Buenos días!

Antes que nada... Feliz semana Santa! XD aunque yo no la celebre... y continue trabajando aunque sea semana de fiesta ._.'

KaItOsCaRLEt PF: Celebro que te guste! Aunque en mi opinión este es el fanfic que peor me ha quedado... XD Realmente he notado tu impaciencia en escribir los reviews XD y me han hecho muy feliz :D espero que este capítulo lo disfrutes como los demás, y que sigas dejandome reviews n.n

Actualizando una vez más otro capítulo de este fanfic :D

Resumen: han pasado 6 años. Conan, Haibara y Kaito fueron secuestrados por la Organización y fueron llevados a lo que se llama 'Mazmorras'. Yui también viene de allí, es donde se conocieron. Por otra parte, Heiji está en la policía de Tokio en homicidios, Kazuha que se ha casado con su amigo de la infancia y es profesora de instituto. Aoko Nakamori es de la policía del departamento de desaparecidos. Hakuba Saguru pertenece a la policía de Tokio como compañero de departamento de Hattori. Mouri Ran es abogada defensora en un bufete que váis a conocer muy pronto.

Espero que disfruten el capítulo, aunque creo que en este me he pasado con la rapidez de los hechos XD

Hasta pronto...

^^Shihoran^^


La llamada.

El único encanto del pasado consiste en que es el pasado.

Oscar Wilde (Dramaturgo y novelista irlandés).

Algo estaba sonando a su alrededor. Su cerebro no entendía muy bien lo que era. Alguien le llamaba mientras ese maldito ruido continuaba sonando. Cerró fuertemente los ojos y los abrió. Una figura estaba delante de él zarandeándole. Su cerebro parecía no reaccionar muy bien. Se esforzó en entender que era lo que ocurría, hasta que su cerebro lo indicó dos cosas. La primera: Kazuha estaba intentando despertarlo, la segunda: su teléfono móvil estaba sonando desde hacía rato. Se incorporó de repente y agarró el aparato, descolgando y levantándose de la cama, como si esta estuviera hirviendo.

- ¿Diga? –preguntó recordando que no había mirado la pantalla del teléfono.

- Hattori sé que es tu día libre, pero necesitamos la colaboración de todos los inspectores en el caso 'Takumi' –dijo la voz de una mujer detrás del teléfono.

- ¿Han enviado otra nota? –respondió después de chasquear la lengua.

- Sí, esta vez está escrita como en rayos… –informó su interlocutora desde el otro lado.

- De acuerdo… estoy ahí… dadme una hora –respondió Heiji.

Heiji se miró el teléfono desconcertado después de colgar. Su enfado no podía ser mayor. Le habían despertado a él y a su, ahora, esposa y le hacen ir de nuevo hacia la oficina en su día libre por un caso. Lanzó una patada al aire y se tumbó de nuevo a la cama. Cerró los ojos mientras notaba como Kazuha se movía a su lado. La luz que entraba por la ventana empezaba a molestarle. Suspiró un par de veces sonriendo de satisfacción mientras intentaba volver a conciliar el sueño. Su cerebro reaccionaba poco debido a su cansancio. De repente notó algo encima de su cara que le tapaba la luz. Abrió los ojos con lentitud observando a Kazuha, que se encontraba a escasos centímetros de su cara. La chica le dio un beso fugaz en los labios y se levantó de la cama. Heiji se incorporó y se estiró al revés para intentar coger sus brazos, pero ella ya había llegado a la puerta. La chica se giró para sonreírle y abrió la puerta. Heiji se quedó observando ese lugar que había quedado lleno del aire limpio que entraba del salón. Intentando marcar la imagen de Kazuha en su mente, se giró bocarriba. La mujer llevaba un pijama de color verde completamente liso. Se quedó observando el techo intentando despertar a su cerebro por tercera vez. Unos minutos después la cabeza de su mujer aparecía de nuevo en su campo visual. El hombre cerró los ojos con rapidez para hacer parecer que se había quedado dormido de nuevo. Kazuha sonrió entendiendo lo que pretendía. Heiji estiró los brazos con pesadez y agarró la espalda de ella.

- Déjate de tonterías, Heiji –sonrió Kazuha besándole la frente– tienes trabajo y luego hemos quedado –sonrió.

- Es sábado –se quejó el policía.

- Eso no cambia los hechos de que tengas trabajo y hayamos quedado para comer –dijo la mujer apartando los brazos de Heiji y alejándose de allí.

- Vamos, ellos pueden esperar, solo son las 9 de la mañana –se quejó Heiji volteándose para ver a Kazuha moviéndose por el comedor.

- Son las 9 de la mañana y tienes que almorzar, ya que en estos días en Kioto casi no has comido nada. Así que levántate y espabila.

Heiji se levantó con pesadez. Se miró al espejo que había al lado de la puerta. Tan solo llevaba los pantalones de un pijama. Intentó peinarse con las manos, haciendo que esa tarea fuera la más complicada del mundo. Sonrió mientras se encogía de hombros, aún completamente despeinado, y se acercó al salón. Kazuha estaba poniendo el almuerzo encima de la mesa de espaldas a él ya con la ropa de la calle puesta. Agarró a la chica por detrás poniendo su barbilla en el cuello de ella. Kazuha terminó de poner el último plato encima de la mesa y se giró en medio de su agarre. Rodeó el cuello del chico con los brazos y besó con ternura a su marido. Hacía medio año que se habían casado y los dos continuaban peleándose como cuando iban al instituto. La mujer se apartó de su marido rápidamente mientras le tiraba de la oreja.

- Ahora… –dijo haciendo que Heiji se moviera hacia la habitación.

- Vale, vale ya lo hago –se quejó el hombre entrando a la habitación.

Kazuha sonrió. Heiji se vistió deprisa y salió de nuevo al salón donde su mujer le esperaba sentada en la mesa.

- Mira, si sabes hacer bien las cosas y todo –dijo la mujer con una sonrisa más bien irónica.

- Cállate aguafiestas –se quejó Heiji.

Los dos empezaron a comer. El hombre encendió las noticias en la televisión. Los dos fueron comentando todo lo que les anunciaban. Hasta que en un momento, apareció algo que les llamó la atención a los dos.

- ¿Ese no es Saguru? –preguntó Kazuha señalando la televisión.

- Sí –respondió Heiji aún sorprendido– no sé exactamente los detalles del caso, pero…

- ¿Caso? –preguntó Kazuha.

Heiji bajó el volumen del televisor y miró a su mujer.

- Parece ser que hubo un intercambio de armamento en el puerto… pero… se escapó el sospechoso –sonrió Heiji victorioso– aunque… parece como si lo hubiera dejado escapar. Sabemos del cierto que está escondiendo algo, pero no sabemos el que.

Los dos se silenciaron unos segundos observando con atención al otro. La palabra esconder les había hecho pensar en lo que había ocurrido el día anterior. Cada uno por su lado tendría que aferrarse a las consecuencias que conllevaría contar todo a sus amigos. Aunque ya sabían más de la mitad, ya que Heiji les había contado acerca de la Organización en cuanto Aoko les preguntó acerca de la relación de Shinichi y Kaito. Todos lo supieron todo de su boca, excepto la parte de ser encogido.

- Te… tengo que contarte algo –dijeron los dos a la vez apartando la mirada.

Ambos sonrieron.

- Dime… –añadió Heiji.

- No, no… tu primero –pidió Kazuha bajando la mirada una vez más.

- Está bien… –añadió su marido mientras ella observaba de nuevo la cara de él– tengo que pedirte algo… no sé a qué ha venido eso pero… ayer un oficial llamado Irie Raiko nos contó algo realmente increíble de esa gente…

Heiji le contó todo lo que el policía había contado mientras Kazuha iba palideciendo más y más. Heiji no la miraba así que no se dio cuenta del estado de su mujer.

- No sé… no sé si contarlo a Ran –terminó observando la reacción de la mujer– ¿Estás bien?

Kazuha bajó la mirada intentando esquivar cualquier interrogación por parte de su marido.

- Dime… esa quemadura… dijiste al brazo derecho, ¿verdad? –preguntó ella recordando lo que Yui le había mostrado.

- Sí –afirmó Heiji.

- Y si llevan una estrella es porque forman parte de la Organización, ¿eso es lo qué has dicho?

De nuevo su marido afirmó.

- ¿Qué ocurre? –preguntó al ver que Kazuha estaba agarrando con mucha fuerza los cubiertos y con las manos temblando.

Flashback.

Kudo Shinichi estaba delante de ella con los ojos cerrados agarrándose con fuerza la manga del jersey. La profesora miró ese lugar viendo que parecía algo más que un tic nervioso. En ese momento el hombre se subió un poco la manga como si le quemara ese lugar. Debajo de ella pudo ver unas marcas de quemaduras.

- Por favor, no le digas a nadie de esto, ¿vale? –preguntó Shinichi en un susurro casi inaudible por la propia Kazuha mientras abría los ojos y bajandose con rapidez la manga– no quiero que ellos me vean ahora… no podría… mirarlos…

Kazuha le miró extraño a los ojos y esta vez le dejó marchar. Los ojos del detective del Este se habían vuelto fríos y tristes. Parecían no tener vida. Se giró para mirar al hombre irse. Agarrándose aún el brazo se fue de su radio de visión. Pocas veces había visto al detective del Este tan amigo de Heiji, tan odiado por Sonoko y tan querido por Ran, pero… ese no era el Kudo Shinichi con el que ella había coincidido esas pocas veces.

Fin del Flashback.

- Ayer… te dije que venía una alumna nueva en mi clase, ¿verdad? –preguntó ella evitando mirar a Heiji– la niña… tiene una marca parecida a la que has descrito en el brazo… sin la estrella.

- ¿Estás de broma? –preguntó Heiji alzando la voz.

Ella tan solo negó con la cabeza intentando evitar que sus ojos lloraran.

- ¿Entonces la niña te dijo algo al respecto? –preguntó el hombre acercándose a ella.

Kazuha tan solo mintió negando con la cabeza.

- ¿Estás bien? –preguntó Heiji de nuevo arrodillándose al lado de su esposa mientras ella empezaba a llorar.

- No entiendo… porqué… me dijo que la habían secuestrado hacía 6 años y mientras... mientras me lo decía... estaba sonriendo –informó la mujer dejando que las lágrimas saliesen por completo– no entiendo porqué no contó nada más… porqué tenía que sonreírme de esa manera…

Heiji tan solo abrazó a su mujer. Kazuha se agarró con fuerza a él. Ahora sí que no podía decir nada más. Kudo Shinichi tenía esa misma marca en el brazo. No podía decirle eso a su marido. No podía decirle que había visto a su amigo y le había visto con una marca de tortura. Ahora entendía el significado de porqué el detective del Este le había dicho esas palabras. 'Kudo Shinichi murió hace 6 años, no intentes hacer que vuelva…'. Resonaban las palabras en su cabeza, provocandole un dolor agudo que le hacía llorar con más fuerza. Si le contaban lo de la marca a Ran y alguna vez se veían, Kazuha no podría perdonarse la tristeza de su amiga. Ran se había envuelto en su trabajo y todos sabían que eso era para no pensar en nada más. Sabía que tandría que decirselo algún día a su amiga, pero de momento dejaría que las cosas sucedieran sin pensarselas.

- Heiji... no les digamos nada, ¿vale? –preguntó ella secándose los ojos– por favor... deja que no sepan nada de esto... no forcemos nada.

- ¿Forzar? –preguntó Heiji deshaciendo el agarre de su mujer– ¿De qué hablas?

- Por favor... confía en mí... tan solo... confía en mí –sonrió ella con tristeza– Anda vete, que Miwako te va a echar la bronca si no llegas para cogerle el teléfono a ese descerebrado asesino múltiple.

Unos minutos más tarde, Heiji se despedía de ella más que preocupado, diciéndole que irían a ver a la niña en cuanto él volviese y que en ese momento no se moviera de la casa. Kazuha en cuanto había pasado un rato, salió de su casa, agarrando debajo de su brazo la carpeta de estudiante de la hija de Shinichi. Por extraño que pareciera, la mujer del policía se sabía ahora de memoria todo el archivo de Yui, y estaba dispuesta a averiguar más acerca de lo que había ocurrido hacía 6 años.

- Kazuha-sensei, ¿qué hace aquí? –preguntó la niña abriendo la puerta y viéndola jadeando.

- ¿Estás bien? –preguntó la profesora viendo preocupada a la niña.

- Sí, claro, pero…

- Yui-san… ¿ocurre algo? –preguntó Hondo apareciendo por la puerta.

- No, Eisuke-ojiichan, no ocurre nada –respondió la niña con una sonrisa.

Los dos se apartaron para que pudiera entrar. Kazuha había ido corriendo hacia allí. Ni siquiera se había acordado de coger un taxi. La niña cerró la puerta dejando un pasillo a oscuras, iluminado por lo que parecía una pequeña lámpara en la habitación que había recto. Yui le agarró la mano y la acompañó hasta el salón. Era un apartamento muy pequeño, pero parecía muy bien distribuido. El salón tenía un sofá, una mesita de cristal, con una pequeña lámpara encima y un televisor apagado, con estanterías llenas de libros alrededor. A la derecha había una barra de bar que separaba la cocina del resto de la sala. Delante de la barra cuatro taburetes. Encima de ésta, dos ordenadores y un teléfono fijo. Kaito estaba sentado en el sofá con un vaso que parecía contener alcohol con hielo y jugando a cartas con Shinichi, quien estaba sentado al suelo y también tenía un vaso parecido encima de la mesa delante de él.

- Te he dicho que no tuvo gracia –respondió el ladrón ante lo que parecía una burla del detective.

- Pues a mí me hubiera gustado verlo –sonrió Shinichi tirando otra carta.

- No hagas trampas Ryu, que me toca a mí –se quejó Eisuke sentándose al lado del detective.

- ¿Ha ganado alguien ya o no? –preguntó Shiho entrando de una puerta al lado de la barra de bar con un vaso con hielo en la mano.

- Que va… aún están a la primera –sonrió Yui soltando a Kazuha y acercándose a ellos.

- Al final tenéis planeado no apartaros del lado de ninguno, ¿cierto? –preguntó la mujer suspirando y sentándose en uno de los taburetes.

- Exactamente, no fuera que Nishio hiciese algo hoy –dijo Shinichi levantando por primera vez la cabeza mientras Eisuke jugaba sus cartas– Toyama…

Todos miraron a la mujer.

- ¿Puedo unirme? –sonrió ella.

- Por supuesto –sonrió Kaito.

- Cuidado con este… hace trampas –advirtió Yui señalando al ladrón.

- ¿Quieres tomar algo…? –preguntó Shiho levantándose.

- Oh, no… no te preocupes por mí –sonrió la profesora– tú debes de ser…

- Haibara –respondió– Haibara Akemi.

- Akemi-san… –murmuró Hattori acordándose en su mente de la pequeña Ai.

- Yo Sora –sonrió Kaito.

- Y yo Hondo Eisuke.

- Un placer –saludó ella levantando la mano.

- Se ha casado con Hattori –informó Shinichi.

- ¿Cómo? –preguntó la mujer de la barra abriendo el ordenador.

- Imposible que alguien aguante a ese detective –se quejó Kaito mirando a la profesora.

Haibara se rió ante el comentario del ladrón.

- Tú no aguantas a ningún detective, que te conocemos –sonrió Eisuke– no le hagas caso, creo que esta es la segunda copa.

- ¡Pero Bueno! –se quejó el ladrón haciendo que los demás excepto Shinichi se rieran.

- Bueno… terminemos la partida y empecemos otra –informó Eisuke plantando sus cartas en la mesa.

- Claro, como ibas perdiendo –se quejó el ladrón poniendo las suyas también.

- No te quejes tramposo –advirtió Shinichi dejando también las suyas mientras el teléfono empezaba a sonar.

Todos se quedaron mirando el aparato. La sala que en unos momentos se había llenado de risas por las burlas que se hacían entre ellos, en ese momento parecía vacía. El silencio, que tan solo estaba roto por los sonidos del aparato, hacía ver que algo iba mal en ese lugar. Había una pequeña luz roja que iluminaba el trocito de barra en donde estaba el teléfono. Haibara dejó su vaso encima de la barra y se puso a teclear, mientras Yui se levantaba para coger el aparato.

- Casa de los Taka…

- ¿Yui? Yui… ayúdame…

- ¿Miki-chan? –preguntó la niña al teléfono.

Al acto todos se levantaron mientras Yui pulsaba el altavoz.

- Por favor… ayúdame… Nishio… Nishio me matará… –se quejó la mujer del otro lado del teléfono.

- Miki-chan… ¿dónde estás? –preguntó Yui.

- Nishio… está aquí… mató… mató a Minami el año pasado… por favor… ayudadme…

- …¡abre la puerta maldita niña! –gritaba alguien golpeando la puerta desde el aparato.

- Tengo la dirección –informó Shiho con un mapa en la pantalla– en los apartamentos de delante de la estación.

- Vamos… –ordenó Shinichi.

- Miki-chan no cuelgues… –pidió Yui.

La niña corrió hasta la puerta que había al otro lado de la sala y entró. Volvió a salir con el teléfono móvil en la mano.

- Adelante, Shiho-san.

- Transfiriendo… –informó la científica habiendo pulsado algunos botones del teclado– vale, tienes la llamada Yui.

La niña pulsó unos cuantos botones al teléfono y activó el altavoz. En donde se podía oír aún los gritos de un hombre golpeando la puerta y los sollozos de la joven al otro lado del teléfono. Colgó el fijo mientras los cuatro adultos de la casa se iban cada uno por un lado y volvían armados y con chalecos antibalas. Kazuha se quedó observando los movimientos de su alumna hasta que se dio cuenta de que a la niña también le daban un arma y un chaleco.

- ¿Qué hacéis? –preguntó Kazuha en un susurro.

- ¿Vienes o no? –preguntó Shiho pasándole también un chaleco a la profesora.

- Claro que sí, pero… ¿cómo le dais un arma a una niña? –preguntó la mujer Hattori.

- No soy una niña –sonrió Yui– al fin y al cabo, soy una agente del FBI –terminó guiñando un ojo.


Bueno... aquí finaliza este capítulo.

Espero sus reviews pronto, ya que me dan animos para seguir! :D

^^Shihoran^^