CAPÍTULO 8

Susurros entre las hojas de los árboles encantaron la noche, los estuvieron viendo desde que la señal fue activada a miles de kilómetros de distancia; todos supieron transformar la calamidad en oportunidad y ahora mismo esperaban el momento preciso para hacer sus movimientos. Deberían ser en extremo cautelosos dado el número de peligros adyacentes, un solo error terminaría en tragedia definitiva. Se percataron que dos mantenían vigilancia meticulosa sabiendo que poco podrían hacer mas preferían estar concentrados, el plan fue puesto en marcha sin que ninguno de esos muchachos supiera.

-¿Te sientes mejor?-

-Sí, gracias. ¿Alguna idea sobre el río?-

-Si ni siquiera Izzy lo sabe-

-No te subestimes Matt, eres muy listo. A veces-

-Kari, soy demasiado atractivo como para sentirme subestimado- una conversación poco ortodoxa pero cálida al final de cuentas, bromas entre ellos mismos dejando por un momento la estricta vigilancia permitieron a ambos muchachos desestresarse al menos unos segundo; Matt siempre fue bastante amigo de su hermano mayor, acostumbraba a visitarlo no muy seguidamente pero si lo suficiente como para mantener una gran amistad, Kari recordaba como esos dos paraban peleando por cualquier cosa cuando eran niños cosa que no hubo cambiado del todo salvo por los golpes a diestra y siniestra. -Ustedes tienen una familia hermosa- algo de nostalgia contagió al rubio mientras este miraba nuevamente a puntos fijos; a diferencia de su gran amigo, él nunca tuvo un hogar funcional pues sus padres tuvieron que separarse por razones las cuales nunca entendería, entre sus memorias se percató que de menor edad era un chico poco sociable e incluso considerable como misántropo, quien diría que un campamento común y corriente le cambiaría la vida en un giro de 360 grados.

-No tienes idea lo insoportable que resulta vivir con Tai- quiso sonar más animada para evitar ver triste a su compañero, era cierto que fuesen amigos pero tal vez no lo suficientemente como para poder contarse secretos o buscarse como primeras opciones frente a problemas, pero Kari siempre resultaba ser en extremo amable así que buscando una pronta salida a un tema deprimente, buscó la gracia.

-Ya me imagino…..oye…como si miles de ideas hubiera fluido simultáneamente, aquel sujeto tuvo una brillante idea, rebuscó entre sus pertenencias un objeto singular dejando con curiosidad a la chica quien no supo cómo ni qué responder tras verlo tan emocionado….Kari, tú eres especial lo sé…..resultó admirable saber cuántas cosas cargaba entre sus bolsillos de pantalones y camisa pues logró sacar monedas, llaves, lapiceros, fósforos, un encendedor común, cigarros (a ella le pareció extraño que Matt fumara, no parecía nunca haberlo visto prender un cigarrillo), tampoco pudo evitar sentirse impresionada por el comentario de "eres especial"….vamos Kari, sé que podrás- le miró con ojos felices cual saltones mostrándole su vieja armónica reluciente, la cuidaba como oro prácticamente, para Matt era su primer tesoro en su "carrera" como músico, ella seguía sin entender. –Podrías explicármelo, eres muy extraño a veces-

-Kari, puedes sentirnos a todos sin necesidad de ver tu digivice ¿o me equivoco?-

Quedó en silencio, pero tras breve pudo entenderlo a la perfección, una idea bastante atractiva tal vez digna de Izzy pero no, fue propuesta por el mejor amigo de su hermano. En su segunda aventura, Kari logró ubicar los dispositivos digitales dorados cuando recordó el sonido del silbato que acostumbraba hacer sonar fuertemente para despertar a Tai en la infancia; ese mismo acto pudo hacer que la todos los otros digivices brillaran para indicar una posición especial revelando el lugar donde yacían esos objetos, más tarde ella confesaría que pudo lograrlo pues veía a su hermano en serios aprietos cuando combatían contra Black Warpgreymon, ese sentimiento le salvó. –Pero no estoy muy familiarizado con tu armónica-

-Hay que intentarlo, el tarado de Tai detestaba el sonido de este objeto, es obvio que no sabe de música, pero si tan solo…..tal vez sepamos donde está. Quien sea que fuese nuestro enemigo, si Omegamon surge, la victoria es nuestra- una sugerencia más que positiva, Matt no solo hubo estado pensando en conocer una posible ubicación de ese miembro faltante, sino que también supo ordenar sus ideas por si un combate (cosa bastante probable) se instaurase, no existía ser más poderoso que la fusión mega de ambos. -De acuerdo, hagámoslo-

Dejaron la vigilancia sin importarles nada, una emoción naciente les invadía cuerpo y mente enteros, no pudieron evitar hacer algo de bulla, uno de los otros comenzaba a despertarse siendo ignorado por aquellos dos mozuelos.

-¿Lista?, sé que no es fácil, trata de concentrarte todo lo que puedas Kari, no te desanimes si..-

-Hablas demasiado amigo, solo hazlo- guiñándole un ojo en señal de broma, la chica le hizo entender que no había inconveniente alguno si no funcionase. Cerró ambos ojos café claros para buscar un recuerdo que le permitiera recrear nuevamente esa habilidad; la comida casera de su madre tan peculiar con Tai haciéndose el "héroe" y devorándola casi sin masticar era una opción, pero resultaba ser una memoria jocosa, era necesario algo más intenso. La vez que Tai de algún modo logró volver al mundo humano en su primera aventura….el sentimiento de protección, era el indicado.

-¿Chicos?, ¿Qué están haciendo?- Izzy se despertó con mucha pesadez, limpio sus párpados con la muñeca suavemente, miró detenidamente a Matt intentando hacer sonar su armónica preciada y a Kari sentada sobre sus piernas frente al rubio casi sin moverse; tardó muy poco en darse cuenta…

El sonido fue melodioso tal y cómo durante su primera aventura, fue imposible que el resto se mantuvieran dormidos, empezaron a despertar lentamente pero…-Noooo, detente…..Kariiiii- Izzy corrió como orate con los ojos abiertos totalmente y comenzando a sudar frío, otra mala decisión fue tomada, muy tarde. Los dispositivos comenzaron a brillar con intensidad, pero era el de la chica portadora del emblema luz quien asemejaba a cien focos prendidos, todo duró cinco segundos…-detenteeeee Kariii, no sigaaass- tuvo que abalanzare sobre ella para permitirle dejar de evocar recuerdos, el susto de alguien cayendo encima suyo le hizo perder concentración, al abrir los ojos lo primero en ver le lleno de terror. –Despierten todos, corran, corran- el genio parecía querer llorar por la desesperación, nadie se opuso a su orden y cada quien ayudó al sujeto contiguo emprendiendo una salida.

-¿Estas bien Matt?, resiste por favor, saldremos de esto, corre, corre- tenía en brazos al rubio, nunca fue alguien muy atlético pero fue rápidamente apoyado por Davis y Tk, ya habría tiempo de preguntas, era momento de huir. –Déjenme aquí…..sálvense- no se supo si era una súplica o una orden, mientras corrían, decenas de árboles comenzaron a arder en llamas gigantes, gotas de sangre caían del cuerpo del rubio, todo era un alboroto. Pararon en seco, el fuego les rodeaba, no había salida. –Revélate infeliz- Davis buscaba con la mirada al artífice de tanta destrucción, una risa macabra inundo el bosque en llamas. –Morirán, morirán, jajajaja, lentamente morirán- en ecos era mucho más complicado encontrar la fuente, el miedo les invadió a un punto insoportable, pronto el humo les comenzaba a debilitar. Sin pensárselo dos veces, Joe retiró una especie de aguijón incrustado sobre el abdomen de su amigo, medía casi quince centímetros, bastante delgado, un arma letal. -¿Quién eres?- vociferó buscando respuestas vanas.

-Creo que esta vez si la he malogrado completamente- con voz débil sangrando tenuemente por la boca, Matt no pudo evitar dar, lo que el mismo pensaba, su último sarcasmo.

-Quemen los digivices, destrúyanlos- Izzy dio tal orden, sabía perfectamente que el final estaba muy cerca, tan solo pudo ver un único punto naranja parpadeante….el paradero de Tai se hallaba en el lugar menos imaginado; por alguna razón necesitaban de él o de su emblema, ya daba igual, moriría de todas formas pero no por eso iba a dejarle las cosas tan fácil al enemigo; no iba a llorar, se despidió en silencio de sus padres adoptivos, cogió su dispositivo con fuerza al igual que todos. Cada quien hubo reconocido el destello naranja en las minúsculas pantallas de los objetos digitales, habían cometido un gravísimo error.

-Ahoooraaaaaa-

-Conexión establecida-

Voces familiares en medio de tanta destrucción, alzaron la vista, un gigante manto caía desde los cielos con la superficie suficiente como para cubrirlos a todos ellos; la misma voz amenazante gritó con ferocidad al ver ese objeto aproximándose. -No escaparán-

Una columna de fuego de casi diez centímetros de radio y treinta de alto se hizo presente, caos absoluto, nada saldría vivo de eso.

…..

-¿Cómo es posible invocar tanto fuego?- algo de incredulidad aún se mantenía latente en el joven Koichi, ya daba por terminado su cuarto sándwich y quien sabe cuántos litros de jugo de naranja se hubo tomado durante la historia contada por su abuela. Prometió no hacer preguntas pero una curiosidad propia de un adolescente le impedía no hacerlas, felizmente notó a Kari sonriente ante su interrogante.

-Es mucho más aterrador estar ahí, créeme hijo- con mucha simpatía fue respondido, el reloj marcaba las 8 pm, momento de irse a casa. Despidió al nieto dándole más emparedados con la promesa de darles a sus padres también; de hecho la abuela visitaba con menos frecuencia a su hija desde que se casó, tal vez se sentía algo incómoda o quizás como una carga a pesar que el señor Takamoto le hubo dicho personalmente que estaba más que contento el tenerla en casa y mucho más luego de haberles dado tanta ayuda cuando se mudaron a la ciudad de Odaiba.

Koichi caminó por un camino diferente esta vez, le parecía atractivo buscar siempre nuevas rutas y lo pacífico de la zona ayudaba bastante para su estilo; atravesó una de las capillas depositando unas cuantas monedas en señal de respeto. En su trayecto se topó con aquel joven docente recientemente integrado por motivos extra académicos, ya se rumoraba que ese profesor suplantaría al anterior pero nada concreto existía; caminaba bastante distraído por las calles para tratarse de un catedrático, Koichi quiso evitarlo pero fue saludado por ese sujeto rápidamente. –Veo que tus calificaciones fueron satisfactorias-

-Sí profesor, me he esforzado-

-Muy bien, dime Ukitake, no hay necesidad de formalidades fuera de la escuela-

-Bueno si usted lo dice, ha sido un gusto prof….-

-Pronto se abrirán las inscripciones para la selección de soccer de la escuela, aunque me han comentado de tus habilidades, sería bueno que no descuides tu dieta- lo dijo señalando la bolsa repleta con panes que cargaba el muchacho con el brazo derecho, su voz en esta oportunidad era jovial, buscando ser bromista, todo lo contrario a como realmente resultaba ser dentro de la institución educativa.

-Es un regalo de mi abuela, no creo poder comérmelo todo, ¿desea uno?-

-Vaya que amable eres, te agradecería, estoy hambriento- tomó uno de los emparedados para dárselo con toda la amabilidad posible, cuando aquel maestro estiró la mano todo sonriente para recibir el obsequio, Koichi pudo ver un objeto a especie de muñequera salvo por la forma casi hexaédrica y un símbolo en particular como la de un sol dibujado en su centro; parecía haberlo visto con anterioridad. –Muchacho me has salvado de morir hambriento, no he comido nada desde la mañana- el profesor Ukitake literalmente devoró el alimento en menos de un minuto, alguien que comiese así tan solo podría decir la verdad en no haber probado un almuerzo decente en la tarde; le entregó otro a pesar que el adulto le pidió no molestarse, pero aludió a que habían tantos que no había problema alguno en invitarle otro más.

-Bueno, debo irme profesor, gracias por el dato de las inscripciones, mañana mismo iré a registrarme- gustosos por saber que al terminar las clases podría unirse nuevamente al quipo principal del futbol juvenil, se marchó sonriente y devorando otro emparedado por si las dudas, además la cocina de la abuela era exquisita. Caminó hasta pocos metros de casa, cuando casi se atora con un gran trozo de carne aderezada que Kari solía poner en sus sándwiches caseros; aquel símbolo en la muñeca del profesor no podía ser otro, cómo pudo haberlo olvidado.

Entre sus memorias pudo reconocerlo, aunque tarde. En una de las fotografías mostradas la vez que subió por primera y tal vez por última vez al ático, la abuela le mostró una serie de capturas fotográficas de su hermano mayor llamado Tai, ese mismo símbolo era el cual usaba ese joven a modo de collar en una de las tantas imágenes guardadas en una polvorienta caja.

…..

-Fuiste muy insensato en mostrarle el emblema tan directamente-

-¿Tienes miedo acaso Wong?-

-Pudo haber estallado y matarlos a ambos…..si no es a toda la ciudad-

-Hay riesgos que tenemos que correr, pero ahora no cabe duda-

-Espera, espera, pero el emblema no brilló, ¿cómo puedes decir que no hay duda alguna?-

-Fue un alivio habérmelo puesto en la mano y no en el cuello- el profesor discutía nuevamente en las calles con su ex alumno Ukitake, no entendió lo dicho al final por su colega docente hasta poder ponerle atención y mirar fijamente, la oscuridad de la noche y un faro descompuesto le impidieron notarlo instantáneamente.

-Quítatelo ahora-

-Lo sé, lo sé, ¿ves? Ha reaccionado-

La muñeca de ese hombre estaba circunscrita con una cicatriz urente, las cadenillas que sujetaban el cuerpo del emblema del valor quemaban como si hubieran sido puestas al fuego vivo y eso se pudo reflejar sobre la piel dañada en el profesor. Wong se quitó la chaqueta y la lanzó sobre el emblema tirado en el suelo, dijo unas cuantas palabras incompresibles para segundos más tarde levantar ambos objetos usando la tela fina para cubrir al emblema.

-Te mantienes vigente aún amigo mío, lograste hacerlo muy bien- Ukitake miraba agradecido al profesor Wong por haber hecho lo correcto con tanta actitud, por primera vez le daba su gratitud, a su estilo sarcástico por su puesto pues le tiro una palmada levemente fuerte en el hombro derecho que le hizo inclinarse pocos centímetros

-Esto también significa que ha vuelto-

…..