimuelo tenía el cuerpo del otro debajo suyo, acorralado, limpiándole escapar porque era suyo. Enteramente y por siempre suyo.
Para él era lógico tener aquellos pensamientos posesivos pues nunca negó el hecho de que lo deseaba de todas las formas posibles. Su mismo miembro ya se recuperaba ansioso, exclamando su deseo de encajarse en aquella parte íntima y virginal, que lo marcaría como dueño legítimo de aquel hombre.
Chimuelo se apropió de su cuello enterrando en un arrebato sus colmillos. El tibio líquido carmín broto y el Dragón no espero para lamer y saciar su hambre. Lo tomaría todo de él. Conocería de Hiccup hasta el último de sus cabellos y probaría cuantos sabores pudiera esconder su cuerpo.
Hiccup gimió ante el contacto, tenía que centrarse, pensar claro o las cosas se le irían de las manos, se dijo intentando recordar la advertencia de la Völva. Giró la cabeza deseando esquivar los labios que demandaban besarlo, pero aunque su boca se quejase, Hiccup quería que siguiese, que lo torturase, que arrancara de él la piel misma para funcionarse con aquel ser que le enseño lo que significaba la palabra libertad.
Chimuelo bajo de los hombros al pecho, en donde se encontró aquellos rosados botones que se erguían petulantes. Su lengua bífida dio una leve lamida al tiempo en que sus oídos eran asaltados por fuertes quejidos que salían de la boca de su jinete.
Había soñado tantas veces con ese momento, tantos años reprimiéndose, negándose a escoger pareja, frustrándose tras cada temporada de celo que pensaba disfrutarlo cuanto pudiese. Besaba y mordía todo el pecho expuesto bajo suyo, ya no podía detenerse. Le era difícil creer lo que hacía, simplemente imposible, su sueño hecho realidad.
—Hiccup. — ronroneo el dragón contra el oído ajeno separándose unos momentos para ver el rostro de su amado.
Chimuelo continuaba lamiendo y mordiendo por toda su anatomía. A éste paso no aguantaría mucho. Hiccup mordió su labio inferior para acallar sus jadeos, sin éxito; así que se dejó vencer, y ya sin pudor alguno inicio con aquel concierto de quejidos y gritos que demostraba su gozó.
El moreno lo miró triunfante era el momento, no tenía experiencia pero su instinto le guiaba.
Hiccup inspiro intentando calmarse al ya no sentir las caricias en su cuerpo, luego dio un leve quejido cuando sintió roces que se colaba en lugares jamás explotaros por otras personas. Con gran esfuerzo invirtió posiciones, ahora él se encontraba sobre Chimuelo y una idea le salto.
Sus labios rápidamente dibujaron un camino en descenso. Siempre teniendo en prioridad presionar aquellos puntos que sabía desarmaban al Furia, había explorado el cuerpo de su Dragon incontables veces y era hora de poner en practica todo su conocimiento.
Lo escucho gruñir, y no pudo menos que sonreír satisfecho. Sin darse cuenta llego a su objetivo. Un suspiro hizo que su aliento tibio chocara contra aquel portentoso mástil de carne. Hiccup se relamió los labios y sin pudor abrió la boca para meterlo de una sola vez. Chimuelo dio un jadeo poderoso amaba esta nueva faceta de su jinete.
Hiccup se estremeció en deleite, su lengua se movía por todo el largo degustando con ínfimo placer, tenía un sabor amargo aun así le era agradable por el simple hecho de pertenecerle a Chimuelo. Duro, resbaladizo, grueso… sus manos cogían con una mayor fuerza la masculinidad de su acompañante y la sometía a un vaivén de incontrolables estocadas mientras su lengua jugaba de vez en vez a delinear la punta dejando que sus dientes pellizcaran parte de la sonrosada carne.
Chimuelo entrecerró los ojos, lo disfrutaba, era más que increíble que, el hasta cierto punto tímido Hiccup que conocía, sea el mismo que ahora le daba tanta satisfacción ¡¿Cómo podía ser tan bipolar?! El siempre con esa estúpida sonrisa cándida y de personalidad tan calmada, sin duda era impredecible.
Tembló ante la visión del vikingo lamiendo desesperadamente su entrepierna
¿¡Por qué tenía que ser tan jodidamente bueno en todo!?
Estaba llegando a su límite, más besos, mordidas en aquella parte lo enloquecían. Y la boca de su Elska continuaba acelerando cada vez que a su dueño se le daba la gana.
Le faltaba poco para terminar. Intentó resistirse pero ya no podía, su espalda comenzó a arquearse al tiempo que una serie de fuertes gemidos salían sin control. Era el mejor momento pero no permitiría que terminara así.
Con mucha fuerza de voluntad separo a Hiccup. El castaño lo miraba jadeante con las mejillas rojas cual manzanas sin entender. ¡Dios! Ese chico no sabía lo endemoniadamente sexy que era, cuanto menos lo mucho que lo incitaba, al punto de hacer que su miembro diera dolorosas punzadas de deseo.
Con cuidado coloco a Hiccup de vuelta bajo su el cuerpo. Ya no había vuelta atrás ambos se miraron deseos de lo que vendría a continuación.
Chimuelo repaso con sus garras temerosamente los muslos de su Ast incitando a su dueño a separarlos, no fue necesario indicarle como acomodarlos a cada extremo de su cadera, porque el castaño lo hizo en un solo y ágil movimiento. Con suma delicadeza subió hasta llegar a la intersección de ambos. Se detuvo respirando agitadamente por la excitación que sentía ante la virginal entrada rosa que tenía delante.
Hiccup lo miro con clara preocupación, suponiendo que Chimuelo también estaba atemorizado. Era la primera vez para ambos y sus cuerpos no parecían decidirse por una apariencia, ambos mutaban de humano a dragón indiscriminadamente.
Ahora se entregaría a ese ser. Sin tapujos, sin quejas o inconformidades. Se abandonaría por completo en manos, a las garras de su mitad, sin importar que cuando lo tomara fuera hombre y a mitad del encuentro su cuerpo se transformara en dragón. A si lo amaba, así lo ansiaba.
— Chimuelo —llamo angustiado ante la pausa.
El de cabellos oscuros beso los finos labios de su Ást, amaba cuando Hiccup leía tan clara mente en él, porque entonces afirmaba aquella conexión que los había llevado a ese punto. Lo amaba y necesitaba, por eso y a pesar de todo, quería terminar con lo que había empezado para formar un lazo único e inquebrantable. Más allá de cualquier perspectiva, tabú o ley.
Porque se pertenecían. Habían nacido para estar juntos, respiraban por el bien del otro.
Se acomodó entre las piernas de su jinete tratando de controlar su peso para no caer de lleno sobre él. Una vez cómodo suspiró profundamente. Aún tenía muchas dudas en mente pero las arrojo lejos para concentrase en depositaba un par de besos en su cuello y pecho, descendiendo con locura hasta el torso y luego hasta la cintura, quería que lo disfrutara.
Hiccup apretó las manos en puño al ver que Chimuelo se había detenido otra vez. Y sonrió al ver que el dragón no parecía entender lo urgido que estaba. Por ello optó por tomar nuevamente la iniciativa comenzando así a mover las caderas hacia arriba en busca de contacto, danzando de manera erótica y provocativa. Lo quería dentro. Y dio un sonoro gemido por el contacto sobre su virginal entrada, ansioso elevo las caderas, provocando que el otro se detuviera asustado por haberle causado algún daño. ¡Solo había sido la punta! Pensó, lo que menos deseaba era herirlo.
— Mételo de una vez —pidió Hiccup entre jadeos entrecortados.
Chimuelo asintió ante la petición y se introdujo un poco más sintiendo las entrañas de su humano cerrarse. Lo estaba enloqueciendo. Quería entrar, irrumpir en aquel cálido interior y comenzar a embestir con vehemencia.
—¿Te duele? —Pregunto dando suaves lamidas por todo el cuerpo del castaño.
—Solo un poco, prosigue. — indico y, el dragón se movió sutilmente penetrando un poco más en el proceso.
—Tendrás que hacerlo de un solo movimiento. — Ordeno acomodándose y con mayor firmeza en su voz dijo. —Si digo que puedo soportarlo, puedo soportarlo. — y apretó aún más fuerte las caderas del dragón con sus piernas.
— Sí — concedió el reptil ébano, sonrojándose ante la mirada decidida, Hiccup en aquella pose era la cosa más deseable del universo.
Inspiro profundo y de una sola estocada entro en la estrecha entrada. Hiccup soltó un grito de dolor por la presión.
—Es enorme. — plaño herido.
—Eres mío. Completamente mío. —Gimió deseoso contra el oído ajeno apenas estuvo completamente dentro, abrazándolo con posesividad.
Podía sentirlo claramente dentro de él mientras esperaba a que se acostumbrara, era enteramente delicioso que hasta parecía inverosímil el haber pasado tanto tiempo sin ese acoplamiento que le perfeccionaba.
Las embestidas comenzaron suaves, tiernas para ir ganando confianza a tal grado que al final eran estocadas fuertes y profundas que perforaban el cuerpo de Hiccup sin cuidado, removiendo hasta las fibras más recónditas de su interior.
—Ahhaaaa... ahaaa…. Ahmmm…. Mas… más ráaa…piii…do… —no pudo articular sin tener que tartamudear, la lujuria había hecho presa de ellos, ahora ya no tenían sentidos más que para sentirse, percibirse el uno al otro.
La lengua bífida recorrió su columna vertebral haciéndole estremecer. Jamás, nunca nadie lo llenaría por completo después de Chimuelo.
El dragón dio un gemido ronco al sentirse en el punto álgido de placer siendo apretado por ese estrecho y suave lugar que le partencia a él, e Hiccup no hacía más que incitarlo con aquella voz sensual que le hacían ver cuánto disfrutaba su toque rudo, ese desenfreno bestial con el cual lo embestía sin escrúpulo.
Quería, necesitaba sentir todos aquellos embates lujuriosos, gritar el nombre de quien lo penetraba tan vehementemente casi hasta romperlo, torturándolo de placer. Gemir, gritar hasta que se le desgarrara la garganta y ni aun entonces demostraría ni la milésima parte de lo que estallaba en su interior con cada acometida porque nadie jamás lograría extasiarlo de esa forma.
—Me encantas. Mío. Siempre Mío. —Susurro apenas logrando hilar pensamientos coherentes. Acentuando la confesión una serie de lamidas en la parte trasera del cuello y parte de la espalda.
Hiccup contesto con una leve sonrisa y caricias tiernas. Deseaba espresarle que siempre lo fue. Aun antes de conocerlo. Eran mitades, unidades de un todo.
—Y tú mío. Jamas te atrevas a dejarme. Porque encontrare la forma de atraparte y retenerte de nuevo.
Chimuelo rio. A pesar de tantas sensaciones Hiccup aún tenía la coherencia para amenazarlo. Pero eso podía arreglarse.
De un tirón salió del interior de vikingo. Hiccup exclamo entre asombrado e inconforme, un segundo después su cuerpo se hallaba boca abajo mientras el inhiesto falo del dragón lo espalaba de una sola y brutal embestida.
¡Por todos los Dioses! Chimuelo debía ser el mejor amante de todo el mundo. Pensó antes de perder por completo la cabeza.
Duro… duro… profundo… más dentro… destrózame…
¿Cuánto aguantaron? No lo sabían ni les interesaba, podían haber sido minutos, horas, que más daban, el tiempo era para ellos un minúsculo error del cual podían prescindir teniéndose, entregándose.
Y entonces la sintieron llegar, lo que muchos nombraban como la pequeña muerte les envolvió en sus brazos y ellos la recibieron mirándose directamente a los ojos, con sus cuerpos sudorosos y sus almas libres. Todos sus músculos se tensaron mientras la dicha de Chimuelo estallaba en el interior de Hiccup y la Hiccup sobre el vientre de su dragón.
Exahustos se miraron, sonrientes, plenos, para sellar su encuentro con un beso demandante, abrazador, dulce y apasionado, el mismo que determinaba el fin de su espera. A partir de ese momento no habría nada que los separa. Ni siquiera la muerte.
Hiccup se acurruco sobre el pecho de su dragón, deseaba permanecer así por siempre. Con cariño el vikingo busco tomar la mano de su compañero, encontrándose con su zarpa. Rio quedito depositando suaves y cariñosos besos, sin percatarse que su boca hacía tiempo había dejado de tener labios y que su piel ahora poseía escamas.
Chimuelo ronroneo satisfecho. Lo había poseído siendo humano y dragón. E Hiccup lo recibió de la misma forma.
—Te amo.
—Y yo aún más.
Confesaron, piel con piel, escama contras escamas, no hacia diferencia pues sus cuerpos juntos volvían a despertar. A buscarse ansiosos por un nuevo encuentro, un eterno e infinito espacio les invitaba a entregarse sin tiempo, sin reservas por la eternidad.
Continuara…
Tengo pensado hacer una segunda parte…
Así es, señoras y señores
Amor de dragón 2
Espero su punto de vista y si les gustaría ver algo de eso. Ya les daré más detalles en el siguiente cap.
No s leemos.
Atte: Ciel Phantomhive
