Bueno y ahí les dejo el segundo capítulo... ¡espero que lo disfruten!
Una investigación sin autorización.
Cuán terrible es lo que los científicos guardan en sus portafolios.
Nikita Jrushchov (Político de la URSS).
Seis años más tarde
Se bajaron los dos del coche. Habían llegado por fin al destino que parecía llevarles más pistas. Ambos habían estado recorriendo toda la región de Kanto para averiguar alguna cosa sobre esa lista de nombres desaparecidos. Ella quería saber donde estaba aquella persona que tanto quería. Él quería recuperar la amistad que había tenido con su amigo. Ambos suspiraron y pensaron que ese sería el último lugar, aunque eso lo hubieran dicho ya en las últimas dos ciudades. Parecía que les estuvieran tomando el pelo desde hacía un buen rato y tampoco les culpaban. Al día siguiente era 4 de abril: April's fool. La mujer tenía el pelo largo y recogido en una coleta. Su piel, más bien pálida, hacía que se apreciara mejor el color negro de su traje. El hombre de piel morena, llevaba una gorra de visera verde, de la que nunca se separaba. Se había quitado las gafas de sol y se quitó también la gorra para entrar al edificio. Aguantó la puerta mientras ella entraba con un 'gracias'. Se quitó la chaqueta de tonos marrones para dejar ver una camisa blanca y unos pantalones negros. Se dirigieron a la mesa alargada de recepción que había. Miraron los dos hacia las puertas de cristal que les separaban de la oficina. Todos parecían reír mucho. Una mujer detrás de la mesa alargada les observó. La mujer de ojos verdes y pelo rubio estaba atendiendo en esos momentos a una llamada telefónica.
- Disculpe –dijo el hombre quitándose la cartera y enseñando una placa policial.
- ¿Qué les trae por aquí? –preguntó la mujer.
- Venimos de la policía metropolitana de Tokio del departamento de desaparecidos. En la central de la policía de Kioto, nos han dicho que aquí quizás encontrábamos pistas de lo que estábamos buscando –dijo la mujer tocándose el pelo con nerviosismo.
- Pasen, dentro seguro hay alguien que les atiende –sonrió la mujer– disculpen las molestias, ha habido muchos altercados en estos últimos 3 años y preferimos poner un cristal a prueba de balas –sonrió mientras se oía un ruido que indicaba que la puerta se estaba abriendo.
- Gracias –sonrió el hombre empujando la puerta.
- ¿En qué puedo servirles? –preguntó un hombre vestido de oficial de policía acercándose a ellos medio riendo.
El hombre le enseñó la placa de policía mientras la mujer volvía a repetir lo que antes había anunciado.
- De acuerdo… –el oficial miró a su alrededor hasta que encontró lo que buscaba– vengan por aquí, hoy estamos más bien de servicio, pero sin estarlo…
- ¿No hay ningún superior a vuestro cargo? Esto parece más bien una fiesta que una comisaría de policía –observó el hombre, chasqueando la lengua, fastidiado.
- Acostúmbrese, está usted en la oficina del programa especial de la policía de Kioto.
- ¿Tiene eso algo que ver con lo que nos dijeron en la comisaría central? –preguntó el moreno moviendo la gorra con nerviosismo.
- ¿Qué os han dicho? –preguntó el oficial parándose.
- Que en este lugar nada es lo que parece –sonrió la inspectora.
- Eso es cierto –respondió el oficial con una sonrisa.
- No seas tan buena con ellos –sonrió el moreno observando un grupo de policías que parecía reírse de algo que tenían en un sofá– Que no tenéis nada de policía. Y por lo que puedo ver es cierto. Algún superior os iría bien.
- No tenemos nada de policía, también es cierto. Y sí tenemos a un superior a nuestro cargo, pero está descansando –sonrió el oficial andando de nuevo entre las mesas desordenadas de la comisaría– llevaba el pobre 3 días sin dormir y su mejor compañero ahora mismo se está aprovechando de la situación –se rió el oficial– disculpen mis modales, no me he presentado– dijo entrando en una sala vacía y dejando entrar a los policías– me llamo Irie Raiko. Y esta es la comisaría del programa. Una comisaría en donde las fiestas son más bien bienvenidas. Nosotros somos los que resolvemos los casos que no se pueden resolver.
- Ella es Nakamori Aoko y yo soy Hattori Heiji –informó el hombre alargando la mano al oficial.
- Un placer –sonrió Raiko estrechando su mano y luego cerrando con llave la puerta– tomen asiento por favor, ¿quieren tomar algo?
- No gracias –dijeron los dos de Tokio a la vez, sentándose.
- Bien… ¿y qué pistas son las que buscan con exactitud? –preguntó el oficial sentándose también.
Los dos inspectores de Tokio observaron a su alrededor, mientras Aoko sin decir nada sacó una carpeta de papel de color marrón de su bolsa y la dejó encima de la mesa. La sala parecía hecha solo para hacer reuniones. Una mesa larga con sillas a su alrededor estaba al centro de la sala. Al lado de la puerta una pequeña mesa con una cafetera y una pequeña nevera. Aoko se quitó la goma que le ataba el pelo y con nerviosismo se lo despeinó un poco. Abrió la carpeta y extendió tres fotos delante del oficial: una de Kudo Shinichi, otra de Kuroba Kaito a lo lejos y Miyano Shiho en primer plano, y la última de Gin. Irie conforme iba sacando las fotos iba palideciendo. Heiji se quedó mirando la reacción del hombre que con nerviosismo iba jugueteando con sus dedos.
- ¿Les conoce? –preguntó Hattori.
El hombre se tapó la boca con la mano para asegurarse de no responder la pregunta y negó con la cabeza.
- Está claro que les conoce –terminó el inspector levantándose de la silla.
- Les… conocí hace 6 años –respondió el policía destapándose la boca– murieron hace 4 años en América. Excepto Sherry… ella sigue viva.
- ¿Estás de broma? –preguntó el moreno levantándose.
- Dime… Hattori-san… –se atrevió a decir el oficial– Kudo me dijo que tu sabes algo acerca de la Organización.
- ¿Eh? Sí… más o menos… ¿por qué…?
- ¿Sabes lo que son las mazmorras? –preguntó Irie levantándose y cerrando las cortinas.
- ¿Las mazmorras? –preguntó Aoko mientras Heiji negaba con la cabeza.
- Es el peor lugar de todo Japón –informó el hombre sin encararse a los dos que le miraban– y me atrevería a decir del mundo entero –el hombre se giró con los ojos tristes y miró con atención a Hattori– es el lugar que la Organización utiliza como lugar de reclutamiento.
- ¿Reclutamiento?
- Necesitan nuevos miembros y para ello utilizan la cobardía como moneda de cambio –informó Raiko apoyándose a una de las ventanas– Tortura…
- ¿Tortura? –preguntaron Heiji y Aoko mirándose.
- En esas mazmorras torturan a los posibles nuevos miembros y así se aseguran de meterles miedo en el cuerpo para que no les traicionen más adelante.
- ¿Y por qué…?
- ¿Por qué os cuento eso? –preguntó Irie– Si alguna vez preguntando por ahí acerca de ellos… –respondió señalando las fotos– Kuroba Kaito, Kudo Shinichi, Haibara Akemi… si alguna vez preguntando por ellos alguien te muestra una quemadura en su brazo derecho… te aconsejo que salgas corriendo de allí.
- ¿Quemadura? –preguntó Heiji– ¿A qué te refieres?
- Una quemadura en forma de 'S' pero con una de las puntas en una circunferencia –respondió Raiko– Ese es el símbolo de los que han sido torturados por la Organización en ese lugar. Y si tienen una estrella a la punta… es porque accedieron a unirse a ellos. Que yo sepa solo ocho personas han conseguido salir de allí vivos y sin esa estrella –sonrió el hombre.
- Vuelvo a preguntar, ¿por qué nos dices eso? –dijo perdiendo la paciencia Heiji.
- Porque eso es de lo único que os puedo informar siendo una investigación sin autorización –sonrió guiñando un ojo el oficial.
- ¿Cómo sabes eso? –preguntó Aoko.
- Porque los que tienen autorización me informan antes –sonrió el hombre– tienen que saber que justo traspasando esta puerta que he cerrado hay unas 6 personas de la Organización, dispuestas a matar a cualquiera que les muestre una foto de ese hombre –añadió Raiko señalando la última foto en donde aparecía un dibujo de Ginebra– en la policía de Tokio hay alguien del departamento de Asuntos internos que me informa al respecto para que ninguno de esos puedan matar a quienes quieran saber.
- Un segundo… ¿sabes que hay gente de la Organización trabajando aquí contigo? –preguntó Aoko.
- Es mucho más fácil tenerlos al lado, así no tengo que buscarlos –sonrió el hombre– pero bueno… también se tiene que ir con más cuidado con lo que se dice.
- Claro… –murmuró Hattori.
- En esto consiste esta comisaría de policía –sonrió Irie estirando los brazos con pereza– somos los que investigamos los casos sin resolver… somos los que nos traicionamos entre nosotros.
- ¿Traicionaros? –preguntó Heiji.
- Sí, los 6 agentes restantes de esta comisaría son de la Organización yo soy el único que queda que no pertenezco a ella –respondió Irie.
Alguien llamó a la puerta. Irie se apresuró a girar las fotografías de la mesa y en seguida la abrió.
- Brother…
- Bueno, Irie-kun… ya nos vamos… –sonrió alguien detrás de él.
- Y me dejáis solo –se quejó el oficial.
- Vamos, vamos… hoy vas a empezar tu carrera como encargado de la comisaría… ¿por qué no te alegras un poco por eso? –preguntó el otro.
- ¿Por qué debería de alegrarme? Son 6 contra 1.
- ¿No cuentas con la pobre An? –se rió el hombre.
- ¿Para qué nos sirve un peón? –preguntó Irie.
- Lo que tu digas… me vuelvo a mi comisaría, que estoy mejor allí… –sonrió.
- ¿Ya encontraste a esa chica? –se rió Raiko.
- No, pero bueno… no importa… ya nos veremos, Light –sonrió el hombre dándole un abrazo.
Heiji se levantó de golpe al reconocer al chico de su edad.
- Hondo Eisuke.
- Hattori Heiji –murmuró el policía al reconocer al moreno– ¿Qué hace él aquí? –preguntó.
- Ha venido por eso… –sonrió Irie– Ese es el de asuntos internos del que os hablaba.
- ¿En serio? ¿Y qué pasó con la CIA? –preguntó Heiji levantándose de la silla.
- ¿La CIA? –preguntó Aoko levantándose también.
- Ahora trabajo para la policía de Tokio –respondió encogiéndose de hombros.
- Sí, claro… –sonrió Heiji estrechando la mano al agente.
- Eso mismo le dije yo en cuanto le vi –se rió Raiko.
- Bueno, será mejor que nos vayamos –respondió Heiji mientras Aoko guardaba las fotos dentro de la carpeta– creo que ya hemos molestado suficiente. Gracias por su atención –respondió saliendo de allí y dirigiéndose con rapidez a la puerta de salida con Aoko pisándole los talones.
Una vez entraron de nuevo al coche, los dos se quedaron en pleno silencio. La mano de Heiji estaba temblando agarrado al volante. Su vista estaba fija en un punto del coche que su compañera no podía ver. La chica le puso una mano encima de su mano.
- Anda, conduzco yo –sonrió.
Salieron los dos del coche y se cambiaron de asiento. Se pusieron el cinturón y Aoko arrancó el motor del vehículo, empezando así la vuelta hacia sus casas. Sus dos días libres habían sido un fracaso. Una vez más no tenían información de nada ni de nadie. Desde ese día de hacía 6 años no habían vuelto a saber de ellos, pero lo peor de todo fue saber que sus cuerpos habían sido trasladados. Nunca habían encontrado sus cadáveres así que nadie sabía si realmente estaban vivos o muertos.
- ¿Estás bien? –preguntó su compañera sin apartar la vista de la carretera– ¿Qué ocurre con ese chico?
- Ese era otro de los que sabía en dónde estaba Kudo –respondió Heiji– se fue a América para entrar en la CIA. Su hermana era agente de la CIA infiltrada en la Organización.
- ¿Entonces… qué es lo que te ha puesto de tan mal humor? –preguntó Aoko seria.
- Que nos encontremos con ese tipo, pero no consigamos saber si Kudo está vivo o no… –respondió Heiji cerrando los ojos haciendo entender a su compañera que la conversación había terminado.
- Lo que tu digas, Heiji –sonrió la mujer policía.
¡Bueno, hasta el próximo mes!
¡Y de nuevo... REVIEWS por favor!
¡Nos leemos!
^^Shihoran^^
